¿Treinta y seis regalos? ¡El año pasado fueron treinta y siete! - Psicomemorias
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¿Treinta y seis regalos? ¡El año pasado fueron treinta y siete!

Varias veces al año los niños suelen encontrarse con situaciones en las que reciben numerosos regalos de golpe. Los ejemplos más habituales son los cumpleaños y Navidad (ya sea en Reyes, Papá Noel o ambos). Anteriormente, hemos hablado en Psicomemorias sobre la importancia de gestionar estas situaciones. Por otra parte, también hay niños a los que se les obsequia con regalos en otras situaciones, como pueden ser el día que reciben las notas del cole (y son buenas) o incluso en los cumpleaños de sus hermanos para que no sientan celos. Como adultos, a veces nos surgen las siguientes dudas: ¿es recomendable regalar en estas situaciones? ¿Cuántos regalos son apropiados? E incluso, ¿qué tipo de regalos son los adecuados?

“Este año quiero…”

En estos casos, si permitimos que el niño elabore la lista de lo que desea recibir, posiblemente nos encontremos con que se deja llevar y escribe una gran cantidad de juguetes en ella, en la cual además se incluye tecnología, como videojuegos y tablets . Aún suponiendo que los adultos puedan permitirse cumplir con todos sus deseos, es importante entender que lo más aconsejable suele ser limitar un poco el número, ya que  un exceso de regalos en vez de ser beneficioso, puede ser contraproducente.

Cuando el niño se encuentra con una montaña enorme de regalos, ocurren varias cosas: en primer lugar, veremos al niño inicialmente muy emocionado al encontrarse con tantos paquetes; seguramente pasa rápidamente de un juguete a otro sin detenerse a apreciarlos realmente y esta sobreestimulación le impide focalizar la atención en cada uno de ellos y disfrutarlos como se merecen. Al final, pasada la ilusión del principio, siempre hay uno o dos regalos que son los favoritos y los demás quedan relegados a un segundo plano.

La sobreestimulación inicial da paso a la dificultad de prestar atención y apreciar todos los regalos. Fuente: Jose Mª Peña Peña

Hacer tantos regalos dificulta la transmisión de algunos valores importantes. Por ejemplo, recibir tantos regalos de golpe impide que el niño aprenda y aprecie el esfuerzo (no sólo monetario) que supone conseguir las cosas. Además, la ilusión puede verse resentida. Recibir un regalo, habitualmente placentero, puede dejar de serlo cuando se normaliza tanto que deja de ser especial, o cuando por ejemplo caemos en cosas como comparar quién tiene más regalos o quien tiene los más grandes. También el exceso de juguete muchas veces llega a  coartar una de las mayores virtudes de los niños: la imaginación, la capacidad de divertirse con las cosas más simples. Un caso ilustrativo de este hecho sería por ejemplo el uso reiterado de videojuegos como único medio de distracción.

Relacionado con el uso de la imaginación, no es nada extraño encontrarnos con situaciones en las que el niño incluso deja de lado el juguete en sí, y acaba divirtiéndose por ejemplo con la caja en la que venía, que para ellos puede ser tan pronto un coche, un avión o un castillo. Como punto añadido, los niños y las niñas pueden aprender que son merecedores de esos regalos por el simple hecho de desearlos, no como un premio especial o gracias a una ocasión concreta. Este hecho puede conllevar a que el “gracias” pueda convertirse en “¿ya no hay más?” o en “ es que yo quería más cosas”. ¿Dónde ponemos el límite entre la complacencia y la obligación de regalar?

Como decía Dudley, el cruel y sobreprotegido primo de Harry Potter en referencia a sus regalos de cumpleaños:  “¡¿Treinta y seis?! ¡El año pasado tuve treinta y siete! ¡No me importa lo grandes que sean!”

Y es que realmente, como con casi todo, el secreto no está en la cantidad, sino en la calidad.

La  regla de los cuatro regalos

¿Existe alguna cantidad “ideal”? Seguramente no haya un número perfecto aplicable para todos los niños, pero sí existen recomendaciones muy adecuadas. Los expertos hablan de la llamada regla de los cuatro regalos, que se refiere no sólo a cuántos regalos sino de qué tipo son saludables para el niño. Esto consistiría en:

– Un regalo que sirva para llevar: unos zapatos, un jersey, un pijama, etc.

– Un regalo para leer o que fomente el hábito de la lectura: un cuento, o quizá un ebook cuando ya sean mayores.

– Un regalo de algo que realmente necesiten: una mochila nueva para el cole si la antigua está ya estropeada. Así se les enseña que los regalos no sólo tienen por qué ser divertidos, sino también útiles.

– Un regalo que realmente les haga ilusión: por ejemplo, un juguete que les apetezca mucho.

A la hora de poner en práctica esta regla, puede sernos muy útil sentarnos con ellos a escribir la lista, concienciándoles de que tienen un número limitados de cosas para elegir. Este proceso puede venir muy bien para enseñar cómo tomar decisiones, el hecho de que elegir una opción puede suponer renunciar a otra y, de paso, fomentar la ilusión de recibir lo que hemos pedido porque, como son poquitas cosas, sí es más fácil satisfacer todas las peticiones. Además, si seguimos esta regla con todos los miembros de la familia, se evitan comparaciones sobre quién recibe más regalos o pensar que uno de los hermanos sea “mejor” que el otro porque ha recibido  más.

Aun así no olvidemos que los regalos son para ellos, con lo cual, y aunque puede que el pijama no le haga tanta ilusión como el barco pirata de Playmobil, sí debemos procurar que sean cosas que les gusten. Por ejemplo, que el pijama sea de la patrulla canina o de algún personaje que les guste a ellos, no uno que le guste a “Melchor” o “Baltasar”.

Elegir el juguete “perfecto”

Cuando pasamos a pensar qué vamos a comprarles hay diferentes características a tener en cuenta. En primer lugar, que sean juguetes adecuados para su edad. Para eso podemos guiarnos por la edad recomendada que suele venir indicada en los juguetes o en los videojuegos. Si los niños están muy ilusionados con un juguete que aún no es apropiado para ellos, les podemos explicar que es posible que no lo reciban en esta ocasión, pero que pueden pedirlo al año siguiente, así también se les enseña a lidiar con la frustración y a entender que no todo se puede tener inmediatamente con sólo desearlo, sino que algunas cosas se hacen esperar.

También es recomendable que no sean juguetes sexistas. No olvidemos que no hay “juguetes para niños” y “juguetes para niñas”. Aunque muchas tiendas de juguetes sigan diferenciando entre cocinitas rosas para ellas y coches azules para ellos en los catálogos, los niños, por suerte, no hacen esas distinciones, y a ellas les puede gustar un set de bricolaje igual que a ellos un muñeco. Los niños, por sí sólos, no muestran preferencias por un tipo de juguetes u otro en función de su sexo, sino que acaban aprendiendo a diferenciar lo que se considera de chicas y lo que se considera de chicos a raíz de que los adultos y la sociedad en general se lo muestran de esa manera. Por tanto, intentar inculcarle qué tipo de juguetes son adecuados por ser “de chico” o “de chica”, estaría restringiendo mucho con qué tipo de juegos van a identificarse.

¿Por qué es esto tan importante? Porque para los niños los juguetes son algo más que diversión y ocio, es una de sus principales fuentes de aprendizaje y desarrollo. Por consiguiente, limitar el acceso a ciertos juegos al considerar que son para el sexo opuesto no hace más que restarles la posibilidad de adquirir y fomentar las habilidades que ese juego conlleva. Por ello es importante hablar con los niños para conocer sus gustos y no caer en los estereotipos, con los que a veces puede que no acertemos y que además estén sentando las bases de futuras desigualdades.

Es importante hacer regalos que ayuden a desarrollar la imaginación y creatividad en los niños, ya que el juego una de las principales fuentes de aprendizaje y desarrollo en la infancia. Fuente: Flickr

Por último, si además de divertidos, los juguetes pueden ser educativos o incluso sirven para jugar en familia, mejor que mejor. Ya sabemos que más regalos no significa más amor, y muchas veces lo que los niños más aprecian es el tiempo que pasamos con ellos. Por desgracia, debido al estilo de vida actual, este tiempo es en muchas ocasiones limitado, con lo cual una gran idea, un regalo extra que podríamos añadir a la lista que mencionábamos antes, sería disfrutar de un regalo-experiencia. Por ejemplo, entradas para toda la familia, para ir juntos a alguna obra de teatro infantil, o una tarde al cine, etc. En definitiva, cosas con las que el regalo no sea material, sino el tiempo compartido entre todos e invertido en alguna actividad adecuada para su edad. Ir de compras a un centro comercial también es tiempo compartido, pero normalmente no es una actividad que los niños suelan disfrutar, mientras que una visita al zoo si se ajusta más al tipo de ocio que les hará ilusión.

“Si te portas mal, los Reyes te traerán carbón”

Cuando los regalos a los que nos enfrentamos son los de la noche de Reyes, surge además el siguiente dilema: carbón, ¿a favor o en contra? Realmente, no hay ningún niño tan “malo” como para merecer que sólo le traigan carbón y ningún regalo, pero no hace ningún daño que, además de los regalos,  los niños se encuentren con una bolsita de carbón dulce, que además está tan bueno para comer. Con esto, podemos aprovechar para explicar a los niños que nadie es perfecto, que todos en algún momento nos portamos un poco mal (o al menos nos podríamos portar mejor) e incluso puede servir de motivación para hacerlo mejor el año que viene.

Otro tema muy relacionado con este es el de usar a los Reyes Magos como “chantaje” para que los niños se porten bien. El problema de esgrimir el argumento de que “hay que portarse bien porque los Reyes nos están observando”, tiene dos efectos contraproducentes. El primero, que estamos orientando la razón de que se porten bien a la consecución de un premio o al miedo a no recibirlo, cuando lo correcto sería enseñarles a portarse bien porque es lo que se debe hacer, aunque a todos nos encante luego recibir los regalos cuando lo merecemos, pero de tal manera que estos regalos no sean la motivación principal para la buena conducta de los niños. Además, usar a los Reyes como “excusa” para tener a los niños controlados en última instancia no hace más que restar autoridad a los padres, las figuras que de verdad deben darles ejemplo, guiarles y transmitirles valores.

¿Juguetes para aplacar los celos?

Anteriormente mencionábamos una situación que a muchos padres les sonará cotidiana: si nuestro hijo cumple años, ¿sus hermanos también deberían recibir un regalo para no enfadarse o ponerse tristes? ¿Qué debemos hacer si esto ocurre? Aunque sabemos que cada familia tiene su propio “libro de recetas”, quizás una opción adecuada podría ser darle al resto un pequeño detalle como un huevo Kinder o comprar  o hacer una tarta que todos puedan disfrutar. Los niños deben poder alegrarse por sus hermanos sin esperar nada a cambio, trabajando la empatía por los demás y sabiendo que ese día especial no es de ellos, aunque van a formar parte activa en él. Los cumpleaños funcionan como el día especial de una persona, y más aún cuando son niños, por lo cual la cuestión principal debe ser pasar un rato agradable con la familia y los amigos. No obstante, nunca está de más animar al cumpleañero a compartir sus juguetes con sus hermanos y amigos y, de esta forma, los demás niños no tendrán tampoco por qué sentir celos de los regalos porque sabrán que también van a disfrutarlos, aunque esto no sea incompatible con entender que el regalo pertenece a otra persona y hay que respetar la propiedad de los demás.

Los niños y las niñas deben poder alegrarse por sus hermanos al recibir regalos. Esto implica fortalecer la empatía y saber que podemos participar en el día especial de los demás. Fuente: Google Images

Por último, debemos ser conscientes de que no podemos premiar constantemente a los niños con objetos materiales por el hecho de portarse bien. Ya en 1973 el experimento realizado por  Lepper, Greene y Nisbbett nos desveló una hipótesis por la cual, cuando los niños saben que sus acciones van a ser premiadas sistemáticamente, disminuye la motivación por disfrutar de ellas o realizarlas por mero placer (lo que llamaríamos motivación intrínseca) y aumenta la motivación por conseguir el premio acordado (motivación extrínseca). Es decir, si premiamos constantemente con objetos materiales crecerán con la idea de que si se portan bien o realizan logros será únicamente por conseguir recompensas, como pasa cuando muchos chicos y chicas estudian para que les compren una moto o se portan bien para que les dejemos jugar a la videoconsola. Este experimento también reveló que aquellos niños a los que se les premió de una manera inesperada mantuvieron sus niveles de motivación iniciales.

A modo de reflexión, quizás sería más producente hacer algún regalo inesperado por el esfuerzo que han empleado los niños y las niñas en sacar buenas notas. Pero debemos tener cuidado en premiar sistemáticamente, puesto que si pretendemos fomentar la motivación, lo que probablemente consigamos será que únicamente busquen la recompensa material. Podemos esperar que si con el tiempo dejamos de regalarles algo, los niveles de esfuerzo y constancia de los niños bajen, además de sentirse más desmotivados.

En definitiva, recibir regalos es una experiencia emocionante que los niños (y muchos adultos) disfrutan enormemente. En nuestro deseo de hacerles felices, a veces podemos dejarnos llevar por la ilusión de verles emocionados, y  caer en el error de darles todo lo que piden. Sin embargo, con unas pequeñas nociones sobre cómo tratar estos temas, días tan especiales como los cumpleaños o la Navidad pueden seguir conservando la magia de los regalos y ser además educativos y saludables para los más pequeños.

Para saber más…

Una película: Cuento de Navidad. Charles Dickens.

Un experimento: Undermining Children’s Intrinsic Interest with Extrinsic Reward: A test of the “Overjustification” Hypotesis. Lepper, Greene y Nisbbet, 1973. 

Un corto: Un rastro de dulces. Animo Producciones.

Un personaje: Veruca Salt. Charlie y la fábrica de chocolate.

Sobre Alba Sotelino Couñago

Psicóloga habilitada para ejercer actividades sanitarias y especialista universitario en Fortalecimiento de la Resiliencia en Niños y Jóvenes en Riesgo de Sociofamiliar. Master en ABA España aprobado por la Behaviour Analyst Certification Board (BACB). Actualmente mantiene su labor profesional en el Centro Origami de psicología y logopedia ejerciendo como psicóloga en el ámbito infantil y juvenil. También ha impartido programas del Instituto Andaluz de la Mujer para el fomento de la participación social y asociacionismo. Actualmente estudia un curso para ejercer como agente en igualdad de género.

1 Interacción

  1. 28/08/2017

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