Transexualidad en la infancia: niñas con pene y niños con vulva - Psicomemorias
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Transexualidad en la infancia: niñas con pene y niños con vulva

Últimamente el tema de la transexualidad ha estado en boca de todos. Entre otras cosas, debido al famoso autobús naranja que se paseaba por España con afirmaciones muy contundentes (y falsas) sobre la identidad de género. Para que el mensaje de la campaña de esta asociación hubiese prescindido de los tintes de transfobia, no habría hecho falta más que añadir seis palabras: “En la mayoría de los casos, las niñas tienen vulva y los niños tienen pene”. Y así, sin más, se convierte un mensaje discriminatorio en un mensaje a favor de la visibilidad trans. Además, recientemente, el 15 de marzo, se celebraba el Día de la Visibilidad Trans, conmemorando los 10 primeros años desde que entró en vigor la Ley de Identidad de Género en España.

Campaña a favor de la visibilización de los niños trans / Fuente: Chrysallis

Como casi cualquier tema que podamos tratar, se vuelve aún más importante cuando hablamos de la infancia y, como es normal, a los padres y las madres les surgen muchas dudas y preocupaciones. Por desgracia, estas se ven acrecentadas al ser un ámbito en el que todavía reina el desconocimiento general. La falta de información es el caldo de cultivo ideal para que florezcan los mitos, aunque por suerte, pasito a pasito, podemos conseguir cambiar esta situación y, por ello, en Psicomemorias queremos hablar en este artículo sobre la transexualidad en la infancia.

Nociones básicas sobre sexualidad humana

En primer lugar, y como ya mencionamos en otros artículos, al hablar de sexualidad es muy importante tener claras las diferencias entre los siguientes conceptos:

Sexo biológico: esta característica determina la diferencia entre hombres y mujeres desde un punto de vista puramente biológico en función de la anatomía (órganos genitales externos e internos) y de los cromosomas sexuales (XX o XY). Biológicamente (y aunque el término suene muy a documental de animalitos) se puede ser macho, hembra o intersexual. Ya a este nivel, deducir que todo aquel que nazca con pene será un niño o quien nazca con vulva será una niña, es una falacia, pues existen personas que pese a poseer los cromosomas correspondientes a un sexo biológico, muestran un fenotipo (es decir, apariencia) del sexo opuesto. Por ejemplo, aquellas personas con síndrome de Morris (o síndrome de insensibilidad a los andrógenos) son genéticamente hombres, mientras que poseen los genitales y atributos sexuales asociados con las mujeres.

Sexo biológico, identidad sexual, orientación sexual y expresión de género son fenómenos que no siempre van de la mano / Fuente: Agape

Identidad sexual o de género: este concepto es el elemento central de la transexualidad. Se refiere a la manera en que cada uno nos percibimos y nos identificamos a nosotros mismos como hombre, como mujer, o como género no binario (es decir, ni hombre ni mujer, por sentir que estas etiquetas no le representan, también se usa a veces el término “queer”). Aunque la identidad sexual en muchas ocasiones se corresponde con el sexo biológico, en determinadas personas no ocurre así. La identidad sexual no se elige y no se puede modificar ni alterar. Por ello, no debemos interpretar que una persona quiera, por ejemplo, “convertirse en mujer”. La realidad es que esa persona siempre ha sido mujer, pero al guiarnos únicamente por los genitales para asignar el sexo a los bebés, a esta persona que se sentía mujer se le había asignado inicialmente el sexo masculino. Y es que, como dicta el lema que esgrime cada vez más gente, “tu sexo está en tu cerebro, no en tus pantalones”.

Orientación sexual: Como el propio nombre indica, consiste en la dirección hacia la que se orienta nuestro deseo, es decir, lo que nos atrae. En función de esto una persona puede ser heterosexual (le atrae el sexo opuesto), homosexual (le atraen las personas del mismo sexo) o bisexual (le atraen personas de ambos sexos). También existen orientaciones en las que el determinante no es el sexo de la otra persona, como la pansexualidad o la sapiosexualidad (donde el objeto de atracción es la personalidad o la inteligencia de los demás, independientemente de su sexo). Asimismo, hay personas que prefieren no encasillarse dentro de estas etiquetas y disfrutan de su sexualidad sin limitarse o analizar hacia dónde se dirige su deseo.

Al igual que la identidad, la orientación no se elige ni se puede modificar. No obstante, son elementos independientes. Que una persona sea trans o no (a estos últimos se les denomina “cisgénero”), no nos dice nada sobre cuáles van a ser sus preferencias sexuales. Esto, en ocasiones, puede generar confusión. Si Martín en realidad es Martina, ¿le gustarán los hombres o las mujeres? Pues como ocurre con cualquier otra persona, no podemos dar por hecho que su sexo nos diga nada sobre sus gustos. La tendencia a pensar que a las mujeres les suelen gustar los hombres y viceversa es consecuencia de la heteronormatividad imperante en la sociedad, pero este pensamiento (como ocurre con el de “pene igual a hombre, vulva igual a mujer”) es un reduccionismo y no refleja la realidad. La identidad de género y la orientación sexual siguen caminos paralelos que no tienen por qué cruzarse. Pueden darse todas las combinaciones posibles: personas cisgénero heterosexuales, homosexuales o bisexuales, y personas transexuales heterosexuales, homosexuales o bisexuales. Para ser más prácticos: Martín puede sentirse Martina, pero le gusta su compañera de clase Paula. Este sería el caso de una chica transexual y homosexual/lesbiana. Para conocer la identidad o la orientación de una persona, solo ella misma nos lo puede decir si lo desea.

Expresión de género: se refiere a la forma en la que mostramos nuestro género, ya sea a través de la vestimenta, los intereses o los comportamientos. Comúnmente podemos agruparla en tres tendencias principales: masculina, femenina o andrógina. Este ámbito de nuestra sexualidad está enormemente influenciado por la cultura y los estereotipos a los que somos sometidos desde pequeños, y es el medio a través del cual mostramos nuestra identidad, nuestra forma de ser y de sentirnos al resto del mundo. Pero de nuevo, es independiente de los elementos anteriores y, por ello, que alguien vista de rosa no implica nada sobre su identidad de género o sobre su orientación. Que alguien vista de rosa solo significa que le gusta el rosa.

La identidad sexual está en el cerebro, no en los genitales / Fuente: Google Images

El respeto a nuestra identidad, nuestra orientación y la capacidad para expresarlas libremente (o para mantenerlas en la intimidad) es un derecho fundamental, que está recogido en los Derechos Sexuales y Reproductivos, redactados por la Asociación Mundial de Sexología, recogidos por la Organización Mundial de la Salud y avalados por la ONU.

Primeros pasos para acompañar a un hijo o una hija “trans”

Saber que tu hijo no se identifica con el sexo con el que llevamos asociándole toda la vida es un descubrimiento sorprendente y chocante para la mayoría de los padres. Al fin y al cabo, no es sencillo asumir que Daniela es en realidad Daniel (o Carlos, o Pablo), o que Adrián es en realidad Adriana (o Marta, o Irene). Realmente no se trata de una transformación en alguien diferente, no es un niño que se convierte en niña (o viceversa). Esa persona siempre ha sido la misma, pero está pasando por un proceso (nada fácil en nuestra sociedad) de mostrarse tal como es, rompiendo la mayoría de los estereotipos que se esperan de ella.

Como cualquier cambio en la vida, conlleva un proceso de adaptación, tanto para la persona que lo realiza como para quienes le rodean (padres, profesores, compañeros de clases, etc). Habitualmente, el niño será quien viva este proceso con más alegría, ya que por fin encuentra la libertad de mostrar su verdadera identidad. A los adultos, a los que nos cuesta cambiar más nuestros esquemas mentales, se nos puede hacer un poco más cuesta arriba, pero la clave está en entender que todo ello redundará en una mayor salud y felicidad de los pequeños, que es lo que realmente importa.

El derecho a expresar nuestra sexualidad libremente está recogido en los Derechos Sexuales y Reproductivos / Fuente: Google Images

En muchas ocasiones, estar en contacto con asociaciones y personas que han vivido las mismas situaciones puede ser de gran ayuda: aportan su experiencia, entienden los sentimientos que surgen durante el camino y pueden ofrecernos una perspectiva alentadora, la confianza y la seguridad de que estamos haciendo lo mejor para el niño o la niña. Aquí compartimos algunos vídeos en los que se muestran las vivencias de padres y madres de niños trans:

 

Acompañar en casa:

Una vez que los padres han comprendido la situación de sus hijos, llega el momento de tomar decisiones encaminadas a facilitar el día a día de los pequeños. En casa podemos empezar con cosas pequeñitas, como cambiar la ropa del armario a gusto del niño o la niña, dirigirnos a ellos por los nombres que hayan elegido (incluso involucrarnos y participar activamente en la elección de un nuevo nombre si no lo tienen ya claro), o facilitarles ciertas modificaciones estéticas con las que van a sentirse más plenos y felices: un corte de pelo, el agujero para los pendientes, etc.

Acompañar en el colegio:

En cuanto a cambios más “oficiales”, la ley española recoge el derecho a rectificar el sexo de los registros a las personas mayores de edad (Ley 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, de 15 de marzo). No obstante, y hasta la mayoría de edad, existen protocolos de actuación en las diferentes Comunidades Autónomas que garantizan que, comunicando la situación previamente en el centro escolar, se vayan a tomar las medidas necesarias.

Estas medidas incluyen, entre otras, la modificación de los datos del niño o la niña, que se dirijan a él o ella con el nombre elegido, que se le permita llevar la ropa con la que se sienta identificado (incluso en los centros con uniforme), usar el lavabo de su sexo (el real, no el de nacimiento), y en el caso de actividades deportivas u otras en las que se realice separación por sexo, pertenecer al equipo con el resto de niños o niñas de su género.

Medidas sencillas, como cambiar la ropa del armario o un corte pelo nuevo, pueden ser de gran relevancia en el apoyo a los niños trans por parte de la familia / Fuente: Google Images

Además, el centro deberá fomentar medidas para formar al alumnado sobre diversidad sexual y prevenir así discriminaciones y transfobia. Esta es, con razón, una de las preocupaciones más acuciantes de los padres: la aceptación de su hijo en el colegio. Por suerte, los protocolos y las medidas educativas están demostrando ser cada vez más eficaces (aunque aún queda trabajo por hacer) y generalmente, cuanto más jóvenes son los niños que realizan esta transición, más rápida y completa suele ser la integración de las medidas en el grupo de iguales. Al fin y al cabo, los niños no poseen transfobia innata, sino que la aprenden de los adultos, no solo de sus palabras, sino también de sus actitudes. Por ello la educación sexual es tan importante, porque así como se puede aprender la discriminación, también se puede enseñar (y aprender) la tolerancia.

No solo los niños, sino también los adultos, tenemos que trabajar cada día por la igualdad, entendiendo que no consiste en “ser iguales”, sino en tener igual derecho a ser diferentes. La diversidad sexual es un hecho, pero no está reñida con entender que, aunque no somos iguales, somos equivalentes.

En este sentido, la visibilidad es un elemento básico. Hacer visible una situación es el primer paso para la normalización de la misma y su posterior aceptación. Por ello, cabe destacar la gran importancia y repercusión que tienen algunas estrategias, como por ejemplo la aparición de transexuales en portadas de revistas tan importantes como Vogue o National Geographic.

“Lo mejor de ser una niña es que no tengo que fingir que soy un niño”. Cada vez más revistas importantes dan visibilidad a la realidad trans / Fuente: National Geographic

Ronda rápida de preguntas y respuestas para padres

Aunque cada niño y cada niña son únicos, existen ciertas dudas compartidas por la mayoría de los padres cuando se enteran de que sus hijos son transexuales. En esta última sección del artículo pretendemos dar respuesta a alguna de ellas de manera breve, aunque estaremos encantados de responder a las que se nos puedan haber pasado si nos las planteáis en la sección de comentarios.

– Mi hijo juega con juguetes propios del sexo opuesto o se disfraza del sexo opuesto. ¿Esto quiere decir que es transexual?

No. En primer lugar, no existen juguetes para niños y juguetes para niñas, son simplemente juguetes, aunque tradicionalmente se han asociado a un género u otro (por ejemplo, muñecas para ellas, coches para ellos). Pero eso es algo que los adultos les enseñamos, los pequeños no entienden estas diferencias y simplemente juegan con aquello que más les divierte. A veces, esos juegos implican disfrazarse de un personaje, que en ocasiones será concordante con su sexo y otras veces no. Una niña puede jugar a ser un vaquero y un niño jugar a ser una princesa, y esto es bueno, ya que el juego es la principal vía de aprendizaje de los niños y esta flexibilidad en los roles les permite adquirir habilidades más variadas. No obstante, por sí solo, no es indicativo de una asignación errónea de sexo (ni siquiera aunque se ponga los tacones y las joyas de mamá, ya que generalmente solo estará imitando a una persona a quien quiere y admira, y no debemos censurar ni castigar este tipo de actividades lúdicas).

En ocasiones los niños se disfrazan del sexo opuesto como parte de un juego o para imitar a alguien a quien admiran / Fuente: Google Images

Los expertos están de acuerdo en que alrededor de los dos años la identidad del niño ya está formada, aunque puede tardar algo más en mostrarla. Por norma general, el propio niño empezará a verbalizar sus deseos (“yo quiero ser una niña” “¿por qué tengo que ser un niño?”) o a mostrar señales más claras y contundentes (por ejemplo, disgusto y angustia debido a la ropa o los roles que se les asignan, fuera del contexto de juego, y de manera reiterada y continua). Estos comportamientos pueden parecer solo rabietas, pero van acompañados de un fuerte sentimiento de angustia, y es importante atenderlos y canalizarlos para que no deriven en problemas mayores. Con un niño no se puede intentar argumentar que “lo es porque tiene pene”: si ella considera que es una niña, y asocia que esa parte de su cuerpo es la “culpable”, puede llegar incluso a producirse autolesiones o mutilaciones para eliminarla. Por ello, de nuevo, recalcamos la importancia del diálogo y la aceptación.

– Si mi hijo/a es transexual, ¿le gustarán entonces las personas del mismo sexo?

No en todos los casos. Como indicamos en el primer apartado, identidad sexual y orientación sexual no tienen por qué ir de la mano. Tu hijo/a descubrirá sus preferencias poco a poco, y a él o ella es a quien debes preguntarle cuando sea el momento adecuado, siempre para entender y respetar quién es y cómo siente. Repetimos además, para personas a las que aún les queden dudas, que la orientación, así como la identidad, no se eligen, y por lo tanto, tampoco se pueden cambiar a voluntad.

– ¿Cambiará su forma de ser una vez que iniciemos la transición hacia su correcta identidad?

No. Tu hijo o hija es y ha sido siempre la misma persona, pero ahora tendrá mayor libertad y facilidades para mostrarlo. Sus gustos serán los mismos y, aunque se producen muchos cambios (sobre todo en la adolescencia), estos no son debidos a su condición sexual, sino a la evolución natural que todos vivimos como personas a lo largo del ciclo de la vida. En lo que sí podrás notar quizá alguna diferencia es en su estado de ánimo, ya que una vez que los niños y niñas trans pueden finalmente mostrarse como son, se ven más felices y contentos, alegres y activos como cualquier niño de su edad, al desaparecer (si es que existían) los sentimientos angustiosos que surgían de una posible represión anterior.

La orientación sexual de los niños no depende de su identidad / Fuente: Google Images

– ¿Tendrá que someterse inevitablemente a una operación cuando sea mayor?

No. Al menos, no necesariamente. La decisión final dependerá de él o ella cuando llegue el momento, pero cada vez son más las personas que no eligen pasar por esta “correción de género”, ya que aprenden a amar su cuerpo tal y como es, sin tener que someterse a riesgos innecesarios. Por ello la educación sexual aboga por el respeto y la aceptación de la diversidad, para garantizar que ninguna persona trans deba pasar obligatoriamente por el quirófano para quererse a sí misma, sino que esta sea solo una opción libre, no impuesta por la sociedad. Así, existen hombres con vulva y mujeres con pene (que no te engañen), que disfrutan plenamente de su cuerpo tal y como nacieron, y no por ello son menos hombres o menos mujeres.

– ¿Sufrirá inevitablemente problemas psicológicos?

No. Algunas investigaciones años atrás parecían apuntar al hecho de que sí que había mayor incidencia de trastornos de ansiedad, depresión, etc. dentro del colectivo trans, que entre las personas que no lo son. Asimismo, parece que el índice de suicidios y de intentos de suicidio es también mayor. No obstante, con el paso del tiempo (y la mejora de las investigaciones), se ha podido demostrar que los posibles problemas psicológicos no se deben a la condición sexual en sí, sino al trato diferencial y a los problemas sociales que experimentan en el proceso. Es decir, no es la persona trans, por el hecho de ser trans, la que sufre una predisposición a estos trastornos, sino que es la sociedad, los iguales, y las actitudes discriminatorias las que inciden y correlacionan positivamente con estos problemas. Por lo tanto, una persona trans, que haya realizado su transición sin sufrir transfobia, presiones innecesarias o rechazo por parte de sus seres queridos, no tendrá mayor probabilidad de padecer estos problemas que cualquier otra persona. Sin embargo, una persona trans que sufra bullying, sí podrá desarrollar estos trastornos, con la misma probabilidad con la que podrá desarrollarlos cualquier otro niño o niña que sufra acoso (independientemente del motivo del mismo).

El apoyo de las familias es un factor de protección para evitar que los niños trans sufran problemas psicológicos en el futuro / Fuente: Google Images

En definitiva, la identidad sexual de los niños es una más de las muchas características que componen su personalidad, hay que saber darle la importancia adecuada y actuar en caso de ser necesario para procurarles el bienestar que se merecen. No obstante, como ocurre con la mayoría de situaciones, querer lo mejor para ellos allana el camino, y brindarles nuestro apoyo y comprensión es haber hecho ya la mitad del recorrido.

Para saber más…

Protocolos de intervención:

Asociaciones españolas:

Sobre Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

6 Interacciones

  1. Skeptpsych dice:

    Una correción: el sexo biológico no se establece por la apariencia de los genitales ni los cromosomas sexuales del individuo sino por su cualidad para producir un tipo de gameto.

    • Laura Marcilla dice:

      ¡Hola, Skeptpsych!
      En primer lugar, gracias por la lectura y por tu aportación.

      Somos conscientes de que, en la mayoría de seres vivos, ese es el criterio que se sigue. No obstante, la sexualidad, y el sexo biológico como parte de ella, tienen múltiples dimensiones. El sexo biológico se puede determinar a muchos niveles: gonadal (existencia de gonadas y producción de gametos), genético (en función de los cromosomas sexuales XX o XY), anatómico (y dentro de las características anatómicas, entrarían también las diferencias genitales, tanto internas como externas) e incluso hormonal, en función de las diferentes concentraciones de hormonas típicamente masculinas y típicamente femeninas. Sin embargo, teniendo en cuenta la naturaleza de este artículo (que es informar sobre la transexualidad) y para no hacerla demasiado compleja a aquellos lectores que puedan no tener conocimientos de este tema, nos hemos limitado a mencionar los factores genéticos y anatómicos (en cuanto a genitales externos), ya que son los criterios que se siguen habitualmente para determinar el sexo del feto o de un bebé recién nacido, y por tanto, son los que consideramos más relevantes para entender y explicar la distinción entre este hecho biológico y la identidad sexual.

      Esperamos, no obstante, que hayas disfrutado del resto de la entrada, y estaremos encantados de contar con más aportaciones tuyas en esta o en cualquier otra publicación de la web.

      Un cordial saludo 🙂

      • Skeptpsych dice:

        Hay un problema con ese razonamiento: el sexo biológico no puede tener múltiples dimensiones porque atribuir varios criterios para describirlo implica potenciales contradicciones.
        No tiene sentido clasificar a una persona con insensibilidad a los andrógenos biológicamente como mujer por la ausencia de genitales masculinos y al mismo tiempo considerarla biológicamente un hombre por su cariotipo.
        Es un estándar en biología distinguir los sexos según su capacidad reproductiva y por tanto, la respuesta está en los gametos (ver anisogamia).
        Si el individuo no fabrica ningún tipo de gametos, como en esta insensibilidad, el sexo biológico está indeterminado.
        Un saludo.

  2. María Dolores de Mingo Andújar dice:

    Enseñanza obligatoria. Biología: humanos en cromosomas en par 23 si se da XX el sexo cromosómicamente es femenino; XY el sexo cromosómicamente es masculino. No es cuestión de genitales, ni experiencias sexuales. Por que ser violentos con el autobús de hazte oir? y lo más importante:
    ¿Por qué la seguridad social cubre la cirugía de reasignación de sexo para transexuales y no las ortodoncias?

    • Laura Marcilla dice:

      Buenas tardes, María Dolores.

      Muchas gracias por leer y comentar, nos encanta que nuestros lectores nos dejen sus opiniones y dudas.

      Voy a intentar responder a todas las cuestiones que planteas en tu comentario.

      En primer lugar, espero que cuando mencionas el hecho de ser violentos con el autobús, no sea una referencia a nuestro artículo. Nosotros mencionamos el autobús sólo para explicar por qué este tema ha adquirido tanta fama últimamente, pero dado que somos una web de divulgación científica, procuramos siempre no entrar en valoraciones personales ni dejar que nuestras opiniones influyan en el rigor con el que escribimos.

      En cuanto a los conocimientos biológicos, por supuesto es verdad lo que dices, y a nivel cromosómico es el par sexual (23) el que determina si se es “macho” o “hembra”. No obstante, éste no siempre se corresponde con la identidad sexual, y ni siquiera siempre lo hace con el sexo anatómico (el ejemplo que cito en el artículo referente a personas con síndrome de Morris). Incluso dentro de lo que podríamos entender como “sexo biológico”, existen una multitud de procesos y componentes (incluidos un gran número de genes que codifican la síntesis de factores de transcripción, factores de crecimiento, enzimas y hormonas) que interaccionan de forma compleja. Todos estos factores hacen que podamos diferenciar entre sexo genético (en función de los cromosomas sexuales X e Y que porte el espermatozoide en el momento de la fecundación), sexo gonadal (en función de si se desarrollan ovarios o testículos, y que puede coincidir o no con el sexo cromosómico) y sexo genital (en función de los genitales interno y externos que se desarrollen). Por tanto, sería incorrecto reducir el concepto (de por sí ya vago) de “sexo biológico” a los cromosomas. Además, existen otros niveles. Por ejemplo, el desarrollo del cerebro durante la gestación se ve afectado por la concentración de hormonas sexuales como la testosterona y la progesterona. Esto provoca diferencias en la maduración cerebral de una forma compleja que a día de hoy no se entiende completamente. Y por último, como se explica en el artículo, también existen diferencias en la forma de comportarnos y de expresar nuestro género. Perdona la extensión de la explicación, son realidades muy complejas, en las que siempre que se intenta resumir, uno se arriesga a perder rigurosidad científica o caer en posibles reduccionismos. Quizá como una imagen vale más que mil palabras, el siguiente esquemita sintetice mejor que yo esto que intento comunicar: http://bit.ly/sexo_biologico

      Por otra parte, y aunque efectivamente también estás en lo cierto al mencionar que la biología cromosómica es contenido de educación secundaria obligatoria, lo cierto es que esto no implica que nuestros lectores estén obligados a recordarlo, ni tampoco significa que sea un conocimiento básico, universal e incuestionable, sino todo lo contrario: es una simplificación de una realidad más compleja que los alumnos de esos niveles no tienen capacidad de asumir todavía, ya que la adquisición de conocimiento es un proceso gradual y acumulativo. Como persona apasionada de la ciencia me atrevo además a añadir que una de las funciones de ésta es no dar por hecho los conocimientos previamente existentes como verdades inmutables, sino seguir poniéndolos a prueba y mejorándolos para procurar la evolución del conocimiento.

      En última instancia, no puedo responderte a por qué las ortodoncias no son cubiertas por la seguridad social (no tengo respuesta a esto, quizá los políticos la tengan), pero sí creo que puedo responder al tema de la cirugía de correción de sexo. En primer lugar, me parece interesante aportar un dato: en 10 años se han realizado 284 operaciones de cambio de sexo en Andalucía (apenas 28 operaciones por año), lo que obviamente es un número muy inferior al número de ortodoncias necesitadas en esta misma comunidad autónoma, y por supuesto, tienen un coste que difícilmente una persona podría asumir por sí sola, especialmente siendo parte de un colectivo que por desgracia, durante años, ha sido discriminado y ha tenido por culpa de ello, en muchas ocasiones, dificultad para encontrar un trabajo estable (menos mal que parece que, afortunadamente, esto está cambiando). En segundo lugar, y aunque las ortodoncias también son necesarias para la salud (no desprestigio en ningún momento la increíble labor de los ortodoncistas de nuestro país), en personas transexuales, el hecho de tener que vivir con un sexo que no se corresponde con su identidad puede desembocar en problemas que generen una angustia existencial muy grande (depresión, ansiedad e incluso, en los casos más graves, suicidio), por lo que la calidad de vida de estas personas se vería extremadamente mermada si no se les diese la posiblidad de acceder a una reasignación. De todas formas, no intento decir que no deban financiarse también las ortodoncias, sino que explico las diferencias entre ambos tipo de intervención, para razonar por qué creo que, al ser tan diferentes, no es justo ni lógico compararlas entre sí.

      Por último, y como menciono también en el artículo, lo cierto es que en los últimos años se aboga por la educación y el trabajo con la autoestima de las personas trans, de tal manera que puedan tener la misma calidad de vida y amor propio que cualquier otra persona incluso sin someterse a una operación que siempre conlleva riesgos. Si estas personas son capaces de quererse a sí mismas pese a no poseer los genitales que la sociedad espera de ellos, y sentirse plenos como mujeres con pene y hombres con vagina, no será necesario que pasen por quirófano, pero siempre es de agradecer que exista esta opción para quienes no se vean capaces de convivir con un cuerpo que encuentran incoherente con su identidad. En esto último, la sociedad tiene mucho que ver: prevenir la discriminación y luchar por la tolerancia puede marcar la diferencia para muchas personas (no solo trans), y por ello hemos intentado en el artículo hacer hincapié en la importancia de estos valores.

      Disculpa la extensión de mi respuesta, pero he encontrado que tu comentario me daba la posibilidad de responder a las dudas de mucha gente y no he querido desaprovechar la ocasión.

      Espero que mi respuesta te haya parecido, aunque larga, útil.

      Gracias de nuevo por leernos y no dudes en volver a escribirnos en esta o cualquier otra publicación que desees.

      Un cordial saludo 🙂

    • Jose dice:

      Hola Irati, me puedes escribir a un correo que te dejo aquí, nos conocimos en Coruña y me gustaría hablar contigo para saber como te va todo, te dejo el mail jose3.0@gmail.com

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