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La Teoría de los Marcos Relacionales o por qué aprender inglés es más fácil que polaco

¿Qué tiene que ver una de las teorías psicológicas más complejas de las últimas décadas con el aprendizaje del lenguaje en niños, los problemas de un español emigrante en su país de acogida, el pensamiento abstracto y otros fenómenos como la resiliencia o la aparición de problemas mentales? Un concepto: los marcos relacionales. Si todo esto te suena a chino, adelante, sigue leyendo y déjame explicarte qué es la Teoría de los Marcos Relacionales, así como sus perversas predicciones.

El origen: Del conductismo radical a los años 80

Hace un siglo más o menos el conductismo nació como corriente de pensamiento en la Psicología. Simplificado mucho, el conductismo es una corriente de la Psicología que explica todo en base a estímulos (algo que motiva) y respuestas (cualquier cosa que sigue a un estímulo). ¿Te suena el ejemplo de Pavlov y su perro? Suena una campana y el perro saliva, porque sabe que después vendrá la comida. Pero no todo podía ser tan sencillo, así que pronto, dentro del conductismo, surgieron dos corrientes diferenciadas.

– El conductismo metodológico es el que la mayoría de gente conoce: la mente no es objeto de estudio porque no puede estudiarse de forma directa, así que ignorémosla y centrémonos en la conducta que sí es observable, lo considerado científico.

– El conductismo radical, de Skinner, consideraba todo conducta, incluido los fenómenos internos como pensar (por ejemplo, “No valgo para nada”, en un paciente con depresión). El hecho de pensar sería una conducta, sólo que no sería pública, sino privada.

El conductismo funcionó bastante bien durante un tiempo, dando lugar a las primeras técnicas de tratamiento basadas en la experimentación. Ejemplos de ello son: la extinción (ignorar quejas injustificadas de un hijo para que deje de repetirlas), el reforzamiento positivo (elogiar a un empleado por su brillante trabajo), etc. Sin embargo, en seguida surgieron limitaciones obvias. ¿Qué ocurría con fenómenos más complejos, como el lenguaje?

Skinner ya escribió sobre ello en los años 50, en su libro “Conducta Verbal”. Allí solo plasmaba ideas y caminos a investigar, no ahondaba realmente en la idea del lenguaje. No es hasta finales de los 80 o principios de los 90, que surge el interés por llevar el conductismo radical más allá de las meras ideas hacia la teorización y experimentación del lenguaje y los pensamientos.

Aunque la propuesta de Skinner para tratar la conducta verbal no tuvo mucho éxito, aún hoy en día se investiga inspirados en ella. Y si no, que se lo digan a uno de los participantes de nuestro I Concurso de Artículos: Últimos hallazgos en la interdependencia funcional entre operantes verbales

La Teoría de los Marcos Relacionales: propiedades del lenguaje

Steve Hayes y Dermot Barnes-Holmes, padres de la teoría, parten de la idea de que el ser humano posee un potencial claramente diferenciado, el lenguaje (así como el pensamiento abstracto), para aprender. El pensamiento y el lenguaje tienen tres propiedades, únicas:

1. Los estímulos (por ejemplo, palabras, pero también eventos y relaciones) se conectan bidireccionalmente. Si aprendo que la palabra “mamá” es esa señora de 50-60 años con pelo castaño y estatura media que me mira cuando digo la palabra, relaciono automáticamente también a esa persona con la palabra “mamá”. Simple, ¿cierto?

Bebé creando equivalencias.

Pronto aprenderá un bebé que “mamá” equivale a algo que huele bien y da calor, y que algo que huele y da calor equivale a “mamá”. Estas relaciones, según crezca, se harán más complejas y en algunos casos, fuertes.

2. Los estímulos se pueden vincular en diferentes niveles. Si un gato (A) es un felino, y los felinos (B) tienen garras que me asustan (C), los gatos (A) también me asustan (C). Esto es lo que en lógica se conoce como relación transitiva.

3. La función de un estímulo (A) varía según cómo se relaciona con otro estímulo (B). Dicho de otro modo, dentro de un contexto particular, físico o histórico, un concepto puede variar su función. Durante el Romanticismo, que un hombre llorase podía ser visto como un intelectual y, sin embargo, a inicios del siglo pasado la idea de que un hombre llorase era visto como una señal de debilidad y algo a evitar.

Todas estas propiedades juntas para un estímulo dado se unifican en la idea de marco relacional. Un marco relacional es una explicación teórica que ayuda a conocer cómo aprendemos, como humanos, mediante el lenguaje y pensamiento abstracto, a realizar asociaciones derivadas de relaciones entre estímulos. O cómo ante estímulos que nunca hemos vivido, respondemos de forma predecible por el marco relacional aprendido.

Se dice que el primer marco relacional que aprendemos es el de equivalencia (“igual que…“), siendo otros conocidos el de oposición (“es lo opuesto a…“), temporal (“antes” o “después“), jerárquico (“es parte de…“), etc.

La Teoría de los Marcos Relacionales: las reglas verbales

Todo lo visto anteriormente puede parecer un poco abstracto y teórico. ¿Cómo se concreta todo esto? ¿Cuál es la aplicación de un marco relacional? Los marcos relacionales se pueden combinar para finalmente generar reglas verbales que gobiernen la conducta. Algunos ejemplos estudiados de reglas verbales son:

1. Reglas Pliance: definen qué propiedades son las típicas o esperables para un estímulo dentro de un contexto. Por ejemplo, dentro de la sociedad española podría esperarse de un político que fuera alguien que, en teoría, vela por el bien de la sociedad y representa al ciudadano. Sí, lo sé, del dicho al hecho hay un trecho…

2. Trackings: algo así como guías específicas de qué hacer para obtener algo en concreto. Por ejemplo, “Si eres bueno, la vida te recompensará“, “El que la sigue la consigue“, etc.

3. Augmentings: definen cómo algo es reforzante o aversivo, como pueden ser los tópicos o generalizaciones. “Estar vivo ya es algo“, “Preocuparse es malo“, “Las sorpresas son buenas“, y un largo etcétera. Son reglas que normalmente hacen referencia a abstracciones (se relacionan con, por ejemplo, el sentido de justicia).

Como ves en los ejemplos, muchas de las reglas verbales que seguimos las hemos aprendido e interiorizado como ciertas. ¿Por qué tiene que ser verdad que “Si eres bueno, la vida te recompensará“? Realmente no tenemos experiencia directa para demostrar tal premisa, pero nuestro comportamiento, aun y con todas, se rige en base a reglas como esta.

Antes de seguir leyendo, ¿por qué no hacemos un ejercicio de reflexión? Dedícale unos segundos a pensar qué reglas crees que gobiernan tu conducta y han sido dadas por el contexto en el que te mueves. ¿Se te ocurre alguna?

“El Yo (“Soy muy callado“, “Jamás podría aprender inglés“) también sigue reglas verbales que, a veces, pueden ser contraproducentes, limitándonos a actuar como debemos”

La perversión de las reglas verbales

¿Te ha pasado alguna vez en la escuela o el trabajo, que has intentado seguir las instrucciones u órdenes y llegas a un punto en el que nadie te dice cómo actuar? También es probable que te pase montando muebles de Ikea. Quieres seguir las instrucciones paso a paso pero, entre un paso y el otro, hay algo que no está explicado o no logras entender. ¿Qué haces entonces?

Desde luego que la primera reacción es paralizante. Dejas de trabajar, pierdes el ritmo y tienes que tomar una decisión. ¿Te imaginas alguien cuya vida esté altamente reglada? ¿Y qué me dices de una persona que necesita reglas específicas? Peor aún, ¿se te ocurren, bajo esta teoría, qué problemas puede tener una persona al emigrar? No solo no conoce las reglas verbales del país al que se traslada, sino que las suyas, dentro del nuevo contexto, pueden adquirir nuevos significados.

“Cómo dibujar un búho. Paso 1: Dibuja dos círculos. Paso 2: Dibuja el resto del maldito búho.”
A veces, el intentar seguir instrucciones muy precisas nos deja huérfanos ante la ambigüedad.

Pongamos un ejemplo de una situación problemática. Tenemos un entorno familiar restrictivo en el que controlamos demasiado a nuestro hijo pero, tras unos años, nos aventuramos a dejarlo sólo una tarde. “Si huele a gas o hay un incendio llama rápidamente a este número“. Nos vamos y dejamos a nuestro hijo, quien, durante toda su vida, ha seguido nuestras órdenes casi al pie de la letra. ¿Cómo crees que actuará el hijo de esta familia si ocurre una emergencia de otro tipo? Se rompe una cañería y se inunda el baño, intentan entrar por la ventana o alguien llama al teléfono intentando contactar urgentemente con sus padres. Podemos divagar, podemos asumir que el niño no será estúpido y algo hará, ¿pero qué te parece esto otro? Darle una regla verbal más general: “En caso de emergencia llama a este número“. Esta idea está relacionada con la de flexibilidad psicológica.

“La flexibilidad psicológica tiene cierto parecido con el concepto psicológico de la resiliencia. ¿Quieres refrescar el concepto? En Psicomemorias ya escribimos sobre él en este artículo

Dentro de la Teoría de Marcos Relacionales, se cree que la flexibilidad psicológica es ideal y sana para las personas. Tener reglas generales, potencialmente adaptables a diferentes entornos, nos ofrece más libertad. La regla “Hay que ser cordial al presentarse ante alguien” probablemente funcione en la mayor parte del mundo occidental. Sin embargo, la regla “Hay que dar la mano a hombres y besos a las mujeres al presentarse” puede ser más problemática una vez crucemos la frontera. El hecho de que una regla sea más general, nos da más pie a la improvisación y a la adaptación en función del contexto. Las reglas específicas requieren menos esfuerzo, pero son menos adaptables a otros contextos diferentes a aquel en el que aprendimos a aplicar tal regla.

La trampa de vivir en la mente de uno mismo

Sigamos aplicando la Teoría de los Marcos Relacionales y veamos qué otras interesantes predicciones tiene para nosotros. En la Terapia de Aceptación y Compromiso así como en otros acercamientos de última generación, se hace hincapié en la idea de que las personas estamos atrapadas en la trampa del lenguaje. Hemos vivido y vivimos anclados en una sociedad y vida interna por y para el lenguaje… ¿cómo sospechar de él?

Buscando recursos didácticos encontré este vídeo de Kevin Polk (en inglés), ¿así que para qué reinventar la rueda si ya lo ha hecho él fantásticamente? Durante el vídeo, entre otras cosas, nos explica el ejemplo de cómo un bebé aprende sus primeras equivalencias entre la palabra “mamá” y su madre. Su madre tiene unas propiedades físicas, puede olerla, verla y sentir su calor; rápidamente crea una equivalencia entre la palabra “mamá” y estas sensaciones. Más aún, esa equivalencia tiene un valor positivo, placentero.

Dicho de otra forma, durante toda nuestra vida creamos relaciones entre sensaciones reales y sensaciones mentales (o conceptos verbales) con valores positivos o negativos. ¿Recuerdas alguna vez, al oír una historia de miedo, tener escalofríos? ¿Y el asco al oír una historia desagradable (a veces bastando una palabra)? Estas relaciones se hacen tan fuertes que, aunque tienen el potencial de hacernos planificar a largo plazo (“Mejor no comerme todo el chocolate si quiero perder peso a final de mes“), a veces las sensaciones mentales pueden ser tan potentes que nos terminan tejiendo una trampa de la que es difícil escapar (“Estar a dieta es sano, así que tampoco puede ser tan malo que me coma todo el chocolate hoy y siga a dieta un mes más“).

Con el tiempo olvidamos que, realmente, existe un mundo exterior, presente aquí y ahora. “Tengo que hacer la compra antes de llegar a casa“, “Tengo que llevar al niño a kárate“, “Esta noche toca capítulo de Juego de Tronos“… y luego, “¿Se me habrá olvidado algo?“, “Tengo que poner la lavadora al volver de dejar al niño en clases de kárate“, “Ya está acabando el capítulo y otra vez a esperar un año para la nueva temporada…“.

“… las reglas generales que gobiernan nuestra conducta, anticipan las hipotéticas consecuencias negativas de determinados eventos cuando en realidad no tenemos esa certeza…”

Terminamos pasando mucho tiempo en nuestra vida interna y privada: nuestra cabeza. Y lo que es peor, nos olvidamos de que los pensamientos no son reales. Cuando llegan situaciones críticas, donde se hace necesario no tener muy en cuenta pensamientos como “La exposición no va a salir bien“, “No me van a dar el aumento” o “Soy mala madre“, estamos expuestos a la suerte y el riesgo de comportarnos de acuerdo a ellos.

Para que me entiendas, las reglas generales que gobiernan nuestra conducta, anticipan las hipotéticas consecuencias negativas de determinados eventos cuando en realidad no tenemos esa certeza de que las cosas vayan a salir tan mal como creemos.

Piper, de Pixar, es un buen ejemplo de la evitación experiencial y marcos relacionales.

En el fantástico corto “Piper” de Pixar, el protagonista, un pájaro, cree firmemente que las olas del mar van a hacerle sufrir como hicieron una vez en el pasado. Finalmente se enfrenta a ellas y se da cuenta de que sus ideas no eran un fiel reflejo de la realidad.

No pedirás el aumento, porque para qué, si no van a dártelo. No vas a ir a exponer porque la exposición no saldrá bien. Y eres una mala madre, así que mejor ser más agobiante, o peor aún, mejor desatender todas las tareas y darse a la bebida.

Las terapias de nueva generación como la de Aceptación y Compromiso, entre otras cosas buscan enseñar al paciente que sus pensamientos no son hechos y realidades externas, por lo que no tienen influencia directa en el mundo exterior, así como crear reglas verbales flexibles que le permitan vivir de forma más equilibrada y en consonancia con sus valores.

Ejemplos de la Teoría de los Marcos Relacionales

Dicen que la mejor manera de entender ideas complejas es a base de ejemplos. ¡A por ellos!

Marcos relacionales y el sexismo benevolente

No hace mucho hablamos de sexismo (ambivalente) en uno de nuestros artículos. El sexismo benevolente es un fenómeno social complejo, ¿cómo puede relacionarse con los marcos relacionales? Fácil: pronto en la escuela los niños aprenden que “Los hombres y las mujeres son de sexo opuesto“. Por contexto social, pueden aprender también que “Los hombres son más fuertes que las mujeres“, así que, si los hombres y mujeres son opuestos, y los hombres son fuertes… ¡”Las mujeres son débiles“!

Aunque no hayamos tenido forma de comprobar que la regla “Las mujeres son débiles” o “Los hombres y mujeres son del sexo opuesto” interiorizamos la regla y nos comportamos en base a ella. En este caso, volvemos a caer en la trampa del lenguaje: actuamos con la realidad en base a normas y reglas que poco tienen que ver con el mundo con el que interactuamos.

Reglas verbales para el sexismo ambivalente

La Teoría de los Marcos Relacionales podría explicar hasta fenómenos como el sexismo ambivalente.

Esas relaciones (oposición de sexos, características de los hombres, debilidad en las mujeres, etc) quedarán grabadas en lo que se conoce como red relacional, en este caso, la red relacional de género. Conceptos abstractos y complejos temas tendrían su propia red, definiendo sus relaciones y posibles derivaciones.

Marcos relacionales y el aprendizaje del inglés y polaco

Desde la crisis se ha puesto de moda (más aún) aprender inglés. Todo el mundo conoce a alguien que se ha ido a Londres a aprender inglés y buscar trabajo (si, por el contrario, te quieres encontrar a ti mismo, lo recomendable parece que es irse a países del sudeste asiático como Filipinas).

¿Pero cómo de factible es aprender inglés para nosotros? ¿Y qué tiene que ver todo esto de los marcos relacionales con el aprendizaje de lenguas? De forma inconsciente o no, seguimos reglas en nuestro lenguaje. Las reglas a las que nos referimos son las que crea un estudiante durante el aprendizaje, y no necesariamente son equivalentes a las gramaticales.

Usando la Teoría de los Marcos Relacionales podemos ver que las palabras se relacionan entre sí siguiendo normas (“el coche es rojo” pero “la taza es roja“). Algunas palabras (y estructuras) encajan en la perfección en los ejemplos que hemos visto, por ejemplo, “Es tan alto como su padre”. También tenemos conceptos abstractos, como las normas de conjugación.

En español conjugamos los verbos. Seguimos una regla que dice que, si hablo usando el yo, y el verbo estar, el resultado será yo estoy o estoy. Si alguna vez has intentado aprender inglés, sabrás que los verbos, salvo excepciones, no se conjugan. Así pues, tenemos el siguiente resultado:

Reglas verbales equivalentes entre inglés y español

La Teoría de los Marcos Relacionales puede intentar explicar también el aprendizaje de idiomas.

¡Cuánto trabajo nos hemos ahorrado! Esto es un ejemplo de cómo intentamos adaptar nuestras reglas a las de otros idiomas, voluntaria o involuntariamente. En este caso, una nueva regla (del inglés) equivale a varias reglas de conjugación en español. Quizás por eso solemos decir que lo difícil del inglés es su pronunciación, porque ahí, lector, sus reglas son más complejas que las nuestras y no podemos crear equivalencias o simplificaciones. Y precisamente por esto, nos preguntamos: ¿qué pasa con otras lenguas en las que no podemos simplificar?

“Una regla en inglés puede sustituir varias reglas españolas, por lo tanto, nos es más sencillo. Sin embargo, en polaco, una norma nuestra tiene decenas de equivalentes”

Esas son las lenguas que, como hablantes nativos del español, consideramos difíciles sin, de hecho, haber siquiera intentado aprenderlas. Vamos a usar el polaco como ejemplo. No te preocupes, voy a tener cuidado y ahorrarte un dolor de cabeza. En español podemos decir:

Es tan alto como su padre

En inglés podemos crear una equivalencia entre “tan … como” y “as … as” (“He is as tall as his father“). Una vez más, fácil en este caso. ¿Y qué tal en polaco?

Asumamos que sabemos ya que “Él” equivale a “He” en inglés y a “On” en polaco. “Es” a “is” y “jest“. ¿Hay equivalente para “tan … como“? Sorprendentemente, sí. “Tak … jak“. Así que tendríamos, tras aprender un poco de vocabulario, la siguiente equivalencia:

On jest tak wysoki jak jego ojciec

Reglas verbales de equivalencia que un estudiante de idiomas podría hacerse, sea consciente o no.

¿Me sigues? Parece sencillo por ahora, hemos podido crear equivalencias entre nuestras reglas. Ya sabemos expresar algo tan complejo en polaco, en unos minutos y sin dolor. Pero un momento, ¿qué pasa si hablamos de ella?…

Ona jest tak wysoka jak jej ojciec

Espera, espera, ¿por qué “wysoka” y “jej“? Con facilidad aprendemos entonces que modificamos los adjetivos y pronombres según el género, algo que usamos parcialmente en español e inglés. “Jej” es “her” en inglés y “su” en español. “Wysoka” será “alta” en español y “tall” en inglés. Por ahora tenemos un par de reglas que no son complicadas.

Jego wzrost jest taki sam jak jego ojca
Su altura es similar a la de su padre

Y aquí es donde si nos planteábamos estudiar polaco, ya decidimos que eso mejor para otro. De “wysoki/wysoka” pasamos a “wzrost“, del “tak … jak” al “taki … jak“, y “jego ojciec” se transforma en “jego ojca“. No vamos a entrar en detalles del porqué, pero ahora somos conscientes de cómo un concepto tan sencillo como es el equiparar una característica entre dos personas, crece potencialmente en dificultad con variaciones mínimas. En otras palabras, si en inglés una regla española vale por varias de las suyas, simplificando el aprendizaje, en polaco ocurre lo contrario: una regla nuestra puede tener decenas de variaciones en polaco, ahí radica su dificultad.

Que lo aprenda otro.

¿Qué concluimos?

La Teoría de Marcos Relacionales así como las nuevas terapias como Aceptación y Compromiso, pero también la Psicoterapia Analítica Funcional, buscan disociar a la persona de su vida interna y hacerla más flexible, adaptable, dándole las herramientas necesarias para sortear las adversidades vitales de manera autónoma y sana. En otras palabras, buscan hacerla una persona flexible psicológicamente.

El concepto de marco relacional y todo lo que gira alrededor de él ha producido toda una corriente de investigación, rica y variada, que no solo promete seguir ahondando en la puesta a prueba experimental de sus conceptos, sino extenderse a otros campos. El objetivo final es desarrollar un marco para una teoría general en psicología.

Finalmente, siendo conscientes de la complejidad de nuestra conducta y de cómo el lenguaje puede ser no solo un potenciador del ser humano, sino también su prisión, nos abrimos camino hacia la capacidad de decidir. ¿Decidir qué? Decidir si dejarnos llevar por nuestros pensamientos (y las reglas verbales aprendidas) o alejarnos de ellos y actuar en consonancia con nuestros valores.

Y es que los pensamientos, pensamientos son.

Para saber más

1. El perfil de Carmen Luciano, referente mundial en TMR y Terapia de Aceptación y Compromiso
2. Vídeo de una entrevista a Niklas Törneke sobre aplicaciones clínicas de la TMR (13 minutos, subtitulado en español)
3. En verano, el Congreso Mundial de Psicología Contextual
4. Vídeo de uno de los autores, Hayes – Flexibilidad psicológica: cómo el amor convierte el dolor en motivación (19 minutos, subtitulado en inglés)

Referencias

1. Törneke, N.; Luciano, C. y Valdivia Salas, S. (2008). Rule-Governed Behavior and Psychological Problems. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 8(2), p. 141-156.
2. Fletcher, L. y Hayes, S. (2005). Relational Frame Theory, Acceptance and Commitment Therapy, and a Functional Analytics definition of Mindfulness. Journal of Rational-Emotive & Cognitive-Behavior Therapy, 23(4).
3. Roche, B., Barnes-Holmes, Y., Barnes-Holmes, D., Stewart, I. y O’Hora, D. (2002). Frame Theory: A New Paradigm for the Analysis of Social Behavior. The Behavior Analyst, 25(1), p. 75-9.

Sobre Jose Antonio Jiménez

Licenciado en psicología con más de dos años de experiencia en investigación básica, así como experiencia en un centro psiquiátrico. Ha colaborado anteriormente en otras revistas digitales de ámbito local escribiendo sobre psicología.

En Psicomemorias es autor y... hace cosas.

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