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El TDAH en la infancia

Desde hace unos años parece el trastorno de moda para niños. Todo el mundo conoce a alguien al que le han diagnosticado por Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o sospecha que Fulanito lo tiene. Según el DSM-V, el manual de trastornos mentales usado por psiquiatras y psicólogos, alrededor del 5 % de niños tienen el trastorno. Pero, ¿en qué consiste el TDAH? ¿Cómo puedes saber si un niño encaja en el diagnóstico?

¿Qué es el TDAH?

Primero, no nos confundamos: que el niño corra de un lado a otro, chille y se tire por los suelos no le hace candidato al diagnóstico; en todo caso candidato a ser un niño normal o en el peor de los casos, molesto según a quién le preguntemos. Como trastorno mental, el TDAH es el más común en la infancia y, quizás por esto, es de los trastornos más conocidos por no psicólogos.

Como en muchos otros trastornos, no se conoce aún un único origen para la aparición de TDAH, así existe una multicausalidad tanto psicológica y del contexto como biológicas y genéticas. Las personas con TDAH parecen mostrar una activación inferior en la parte prefrontal del cerebro (lo que cubre tu mano al ponerla en la frente), área relacionada con el control de impulsos y la memoria de trabajo (la que necesitas, por ejemplo, para contar mentalmente), fundamentales para el autocontrol. En su vertiente puramente psicológica el TDAH tiene un componente de inatención y otro de hiperactividad e impulsividad.

Puedes ver los criterios de diagnóstico utilizados en el manual DSM en la web TDAHyTú.

A los niños con TDAH se les puede tratar farmacológicamente, psicológicamente o combinando ambos tratamientos. Ya sea por sencillez, falta de información o desgana, el tratamiento más usado es el farmacológico (Infac, 2013). No obstante, elijan los profesionales un tratamiento u otro, se suele tener como objetivo de controlar y manejar los síntomas, no “curar” el trastorno. Por último, destacar que es requisito que los síntomas aparezcan antes de los 7 años de edad.

Comportamienetos sospechosos de TDAH en la infancia

Hace poco visité a unos familiares, un matrimonio, y me comentaron que uno de sus hijos está diagnosticado con TDAH. El niño saltaba de un lado para otro, hablaba y gritaba con su hermano pequeño, peleaba viendo los Power Rangers, se pasaba el rato con su tableta viendo a youtubers y, en otras palabras, siendo un niño corriente. ¿Dónde estaba la diferencia?

Ya fuera saltando, hablando, peleando mientras veia los Power Rangers o viendo vídeos, no podía centrarse en una única tarea por un tiempo prolongado (los vídeos no los veía completamente, saltaba de uno a otro, parloteaba o miraba qué hacíamos el resto).
Cierto, hablaba mucho, pero no dialogaba, no prestaba atención a lo que se le decía y se limitaba a responder (verbalmente) a los acontecimientos, careciendo de una coherencia en el discurso (hablando, saltar de una idea a otra sin lógica aparente).

Uno de nuestros concursantes del II Concurso de divulgación ya escribió un breve artículo sobre el TDAH. ¿Quieres echarle un vistazo?

En el siguiente vídeo podemos ver el ejemplo de Rubén e intentar comprender cómo se siente un niño diagnosticado con TDAH.

Como quería echar una mano en la casa, y los padres no estaban contentos con que dedicara tanto tiempo a la tableta o la consola, le propuse hacer manualidades y me ofreció construir con nuestras manos figuras de Minecraft. Me pareció una idea estupenda y nos pusimos manos a la obra… pero rápidamente se frustró, probablemente por no prestar la atención necesaria a los detalles. Terminó desistiendo.

Durante los siguientes días pude ver más síntomas, probablemente conocidos en mayor o menor medida para todo padre y madre: corriendo y saltando incontrolablemente, despistado, incapaz de esperar a su turno, y un largo etcétera. En general, claras señales de hiperactividad e inatención.

Cómo actuar ante la sospecha de TDAH

Si sospechas que tu hijo puede cumplir el diagnóstico de TDAH, lo mejor es que acudas a un médico o psicólogo, te informen y se le evalúe bajo un criterio profesional. No hay de qué preocuparse (demasiado), pues con el debido tratamiento conductual, los síntomas se pueden suavizar.

Es importante echar mano al trastorno cuanto antes, dado que no hará otra cosa que empeorar bajo el efecto bola de nieve: inicialmente serán problemas a nivel escolar, como dificultades de lectura, pero que determinarán el desarrollo de habilidades posteriores como la planificación, flexibilidad y fluidez cognitiva.

Aquí te dejamos una Guía para padres.

En líneas generales, debes darle todo tu apoyo y cariño. Criar a un hijo es duro y, en este caso, se parte en desventaja, pero no es el fin del mundo ni es el niño responsable de tener el trastorno. Debemos ser plenamente conscientes de que él no ha elegido esto, por tanto no debemos culparle ni, tampoco, dejar que se sienta culpable por el diagnóstico en sí.

En psicología están las llamadas técnicas de modificación de conducta, un conjunto de técnicas basadas en los principios del aprendizaje. En otras palabras: ¿te quedabas sin ver la tele cuando te portabas mal? ¿Te decían lo buen niño que eras al no destrozar la clase cuando el profesor se iba? Esos casos fueron momentos en los que se aplicaron técnicas de modificación de conducta, se quisiese voluntariamente o no. La aplicación de estas técnicas ayuda al tratamiento de TDAH.

A veces los tecnicismos hacen una idea incomprensible. Aquí te dejamos, "traducidas" al castellano, algunas técnicas que puedes emplear para modificar la conducta de un niño (por ejemplo, tu hijo).

A veces los tecnicismos hacen una idea incomprensible. Aquí te dejamos, “traducidas” al castellano, algunas técnicas que puedes emplear para modificar la conducta de un niño (por ejemplo, tu hijo).

Siguiendo con el caso del niño que os comentaba, a él nunca se le dijo nada cuando, de manera sistemática, llevaba juguetes a la mesa a la hora de comer. Juguetes a los que, está claro, prestaba más atención. Cuando entraba en la dinámica de hablar de manera descontrolada durante la cena, en lugar de que se le ignorase, acaparaba toda la atención familiar. Lo que es peor, se le castigaba o premiaba de manera arbitraria según el día para un mismo comportamiento: a veces no quería acabar la comida y se le prometían caramelos si la terminaba, pero otras veces se le castigaba sin videoconsola.

Si el niño sólo “se porta mal” en la escuela pero en casa se centra y hace sus tareas, no cumple los criterios para tener TDAH

TDAH en la infancia: sobrediagnóstico

Se ha achacado al TDAH el riesgo de caer en el sobrediagnóstico por parte de los profesionales. Este supuesto sobrediagnóstico podría venir explicado por el hecho de que, el diagnóstico en sí, como proceso humano, es falible. Durante la consideración de diagnóstico, y dado el componente social del TDAH (por ejemplo, ¿cuándo es un comportamiento realmente disruptivo?), hay un límite difuso entre lo normal y lo patológico que dependerá del profesional principalmente, pero también de los padres y el contexto social. Un aspecto clave a tener en cuenta es que el trastorno afecte claramente al rendimiento del niño en la escuela (por ejemplo, rendimiento en lectura), sin olvidar, aun así, que los síntomas de inatención e hiperactividad deben aparecer no solo en la escuela sino en diferentes situaciones. Si el niño sólo “se porta mal” en la escuela pero en casa se centra y hace sus tareas, no cumple los criterios para tener TDAH.

El niño de nuestro ejemplo encajaba en el 20-30 % de los casos en los que el TDAH aparece con problemas de rendimiento en lectura (Birchwood y Daley, 2009). Pero, ¿qué podemos saber sobre el TDAH y el rendimiento escolar?

El rendimiento escolar en niños con TDAH

Tenemos buenas y no tan buenas noticias. Las no tan buenas: ¿quién espera un buen rendimiento por parte de un niño con problemas de concentración e incapaz de estarse quieto, en un contexto (la escuela) donde precisamente esto es lo que se requiere? Hay numerosos estudios que afirman que los niños con TDAH tienen peor rendimiento y mayor riesgo de ser expulsados.

La buena noticia es que todo esto parece tener solución (o alivio). El tratamiento psicológico suele estar centrado en los comportamientos no deseados más que, de manera positiva, en mejorar el rendimiento escolar.

Una lista de estrategias para aplicar en la escuela con niños diagnosticados con TDAH es la siguiente, sacada del estudio de Daley y Birchwood:

  1. Tutorización de profesionales y padres. La ayuda guiada a tareas concretas (por ejemplo, cómo sumar), tanto por padres entrenados como por personal educativo, ha demostrado ser eficaz.
  2. Adaptación de tareas al caso. Por ejemplo, aumentar las pausas o reducir el tiempo total de las tareas. Como curiosidad, las instrucciones asistidas por ordenador en matemáticas parecen haber demostrado cierta eficacia.
  3. Control ambiental personalizado para el niño. Sirva de ejemplo no dejar a la vista del niño la tableta cuando tiene que centrarse en la tarea o en la comida. Esto ha sido hallado eficaz para el control de las conductas disruptivas, pero no hay pruebas de que aumente el rendimiento escolar.
  4. Entrenamiento en estrategias. Transmitir habilidades a nuestro hijo para que puedan ser usadas en clase, como por ejemplo recordarse a sí mismo que “ahora debo prestar atención a la maestra“.

Aunque en inglés, podemos ver en el vídeo cómo un adulto se sienta junto al niño para iniciar unos ejercicios de matemáticas asistidos por ordenador, breves y como si de un juego se tratase.

Una concienciación en los casos de TDAH por parte del profesional educativo y los padres es vital para un plan de acción conjunto que allane el terreno para el mejor futuro del niño. El tratamiento farmacológico no muestra mejoras significativas en el rendimiento escolar, según Presentación Herrero y colaboradores (2010).

El tratamiento cognitivo conductual para niños con TDAH

En psicología, la idea más extendida de terapia es la cognitivo-conductual, dado que está probada que funciona. Para que me entiendas, la terapia cognitivo-conductual es una suerte de mezcolanza de técnicas, probadas, que se centran en tratar tanto la conducta externa (por ejemplo, dejar de saltar sobre el sofá), como también las emociones y pensamientos: ser consciente de que uno no ha elegido ser diagnosticado y no debe sentirse culpable, o aprender a re-centrar la atención en una tarea en particular.

Los padres entrenados en técnicas conductuales (centradas en el comportamiento del niño) han demostrado ser más eficaces que el metilfenidato. Asimismo, Presentación Herrero realizó un estudio en el 2010 donde se aplicó una intervención durante diez semanas en colaboración con padres y profesores. Dicha intervención, de forma general, se puede dividir en tres programas:

  1. Programa centrado en los niños. Se usaron técnicas cognitivo conductuales que intentaban enseñar a los niños a autocontrolarse. Más aún, se combinó con técnicas de solución de problemas, control de ira y entrenamiento en habilidades sociales, con el objetivo de mejorar así el plano interpersonal.
  2. Programa centrado en padres. Se informó sobre el trastorno, concienciando a los padres. También se les instruyó en técnicas de modificación de conducta y apoyo al aprendizaje escolar en el hogar. Finalmente, se intentaron potenciar los recursos de los padres para afrontar situaciones complejas de alto valor emocional, por ejemplo, haciéndoles conscientes (más aún) del potencial beneficio que tiene una sana relación con sus hijos.
  3. Intervención para los profesores. Grosso modo, una adaptación del programa para padres pero enfocado a profesores, junto al entrenamiento en el seguimiento del programa, adaptación de tareas a niños con TDAH y control ambiental.

Las autoras de la intervención concluyeron que los niños mejoraron tras su aplicación y en la evaluación de seguimiento un año después. Las mejoras se vieron a nivel escolar y emocional. En un trastorno como el TDAH, se aconseja la aplicación de dicho programa a lo largo del tiempo.

¿Con qué nos quedamos entonces?

Ante todo debemos recordar que, diagnosticado o no con TDAH, un niño lo que necesita es apoyo de sus padres y cariño: esto es necesario, aunque no suficiente. En el caso de que nuestro hijo sea diagnosticado con TDAH, nos informarán con las recomendaciones básicas y, además, tenemos numerosas asociaciones y “guías para padres” sobre cómo proceder.

En la mayoría de casos, los adultos no cumplen los criterios de diagnóstico para el trastorno: con el tratamiento adecuado y la maduración de la persona, en la adultez los síntomas no cumplen los requisitos para ser diagnosticado ni suele conllevar un malestar en la vida de la persona. Una intervención en edades temprana minimiza los efectos adversos del TDAH, siendo éste un trastorno complejo que atiende a numerosas causas. La intervención ideal implica colaboración estrecha por parte de profesionales sanitarios, escolares y padres.

Para saber más…

Una web: TDAHyTú.
Una guía: Cómo comportarse ante un niño con TDAH.
Una fundación: CADAH TDAH.

Referencias

1. Infac, Información Farmacoterapéutica de la Comarca (2013). Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH): ¿infra o sobrediagnosticado? ¿infra o sobremedicalizado? Una reflexión. Vol 21(5).

2. Daley, D., y Birchwood, J. (2009). ADHD and academic performance:why does ADHD impact on academic performance and what can be done to support ADHD children in the classroom?. Child: care, health and development, 36, 4, 455-464.

3. Presentación Herrero, M. J., Siegenthaler Hierro, R., Jara Jiménez, P. y Miranda Casas, A. (2010). Seguimiento de los efectos de una intervención psicosocial sobre la adaptación académica, emocional y social de niños con TDAH. Psicothema, Vol 22 (4), pp. 778-783.

Sobre Jose Antonio Jiménez

Licenciado en psicología con más de dos años de experiencia en investigación básica, así como experiencia en un centro psiquiátrico. Ha colaborado anteriormente en otras revistas digitales de ámbito local escribiendo sobre psicología.

En Psicomemorias es autor y... hace cosas.

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