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Entrevista a Alicia de San José: Suicidios en la policía. ¿Quién protege a los protectores?

Algunos informes externos alertan de que en la Guardia Civil un agente se suicida de media cada 26 días, y en la Policía Nacional uno cada 15. Por sus propias características, resulta difícil estimar cifras globales en la Policía Local. Estas cifras, a menudo contradictorias dado su carácter no oficial, pueden parecer descontextualizadas. Sin embargo, basta compararla con la media general de suicidios en España, 8,3 de cada 100.000 habitantes, mientras que en el caso de estos cuerpos sería del 11,2 de cada 100.000. Muchas asociaciones profesionales alertan de que la cifra real es aún mucho más alta (lo que también se aplica a las cifras de la población general), con más de 20 casos en 2015 solo en la Policía Nacional. Según algunos medios las muertes por suicidio cuadriplican las muertes por acto de servicio.

En otros países se llevan realizando investigaciones desde los años 70, encontrando su cénit durante los 90. En lugares como Canadá, con índices de bienestar muy altos, el riesgo de suicidio en policías varones es casi el doble que la media de hombres de la misma edad (Charbonneau, 2000), y la lista sigue.

Alicia de San José es psicóloga clínica y psicoanalista y lleva ejerciendo desde 1982 con adultos, adolescentes y niños, así como con parejas y orientación y asesoramiento familiar. El año pasado participó en una entrevista de Diario de Ibiza dando la voz de alarma sobre la precaria situación psicológica de muchos policías nacionales.

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en nuestro país desde 2008. ¿Crees que los medios dan al suicidio un trato justo?

Lo cierto es que es un tema que apenas se trata. El número de muertos por suicidio es el doble del de los fallecidos por accidentes de tráfico. Este dato puede servir para apreciar la diferencia de tratamiento que se da a la problemática que nos ocupa, teniendo en cuenta la frecuencia con que sí aparecen en los medios de comunicación noticias sobre el tema del tráfico (sucesos, datos estadísticos, campañas de prevención de accidentes, de control, etc.).

Siendo el suicidio un problema tan grave, existe sobre él una especie de ley del silencio, con la muy desgastada justificación de evitar “un efecto llamada”, es decir, la idea de que si se habla de ello, aumentarán los casos. Esta justificación es muy cuestionable, ya que parece negar cualquier otra reflexión sobre el tema. Habría que pensar si tal ocultamiento no entraña una reacción ante un acto –como es el suicidio– que cuestiona de pleno la sociedad en que vivimos y, de alguna manera, si no se nombra el suicidio es como si no existiese. Hay que tener en cuenta que el suicida con su acto extremo cuestiona nuestro equilibrio, nuestra idea de familia, de trabajo, de sociedad, el funcionamiento institucional, etc.

Sin embargo, como ocurre siempre, mirar hacia otro lado no soluciona ningún problema. Sería necesaria una mayor sensibilización sobre este tema, una mayor comprensión sobre el sufrimiento humano y el funcionamiento psíquico, habitualmente abordado de forma tan superficial y simplista en los medios, así como una reflexión sobre aspectos fundamentales de la sociedad en que vivimos: primacía de los valores materiales y económicos, competitividad, gran exigencia, búsqueda de bienestar inmediato, valores no centrados en el ser humano, etc. En este sentido, es trascendental que existan iniciativas y plataformas, como por ejemplo vuestra revista, que aunque con pocos medios, abordan e intentan profundizar en estos incómodos temas.

Se habla de un suicidio cada dos semanas en la Policía Nacional y de tres al mes, entre suicidios e intentos de suicidio, en la Guardia Civil. Son cifras realmente espeluznantes sobre las que se mantiene un denso silencio.

El suicidio, aunque es un acto individual, es al mismo tiempo un acto social, y remite siempre a la historia del sujeto y al contexto familiar, grupal y social. La persona que se suicida, con su decisión, suscita muchos porqués y, como decíamos antes, cuestiona nuestras propias bases. El elevado número de suicidios es un síntoma de algo que nuestra sociedad parece no querer reconocer.

Recientemente está cobrando interés el alcance del suicidio entre funcionarios de Policía Nacional y Guardia Civil. ¿Es un fenómeno reciente o lleva años en la sombra? Y aunque en general el suicidio sea un tema tabú, ¿por qué se habrían ocultado estos datos cuando son más visibles en otras profesiones?

El problema del suicidio en los cuerpos policiales no es reciente. Existen estimaciones en las últimas décadas que permiten concluir que la proporción de suicidios sería el doble que en la población general. Se habla de un suicidio cada dos semanas en la Policía Nacional (CNP) y de tres al mes, entre suicidios e intentos de suicidio, en la Guardia Civil (GC). Son cifras realmente espeluznantes sobre las que se mantiene un denso silencio.

Hablábamos al comienzo de las razones que podrían estar en el origen de este silencio sobre el suicidio, que más allá del pretexto de la evitación del efecto llamada tendría que ver con que se trata de un acto que nos cuestiona: como personas, como familia, como grupo y como sociedad. En este sentido, las elevadas tasas de suicidio policial son un claro indicativo de que algo ocurre, y que irremediablemente lleva a interrogarse sobre la “cultura policial”, las características del trabajo del policía, así como el funcionamiento de las instituciones policiales (características del trabajo, condiciones laborales, aspectos organizativos, jerarquía y relaciones internas, abuso de poder por parte de mandos, etc.). Ello sin contar con las implicaciones políticas y sus consecuencias, siempre presentes en el funcionamiento de estas instituciones y con sus efectos en el trabajo diario de los agentes.

Por otro lado, al tratarse de cuerpos policiales que han de velar por la seguridad, no se admite o tolera la existencia de puntos de fragilidad. Esto crea entre los mismos policías una presión importante a la hora de reconocer que se tiene alguna dificultad, que se está pasando por un mal momento laboral o personal, o a la hora de reconocer los efectos de una vivencia traumática (nada ajenas al trabajo policial).

La incidencia de suicidios se dispara en varones de entre 40 y 60 años, sobre todo desde el inicio de la crisis económica. ¿Podría ser esta mayor tasa consecuencia de la mayor representación de este perfil en las filas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad?

Partiendo de la base, como hablamos, de que no hay muchos estudios sobre las causas, nos mantenemos en el plano de las conjeturas.

Para empezar, podríamos decir que las altas cifras de suicidios de policías anteceden a los años de la crisis económica. Por otro lado, el incremento de suicidios en la población general en dichos años ha estado unido al grave problema del desempleo, al elevado número de desahucios y familias viviendo de repente en situaciones muy precarias, experimentando fuertes sentimientos de pérdida, inestabilidad, desesperanza y falta de horizontes y expectativas hacia el futuro. Esta no ha sido la situación de los policías y Guardia Civil, en el sentido de que se trata de personas con trabajo y una base económica estable en principio, así como con unas expectativas laborales hacia el futuro.

Existe la tendencia a eludir la complejidad, a querer encontrar respuestas rápidas, datos estadísticos, protocolos aplicables, y en ese proceso perdemos aspectos fundamentales.

No obstante, esto no quiere decir que no existan aspectos relacionados que sí habrían podido incidir, como recortes salariales, falta de medios, disminución de personal, etc., es decir, factores derivados de dicha crisis económica y que hubieran afectado empeorando las condiciones laborales y organizativas de estas organizaciones.

De todas formas, considerando el tramo de edad en el cual se está produciendo la mayoría de los suicidios en los cuerpos de seguridad, habría que considerar, además, los efectos acumulativos que la misma vida profesional puede ir causando en el policía. En buena parte de los casos entre los 40 y 60 años es muy probable que el agente lleve 25, 30 o incluso más años de carrera profesional, con el consiguiente desgaste personal y laboral, estrés, posible estrés postraumático tras muchas situaciones difíciles vividas a lo largo de los años, sin contar con cuestiones personales y familiares presentes en la vida del agente.

Ya que la mayoría de suicidios se dan en hombres, también en contexto policial, ¿sabes si hay alguna diferencia en el seguimiento de agentes hombres y mujeres? ¿Crees que debería haberla?

La realidad es que no existe ningún seguimiento. Tanto en la Policía Nacional como en la Guardia Civil, desde los exámenes de acceso en que sí se aplican pruebas y tests psicológicos, no hay posteriormente, a lo largo de la carrera laboral, ningún seguimiento en cuanto al estado emocional y psicológico de los agentes, sean hombres o mujeres. No creo que deba haber ninguna diferencia si se hiciera, ya que tanto las características del trabajo, como las cuestiones referentes a la organización afectan a ambos.

Volviendo a la cuestión de las pruebas de acceso, es cierto que incluyen baterías de tests psicológicos y entrevistas personales que, aunque no permiten profundizar apenas, permiten descartar a aquellas personas con trastornos psicológicos o con perfiles de personalidad poco adecuados para la tarea policial (rasgos depresivos, psicopáticos…).

Lo que sí considero esencial es introducir algún tipo de seguimiento, para lo cual es fundamental concienciar y cambiar la mentalidad de los propios policías y sus superiores, para evitar que este tipo de iniciativa de seguimiento pueda significar coerción o amenaza para el agente, añadiéndose a la lista de factores causantes de preocupación y estrés. En este sentido hay un inmenso trabajo por incluso conseguir que los mismos policías (y las mismas instituciones) contemplen que a lo largo de su carrera profesional no es raro que pueda existir alguna etapa difícil debida a cuestiones personales, a los efectos del trabajo diario, y/o a los aspectos relacionados con el funcionamiento de la organización, y que puedan aparecer diferentes tipos de problemas o síntomas (depresión, ansiedad, dificultades para dormir, problemas psicosomáticos, cambios de estado de ánimo, etc.).

¿Se diferencian mucho las causas de suicidios en estas personas dentro y fuera de los cuerpos policiales?

Es un tema complejo porque, tal como vamos viendo, el silencio existente a nivel general sobre el tema del suicidio tiene como consecuencia que se sepa poco de sus causas en la población en general y, como vemos, tampoco hay estudios ni apenas datos sobre el suicidio en los cuerpos policiales.

A la vista de las cifras de que se disponen, se sabe que los hombres se suicidan más aunque las mujeres lo intentan tres veces más que ellos. El tabú que impera sobre este problema hace que, lejos de querer averiguar qué ha podido suceder, se tienda a ocultarlo, calificándolo de accidente. No hay que olvidar, por ejemplo, que hasta hace no muchos años a las personas suicidas se les negaba el derecho a sepultura y entierro cristiano. En contadas ocasiones existe la voluntad y el deseo de saber sobre las causas de un suicidio, y en la mayor parte de los casos, el acontecimiento pasa a formar parte de los tabúes familiares, quedando sumido en un profundo silencio.

En el caso de suicidios dentro de la policía y Guardia Civil, por parte de la organización las causas siempre tienden a relacionarse con motivos personales (problemas familiares, sentimentales, económicos…), aunque evidentemente ello no explica por qué justamente en estos ámbitos la tasa de suicidios duplica la de la población en general. Es preciso abrir la interrogación que nos conduce a considerar los aspectos relacionados con el trabajo del policía.

Por ejemplo, podemos servirnos de los datos del estudio independiente encargado por la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) en 2012, con 1.084 guardias civiles entrevistados. Si bien la Guardia Civil, que posee un Plan de Prevención de Conductas Suicidas desde 2005, explica por motivos personales y familiares el elevado número de suicidios dentro del Cuerpo, la AUGC afirma que el 50% de tales suicidios está relacionado con aspectos profesionales y laborales. Sus estadísticas dan una amplia visión de considerables problemas del día a día de los guardias.

Muchos se preguntarán si esas tendencias suicidas vienen de antes de entrar en el cuerpo, en cuyo caso, ¿cómo es que estas no se detectan en las pruebas de acceso?

Como apuntaba al comienzo, la cuestión no es tan simple como que hay personas con esas “tendencias suicidas” o con un trastorno mental que sería cuestión de detectar y así se podrían evitar estas elevadas cifras. Es todo más complejo, por eso estamos ante un tema difícil. Existe la tendencia a eludir la complejidad, a querer encontrar respuestas rápidas, datos estadísticos, protocolos aplicables, y en ese proceso perdemos aspectos fundamentales. Es cierto que todo parece ser más tranquilizador si el planteamiento fuera que hay personas con tendencias suicidas, que podrían detectarse y así evitarse. Sin embargo, frente a dicha tranquilidad inicial la complejidad de la realidad siempre acaba imponiéndose.

Si consideramos entonces que no podemos plantear la problemática, exclusivamente, en términos de que existirían tales “tendencias suicidas”, es inevitable preguntarnos antes de continuar, ¿cuáles pueden ser entonces las causas de que una persona llegue a un acto tan extremo como el suicidio? El suicidio es un proceso que tiene que ver con la subjetividad de la persona, aunque implique un “pasaje al acto”, está en juego la historia personal y el contexto social. Es una acción que sigue a una crisis.

Aunque es un tema cuyo abordaje implicaría tiempo, me centraré en lo que denomino la importancia de las vivencias de pérdida. Podríamos decir que a lo largo de la vida tenemos que enfrentarnos a pequeñas o grandes pérdidas. Todo ello hay que procesarlo y elaborarlo y, por distintos motivos, no siempre se puede. En este sentido podríamos decir que a veces la depresión es una respuesta a una pérdida que no se ha podido elaborar, la persona puede sentirse dentro de un túnel en el que puede llegar a no ver ninguna luz. El suicidio aparecería entonces como la única “salida” posible. En todo este proceso estarían en juego los “cimientos” personales, la tolerancia a la frustración de cada uno y, por supuesto, el sostén que proporciona la familia y el tejido social. Es cierto que nuestra sociedad no presta mucho soporte, y también hay familias que dan poco sostén a sus miembros, con escasa comprensión y soporte afectivo.

En otras profesiones estresantes, como médicos, enfermeros, bomberos (…) quizá la confluencia de factores problemáticos es menor, y probablemente prevalece un mayor reconocimiento social y una mayor satisfacción personal.

Otros factores pueden incidir también. No es lo mismo tener una única pérdida importante en un amplio lapso de tiempo que perder a tres seres queridos en ese mismo tiempo, o que a ello se venga a unir un divorcio o un problema de acoso laboral. Con ello no quiero plantear que el problema del suicidio se deba necesariamente a tal dramática confluencia, pero es un ejemplo que puede servirnos para pensar. En mi opinión, es preciso dejar de plantearnos un problema tan complejo y grave como es el suicidio en términos reduccionistas como “conducta suicida”, “trastorno mental” o “tendencia suicida”. Las cifras existentes no permiten sostener la cuestión en esos términos y reducirlo a un asunto de tendencias suicidas previas de una persona en concreto que serían detectables inicialmente. Por el contrario, nos introducen en los interrogantes sobre qué factores pueden incidir o afectar, en principio a cualquier persona.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles afirma que el 50% de tales suicidios está relacionado con aspectos profesionales y laborales.

En el caso de los policías hay que tener en cuenta que su trabajo, su vida laboral, tiene un contexto determinado y unas características propias que pueden afectar de forma particular. Cuestiones que vienen a sumarse a todo lo que forma parte de los aspectos personales, tales como una gran carga emocional del trabajo, falta de estabilidad laboral, movilidad geográfica, falta de recursos en general, escasa retribución, falta de equipamiento, material inadecuado, exceso de burocracia y complicaciones administrativas, estructura jerárquica y sus problemas, abuso de autoridad de superiores, etc.

Estudios en cuerpos policiales de Australia, Alemania y otros países, han encontrado índices de suicidio mucho más altos en sus filas que en la población general. En el caso de Alemania, de hecho, el riesgo de suicidio ha seguido aumentando (Hartwig and Violanti, 1999). ¿A qué crees que responde esa diferencia entre éste y otros campos laborales muy estresantes como la medicina, enfermería o bomberos? En España, ¿son los niveles de estrés de la Policía y la Guardia Civil más elevados que en otro tipo de profesionales?

¿Qué ocurre en el trabajo de los policías en particular, diferente de esas otras profesiones? En primer lugar, se trata de una actividad que transcurre en un entorno conflictivo (marginalidad, criminalidad…), en la que además sus herramientas de trabajo tienen un riesgo que se viene a sumar como factor estresante. Suelen vivir a menudo situaciones peligrosas y traumáticas, como accidentes de tráfico, incendios, actos terroristas, catástrofes, acontecimientos violentos, desahucios, tráfico de drogas. En resumen, tienen un contacto casi constante con la muerte.

Todo ello conlleva una gran carga emocional a la que se suma además el hecho de que frecuentemente tienen que tomar resoluciones rápidas (como en intervenciones con suicidas), que la vida de otros puede depender de ellos y de sus decisiones, y que estas además pueden tener una importante repercusión mediática e implicaciones a nivel judicial.

Habría que tener en cuenta esos otros aspectos, igualmente trascendentales, también la frecuente falta de comprensión y reconocimiento, tanto de la sociedad y medios de comunicación, como de los superiores, una distribución del trabajo no equitativa, una estructura y organización laboral jerárquica y autoritaria, unos sistemas poco adecuados de motivación laboral, etc. Eso sin contar con abuso de superiores, coacciones o acoso laboral, que, por desgracia, en algunas ocasiones también existen.

Es preciso dejar de plantearnos un problema tan complejo y grave como es el suicidio en términos reduccionistas como “conducta suicida”, “trastorno mental” o “tendencia suicida”

En otras profesiones, como médicos, enfermeros, bomberos, y aún existiendo diferencias dependiendo del entorno y de la organización en cuestión, aunque puedan darse aspectos de los anteriormente mencionados, quizá la confluencia de factores problemáticos es menor, y probablemente prevalece un mayor reconocimiento social y una mayor satisfacción personal.

Según Concepción de Puelles Casenave, psicóloga clínica de la Unidad Regional de Sanidad de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, investigaciones recientes sugieren que los factores organizacionales son los que se muestran como fuente principal de estrés. Estos también parecen tener un gran peso en la Guardia Civil, según otro estudio reciente. Siendo la Policía Nacional y la Guardia Civil dos cuerpos tan jerarquizados, en tu experiencia con ellos, ¿has encontrado factores de riesgo relacionados con ello?

En mi experiencia con estos cuerpos policiales, incluida la Policía Local, los factores organizacionales constituyen una principal fuente de estrés, de desgaste laboral, y de lo que se viene denominando como síndrome de burnout.

Es una cuestión fundamental puesto que, si bien en otros aspectos no se puede incidir para mejorar las condiciones de trabajo de los policías, es decir, no se puede evitar que experimenten situaciones estresantes o traumáticas, que forman parte inherente del trabajo (por ej. al atender un accidente, o intervenir en un hecho violento), si sería posible considerar todos esos factores que tienen que ver con los aspectos relacionados con organizacionales, es decir, los relacionados con la estructura jerárquica, las condiciones laborales y la organización del trabajo.

Justamente encontraba en estos días un video-reportaje, publicado por la web el espacio digital “sinfiltros.com”, a propósito de este tema. Tal como reflejan en el mismo, entrevistando a varios policías que habían intentado suicidarse, o a familiares de policías suicidados, se constataba la presencia, en todos esos casos, de abuso de poder y/o acoso laboral, los cuales habían sido factores determinantes en el proceso de impotencia y deterioro que abocó a esos agentes al suicidio.

A pesar de lo encontrado en otras partes del mundo, en nuestro país las razones del suicidio suelen buscarse en la vida privada. ¿Pueden ser las circunstancias personales un factor de riesgo para el suicidio de policías?

Existe una multiplicidad de factores que pueden incidir y confluir en el suicidio. Una persona no es desglosable, susceptible de separar lo personal y lo laboral por cada lado, todo es un conjunto

Querría servirme para contestar esta pregunta de una metáfora que por su carácter gráfico puede ayudar a pensar y que expongo a modo de inciso. Podemos considerar que cada uno de nosotros es una red. Esta red tiene sus hilos que la forman, construidos con lo que nos han transmitido y con las vivencias infantiles. A lo largo de los años vamos teniendo otras vivencias y experiencias, las cuales pueden ejercitar y fortalecer esta red, pero también sobrecargarla y debilitarla. Además, no hay redes perfectas, siempre existe algún punto frágil, o algún agujero surgido en su misma constitución. Siendo fundamentales los hilos iniciales de esa red, tejidos en la infancia, también lo son el conjunto de experiencias, vivencias y circunstancias que van debilitando esa red o sobrecargándola con su “peso”. Debido a una excesiva “sobrecarga” y/o “fragilidad”, el sujeto no podría sostenerse, la red se rompería por completo, y surgiría el suicidio. Tanto los problemas personales y familiares, como los relacionados con el entorno laboral, tal como vamos insistiendo, pueden afectar a dicha red.

En los escasos estudios realizados sobre el suicidio en el ámbito policial, se contemplan factores variados como el estrés, abuso de alcohol, frustración, impulsividad, presencia de algún problema de salud mental, problemas personales, acceso al arma, etc., pero no pueden establecer cuál es el alcance en el que cada uno de estos factores contribuyeron a la decisión del suicidio. Parece que muchos de los agentes suicidados carecían de relaciones positivas y de soporte, a nivel familiar, y que otros que sí parecían tener relaciones familiares positivas, tenían pobres relaciones o problemas dentro de la organización policial.

En cualquier caso, sí se aprecia que en casi todos los casos de suicidio, imperaban sentimientos de gran dificultad para manejar la situación, profundos niveles de desesperanza y afloraba la convicción de sólo poder salir del problema mediante la muerte.

Numerosas investigaciones (una de las más recientes llevada a cabo en 2007) alertan de que disponer fácilmente de armas de fuego favorece conductas violentas hacia otros o contra uno mismo, en distintos sexos y edades. ¿Crees que esto se repite en España y que disponer de arma reglamentaria fuera del trabajo puede aumentar el riesgo de suicidio?

Tener un arma es claramente una facilidad para una situación de desbordamiento. De todas formas está claro que si un policía se halla en ese delicado momento en que no ve ninguna salida a ese “túnel” en el que se encuentra, y está contemplando quitarse la vida, seguramente no va a evitarlo el hecho de que fuera del trabajo no disponga del arma reglamentaria. Por ejemplo, el agente que se quitó la vida en Ibiza, hace un año, lo hizo estando en el trabajo.

Por el mismo motivo tampoco la retirada del arma puede suponer una seguridad para que el policía no se suicide, está claro que puede recurrir a otra forma de suicidio, lo cual ha acontecido en algún caso, o bien consiguiendo emplear el arma de un compañero, que también ha ocurrido. La cuestión no es el instrumento, sino el estado psicológico y emocional de la persona que puede acabar conduciendo a un suicidio.

Por toda España están surgiendo organizaciones y grupos para intentar ayudar a paliar el gran problema del suicidio, focalizados en los colectivos policiales. En Baleares existe el “Plan Vence”, con el que has colaborado. ¿Cómo abordan este tipo de iniciativas la prevención de conductas suicidas? ¿En qué consiste el Plan Vence?

Su denominación final es “Proyecto Vence”. Se trata de un proyecto que surgió inicialmente dentro del Sindicato ASP (Alternativa Sindical de la Policía). La idea partió de Carlos Toral, policía nacional del Comité Local de Ibiza, muy sensibilizado con esta cuestión por diversos motivos, y a raíz del suicidio de un policía en el aeropuerto de Ibiza.

En estos meses se ha ido dando forma a la plataforma, llevando el peso en este momento de su puesta en marcha Charo Pareja, también policía nacional, perteneciente a ASP. Desde mi formación y experiencia, participo en el proyecto como asesora y coordinadora de formación. Aún está en fase de construcción e implantación, que se pretende sea a nivel nacional, no exclusivamente en Baleares.

La Plataforma Vence tiene como finalidad la prevención del suicidio dentro del ámbito de todos los cuerpos de seguridad, no solamente de la Policía Nacional, a través de distintas intervenciones:

  • Concienciación y sensibilización de los agentes respecto a la importancia del cuidado de la salud mental y emocional y de todos los factores que pueden incidir en la problemática del suicidio dentro de la policía, con el objetivo de que vayan apareciendo cambios en la “cultura” policial existente.
  • Promover el cuidado personal de los agentes.
  • Incidir en la concienciación sobre los “Espacios de Ayuda” (o creación en su caso), tanto preventivos (prestación de ayuda psicológica para abordar el estrés, síndrome de burnout, etc.), como terapéuticos (espacios de apoyo psicológico, individual o grupal).
  • Ser un espacio de apoyo y seguimiento de funcionarios inhabilitados temporalmente.
  • Crear y difundir planes de prevención e intervención.
  • Concienciación de la administración sobre la prevención del suicidio dentro de los cuerpos de seguridad.

Como decía, la Plataforma Vence está en sus comienzos, y hay un enorme trabajo por hacer y cuestiones a desarrollar. Inicialmente se ha elaborado un tríptico informativo sobre el suicidio, que está distribuyéndose a nivel nacional en las diferentes plantillas. Además, se está creando una página web para la difusión de dicha plataforma, la publicación de artículos, entrevistas, etc., y se está confeccionando un protocolo de actuación ante posibles situaciones traumáticas y reales del servicio que se irá difundiendo y poniendo en marcha en las distintas delegaciones.

La Plataforma Vence tiene como finalidad la prevención del suicidio dentro del ámbito de todos los cuerpos de seguridad, no solamente de la Policía Nacional, a través de distintas intervenciones

Se contempla además la redacción de artículos, entrevistas, intervenciones en prensa, radio, etc., sobre distintos temas relacionados con la problemática del suicidio, así como la realización de conferencias, cursos, jornadas y reuniones informativas relacionadas con los distintos temas implicados.

En los últimos años se ha empezado a apreciar un mayor interés en este fenómeno también por parte de las instituciones. Por ejemplo, en la Policía Nacional con la presencia de policías psicólogos que evalúen y traten a sus compañeros, o con la formación en 2001 de un Plan de Prevención de Conductas Suicidas en la Guardia Civil. ¿Sabes si estas iniciativas han llegado a ponerse en marcha? ¿Crees que la atención psicológica que reciben actualmente es suficiente?

Por los datos de que dispongo, diría que no han tenido realmente una buena implantación.

El Plan de Prevención de Conductas Suicidas que se puso en marcha en la Guardia Civil en 2005, a la vista de las cifras –un suicidio cada 26 días–, no ha dado los resultados esperados.

Como siempre ocurre existen pocos recursos y probablemente haya que plantearse si la distribución de los mismos es el más adecuado. Además, habría otra cuestión muy determinante: la presión del entorno y la “cultura policial” existente. Es decir, la dificultad entre los mismos policías para utilizar tales recursos puesto que el sentir general es que reconocer una dificultad, un problema, o un síntoma, podría tener consecuencias negativas tanto en el presente como en el futuro de su carrera laboral y conllevar más problemas añadidos. Es imprescindible, para empezar, un cambio de mentalidad de los agentes y de la estructura policial en su conjunto.

En otros países, existe más recorrido con esta cuestión. Por ejemplo, en algunas organizaciones policiales en Estados Unidos se promueve que los agentes acudan a un psicólogo una vez al año, existan problemas visibles o no. Todo ello, al parecer, va estando más aceptado e integrado en el funcionamiento de estos cuerpos.

Será un camino lento y difícil ya que hay que transformar muchas inercias, creencias y funcionamientos. Pero se trata de algo vital, es un reto que no podemos eludir.

Finalmente, queremos hablarte a ti directamente, al lector. Si conoces a alguien, policía o no, hombre o mujer, joven o adulto, o incluso tú mismo, en una situación límite, anímale a buscar ayuda. Hay un ejército de personas y grupos ahí fuera dispuestos a ayudar. Gente que dedica su vida a estar a tu lado y acompañarte hasta que vuelvas a ver que siempre hay una salida mejor de lo que nunca podrá ser el suicidio. Solo están esperando a que des el primer paso, el resto no tendrás que hacerlo solo.

Para saber más…

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

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