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Sociedad, trastorno mental y viceversa

– Venga, ahora dime los criterios de la fobia específica.
+ ¡Vale! Primero, tiene que haber miedo intenso a un objeto o situación, que casi siempre provoca dicho miedo. Además, la persona evita el objeto o situación para, así, evitar también el miedo, que es desproporcionado al peligro real que supone el objeto o situación. Tiene que ser persistente, durante 6 meses o más, y no puede deberse a la presencia de otros trastornos mentales.
– Y se te ha olvidado lo de que tiene que causar malestar clínicamente relevante y blablabá.
+ Ah sí, bueno… lo de siempre.

Esta conversación, aunque ficticia, no se aleja demasiado de un fenómeno que ocurre a menudo entre estudiantes de psicología. Y es que, como la mayoría habrán observado durante sus estudios, existe un criterio diagnóstico para casi todo trastorno mental al que frecuentemente se le presta poca atención: tiene que afectar la vida diaria y el funcionamiento del individuo en la sociedad.

Sin embargo, lo habitual es que los profesores de psicología se vean desbordados por la gran cantidad de información que tienen que enseñar en un número relativamente reducido de horas. Como consecuencia, a menudo se presta poca atención a este criterio transversal (es decir, no es específico de un trastorno concreto), pues se da por sentado que todo el mundo entiende a qué se refiere. Pero, ¿de verdad sabemos lo que implica?

“El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social,
laboral u otras áreas importantes de funcionamiento”

–Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5ª edición.

Estudiar largas listas de síntomas, síndromes y trastornos mentales es habitual en los programas de psicología clínica. Cabe preguntarse si esto es suficiente para entender qué es la salud y qué la enfermedad mental, así como de qué manera afecta esta última a la vida de las personas en sociedad. (Fuente: Pexels)

Estudiar largas listas de síntomas, síndromes y trastornos mentales es habitual en los programas de psicología clínica. Cabe preguntarse si esto es suficiente para entender qué es la salud y qué la enfermedad mental, así como de qué manera afecta esta última a la vida de las personas. (Fuente: Pexels)

Las enfermedades mentales afectan al funcionamiento social de las personas

Uno de los ejemplos más claros de la relación entre trastorno mental y deterioro social se produce cuando el propio trastorno se caracteriza por dicho deterioro. Es el caso, por ejemplo, de la esquizofrenia y los trastornos psicóticos.

A pesar de que estamos acostumbrados a asociar la esquizofrenia con alucinaciones y delirios, una gran cantidad de experimentos han mostrado que, en general, las personas que padecen esquizofrenia tienen más dificultades que la población general a la hora de entender las creencias, intenciones, mentiras o ironías de los demás. Es más, se cree que es un rasgo definitorio del trastorno . Los investigadores Raquel y Ruben Gur de la Universidad de Pensilvania llevaron a cabo un estudio, publicado en el año 2006, en el que vieron que incluso familiares de pacientes con esquizofrenia que no presentaban el trastorno, pero que mostraban algunos rasgos psicóticos, tenían estas mismas dificultades para comprender a los demás.

También existe bastante evidencia que indica que las personas con trastornos del espectro psicótico tienen dificultades a la hora de reconocer las emociones de los demás, en especial las (mal) llamadas emociones negativas (p.ej. la tristeza o la ira). Todas estos problemas a la hora de entender a los demás dificulta la vida diaria de las personas que padecen este tipo de trastorno. Imagina lo difícil que sería llevar a cabo un trabajo cualquiera que requiera colaborar en un equipo con otros compañeros o trabajar con clientes si, cada vez que interactúas con ellos, se te hace un mundo saber a qué se refieren exactamente con lo que están diciendo o haciendo.

Para otros trastornos, como los trastornos del espectro autista o la fobia social, el deterioro social es incluso uno de los criterios que los psiquiatras y psicólogos utilizan para diagnosticar. No obstante, no es necesario que el deterioro social sea parte fundamental de la enfermedad mental. Aunque un determinado trastorno no perjudique directamente el correcto funcionamiento de una persona en su entorno social, existen factores indirectos que pueden afectar negativamente. Uno de los más conocidos es el efecto que tiene la propia etiqueta diagnóstica, el nombre que le damos a la enfermedad.

Te proponemos un pequeño experimento. Lee con atención cada una de las 8 afirmaciones y trata de responder verdadero o falso. ¿Te han surgido dudas al responder alguna de ellas? Si es así, ¿por qué no dedicas un rato a buscar más información sobre estas ideas?

(Elaboración propia basada en el cuestionario de Muñoz y cols. 2009 sobre percepción de los trastornos mentales en sociedad)

(Elaboración propia basada en el cuestionario de Muñoz y cols. 2009)

 

Hace ya unos años, los investigadores de la Universidad Complutense de Madrid Manuel Muñoz, Eloísa Pérez-Santos, María Crespo y Ana Isabel Guillén llevaron a cabo un estudio para analizar cómo el hecho de haber recibido una etiqueta diagnóstica afectaba a la vida de un conjunto de pacientes con trastornos mentales graves (esquizofrenia principalmente). Uno de los resultados más significativos es que los participantes se quejaban de la existencia de un gran desconocimiento sobre los trastornos mentales en la población general, lo que conlleva que la mayoría de las personas con las que trataban en su día a día mostraran una serie de estereotipos, como el de la peligrosidad de estas personas, su incompetencia para trabajar o el de la relación entre trastorno mental y creatividad.

Todas estas creencias erróneas generan una imagen social negativa que puede llegar a suponer una barrera social extra para las personas con un trastorno mental. Por desgracia, a menudo esto provoca que estas personas se aíslen y acaben marginadas.

Por otra parte, las personas que participaron en el estudio de Muñoz y sus compañeros revelaron otro aspecto muy importante: resulta muy complicado encontrar un trabajo ordinario cuando tienes un trastorno mental grave, en gran medida como consecuencia de la imagen social negativa que se tiene de ellos. Es más, los participantes en el estudio consideraban que esta incapacidad para encontrar un trabajo es el factor relacionado con el trastorno que más perjudica a su vida, pues no les permite alcanzar un nivel de autonomía e independencia mínimo, haciéndoles caer en una espiral de dependencia.

El funcionamiento social de las personas afecta a su salud mental

A lo largo de todo el ciclo vital –desde que nacemos hasta los últimos momentos de la vejez–, un entorno social estable y que proporcione apoyo es fundamental para el correcto desarrollo de nuestra salud y bienestar. Por desgracia, lo contrario también es cierto: cuando nos exponemos a contextos sociales perjudiciales o abusivos, se incrementa nuestra probabilidad de sufrir un trastorno mental.

Volvamos a la esquizofrenia y los trastornos psicóticos como ejemplo. Sabemos que este tipo de trastorno mental tiene un gran componente genético. En un meta-análisis publicado en el año 2014, un grupo de investigadores canadienses, checos y británicos encontraron que los familiares de personas que padecen esquizofrenia y otros trastornos mentales graves tienen el doble de riesgo de sufrir uno también, pero no necesariamente el mismo trastorno que su familiar. Es decir, que si un familiar mío padece esquizofrenia, yo mismo tendré el doble de probabilidad de sufrir esquizofrenia, o trastorno bipolar, o trastorno depresivo mayor, que una persona que no tenga historial de trastorno mental en su familia.

Sin embargo, hoy día también sabemos que, además de los genes, la interacción de estos con un entorno determinado es fundamental para el desarrollo o no de la enfermedad.

En este mapa puedes ver la distribución de los distintos barrios de Chicago allá por los años 30 del siglo pasado. Las zonas con mayor prevalencia de esquizofrenia y trastornos psicóticos coinciden con aquellos barrios con mayores niveles de conflicto étnico, movilidad residencial y falta de orden en la sociedad (Elaboración propia basada en los resultados de Faris y Dunham, 1939)

En este mapa puedes ver la distribución de los distintos barrios de Chicago allá por los años 30 del siglo pasado. Las zonas con mayor prevalencia de esquizofrenia y trastornos psicóticos coinciden con aquellos barrios con mayores niveles de conflicto étnico, movilidad residencial y falta de orden social. (Elaboración propia basada en los resultados de Faris y Dunham, 1939)

 

Uno de los ejemplos más clásicos de este fenómeno nos lleva a la década de 1930, cuando los sociólogos Robert Faris y Warren Dunham llevaron a cabo un estudio sobre la prevalencia de la esquizofrenia en Chicago (EEUU). Los resultados de esta investigación, plasmados en un mapa como el que tenéis aquí arriba, muestran un claro patrón: a medida que nos alejamos del centro de la ciudad, la prevalencia de este trastorno mental disminuye. De hecho, la prevalencia en áreas urbanas parecía ser hasta el doble que en entornos rurales.

Antes de seguir, es importante señalar que esto no significa: “Vivir en una ciudad causa esquizofrenia”. La relación entre estas variables es mucho más compleja y, desde luego, los estudios epidemiológicos no permiten establecer este tipo de relación causa-efecto tan alegremente, pues no nos permiten intervenir en las variables de forma controlada (como en los experimentos) sino recoger información que ya está ahí.

Sin embargo, este tipo de investigación puso un aspecto fundamental al descubierto: no es suficiente con estudiar las características personales de los pacientes, sino que necesitamos comprender la influencia de otros factores externos que moldean la vida de las personas.

Resulta curioso que este fenómeno parece estar limitado a la infancia y a la adolescencia. Es decir, si un individuo se desarrolla en un ámbito rural y, ya de adulto, se traslada a un entorno urbano, su riesgo de sufrir un trastorno psicótico es menor que el de una persona que se haya criado en la ciudad. Además, este riesgo aumenta con el tiempo de exposición: a más años pasamos durante nuestra infancia y adolescencia en un entorno urbano, más aumenta el riesgo de padecer un trastorno psicótico.

Una desventaja de este tipo de estudios es que, en realidad, resulta muy complicado saber qué aspectos concretos de la vida urbana son los que contribuyen al mayor riesgo de padecer esquizofrenia o trastornos psicóticos. ¿Será debido a la gran complejidad del entorno? ¿Quizá otros factores relacionados con la competitividad, la contaminación, el ritmo de vida?

Es esencial combinar el trabajo de psicólogos y psiquiatras con el de otros profesionales que sepan ver la sociedad desde otra perspectiva para llegar a entender conceptos como salud y enfermedad. Sociólogos, antropólogos, físicos, matemáticos, geógrafos… ¡todos bienvenidos! Fuente: Pexels.

Es esencial combinar el trabajo de psicólogos y psiquiatras con el de otros profesionales que sepan ver el mundo desde otra perspectiva para llegar a entender conceptos como salud y enfermedad. Sociólogos, antropólogos, físicos, matemáticos, geógrafos… ¡todos bienvenidos! (Fuente: Pexels)

 

La relación entre el individuo y su entorno social es compleja, y resulta muy complicado abarcar esta complejidad en la investigación. Lo que está claro es que nuestros intentos de comprender cómo se deteriora la salud mental de una persona hasta llegar a enfermar no van a ser, probablemente, muy productivos si nos centramos únicamente en estudiar los mecanismos hereditarios de la enfermedad, o sus bases celulares, o los problemas neurológicos asociados, o cómo afecta al comportamiento de la persona, o…

La solución, quizá, no pase por profundizar exclusivamente en cada una de esas líneas de investigación por separado. Para comprender cómo surge la enfermedad mental, las investigaciones más actuales cada vez tienen más en cuenta la influencia del entorno, y combinan aquello que vamos aprendiendo en todos esos frentes para crear modelos más complejos capaces de explicar y predecir cómo surgen los distintos trastornos, quién es más vulnerable a padecerlos, o qué opción de tratamiento es la mejor para cada uno de nosotros.

Para saber más…

Faris, R. E. L., & Dunham, H. W. (1939). Mental disorders in urban areas: An ecological study of schizophrenia and other psychoses. Chicago, Ill: The University of Chicago Press.

Irani, F., Platek, S. M., Panyavin, I. S., Calkins, M. E., Kohler, C., Siegel, S. J., … & Gur, R. C. (2006). Self-face recognition and theory of mind in patients with schizophrenia and first-degree relatives. Schizophrenia research, 88(1), 151-160.

Muñoz, M., Pérez-Santos, E., Crespo, M. & Guillén, A.I. (2009). Estigma y enfermedad mental: análisis del rechazo social que sufren las personas con enfermedad mental. Editorial Complutense.

Penn, D. L., Sanna, L. J., & Roberts, D. L. (2008). Social cognition in schizophrenia: an overview. Schizophrenia bulletin, 34(3), 408-411.

Rasic, D., Hajek, T., Alda, M., & Uher, R. (2013). Risk of mental illness in offspring of parents with schizophrenia, bipolar disorder, and major depressive disorder: a meta-analysis of family high-risk studies. Schizophrenia bulletin, 40(1), 28-38.

Sobre Daniel Alcalá López

Psicólogo, Máster Oficial en Fisiología y Neurociencia y estudiante de doctorado por la Universidad Técnica de Aquisgrán (RWTH Aachen, Alemania). Anteriormente en París (Francia), colaborando con el grupo PARIETAL en el NeuroSpin, un centro de investigación en neuroimagen centrado en el modelado de la estructura, función y conectividad cerebral. Su investigación se centra en el uso de herramientas de aprendizaje automático (machine learning) para explorar la conectividad cerebral asociada al procesamiento de la información social y afectiva.

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