Sexualidad. Más allá de las fronteras de la discapacidad
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Sexualidad. Más allá de las fronteras de la discapacidad

Muchos padres desearían que sus hijos nunca creciesen, entre otras cosas para evitar así el fatídico día en el que enfrentarse a ese monstruo que a veces puede parecer la “típica charla sobre sexo”. No se trata sólo de responder a preguntas complicadas y salir de ello con soltura, sino también de asumir que los niños están dejando de ser niños. Pero, ¿qué ocurre si esta situación se da con un hijo con una discapacidad intelectual? Con frecuencia este tipo de jóvenes, al llegar a la adolescencia e incluso a la mayoría de edad, pueden seguir pareciendo “niños grandes” a ojos de sus progenitores. Sin embargo, ya no lo son, y por ello es importante saber cómo tratar el tema de la sexualidad y dejarles crecer, aunque sea un paso difícil como padres.

Anteriormente, en Psicomemorias, vimos los mitos y realidades de la sexualidad en las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, así como aquellos conceptos más importantes a la hora de tratar este tema. Para combatir estas falsas creencias, la primera herramienta es la educación sexual. En esta ocasión, indagaremos en cómo mejorarla y propondremos algunos ejemplos de talleres y actividades a realizar para favorecer la integración y comprensión en este ámbito que, aún con demasiada frecuencia, sigue siendo un tabú.

La educación sexual en las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo

La educación sexual es la promoción de pensamiento crítico conducente al logro de actitudes positivas hacia la sexualidad y el fomento del proceso por medio del cual el individuo pueda reconocer, identificar y aceptarse como un ser sexuado y sexual a lo largo del ciclo vital, libre de ansiedad, temor o sentimiento de culpa” (OMS, 2006). Según esta definición, la finalidad es crear bienestar en la persona y, en el caso de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, es imprescindible la actuación conjunta de todos los contextos que las rodean, comenzando por la familia y terminando por las Administraciones Públicas. Sin embargo, esta educación todavía es una asignatura pendiente.

Un defecto en este ámbito es considerar la manifestación de las conductas sexuales como un problema, por lo que la intervención a menudo no comienza hasta que no se da dicha manifestación. “No existe problema que tratar hasta que no aparece”. Pero la sexualidad es un tema que experimentamos todos, y las personas con discapacidad no son menos. Por eso mismo, se incluye en esta educación el trabajo de las actitudes, valores y habilidades para el desarrollo satisfactorio de la sexualidad. El no trabajar estas características probablemente lleve a crear ambivalencia y confusión en las personas discapacitadas, que les generará ansiedad, temor y podrá mermar su autoestima, justamente el polo opuesto a lo que se pretende conseguir.

(La información es la clave para combatir los prejuicios. Fuente: Flickr/carlos_cuenca)

La información es la clave para combatir los prejuicios. (Fuente: Flickr/carlos_cuenca)

Las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo no tienen que aprender una sexualidad distinta al resto, sino recibir información que esté adaptada a su nivel de comprensión. Un ejemplo de esto podemos encontrarlo en la forma de dar instrucciones para personas discapacitadas en actividades de ocio, ofreciéndoles herramientas y apoyo para su aprendizaje.

¿Qué criterios hay que seguir para una correcta educación?

En la educación sexual nos encontramos tres objetivos: conocerse, aceptarse y expresarse satisfactoriamente. Para conseguir transmitir y enseñar estos objetivos, se ha utilizado de guía una serie de criterios para los programas destinados a la educación sexual en personas con discapacidad intelectual y del desarrollo:

  1. Coherencia de la propuesta con el enfoque de discapacidad y un enfoque positivo. Sería una planificación centrada en la persona. Esto es, desarrollar las dimensiones de vida, ayudándose de la colaboración de los familiares, centrando nuestra atención en cómo viven y sienten ellos su sexualidad, promover su bienestar, mejorar su autoestima…
  2. Intervención multifocal. Mezclar la actividad de los profesionales con las de los familiares, creando campañas de sensibilización y formación de las familias, y motivando a los profesionales para conseguir una perfecta organización del trabajo.
  3. Intervención progresiva y transversal. En este sentido es clave la actuación temprana, abordando el tema desde las primeras etapas para continuar en las posteriores, consiguiendo, además, tratar el tema relacionándolo con las otras esferas de su vida.
  4. Planificación estructurada y sistemática. Tanto de los objetivos como de la metodología. Tenemos que tener en cuenta que pueden surgir dificultades a lo largo de la dinámica, por eso mismo hay que empezar desde un nivel bajo para ir aumentando progresivamente la dificultad, y adaptarlo todo a su nivel de comprensión para intentar una participación plena.
La educación sexual todavía es una asignatura pendiente. (Fuente: Flickr)

La educación sexual todavía es una asignatura pendiente. (Fuente: Flickr)

Un ejemplo vale más que mil palabras

A continuación expondremos una serie de ejemplos de actividades relacionadas con la educación sexual. Existen muchísimos tipos de actividades, clasificadas según el objetivo de las mismas, pero aquí señalaremos algunas sencillas sobre ciertas temáticas. Estas dinámicas son igualmente válidas para cualquiera que desee hacerlas, no hace falta tener una discapacidad, así que ¡animaos a trabajar vuestra sexualidad!

Hablamos de sexualidades.

Objetivo: Comprender que las personas son sexuadas y crear una actitud positiva hacia ello.
Actividad “El Buzón”: Pretende dar a conocer los intereses de las personas del grupo, para lo cual se pondrá un buzón en la mesa donde todo el mundo podrá echar un folio con sus preguntas y posteriormente se leerán para resolverlas.

Género

Objetivo: Entender la socialización que implica ser mujer y hombre y favorecer la igualdad y libertad de expresión en función de los gustos personales.
Actividad “Las cajas”: El ejercicio consiste en conocer los estereotipos de género que tenemos todos. Para ello se repartirá a cada grupo (los grupos se harán en función del número de personas que haya) una serie de tarjetas con adjetivos y se les pedirá que de manera consensuada los coloquen en una de las dos cajas que tienen (una para hombre y otra para mujer). Luego se pondrá en común y se hablará sobre ello.

Orientación sexual

Objetivo: Comprender bien la orientación y favorecer la igualdad entre las distintas orientaciones sexuales.
Actividad “Asociación de palabras”: De forma conjunta se hará una lluvia de ideas sobre las palabras que evocan a los participantes los términos homosexual, bisexual, heterosexual, etc. para recogerlas todas en una pizarra y luego mantener una reflexión sobre ello.

La identidad sexual o de género

Objetivo: Conocer qué es la identidad sexual y/o de género, favorecer la igualdad entre las distintas identidades y aclarar la diferencia entre orientación e identidad.
Actividad “Definiciones”: Misma metodología que en el ejercicio de la orientación, pero sobre la definición de la identidad sexual y/o de género.

Relaciones eróticas y prevención de las ITS

Objetivo: Comprender la diversidad erótica, la importancia de la satisfacción, el conocimiento y la prevención de las ITS.
Actividad “Búsqueda de ITS”: En parejas, fomentar la búsqueda de las diferentes ITS que existan y posteriormente ponerlas todas en común para comentarlas y aprender.

(“La sexualidad es un tema que experimentamos todos, y las personas con discapacidad no son menos”. Fuente: Google.imagenes)

“La sexualidad es un tema que experimentamos todos, y las personas con discapacidad no son menos”. (Fuente: Google imágenes)

Educación sexual de andar por casa

Dado que todas las actividades mencionadas en el párrafo anterior están pensadas específicamente para realizarse en grupos, no queríamos dar por terminado este artículo sin esbozar unas breves pinceladas a modo de “claves sencillas”, para seguir en caso de que cualquiera de nosotros nos encontremos con algún familiar o ser querido que las requiera. Al igual que en el apartado anterior, son también extrapolables a personas que no sufran ninguna discapacidad.

  • El silencio no es la solución: A veces, al tratar temas que nos incomodan, tendemos a evitarlos. En el caso de la sexualidad esto no es buena idea, puesto que el mensaje que estaríamos transmitiendo implícitamente es que se trata de un tabú. Además, no es necesario esperar a que nos pregunten para hablar de los aspectos más importantes de la sexualidad, especialmente si se nos presenta la ocasión adecuada. ¿A qué nadie esperaría a que un niño le preguntase para explicarle que el semáforo sólo se cruza cuando el muñequito se pone verde?
  • Cada caso es único: No existen dos personas ni dos discapacidades iguales y, por lo tanto, dado que la edad también es un factor importante, no se trata de esperar a la mayoría de edad para tratar la sexualidad, sino simplemente consiste en empezar poco a poco. Por ejemplo con las diferencias entre niños y niñas, e ir avanzando progresivamente hasta temas más peliagudos (como los métodos anticonceptivos).
  • No pasa nada por no saberlo todo: Para hacer buena educación sexual no es necesario ser un experto en la materia, nadie nos está examinando, y no hay ningún inconveniente en reconocer que no sabemos la respuesta a una pregunta. Antes de mentir o dar una respuesta inadecuada, es preferible admitir que nos falta información, buscarla cuando sea posible, y proporcionar la contestación cuando estemos seguros de ella.
  • También es importante lo que NO se dice: No sólo las palabras transmiten un mensaje, sino también nuestra forma de decirlas. Si con nuestro lenguaje no verbal estamos expresando actitudes de desagrado o censura respecto a la sexualidad, promoveremos consecuentemente una imagen negativa de la misma. Lo importante a la hora de hablar de sexo es intentar que se entienda que debe ser algo íntimo, sí, pero no algo prohibido. Dicho esto, tampoco pasa nada si al hablar de estos temas nos ponemos rojos al principio, es algo habitual y, aunque nos cueste coger el hábito de hablar de estas cosas, siempre es mejor que no hablarlo en absoluto. No hacer nada al respecto suele ser la peor estrategia posible para enfrentar cualquier problema.

En este artículo hemos intentado esbozar unas pinceladas sobre un tema tan importante, necesario y tristemente aún poco visible como es la sexualidad de las personas discapacitadas. La sexualidad no debe nunca ser entendida como un problema en sí, pues es un fenómeno universal, y a su vez único y personal en cada individuo. Así, la tolerancia y la información son la principal base para luchar contra los prejuicios y la discriminación, que son el verdadero problema.

Para saber más:

Sobre Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

1 Interacción

  1. 04/09/2016

    […] Sexualidad. Más allá de las fronteras de la discapacidad […]

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