¿Tenemos un segundo cerebro en el intestino?
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¿Un cerebro en el intestino? No, la felicidad no está en la barriga (bueno, quizá esto sea discutible)

Navegando entre muros de Facebook nos hemos encontrado este vídeo:

Ayer os preguntamos en Facebook qué pensabais acerca de este vídeo.

Nosotros hemos estado hablando con nuestro neurobiofisiopsicólogo de cabecera, y como os prometimos, estas son las conclusiones a las que hemos llegado.

Nos encontramos la primera afirmación: “El estado de ánimo se aloja en el estómago“. ¿Qué tienes que decir ante eso?

Que es falso. Para empezar, el estado de ánimo es un concepto psicológico y, por tanto, no tiene sentido “buscarlo” en un órgano biológico, ya sea el cerebro, el estómago o la punta de pie. Sería como buscar las moléculas del condicionamiento clásico, o el músculo de la democracia. La afirmación, aunque pésima, hace referencia a una de las ideas mayoritarias sobre la génesis de las emociones. Muchos investigadores, como Vilayanur Ramachandran o Antonio Damasio, creen que tomamos conciencia de las emociones cuando el Sistema Nervioso Central (SNC) recibe el feedback de los cambios corporales (tasa cardio-respiratoria, sudoración, expresión facial, etc.) que el propio SNC ha provocado de forma automática ante determinados estímulos (ya sean aversivos o apetitivos). Esto está un poco relacionado con lo que pudimos ver sobre las emociones en la entrada ¿Del Revés? Ponemos del derecho las emociones. No es porque la hayamos publicado nosotros, pero esa entrada mola. Os recomiendo echarle un ojo sin no lo habéis hecho ya. En este sentido, existe bastante consenso entre los científicos en que los cambios corporales afectan, entre otras cosas, al estado de ánimo. Sin embargo, el sistema nervioso entérico (como se denomina a ese “cerebro del intestino”) sólo se dedica a controlar la digestión, no tiene nada que ver con las complejas funciones psicológicas que emergen del funcionamiento del cerebro (como el lenguaje o la atención). Una cosa es influir, y otra muy distinta es causar.

Seguimos para bingo: “La serotonina se produce y almacena en el estómago“.

Bueno, esto es una verdad a medias. Se produce serotonina en el intestino, sí, pero ni es el único sitio ni implica lo que dice el vídeo. La principal fuente de serotonina en el SNC son los núcleos del rafe, en el tronco del encéfalo (justo donde se unen el cerebro y la médula espinal). De hecho, la serotonina que se produce en el intestino provoca un aumento de las contracciones gástricas. Si no recuerdo mal, se cree que es para facilitar la expulsión de comida en mal estado (diarrea, vamos).

Siguiente afirmación “La serotonina es la hormona de la felicidad“.

Creo que esto está más que claro, ¿no? Jajajaja. También podéis leer nuestra entrada sobre oxitocina y La química entre madre e hijo. Aquí critiqué este tipo de etiquetas, como “la hormona de la felicidad”. La serotonina ha sido relacionada con multitud de procesos, la mayoría de ellos de tipo afectivo, pero ni está únicamente implicada en “la felicidad”, ni es el único neurotransmisor que ha sido relacionado con ella. Además mencioné -relacionado con el comentario anterior- que el efecto de los neurotransmisores depende de los receptores a los que se una (la metáfora de la llave y la cerradura). No provoca el mismo efecto la serotonina en el hipocampo que en la corteza prefrontal. Mucho menos en el intestino.

Brain vs. stomach

Las tiras de “The Awkward Yeti” se han vuelto muy populares en los últimos tiempos. Pero cuidado, no hay que confundir el humor con la ciencia. Podéis visitar ésta y muchas viñetas más aquí: http://theawkwardyeti.com

Vayamos por la tercera afirmación que nos ha llamado la atención, a ver qué te parece. “Ante el estrés, el cerebro toma energía del intestino, las tripas se revelan y por eso sentimos malestar emocional“.

Mira, prefiero no comentar jajajajaja. ¿De qué energía estamos hablando? Si se refiere a que ante el estrés el cerebro aumenta la demanda de glucosa haciendo que el intestino la absorba en mayor medida… hasta donde yo sé, no existe evidencia de ello. Para eso tenemos reservas de glucosa, para no depender necesariamente de lo que en ese momento se esté digiriendo. Porque ¿y si no estás comiendo en ese momento, que haces, ¿te jodes?

Cuarta afirmación. Respira hondo, ya queda poco. “El pánico hace que el cerebro espante al intestino grueso, este no puede absorber líquido y el resultado es diarrea“.

Usando una expresión muy propia de Internet ¡¿WTF?! Como he dicho, la serotonina en el intestino provoca diarrea para que se expulse la comida en mal estado. Ahora bien, en la frase “el cerebro espante al intestino grueso” hay más recursos estilísticos que ciencia. Como he dicho, no conozco ninguna publicación que demuestre esa relación causa > efecto entre el miedo y la liberación de serotonina en el tracto digestivo. Con esto no quiero decir que sea imposible que eso pase, pero es una afirmación que no puedes hacer si no hay experimentos que lo demuestren. Y por supuesto el lenguaje que el vídeo usa para describir esto es vergonzoso.

Y la última afirmación y con esta te dejamos descansar. Esperamos que no te haya sido muy doloroso ¿Que tienes que decir ante esto? “La proteína que se encarga de eliminar la grasa corporal se encarga también de la memoria. Por eso los obesos son más propensos a la demencia“.

Espera que tengo un video que lo responde:

¿Ahora la memoria es el resultado de la acción de UNA proteína? Toda la vida engañado. Es una afirmación que no he oído en 7 años de formación jajajaja. La creación de nuevas memorias, su consolidación y su recuerdo, son procesos extremadamente complejos que, a día de hoy, aún no entendemos del todo. Sabemos, por ejemplo, que para que se creen nuevos recuerdos es imprescindible la síntesis de proteínas, porque si bloqueas dicha síntesis, no se generan nuevos recuerdos tras el aprendizaje. Sin embargo, el aprendizaje y la memoria generan una gran variedad de cambios a nivel bioquímico, celular y cerebral. Seguramente se haya identificado alguna proteína como necesaria para la formación de recuerdos en el hipocampo, y que al mismo tiempo juegue un papel en la quema de grasas, pero eso no implica que el exceso de grasa provoque pérdida de memoria. Son conclusiones distintas, y una cosa no tiene por qué implicar la otra. Y desde luego, existen multitud de factores de riesgo que se han relacionado con una mayor o menor predisposición a sufrir demencia, pero las herramientas estadísticas que se han usado para estudiar esos factores de riesgo no permiten establecer una relación causa > efecto. Es decir, puede que hasta ahora se haya encontrado que, de media, las personas con obesidad tienden a padecer más demencias. Pero eso podría estar causado por otros factores, como el contenido de la dieta, o los hábitos saludables como el ejercicio físico y el tabaquismo. Además, este tipo de correlaciones no sirven para predecir si una persona que tiene obesidad sufrirá o no demencia. No es tan sencillo.

Cerebro en el intestino

Quizá Las Tortugas Ninja no iban tan desencaminadas…

Bueno, sabemos que te has despachado a gusto. Y pese al horario infantil hemos respetado con bastante fidelidad tus palabras. ¿Algo que tengas que decir para cerrar este experimento?

Hay que tener cuidado con estas pequeñas dosis de información que se han puesto de moda en las RRSS. A menudo acompañan una pequeña parte de verdad con una gran cantidad de suposiciones y afirmaciones falsas, todo envuelto con efectos para llamar la atención de la gente. Como regla general, recomendaría partir de la base de que, rara vez, las cosas son tan simples como nos las muestran estos fragmentos. Explicar ciencia en 1 minuto de forma rigurosa es una tarea exagerdamente complicada, y requeriría una habilidad que ya quisiéramos muchos científicos. Además, hay que sospechar de aquellas fuentes de noticias que no citan los estudios en los que se han basado, incluso en el caso de periódicos y medios con bastante reconocimiento. Y por supuesto, entender que el hecho de que un estudio encuentre una relación no significa “que se haya demostrado” algo. La ciencia avanza cuando los resultados de una investigación son apoyados o refutados por otros. Mientras tanto, hay que mantenerlos en cuarentena.

Para saber más…

Sobre el “cerebro del intestino”:
– Furness, J. B. (2008). The enteric nervous system. John Wiley & Sons.

Sobre las emociones y el cuerpo:
– Damasio, A. R. (1999). The feeling of what happens: Body and emotion in the making of consciousness. Houghton Mifflin Harcourt.
– Ramachandran, V. S. (1998). Consciousness and body image: lessons from phantom limbs, Capgras syndrome and pain asymbolia. Philosophical Transactions of the Royal Society of London B: Biological Sciences, 353(1377), 1851-1859.

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