Ritalín para desayunar | Psicomemorias
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Ritalín para desayunar: ¿Cómo afectan los fármacos a las personas sanas?

Pastillas para estudiar mejor, vitaminas para evitar cansarnos… Hoy en día existe una tendencia en las que los propios medicamentos, en lugar de ser utilizados como tratamiento para una determinada discapacidad o deficiencia, están siendo usados por sujetos sanos “simplemente” para mejorar ciertas funciones cognitivas, como pueden ser la memoria o la atención. Cuando un medicamento es utilizado con estos fines hablamos de potenciación cognitiva.

En principio, los potenciadores cognitivos fueron creados para tratar deterioros cognitivos asociados a daño cerebral o a distintos trastornos como la esquizofrenia, el Alzheimer y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), entre otros. Sin embargo, estos pacientes no son los únicos que los están consumiendo. De hecho, se ha detectado un aumento de la tendencia en el uso de psicoestimulantes, incluyendo anfetaminas y metilfenidato (más comúnmente conocido por su nombre comercial: Ritalin). Estos fármacos, inicialmente creados para su consumo por parte de personas con TDAH, actualmente están siendo consumidos por estudiantes que no presentan trastorno alguno, con el único fin de mejorar sus capacidades de cara al ámbito académico. Es más, los datos indican que entre el 4 y el 11% de estudiantes universitarios en Estados Unidos consumen estos fármacos con propósitos de potenciación cognitiva, obviando criterios médicos.

El metilfenidato (Ritalin) es uno de los principales fármacos utilizados con fines de potenciación cognitiva por estudiantes.

El metilfenidato (Ritalin) es uno de los principales fármacos utilizados con fines de potenciación cognitiva por estudiantes.

En nuestro día a día solemos valernos de la cafeína, o quizás otras estrategias como la meditación, para rendir al nivel que se nos exige. Sin embargo, sus efectos son menos específicos y potentes que el uso de fármacos y otras tecnologías (por ejemplo, la estimulación cerebral profunda). Algunos autores defienden que éstas últimas son más efectivas a la hora de mejorar las capacidades cognitivas, y que además son más específicas, produciendo menores efectos secundarios. Es en este punto donde surge una de las mayores cuestiones en relación con la potenciación cognitiva, pues el papel y la efectividad de los psicoestimulantes en la mejora de ciertas funciones en pacientes de TDAH está asumido, pero ¿cuál es el efecto real de estos medicamentos en personas que no lo padecen?

Efectos del consumo del metilfenidato (Ritalín)

Recientemente se ha llevado a cabo un estudio en el que se revisan varias investigaciones sobre los efectos del metilfenidato en el comportamiento de personas sin TDAH. Bidwell, que encabezó este estudio, comprobó que los hallazgos más contundentes son los efectos de mejora de la atención. En estos experimentos, se demostró que las personas que habían tomado este medicamento disminuían su tiempo de reacción, mejorando la tasa de respuesta ante estímulos diana. Es decir, tras consumir Ritalin no sólo respondían más rápido sino que acertaban más. Sin embargo, la mayoría de estos estudios no han tenido en cuenta las falsas alarmas o respuestas ante los estímulos incorrectos. Esta medida merece ser tenida en cuenta, pues podría ser vista además como un indicador de su impulsividad y capacidad de inhibición.

Además, se ha observado que la atención sostenida, que es aquella que nos permite mantener la atención en una tarea por un periodo relativamente largo de tiempo a pesar de la monotonía, se ve mejorada. No obstante, no ocurre así cuando se requieren tipos de atención más “complejos” como aquellos que empleamos cuando queremos centrarnos exclusivamente en una fuente de información, seleccionando los estímulos relevantes e ignorando los demás (atención selectiva), e incluso cuando tenemos distintas fuentes de información ante las cuales debemos responder simultáneamente y de manera diferenciada (atención dividida). Es en estos casos donde el comportamiento podría verse afectado negativamente, ya que el consumo de psicoestimulantes afectaría a nuestra capacidad para cambiar el foco de atención (pasar de centrar la atención en una cosa a otra), a la flexibilidad (capacidad de responder de forma distinta ante distintos estímulos), así como a la planificación de respuestas.

Podemos extraer una conclusión clara de esto: ya que la atención no es un concepto unitario, un mismo psicoestimulante puede potenciar y deteriorar a su vez unos aspectos u otros de esta misma función cognitiva.

Un mismo psicoestimulante puede estimular y deteriorar a la vez distintos aspectos de la atención.

Un mismo psicoestimulante puede estimular y deteriorar a la vez distintos aspectos de la atención.

Otros estudios han concluido que no hay una evidencia clara de que estos fármacos corrijan completamente ninguno de los déficits asociados con el TDAH. Hay que tener en cuenta también el efecto de la dosis, pues todos partimos de un nivel distinto de activación cerebral (al tener distintos niveles de neurotransmisores y otros componentes que afectan a nuestra actividad cerebral). Así, lo que puede ser positivo para una persona, en especial con un trastorno como el TDAH, puede no serlo para una persona que no lo padezca, ya que su química cerebral es distinta. Tanto una escasez como un aumento excesivo de neurotransmisores respecto al nivel óptimo puede ser perjudicial para nuestro cerebro. Ésta es una de las razones por la que los medicamentos tienen que pasar rigurosos controles de seguridad.

Todo esto trae consigo numerosas implicaciones con respecto a la dosis, pues es un factor tan importante que puede provocar efectos totalmente contrarios a los deseados, algo que es necesario tener en cuenta especialmente en el caso de individuos sanos que consumen potenciadores, ya que normalmente no se encuentran bajo control o seguimiento médico.

¿Qué consecuencias éticas tiene su consumo?

Hasta ahora hemos examinado la efectividad y el efecto de los potenciadores cognitivos, que se sabe que mejoran ciertos aspectos de una población clínica (personas con TDAH), cuando son utilizados por sujetos sanos (estudiantes). Puede ser que, tal y como propuso Bostrom, el uso de los métodos de potenciación cognitiva sean una nueva adaptación evolutiva de la especie humana a su entorno, pues la sociedad moderna cada vez implica mayores demandas cognitivas, intelectuales y de concentración. Pero a su vez, la perspectiva de una potenciación neurocognitiva en este último grupo de personas trae consigo numerosos aspectos a tener en cuenta sobre qué es seguro y, ética y moralmente aceptable.

En primer lugar, la seguridad, principalmente por los efectos secundarios desconocidos que los potenciadores cognitivos pueden producir. Se trata de un inconveniente que siempre estará ahí cuando tomemos en consideración cualquier fármaco, ya sea con fines terapeúticos o de potenciación cognitiva. No obstante, en el caso de la potenciación puede incluso cobrar mayor importancia al tratarse de individuos sanos, ya que éstos no obtendrían el beneficio médico de paliar un síntoma o combatir una enfermedad, siendo el precio a pagar tan alto que no merecería la pena el riesgo. Además, como ha sido comentado previamente, al no ser fármacos prescritos no tienen el seguimiento médico que deberían.

El consumo extendido de potenciadores cognitivos aumentaría las diferencias entre clases sociales.

El consumo extendido de potenciadores cognitivos aumentaría las diferencias entre clases sociales.

Por otro lado está la justicia distributiva, de forma que aumentarían las diferencias entre clases sociales. Farah argumenta que la propia educación es un potenciador cognitivo que está distribuido de manera muy desigual y aun así, la sociedad no está en contra de la educación. Propone además, que los potenciadores serían mucho más fáciles de distribuir. Sin embargo, quizás no se trata de defender uno u otro, probablemente los potenciadores cognitivos acabarían siendo un obstáculo más en el camino de los menos favorecidos.

Otro aspecto a tener en cuenta, la coacción, es un concepto relacionado con el de competición y presión social. Pensemos, por ejemplo, en una situación de trabajo: en la medida en que otras personas (compañeros o aspirantes a un puesto) los consuman o nuestros superiores sugieran que lo hagamos (para poder acceder al puesto o permanecer en la empresa), será tanto más probable que nos veamos más presionados a hacerlo también.

Por último, el concepto de personalidad, en relación al cual Wolpe mantiene que el consumo de potenciadores implicaría la “pérdida del ser”, de aquello que nos define como individuos únicos, pues la alteración de nuestras capacidades también alterará otros aspectos de nuestra identidad que precisamente nos hacen ser quienes somos.

La alteración de nuestras capacidades cognitivas también alteraría aspectos de nuestra identidad que nos hacen ser quienes somos.

La alteración de nuestras capacidades cognitivas también alteraría aspectos de nuestra identidad que nos hacen ser quienes somos.

Llegados a este punto, cabe preguntarse y reflexionar, ¿hasta qué punto seguimos siendo nosotros mismos al tomar sustancias que alteran nuestro rendimiento, nuestra visión del mundo o incluso nuestras emociones? ¿Nos conviene como individuos o como especie consumirlos para mejorar nuestras capacidades? O, ¿además de ser peligroso supone una “traición” a nuestra propia naturaleza o identidad? La respuesta vendrá de la mano de los resultados de futuras investigaciones y debates sociales. Puede incluso que se convierta en una de las mayores preguntas del siglo XXI, pero mientras tanto no cabe duda de que en la actualidad los resultados sobre la efectividad del metilfenidato o “Ritalin” como potenciador cognitivo (sin fines médicos) son incongruentes, con lo que se necesita una mayor investigación en esta línea y especialmente sobre sus efectos a largo plazo, antes de aventurarse a consumirlo.

Sobre Bárbara Postigo

Psicóloga actualmente formándose en Neuropsicología Clínica. Ha participado en un proyecto de investigación sobre bases neurales del dolor crónico en el Hospital Universitario Radboud de Nijmegen (Holanda) y en un proyecto de evaluación psicofisiológica de un programa de rehabilitación cognitiva en pacientes con Esclerosis Múltiple en la Unidad de Psicofisiología Humana de la Universidad de Sevilla.

7 Interacciones

  1. Servius dice:

    Cuanta razón tienes, yo he consumido nootrópicos y estimulantes sin necesidad, sólo por hedonismo y mejorar él ánimo. Y si bién es cierto que al principio son muy efectivos con el tiempo pagas un precio muy alto por hacer trampas ( no me refiero a dinero.).
    Cuando él cerebro sé reestructura por los fármacos úno deja de ser él mismo.
    Cada vez te vuelves más dependiente y no heres nadie sin tu dosis. K además tiene que ser cada véz más altas en el caso de los estimulantes.
    Te conviertes en un exclavo.

  2. Servius dice:

    Otra cosa es que en momentos puntuales de la vida hagas uso de potenciadores psiquico-físicos nó tóxicos por un tiempo, como vitaminas modicadas del grupo B.
    En especial las B6 , B12 y oligoelementos.
    Los nuevos químicos ( research chemical, RC,s) son demasiado nuevos y muy difíciles de dosificar. Cuidado con las Catinonas sustituídas, las super-anfetaminas alucinógenas como la DOB, TSP, Y OTRAS TRIPTAMINAS. Demasiado incluso para los politóxicomanos más avezados.
    Particular peligro con los nuevos Opiaceos, win-18. Win-15, Carfentanilo, y las bezofuronos.
    No os metáis donde no conoces. Pagas con la vida o acabas interno en un psiquiatrico babeando y medio tonto. Cada segundo sufres lo inimaginable y cada segundo se alarga como días, es el infierno en vida.
    Acabas deseando morir a cada momento.
    Séd libres. No os convirtáis en esclavos.
    Yo lo hice. 25 años. Y no se lo deseo a nadie.
    Vivir, disfrutad, pero no dañeis vuestro cuerpo ni cerebro por que en el taller no hay recambios.

    • Rafael dice:

      Yo actualmente solo tomo lo que tengo recetado que es Rubifen 20mg, metadona 60mg, Ansium (diazepam y sulpirida), pregabalina y desvenlafaxina. Aparte de esto solo café y tabaco. Pero he estado 22 años consumiendo de todo. He tomado alcohol, marihuana, hachis, aceite, LSD, cocaína cruda por la nariz, cloretilo, Katovit, popper, speed, heroina, cocaína base fumada, Trankimazin, Tranxilium, Valium, Orfidal, Noctamid, Dormicum, Dormodor, Alapryl, Miolastan, Myorelax, tianeptina sódica, pregabalina, gabapentina, levomepromazina, clotiapina, olanzapina, quetiapina, mefedrona, metilona, butilona, toda la serie 2c, sulfato de anfetamina puro, opio, codeina, dextropropoxifeno, morfina, oxicodona, fentanilo, hidromorfona, MPA, catinonas sintéticas, etc.
      También he usado suplementos para la salud del SNC como magnesio, vitaminas del grupo B, l-teanina, DLPA, l-tirosina, dolomita, sulbutiamina, etc.

  3. Rafael dice:

    Yo tengo 35 años y tomo Rubifen 20mg por prescripción. Tengo pautado 60mg al día. Lo suelo combinar con café y ginseng porque de por sí me hace poco efecto

  4. Rafael dice:

    Como he comentado tengo prescrito Rubifen 20mg por TDAH. Ahora he tomado tres pastillas que son 60mg orales de Rubifen. A la vez bebo una pizca de café. Ya voy notando la energía, la motivación y la atención.

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