Religión: ¿Programados para creer? - Psicomemorias |
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¿Programados para creer?

La religión lleva con nosotros desde los albores de la humanidad. Además de ser el centro de algunos de los acontecimientos más importantes de la historia, ha posicionado a las distintas sociedades en función de si eran creyentes, no lo eran o si directamente ni se lo planteaban.

Mucho ha separado a los devotos de los no creyentes a lo largo de los tiempos, y mucho se ha hablado al respecto. Sin embargo, muy poco se ha discutido acerca de lo que distingue a devotos de los que no lo son en términos cerebrales o psicológicos.

Desde Psicomemorias no pretendemos entrar en debates filosóficos o teológicos acerca de la existencia o no de una o varias deidades, sino examinar qué sucede en nuestra mente y nuestro cerebro cuando atravesamos experiencias religiosas o espirituales.

La espiritualidad forma parte de nosotros desde que tenemos memoria como especie, y no somos los únicos.

La espiritualidad forma parte de nosotros desde que tenemos memoria como especie, y no somos los únicos.

Crónica del estudio de lo sacrílego

La religión, como fenómeno que comprende rituales relativamente complejos y prácticas espirituales, ya se encontraba a nuestro lado en el pasado, y no sólo al nuestro, sino también en otras especies homínidas como los Neandertales (hace 40000 años). La aparición de la religión coincide con el desarrollo del dibujo rupestre, el idioma… Por lo que se contempla como un producto más de las incipientes culturas.

Lo místico y lo espiritual llevan unidos a la Psicología desde miles de años antes de nacer ésta como disciplina. Primero dentro del chamanismo y curanderismo y después dentro de los debates filosóficos sobre el protagonismo del alma o la mente. La epilepsia, por poner un ejemplo claro, no era vista y tratada como un trastorno, sino como una posesión por parte de alguna entidad demoníaca que tenía que expulsarse mediante un ritual religioso. Así, en un contexto de desconocimiento sobre las dolencias humanas y más concretamente sobre la salud mental, eran las autoridades espirituales o religiosas las que abordaban dichos problemas.

En los últimos años la apertura de la sociedad ha permitido remover parte de este tabú, respetando la religión, pero igualándola al resto de fenómenos que conforman nuestra vida. Esto abre el camino a poder ser investigada por la ciencia, como los demás campos de nuestra vida. Así encontramos a algunos estudiosos como Gallup, Castelli o Rabin, que en la segunda mitad de siglo XX condujeron investigaciones sobre lo que significa la religión para las distintas culturas y qué porcentaje de personas religiosas han experimentado vivencias espirituales intensas.

¿Qué son exactamente las experiencias religiosas?

Estudios en distintas culturas y países han obtenido unos patrones y conclusiones comunes en rituales y ceremonias de lo más variopinto, encontrando que la sensación de que el tiempo se detiene (atemporalidad), la sensación de comunión con el universo o un ser supremo y la percepción de un amor divino son las características que se repiten más frecuentemente.

A lo largo de la historia las dolencias mentales han sido tratadas por chamanes y sacerdotes, a veces de maneras muy inquietantes e irracionales.

A lo largo de la historia las dolencias mentales han sido tratadas por chamanes y sacerdotes, a veces de maneras muy inquietantes e irracionales.

Además no sólo hallamos estos fenómenos en rituales sino también en hechos más extremos y fortuitos como las alucinaciones y las experiencias cercanas a la muerte (ECM), de las que hablaremos más adelante.

Éxtasis espiritual ¿místico o terrenal?

Muchas de las manifestaciones religiosas o espirituales más intensas están relacionadas con acontecimientos extremos, como el peligro de la propia vida. En estos casos encontramos un abanico relativamente amplio de experiencias: tener la sensación de estar fuera del propio cuerpo, la visión de una potente y cálida luz blanca, reunirse con familiares fallecidos, etc.

¿Es una deidad o ente que nos visita? ¿Son estos sentimientos de paz, tranquilidad y serenidad sólo explicables como procedentes de Dios? La realidad es bastante más simple que esas ambiciosas premisas, e investigaciones han encontrado que en la mayoría de casos estas circunstancias se dan por alteraciones en el aporte de oxígeno al cerebro, el consumo de drogas o fallos de activación de ciertas zonas cerebrales o de algunos neurotransmisores.

Según Rubia, uno de los mayores investigadores sobre el tema, las distintas manifestaciones “místicas” se corresponderían con sus zonas cerebrales relacionadas. Esto significa que las alucinaciones visuales responderían a la estimulación accidental de zonas del lóbulo occipital (corteza visual), y las sensaciones de paz y comunión con el mundo por la de distintas partes del sistema límbico (que regula las emociones) o del sistema parasimpático, que liberaría endorfinas responsables de algunas sensaciones satisfactorias. Al final del artículo recomendaremos una publicación muy interesante de este autor, uno de los referentes de la llamada Neuroteología.

La mente religiosa

Numerosas investigaciones atestiguan el nivel más acentuado de satisfacción vital de las personas que acuden a oficios religiosos, y un nivel de estrés menor que los no practicantes, siendo menos vulnerables también ante la depresión o el estrés postraumático.

¿Luz al final del túnel? Ésta y otras experiencias místicas resultan tener una explicación científica muy clara... Están en nuestra mente.

¿Luz al final del túnel? Ésta y otras experiencias místicas resultan tener una explicación científica muy clara… Están en nuestra mente.

Pero ¿por qué sucede esto? Aunque algunos vean en esto razones más etéreas, analizándolo nos encontramos con que existen varios motivos distintos:

  • Conductuales: La mayoría de religiones abogan por la contención, también en el consumo de sustancias o la abstinencia de ciertas conductas de riesgo.
  • Interpersonales: La práctica religiosa pone en contacto a personas relativamente afines, que pueden servir de apoyo para muchas circunstancias adversas.
  • Cognitivos: Los estilos de afrontamiento de las personas religiosas les proporciona una sensación de control ante los distintos males de la vida, que se mitigarán si se comportan de acuerdo con sus cánones morales. En el caso de las personas religiosas, estudiosos como Seligman han observado que éstos contemplan sus vidas como más influídas por fuerzas externas que las personas que no se consideran espirituales y que, cuando estas creencias generan optimismo, influyen reforzando el sistema inmune. Algo parecido se ha encontrado en personas que se afirman seguras de que no existe una deidad o “más allá”, lo que parece dejar entrever que lo perjudicial es la incertidumbre en sí, lo que nos expondría al estrés en mayor medida.

Sin embargo, el efecto de este tipo de razonamiento en ocasiones puede generar un estrés adicional al percibirse incapaces de cambiar una situación adversa que les afecte, ya sea una enfermedad física como el cáncer o un trastorno mental como la depresión. Así, existen estudios que exponen que es la influencia de otras emociones positivas (no relacionadas con la religión o la espiritualidad) lo que eleva la resistencia inmune de estas personas que “luchan” contra su enfermedad.

La genética de la fe

Ha habido diversos autores que han relacionado la religión, como casi toda vivencia humana, con la expresión de ciertos genes. Dean Hammer en su libro “El gen de Dios” vinculaba la tendencia a una mayor espiritualidad con una variación muy concreta del gen VMAT2, vinculado a ciertos estados emocionales y subjetivos. En su investigación, el autor comparó variables como el apego a una religión en concreto, la tendencia a sentirse conectado con el universo y ciertas diferencias entre familiares y gemelos, para confirmar que tal espiritualidad proviniera del genoma y no del ambiente. No obstante, su trabajo no ha sido replicado, por lo que hay que mantenerse escéptico ante tales datos hasta que sean reproducidos o desmentidos.

Otros autores, como el mismísimo Darwin, vieron en la religión una posible ventaja evolutiva, al promover valores de unión y colaboración que harían más probable la supervivencia del grupo, y su mejor adaptación a las exigencias del medio. Otros autores señalan que el hecho de que, estadísticamente, las familias religiosas tengan mayor descendencia que las no religiosas puede hacer posible que los caracteres de las personas más espirituales se sigan extendiendo, aunque esta afirmación va en contra de la tendencia actual decreciente de las religiones, sobre todo en países europeos fuertemente industrializados.

Programados para creer

En conclusión, parece contrastado que la religión y espiritualidad surgieron como consecuencia de la creciente especialización de las primeras sociedades humanas, y como producto de nuestra reciente capacidad para extraer relaciones mentales de sucesos complejos y dotarlos de significado. La creencia espiritual sería la capacidad de predecir, explicar y “controlar” el medio en una época en la que la ciencia aún no había dado sus primeros pasos. Éste fenómeno ha supuesto una importante ventaja en algunos momentos de la humanidad aunque sus expresiones más extremas no sólo no resultan beneficiosas sino que además pueden resultar en peligrosas derivas sociales.

Algunos expertos indican que la espiritualidad seguirá formando parte de las culturas humanas, aunque las religiones cada vez estén menos presentes.

Algunos expertos indican que la espiritualidad seguirá formando parte de las culturas humanas, aunque las religiones cada vez estén menos presentes.

¿Estamos entonces programados para creer? Puede que la respuesta sea más fácil que la pregunta… Estamos programados y hemos evolucionado para adaptarnos al medio, y la religión y la creencia en la existencia de algo más allá de lo que vemos han mostrado ser efectivas en ello en muchos casos. Por ello, todo indica que mientras nos haga más felices y nos una como especie seguiremos siendo en el futuro seres espirituales.

Para saber más…

  • Francisco José Rubia Vila (2010) La conexión divina.
  • Carlos Valiente Barroso (2011) Estudio neuropsicológico de funciones ejecutivas en religiosas meditadoras contemplativas.
  • Dos entrevistas: Con Manuel Martín-Loeches (profesor de la Universidad Complutense de Madrid) y, la segunda, con Ramón María Nogués (biólogo, antropólogo y sacerdote).

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

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