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Cuando la realidad no supera a la ficción

La imaginación frecuentemente nos llevará a mundos que jamás fueron. Pero sin ella, no iremos a ningún lado’.

― Carl Sagan

Podemos encontrar referencias a la imaginación por todas partes: libros revistas, medios de comunicación… Pero ¿sabemos de qué hablamos exactamente? La imaginación juega un papel más importante de lo que cabría esperar en la psicología y la neurociencia. La capacidad de visualizar escenas y generar imágenes en nuestra mente está en la base de algunas de las funciones psicológicas más complejas, aquellas que nos hacen sentirnos distintos a los demás animales. A veces las imágenes mentales aparecen involuntariamente, llegando a ser verdaderas intrusas en lo más íntimo de nuestro ser. Este es el caso, por ejemplo, de las personas que sufren trastorno de estrés postraumático, las cuales reviven una y otra vez un evento traumático sufrido en el pasado, como la guerra, los desastres naturales o una violación.

A pesar de que los psicólogos y psiquiatras son conscientes desde hace tiempo de la influencia de la imaginación en la salud y la enfermedad mental, durante mucho tiempo ha sido un tema eludido por la ciencia, ya que no resulta fácil de investigar con objetividad. Algunos investigadores incluso han llegado a defender que memoria e imaginación son una misma función psicológica: lo que llamamos imaginar no sería distinto de usar nuestra memoria para traer a la conciencia los recuerdos almacenados en nuestro cerebro. O al contrario, hay quien argumenta que, en realidad, la memoria es una forma de imaginación, pues a la hora de recordar algo lo que hacemos es recrearlo en nuestra mente. Pero, ¿qué sabemos a ciencia cierta sobre la imaginación? ¿Cómo se estudia un tema aparentemente tan complejo? Empecemos la casa por los cimientos y no por el tejado.

La imaginación se ha convertido en un tema fundamental en nuestra cultura. Encontramos su huella en el arte y la literatura, pero cada vez es un tema más recurrente en casa, en el trabajo y hasta en la calle. (Fuente:  Hersson Piratoba. Flickr)

La imaginación se ha convertido en un tema fundamental en nuestra cultura. Encontramos su huella en el arte y la literatura, pero cada vez es un tema más recurrente en casa, en el trabajo y hasta en la calle. (Fuente: Hersson Piratoba. Flickr)

Jugando a los dados con la ciencia

De vez en cuando se producen situaciones inesperadas que conducen a grandes descubrimientos. Es lo que se ha llegado a conocer como serendipia. En ocasiones vienen en forma de experimentos desastrosos ―como el del austriaco Hans Selye, quien descubrió por accidente los efectos del estrés gracias a su torpeza manejando las ratas de laboratorio― que inesperadamente marcan un antes y un después. En otras, la desgracia de un paciente que sufre una extraña condición médica desconocida hasta la fecha permite a la ciencia dar un paso de gigante. El azar es lo que tiene.

Una de estas situaciones se produjo en enero de 1988. Un paciente, conocido como C.K. para preservar su anonimato, sufrió una herida en la cabeza como consecuencia de un accidente de moto. Tras recuperarse de su lesión, mostraba diversas secuelas, como debilidad en el lado izquierdo de su cuerpo y una total incapacidad para ver aquello que quedara a la izquierda de su campo visual. Además, los psicólogos que le evaluaron se dieron cuenta de que tenía grandes dificultades para reconocer objetos cotidianos, como una raqueta o un dardo. Sin embargo, era perfectamente capaz de reconocer las caras de sus conocidos y de gente famosa. Lógicamente, una cara constituye una imagen muchísimo más compleja, compuesta por una infinidad de pequeños elementos que, combinados, generan algo único e irrepetible. ¿Cómo es posible que fuera capaz de reconocer las imágenes más complicadas y perderse a la hora de identificar objetos más simples?

Curiosamente, C. K. fallaba al reconocer objetos cotidianos en 3D, pero era sobre todo con figuras planas, en dos dimensiones, donde se mostraba incapaz de reconocer la inmensa mayoría de dibujos que se le presentaban. Era capaz de percibir las partes que constituían los objetos, pero no podía integrarlas y darles sentido. Sin embargo, sí podía reconocer correctamente los objetos mediante los otros sentidos, por ejemplo escuchándolos o palpándolos. A esta condición tan singular se le conoce como agnosia visual. Dentro de lo extraña que resulta esta alteración, no es tan poco común como se podría pensar. El cerebro a veces es capaz de dejar de reconocer objetos simples como en el caso de C. K., pero también caras, colores o incluso las cosas que se mueven ―el neurólogo británico Oliver Sacks ha recogido a lo largo de los años una inmensa cantidad de historias como ésta, de pacientes con alteraciones de lo más insólitas con un estilo narrativo centrado en el paciente y en cómo la enfermedad afecta su día a día―.

De izquierda a derecha: (A) El paciente C. K. confundía una vela con un salero, una raqueta con una mascarilla o un dardo con un plumero [1]. (B) Los números indican el orden en el que dibujaba C. K. la figura, trazo a trazo, sin entender que estaba dibujando dos rombos y un círculo [2]. (C) Muestra de lo difícil que era para el paciente C. K. dibujar de memoria. (Fuente: Google Images)

De izquierda a derecha: (A) El paciente C. K. confundía una vela con un salero, una raqueta con una mascarilla o un dardo con un plumero [1]. (B) Los números indican el orden en el que dibujaba C. K. la figura, trazo a trazo, sin entender que estaba dibujando dos rombos y un círculo [2]. (C) Muestra de lo difícil que era para el paciente C. K. dibujar de memoria. (Fuente: Google Images)

Resulta llamativo que C. K. era totalmente capaz de copiar dibujos complejos, aunque lo hacía por partes y de forma idéntica, sin mostrar signo alguno de originalidad o creatividad en su dibujo. Esto podría ser debido a que el paciente fallaba a la hora de apreciar la forma global del objeto, el todo, y se limitaba a trazar las partes. La cosa cambiaba cuando se le pedía que dibujara algo sin mostrarle el qué. Cuando el paciente tenía que tirar de imaginación, el resultado era bastante desastroso.

¿Qué es lo que le ocurría a este paciente? ¿Cómo puede ser que, a pesar de sus problemas de visión, pudiera copiar un dibujo a la perfección? ¿Y por qué le costaba tanto usar su imaginación?

Cuando imaginación y realidad chocan

En las últimas décadas, el uso de técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional o la tomografía por emisión de positrones, ha permitido a los investigadores acceder a temas tan controvertidos como éste de forma algo más controlada y objetiva. Un gran número de experimentos ha mostrado que cuando se pide a la gente que visualicen una imagen lo más vívidamente posible (lo que llamamos “imágenes mentales”), el cerebro se activa de forma similar a cuando las personas realmente están viendo cosas. Es decir, ver e imaginar son procesos muy similares, o al menos comparten una base cerebral común.

Si las imágenes mentales activan las mismas regiones cerebrales que participan en la percepción real de las cosas, es posible que imaginar un objeto sea como pedirle a nuestro cerebro que vuelva a verlo, y éste nos lo muestre -aunque con menos intensidad y detalle que si lo viéramos en el mundo exterior-. También podemos comprobar esto pero dándole la vuelta a la tortilla: si se estimula el cerebro de una persona con una leve corriente eléctrica en las regiones encargadas de codificar la información visual, el efecto que provoca es similar al de visualizar una imagen mental.

A veces el cerebro hace cosas extrañas. Sin embargo, estas rarezas son las que nos permiten estudiar cómo funciona, tanto cuando lo hace bien como cuando falla. (Fuente: Saige Zabarte. Flickr)

A veces el cerebro hace cosas extrañas. Sin embargo, estas rarezas son las que nos permiten estudiar cómo funciona, tanto cuando lo hace bien como cuando falla. (Fuente: Saige Zabarte. Flickr)

Entonces, ¿cuál es la relación entre ver e imaginar? ¿Son acaso lo mismo? En un reciente experimento, fruto de la colaboración entre ingenieros y psiquiatras de la Universidad de Wisconsin–Madison (EEUU) se utilizó la tecnología más moderna disponible para medir las diferencias temporales en la actividad eléctrica del cerebro en sus distintas regiones. Lo que estos investigadores han descubierto es que, efectivamente, ver e imaginar comparten un circuito común que implica a las mismas áreas cerebrales. Sin embargo, el flujo de información circula en sentido contrario cuando imaginamos a cuando percibimos.

El cerebro tiene una forma brillante de dotar de significado aquello que percibimos, por ejemplo, a través de los ojos. Cuando miramos una imagen, la información llega de forma fragmentada desde nuestros ojos a la corteza occipital, el área de nuestro cerebro situada en la parte trasera de la cabeza. Ahí se interpreta la información más básica, como la dirección de una línea, el ángulo que forman dos líneas entre sí, etc. Desde allí, la información se envía a una complejísima red que abarca diversas zonas encargadas de analizar los distintos componentes de la imagen, como la forma, el color o el movimiento. Es decir, nuestro cerebro construye las imágenes de aquello que vemos desde lo más simple a lo más complejo. Lo que se extrae del experimento de los investigadores de Wisconsin–Madison es que, cuando imaginamos, nuestro cerebro actúa en la misma dirección, pero en sentido contrario. Es decir, se activan las regiones más complejas, donde las imágenes mentales ya están formadas, y es entonces cuando la información viaja hacia las zonas donde se analiza la información más simple, como si el cerebro reorganizara las imágenes mentales hasta hacer que las sintiéramos como reales.

“Resumen” de las conexiones cerebrales entre las distintas regiones que analizan la información visual (al menos, las que se conocen). La pesadilla de todo estudiante. (Fuente: Google Images)

“Resumen” de las conexiones cerebrales entre las distintas regiones que analizan la información visual (al menos, las que se conocen). La pesadilla de todo estudiante. (Fuente: Google Images)

De este modo, la imaginación ha empezado a pasar de un segundo plano a cobrar un papel esencial en el estudio del desarrollo de las funciones más complejas de nuestra mente. Pero ¿por qué es importante estudiar la imaginación en psicología y neurociencia? Puede que la respuesta no sea muy intuitiva, y requerirá profundizar un poco más en una entrega próxima. Sin embargo, adelantaremos que en la actualidad existen datos que animan a pensar que la imaginación, o más concretamente la capacidad de generar imágenes mentales, juega un papel fundamental en nuestra capacidad de recordar el pasado, de planificar el futuro, e incluso de ponernos en la piel de otros. No es una idea nueva, pues es un tema tratado por la filosofía desde hace siglos. Sin embargo, poco había aportado la ciencia al debate hasta ahora.

Cada nuevo descubrimiento cambia nuestra forma de entender los conceptos más cotidianos. La psicología y la neurociencia han intentado durante mucho tiempo explicar las funciones psicológicas de forma aislada. Sin embargo, hoy sabemos que no podemos hablar de cognición sin emoción, o de memoria sin aprendizaje. De este modo, cada vez es más común pensar en sistemas neurales, en lugar de buscar “la zona del cerebro encargada de…”. Y quizá este cambio de perspectiva, esta nueva forma de imaginarnos las cosas, nos abrirá nuevos caminos para comprender el mundo que nos rodea. ¿Acaso podríamos comprender la realidad si no pudiéramos imaginarla?

Sobre Daniel Alcalá López

Psicólogo, Máster Oficial en Fisiología y Neurociencia y estudiante de doctorado por la Universidad Técnica de Aquisgrán (RWTH Aachen, Alemania). Anteriormente en París (Francia), colaborando con el grupo PARIETAL en el NeuroSpin, un centro de investigación en neuroimagen centrado en el modelado de la estructura, función y conectividad cerebral. Su investigación se centra en el uso de herramientas de aprendizaje automático (machine learning) para explorar la conectividad cerebral asociada al procesamiento de la información social y afectiva.

14 Interacciones

  1. Ainhoa dice:

    Vaya! Muy interesante…Me apasiona el mundo de la neurociencia ¿Dónde podría encontrar el estudio completo? Gracias por el post! 😉

    • Daniel Alcalá López dice:

      Hola Ainhoa! Me alegra que te haya gustado la entrada ?

      Aquí puedes encontrar el artículo al que hago referencia: http://ow.ly/V6g0V

      Si quieres leer más sobre Psicología Experimental y Neurociencia, puedes usar el menú desplegable en la parte superior de la página. Dentro de “Artículos”, puedes encontrar las distintas categorías sobre las que escribimos. ¡Espero que te gusten!

  2. Alejandra Aguilera dice:

    Y no solo las imágenes, porque la imaginación abarcaría todos nuestros sentidos, por ejemplo al a hora de inventar un platillo o componer una canción.

    Un tema tan complejo y fascinante.

    http://ayudapsicologicacognitivoconductual.com/

    • Daniel Alcalá López dice:

      Efectivamente Alejandra, la imaginación puede implicar cualquier otra modalidad sensorial. Por desgracia, no sabemos tanto de los otros sentidos como de la vista, ya que gran parte de la investigación se ha centrado tradicionalmente en este sentido.

      ¡Me alegra que te haya gustado la entrada! ¡Un saludo!

  3. Wiilliam Moreno dice:

    Genial , Daniel, saber más sobre las facultades mentales de nosotros los humanos.Te felicito por tus investigaciones y estudios en neurociencia.

    • Daniel Alcalá López dice:

      ¡Muchas gracias William! Me alegra que te haya gustado el artículo. No dudes en echar un ojo al resto de la web, estoy seguro de que encontrarás muchas más cosas de tu agrado. ¡Un abrazo!

  4. Josefina Díaz dice:

    Daniel, muchísimas gracias por compartir esta información. Soy educadora y estoy actualmente trabajando para fomentar la narración oral dentro de mi lugar de trabajo. Estoy convencida que despertar la capacidad de imaginación en nuestros alumnos es fundamental para su desarrollo. Y que el narrarles una historia (sin el apoyo visual de un libro) es una excelente herramienta de aprendizaje. Nuevamente, ¡gracias por compartir!

  5. Interesante estudio..La imaginación es el preludio de muchas cosas. Gracias por compartirlo con nosotros!!

  6. Grandioso su artículo permite analizar desde distintos contextos varias aspectos o puntos
    mecionados desde la UPS https://www.ups.edu.ec/ felicitamos
    su aporte el cual sirve de lectura o trabajo de análisis para muchso estudiantes.

    • Daniel Alcalá López dice:

      ¡Muchísimas gracias! Me alegra que le haya gustado mi artículo. Comentarios como el suyo hacen que valga la pena todo el tiempo dedicado a la divulgación. ¡Un saludo!

  1. 04/08/2015

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