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Power posing: del “postureo” al poder

Este artículo pertenece a la serie “Ciencias nuevas y problemas viejos: replicar o morir”. Esta serie aborda mecanismos, procesos o fenómenos psicológicos que estaban asentados como hechos sólidos en nuestra disciplina y que, sin embargo, han generado un gran debate en la actualidad tras conocerse que nuevos intentos de repetir los experimentos originales no obtienen los mismos resultados. Para consultar los demás artículos de la serie, pincha aquí.

¿Alguna vez te han dicho eso de “no importa tanto lo que sepas o tu habilidad, lo importante es que muestres confianza”? Ya sea para una entrevista de trabajo como para entrar sin pagar en una discoteca, seguro que lo has oído de boca de algún conocido. Puede que, con una respuesta así, le hayas preguntado que cómo iba a ser posible que consiguieras tus fines solo por “echarle cara”… Pues bien, esta es una idea que se repite una y otra vez, sobre todo en contextos donde la imagen que reflejamos tiene un papel capital, como puede ser una presentación o una reunión de trabajo. Sin embargo, ¿de verdad nos afecta en algo el proyectar una imagen de confianza y de poder? De hacerlo, ¿”engañamos” solo a nuestros espectadores o también a nosotros mismos?

Sobre la (falta de) influencia de la postura en nuestro comportamiento: Sabemos reconocer una figura de poder en cuanto la vemos y, en parte, se debe a su lenguaje verbal. Frank Underwood bien lo sabe, y no duda en usarlo a su favor. Fuente: Netflix

Sabemos reconocer una figura de poder en cuanto la vemos y, en parte, se debe a su lenguaje no verbal. Frank Underwood bien lo sabe, y no duda en usarlo a su favor. Fuente: Netflix

Por suerte, los psicólogos también somos humanos y nos hacemos estas y otras preguntas que pueden parecer difíciles de estudiar. Algunos, incluso, se ponen manos a la obra para resolverlas. En este caso, Dana Carney y Andy Yap, profesores de la Universidad de Columbia, junto con Amy Cuddy de la Universidad de Harvard, se propusieron averiguar si adoptar “posturas de poder” (de pie con las manos sobre una mesa, o tumbado con las piernas cruzadas sobre la mesa y los brazos detrás de la cabeza) afectan a “conductas relacionadas con el poder y la dominación”, como la tendencia a asumir riesgos o la sensación propia de poder. Incluso quisieron comprobar si estas posturas de poder pueden alterar nuestros niveles hormonales de testosterona y cortisol.

¿Y cómo lo hicieron?

Estas investigadoras tomaron muestras de saliva a los participantes para medir sus niveles de ambas sustancias relacionadas, grosso modo, con el estrés y con conductas dominantes y agresivas. Tras ello, los participantes se dividieron en dos grupos: la mitad tuvo que llevar a cabo las posturas de “alto poder” (basadas en invadir el espacio de la sala) y la otra mitad las de “bajo poder” (cruzados de manos y piernas, encogidos sobre sí mismos) durante un minuto. A continuación, llevaron a cabo una tarea en la que debían elegir entre ganar dos dólares automáticamente o arriesgarse a la posibilidad de ganar el doble o perderlo todo. Además, rellenaron en un cuestionario cómo de poderosos se sentían tras el experimento. Según los resultados del experimento, que respaldaron la hipótesis inicial de las investigadoras, el hecho de adoptar posturas de poder afecta a las hormonas que pueden asociarse a esas sensaciones, haciéndonos sentir más dominantes y seguros que si no hubiéramos llevado a cabo estas posturas.

Sobre la (falta de) influencia de la postura en nuestro comportamiento: Posturas de “alto poder” (arriba) y posturas de “bajo poder” (abajo) en el experimento de Carney, Yap y Cuddy. ¿Cuáles son las tuyas? Lo cierto es que poco importa, ya que no afectan a casi nada. (Fuente: Amy Cuddy, Universidad de Harvard)

Posturas de “alto poder” (arriba) y posturas de “bajo poder” (abajo) en el experimento de Carney, Yap y Cuddy. ¿Cuáles son las tuyas? #SpoilerAlert: Lo cierto es que poco importa, ya que no afectan a casi nada. (Fuente: Amy Cuddy, Universidad de Harvard)

Que algo tan simple como una posición del cuerpo durante un minuto pueda cambiar nuestra percepción y emociones parece algo rebuscado y un caso más de la llamada “psicología de bareto”, más próxima a los trucos de magia y los espectáculos que a la ciencia. En este caso, haciendo honor al dicho “piensa mal y acertarás”, resulta que los estudios que han intentado replicar a Carney y sus colegas no han obtenido los mismos resultados.

Pero entonces, ¿es verdad o no?

En 2015, un grupo internacional de investigadores de Suiza, Suecia y EEUU, con un mayor número de participantes (200 frente a los 42 del experimento original de Carney, Yap y Cuddy), no encontraron cambios hormonales tras adoptar dichas posturas pero sí un aumento en la sensación subjetiva de poder de los participantes con posturas dominantes. Es decir, en caso de que exista algún tipo de efecto no es biológico, sino una distorsión de la percepción que los participantes tienen sobre sí mismos.

Un año después, en la Universidad de Texas, otros investigadores ampliaron el experimento y volvieron a no encontrar influencia de las posturas de poder en los niveles de testosterona y cortisol. Para colmo, hallaron que los sujetos que habían ejercido más poder en las posturas se sentían menos poderosos que los del grupo que había adoptado las posturas “introvertidas”. Este experimento no solo contó con aún más participantes que los anteriores (300 en total), sino que además los investigadores pusieron en práctica uno de los procedimientos más recomendados en la actualidad: prerregistraron el estudio antes de llevarlo a cabo. Esto quiere decir que, incluso antes de empezar a recoger datos, estos investigadores pusieron las cartas sobre la mesa y explicaron a la comunidad científica qué querían estudiar y cómo lo iban a hacer. De esta forma, los demás científicos podemos asegurarnos de que cumplieron con lo prometido y no manipularon sus hipótesis de trabajo o sus conclusiones para adaptarlas a lo que se iban encontrando a medida que desarrollaban el experimento.

Sobre la (falta de) influencia de la postura en nuestro comportamiento: Trump busca incomodar a sus homólogos llevándoselos, literalmente, a su terreno al darles la mano. ¿Se percibe por ello más poderoso? ¿Lo hacéis vosotros? (Fuente: Robyn Beck AFP/Getty)

Trump busca incomodar a sus homólogos llevándoselos, literalmente, a su terreno al darles la mano. ¿Se percibe por ello más poderoso? ¿Lo hacéis vosotros? (Fuente: Robyn Beck AFP/Getty)

Y el veredicto es…

¿Qué podemos deducir de este desaguisado de contradicciones? Para empezar, que el mostrarnos con el control de la situación puede que engañe, si tenemos suerte, a quien tenemos delante, pero no tiene por qué hacerlo con nosotros mismos, y mucho menos a nivel hormonal. Viendo los resultados de las investigaciones más recientes y robustas, tenemos que aceptar que no hay motivos para pensar que ciertas posturas de poder puedan alterar nuestros niveles hormonales. El “empoderamiento” es algo menos mágico que un par de minutos sobre una mesa. Malas noticias para IKEA que seguro intentaría sacar “muebles terapéuticos”. Buenas noticias para los que defendemos el papel central de la replicabilidad en nuestra ciencia, como en todas las demás. El valor de un estudio reside en que pueda ser reproducido por otros investigadores en condiciones parecidas. En ciencia lo de “único e inimitable” no es un piropo, es un paso atrás. Ni más, ni menos.

Para saber más…

Si no te crees lo que te hemos contado… ¡eso está genial! Nuestro objetivo es promover una actitud crítica ante lo que nos cuentan en los medios y lo que encontramos en internet sobre estudios científicos. Así que te animamos a echar un ojo a los estudios que hemos citado:

Estudio original de Dana Carney, Amy Cuddy y Andy Yap (2010): “Power posing brief nonverbal displays affect neuroendocrine levels and risk tolerance”. Psychological Science, 21(10), 1363-1368.

Intento de replicación por los investigadores de las universidades de Zúrich, Estocolmo y Dartmouth Eva Ranehill, Anna Dreber, Magnus Johannesson, Susanne Leiberg, Sunhae Sul y Roberto Weber (2015): “Assessing the Robustness of Power Posing: No Effect on Hormones and Risk Tolerance in a Large Sample of Men and Women”. Psychological Science, 26(5), 653-656.

Segundo intento de replicación, esta vez por los investigadores de la Universidad de Texas A&M Katie Garrison, David Tang y Brandon Schmeichel: “Embodying Power: A Preregistered Replication and Extension of the Power Pose Effect”. Psychological and Personality Science, 7(7), 623-630.

Sobre Daniel Alcalá López

Psicólogo, Máster Oficial en Fisiología y Neurociencia y estudiante de doctorado por la Universidad Técnica de Aquisgrán (RWTH Aachen, Alemania). Anteriormente en París (Francia), colaborando con el grupo PARIETAL en el NeuroSpin, un centro de investigación en neuroimagen centrado en el modelado de la estructura, función y conectividad cerebral. Su investigación se centra en el uso de herramientas de aprendizaje automático (machine learning) para explorar la conectividad cerebral asociada al procesamiento de la información social y afectiva.

1 Interacción

  1. Rodrigo Arias dice:

    Muy bueno. Gracias

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