Mitos sobre la sexualidad en la discapacidad intelectual
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Mitos sobre la sexualidad en la discapacidad intelectual y del desarrollo

Imaginad la siguiente escena:
Una persona esperando en la mesa de un restaurante a alguien con quien tiene una cita. Mientras, múltiples sensaciones fluyen hasta que por fin la otra persona llega. Una velada agradable, conversaciones interesantes y mucha química. A la hora de despedirse, en un arranque de valor pregunta: “¿Te apetece subir a mi casa?…”.

¿Cómo creéis que ha terminado la historia? ¿Hasta qué punto ha volado vuestra imaginación? ¿Habéis vivido alguna situación similar? Ahora os planteamos una variante: ¿qué pasaría si una de estas personas tuviera una discapacidad? ¿Pensáis que la respuesta hubiera sido diferente? ¿Ha cambiado el final que os habíais imaginado en un principio? No sería raro que así fuese.

En general cuando se habla de sexualidad se omite a la población discapacitada y cuando se habla de personas discapacitadas se omite su dimensión sexual. Sin embargo, sexualidad y discapacidad, lejos de ser excluyentes, son dos realidades muy ligadas. Hoy en día, que se habla de todo, parece que aquello de lo que no se habla es como si no existiera. Por ello, para aumentar la visibilidad, analizaremos los mitos más comunes en la discapacidad intelectual y del desarrollo, los conceptos que influyen en ellos y propondremos una visión más realista del tema.

(“parece que aquello de lo que no se habla es como si no existiera”. Fuente: Blogspot)

(“parece que aquello de lo que no se habla es como si no existiera”. Fuente: Blogspot)

¿Sexualidad extraña?

Para abordar la sexualidad humana, antes tenemos que definir una serie de conceptos claves para la total comprensión de este tema.

Sexuación: Es el soporte biológico que crea la diferenciación del continuo entre el hombre y la mujer.

Sexualidad: El modo de expresarse y vivir de manera subjetiva la condición sexuada en todas sus dimensiones, como, la orientación sexual (homosexual, heterosexual, etc.), la identidad sexual (de qué sexo se siente la persona, que no necesariamente depende del sexo biológico con el que se haya nacido), y todas las maneras de expresar deseo o afecto que abarcan las conductas humanas. La expresión de la sexualidad tiene tres finalidades, todas ellas importantes y no excluyentes entre sí: la reproducción (la capacidad de procrear, la más conocida de ellas), la recreación (el disfrute de la sexualidad en sí misma) y la relación (el empleo de la sexualidad como forma de expresarnos e interactuar con otras personas).

Erótica: Expresión sexual a través de las fantasías, deseos, gestos y conductas en general, por lo que supone un carácter intencional por parte de la persona.

Género: Conjunto de características sociales y culturales atribuidas a las personas según su sexo (las conductas que se espera de una persona por ser hombre o mujer). En el caso del género y sus estereotipos, las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo se encuentran con el obstáculo de que no pueden cumplir ciertas expectativas ligadas a su sexo y esto puede llegar a suponer un problema, pues cuando las personas discapacitadas no son capaces de responder a las presiones sociales y encajar en los estereotipos de género, en ocasiones surgen problemas de autoestima, de aceptación social o de discriminación.

Dicho esto, lo primero que hay que tener claro es que no hay particularidades eróticas en las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo (pueden masturbarse y tener fantasías sexuales, por ejemplo, como todo el mundo), sino variables relacionadas con el tipo de discapacidad que se tenga: poco conocimiento de la sexualidad, la sobreprotección de la familia, los déficits en las habilidades sociales, ausencia de intimidad, menor grado de autonomía…

Mitos y falsas creencias.

En la era de la información es frecuente encontrar en Internet datos erróneos sobre prácticamente cualquier temática. Sexualidad y discapacidad no son una excepción. Al ser un tema poco abordado resulta aún más complejo filtrar la información fiable de aquella que no lo es. Por eso mismo, a continuación desmentimos algunos de los mitos más extendidos en relación a la discapacidad intelectual y del desarrollo.

Verdades (en verde) y mentiras (en rojo) sobre sexualidad y discapacidad

(Verdades (verde) y mentiras (rojo) sobre sexualidad y discapacidad)

– Sexualidad implica genitalidad. Éste es posiblemente el mayor y el más extendido de todos los mitos en torno a la sexualidad. Este (falso) mensaje está tan arraigado en la sociedad que la simple palabra “sexualidad” ya genera imágenes mentales relacionadas con el coito o con otras prácticas sexuales que incluyan genitales (por ejemplo, sexo oral o masturbación). Esta equiparación es un enorme reduccionismo, pues la sexualidad es mucho más compleja y amplia, no se limita a actos sexuales físicos, sino que incluye el desarrollo personal, el conocimiento de uno mismo, de sus deseos y afectos, de su propio cuerpo. La sexualidad es inseparable del ser humano, independientemente de su actividad sexual o la ausencia de ella, y existen tantas formas de vivir la sexualidad como personas, por lo que quizá sea más apropiado hablar de “sexualidades”.
Una de las consecuencias de asociar sexualidad con genitalidad es que también se relacionan ambos conceptos en sentido contrario, y se tiende a considerar (erróneamente) que las personas que por un motivo físico o psicológico no son capaces de hacer uso de sus genitales están condenadas a no disfrutar o no vivir plenamente su sexualidad.

– No es posible hacer educación sexual con gran parte de las personas con discapacidad. Esta creencia proviene principalmente de dos orígenes: el primero de ellos es la ignorancia de lo que la educación sexual adecuada y de calidad supone. Cuando reducimos el concepto de educación sexual a la prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y de embarazos no deseados, estamos dejando fuera la mayor parte de sus objetivos y tareas (que más adelante desarrollaremos). En segundo lugar, cuando igualamos sexualidad con genitalidad, tal como hablamos en el punto anterior, estamos omitiendo a una gran parte de la población. Por lo tanto, si asociamos que aquellas personas con discapacidad que no puedan experimentar su genitalidad, no van a necesitar ese tipo de prevenciones, o no consideramos que vayan a tener una sexualidad despierta, estamos privándoles de una satisfactoria educación sexual que favorezca su desarrollo personal.
Otro de los enfoques erróneos puede ser pensar que una persona con una discapacidad intelectual o del desarrollo no sería capaz de asimilar dicha educación sexual de calidad si la recibiese, pero dado que la educación sexual engloba temas inherentes a todas las personas (autoestima, identidad sexual, orientación sexual, etc.), la única medida necesaria sería adaptar los métodos para la adecuada comprensión de las personas a las que van dirigidos, sin tener que alterar por ello el contenido.

– La intervención sexual sólo activa la sexualidad dormida. En primer lugar, se considera “dormida” aquella sexualidad que no está siendo abiertamente manifestada, pero que se esté viviendo en la intimidad no implica que esta sexualidad no exista de manera innata en todas las personas, discapacitadas o no, como dijimos antes. Por lo tanto, manifiesta o no, esta sexualidad ya existe y no se puede despertar lo que no está dormido. Pero omitiendo este punto, la existencia de una adecuada guía y educación no despiertan instintos o deseos previamente inexistentes, sino que ofrecen una adecuada manera de expresarlos, conocerlos y resolver las dudas que puedan plantear, así como de respetar la sexualidades ajenas, de tal manera que es beneficioso tanto para las personas que lo reciben como para aquellas con las que éstas se relacionarán en el futuro.

– No poseen control sobre su motivación sexual y sus impulsos. Tendemos a pensar que las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo tienen menor o nulo control sobre sus impulsos, y por lo tanto hay quienes creen que su sexualidad debe ser aplacada, no educada. Pero la premisa inicial es errónea, pues las personas discapacitadas también pueden aprender a manejar las expresiones de su sexualidad y adaptarse a aquellas manifestaciones que están socialmente aceptadas. Esto vuelve a resaltar el papel fundamental de la educación sexual sin distinción de sus destinatarios.

(La sexualidad ya existe, así que no se puede despertar lo que no está dormido. Fuente: pixabay)

(La sexualidad ya existe, así que no se puede despertar lo que no está dormido. Fuente: pixabay)

– Sufren ausencia o exceso de actividad masturbatoria. Relacionada con la falsa creencia de que son incapaces de controlar sus deseos, se deduce a menudo que a ello se deben las manifestaciones públicas, socialmente inadecuadas, de masturbación u otras conductas sexualmente explícitas. Sin embargo, es más probable que se deban precisamente a haber pretendido negar el hecho de que son personas sexuadas y haberles vetado por tanto una educación sexual necesaria, incluyendo la enseñanza de cómo y cuándo manifestar su sexualidad.

– No tienen una orientación del deseo sexual definida. Habitualmente, el pensamiento imperante sobre las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo varía entre dos polos opuestos: aquellos que creen que carecen de deseo sexual, y aquellos que creen que tienen un deseo sexual exacerbado, independientemente del objeto de deseo. Ambas son incorrectas, pues no existe mayor variabilidad (en lo referente a orientación sexual) entre las personas con discapacidad que entre las personas sin ella.

– Las personas discapacitadas exclusivamente son heterosexuales. Si, tal y como comentamos, las personas discapacitadas desean de manera similar al resto, parece absurdo lo extendido de ésta creencia, pues una persona discapacitada puede igualmente situarse en cualquier punto del continuo entre la homosexualidad y la heterosexualidad.

– Las personas discapacitadas no pueden tener hijos, formar pareja o casarse. Quizá debido a la visión sobreprotectora de las personas discapacitadas que las retrata como “niños grandes”, incapaces de aprender a valerse por sí mismos. Sin embargo, aún nos encontramos con quien cree que no pueden (o peor aún, que no deben) realizar las acciones del enunciado, con lo que realmente les estaríamos privando de la posibilidad de realizarse personalmente. Las personas discapacitadas tienen los mismos derechos y vivir su sexualidad es uno de ellos.
Como veis, el hecho de tener discapacidad intelectual o del desarrollo no es un impedimento para disfrutar de una sexualidad plena y satisfactoria, pero la falta de información sí interfiere negativamente. Por eso mismo, la mejor manera para ayudarlos a conocerse y a experimentar este ámbito de su vida es guiarles y enseñarles que, una vez más, no son tan diferentes a los demás.

Para saber más:

Sobre Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

4 Interacciones

  1. Blanca Vazquez dice:

    Hola, nada mas como critica constructiva, un detalle colega, no podemos llamar alas PERSONAS CON DISCAPACIDAD como personas discapacitadas ese termino ya esta obsoleto, la información muy interesante, me gusto mucho solo ese termino que utilizaste habría que cambiarlo.

  1. 11/05/2016

    […] Mitos sobre la sexualidad en la discapacidad intelectual y del desarrollo […]

  2. 26/06/2016

    […] en Psicomemorias, vimos los mitos y realidades de la sexualidad en las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, así como aquellos […]

  3. 27/11/2016

    […] ¿Psicología científica? Cómo va a pensar nadie eso si hasta los estudiantes a policía tienen que leer magufadas desfasadas. 3 – No se puede generalizar, cada persona es un mundo. ¡Incluso los gemelos! Y sin embargo, las terapias funcionan. ¿Cómo puede ser eso? Simple, no todas las variables, ni siquiera la mayoría, interactúan con las variables manipuladas en un tratamiento psicológico. Lilienfeld resume esto muy bien; citamos (y traducimos): “…aunque todos los individuos con melanoma son seguramente únicos, el 90% o más de los casos de esta forma de cáncer de piel son curables con cirugía temprana”. O en otras palabras, podemos generalizar resultados y generalizar tratamiento, aunque en ocasiones luego puedan personalizarse (y, a veces, hasta deba personalizarse). 4 – No se obtienen resultados replicables. Lilienfeld, citando un estudio de Larry Hedges del 87, asegura que la consistencia de resultados, comparando una disciplina ejemplar como la física de partículas y efectos psicológicos, como las expectativas del profesor o los test de inteligencia, no muestran diferencias entre sí. Lo que sí se puede achacar a la psicología es la fragilidad de sus predicciones. 5 – ¡La fragilidad de sus predicciones! La gente critica los amplios márgenes probabilísticos en los que se mueven las predicciones en psicología. Esto viene dado por el objeto de estudio, la conducta humana, que es dependiente del contexto; una ruptura matrimonial tendrá efectos diferentes en una persona educada en un ambiente favorable, o en un francés en lugar de en un español. Sin embargo, otras disciplinas incuestionables como la meteorología, juegan también con amplios abanicos de probabilidades, incluso en física. ¿Dejan de ser ciencia por eso? 6 – La psicología no es útil. Como mejor se derrumban los mitos es mostrando hechos que los contradigan. (i) Las técnicas psicológicas han mostrado su utilidad en, por ejemplo, control conductual tanto en personas con autismo, como niños y animales; (ii) se ha generalizado el uso de pruebas de inteligencia y aptitudes para la población escolar y recursos humanos; (iii) el sistema de reconocimiento de testigos en los departamentos de policía ha pasado de la exposición en paralelo (todos a la vez, en frente y tras un cristal, como en las películas), a una exposición serial; (iv) es ampliamente conocido hoy en día cuán maleable y frágil es la memoria; (v) los estudios sociales han supuesto un cambio de paradigma en otras disciplinas como la economía, donde se ha pasado del estudio racional del consumidor, a uno lleno de sesgos (esto le valió el Nobel de economía a Kanheman); y finalmente, (vi) las investigaciones sobre percepción han ayudado a mejorar la seguridad vial. La psicología también puede ser útil para destapar mitos relacionados con la sexualidad y la discapacidad. […]

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