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Mareas humanas

Al hablar de “la masa” puede que a muchos les venga a la mente ese amasijo de músculos verdes, descerebrado y con tendencia a destrozar todo lo que se ponga por delante. Muchos ya lo conocerán por Hulk, y lo cierto es que aunque en su nombre original no tenga que ver con el tema, en su forma española resume algunas ideas que veremos a continuación. Fuerza bruta, emociones incontroladas e impulsividad son una parte de lo que solemos identificar con las “masas” o grandes grupos de personas. Pero ¿se corresponde o no con la realidad?

Mareas humanas

En un artículo anterior pudimos ver cómo los grupos pueden influirnos hasta hacer cosas de las que no nos creeríamos capaces. En él, planteamos si a mayor tamaño del grupo mayor sería el cambio en nuestras acciones.  Aunque es un tema controvertido lo cierto es que la “Psicología de las masas”, o Psicología de los grupos, lleva explorando estas cuestiones de forma cada vez más seria desde hace casi dos siglos. Sin embargo, por sus características, resulta casi imposible de estudiar en laboratorio. Aún así, sí que contamos con abundantes aportaciones de forma descriptiva, aunque ello no sea plato de buen gusto para un gran sector de nuestra disciplina. De hecho, a esta escala, la Psicología se puede mezclar con la Sociología y ello ha sido, en ocasiones, fuente de más problemas que de colaboración.

Si hablamos de Psicología social tenemos que usar el concepto que Floyd Allport, considerado como su fundador como disciplina científica, dio de las masas: “un conjunto de individuos que atienden y reaccionan ante un objeto común, estando su conducta generalmente acompañada de fuertes reacciones emocionales. El comportamiento del individuo en multitud es idéntico al que utilizaría en aislamiento, si bien varía en intensidad.” Como vemos da una definición que seguramente encaje con lo que muchos pensaríamos: que el hecho de encontrarnos dentro de una gran cantidad de gente no altera cómo sentimos, pensamos o nos comportamos. Pero no todos los expertos clásicos pensaban así…

Si nos vamos a la definición de otro “gigante social” de finales del siglo XIX y principios del XX, Gustave Le Bon, nos encontramos con que una masa: “es una aglomeración de seres humanos que tiene como característica la impulsividad, la inconstancia, la irritabilidad, variaciones bruscas de humor, incapacidad de razonar, ausencia de juicio y espíritu crítico, credulidad y exageración de los sentimientos…” Desde luego es un concepto que no tenía connotaciones precisamente positivas y puede que baste recordar el uso que se hizo de las masas durante “el terror” de la Revolución Francesa o el que haría el nazismo de las masas pocos años después.

En un grupo muy grande pueden llegar a darse fenómenos curiosos y sorprendentes como la pérdida de las normas y valores individuales (que en un grupo más pequeño sólo se ven atenuadas). Si las emociones están a flor de piel, como en una manifestación multitudinaria que desemboca en revuelta, puede llegarse a extremos peligrosos como el contagio conductual o la pérdida de identidad individual. Las personas dejan de medir sus acciones en función de su código moral propio y lo que normalmente harían y pasan a actuar de forma más automática, como un enjambre. Así, por ejemplo, mientras que un par de oficinistas cualquiera no suelen andar por la calle quemando contenedores, en el fragor de los disturbios el miedo al castigo y las inhibiciones propias pueden llegar a desvanecerse, sobre todo cuando muchas otras personas ya están manos a la obra cerca de ellos.

En este contexto, son clásicos los casos extremos como los de los hinchas deportivos violentos, que protagonizaron hace casi un año los “ultras” del Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña, resultando muerto uno de ellos. Sin embargo, las personas que forman parte de estas organizaciones violentas no se ven precisamente transformadas por los grupos o masas que les rodean, más bien los buscan para llevar a cabo esos mismos actos violentos y vandálicos. En cualquier caso, resulta interesante la definición que hace Kerr de las siete etapas de “adicción al hooliganismo”, que podéis consultar en el link anterior.

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Volviendo a personas menos violentas y más corrientes… ¿Ayudarías a una persona a la que otra esté atacando? ¿Intentarías parar una agresión sexual si te toparas con ella? Es prácticamente seguro que responderás que sí, incluso aunque pueda conllevar un peligro directo para tu seguridad. La realidad es que muchas de las mujeres y hombres que afirmarían acudir en la ayuda de alguien que les necesite no lo harán, no por cobardía o por egoísmo, sino por indecisión: Si nadie más está ayudando será porque no será tan grave… Somos muchos y ya habrá llamado alguien a la policía…”.

Existen numerosos casos que han trascendido a la prensa en los que han sucedido palizas a la vista de decenas de personas que, en lugar de impedirla, se han quedado observando, algunos de ellos incluso grabándolas con su móvil. Esto se denomina efecto espectador y es más frecuente cuando la situación pueda ser equívoca o no esté clara, o no haya nadie aún intentando ayudar, lo que hace que la responsabilidad se “diluya”. Cuanto más clara sea la necesidad de ayuda, y más similar sea la víctima a la persona que observa más fácil será que se acuda en su auxilio. En nuestro país ha vuelto a la actualidad recientemente con algúnexperimento social” sobre conductas de violencia de género en plena calle. ¿Surrealista? Puede parecérnoslo, pero tenemos abundantes ejemplos de que es un fenómeno común.

Pero no todo es pasividad en estos grandes grupos de personas… En los ambientes colectivos nuestras emociones pueden dispararse, aunque ello no tenga porqué ser algo negativo, como podemos comprobar en los conciertos, donde la mayoría de la gente da rienda suelta a su conducta sin que se dañe a nadie.

Pero también existe un reflejo oscuro del comportamiento de masas. En los últimos años, Internet nos ha brindado una ventana privilegiada a estos en diversos países del globo, como es el caso del acoso sexual extendido en muchas de las concentraciones de la Primavera Árabe, los más sonados y recientes en Alemania estas navidades o incluso en nuestros San Fermines. Sin embargo, hay que recalcar que aunque el comportamiento de las masas pueda descontrolarse fácilmente (ya que el “control conductual o moral” no tiene porqué ser fuerte a esta escala) no excluye que haya personas con tendencia a aprovecharse del anonimato que brindan estas concentraciones para llevar a cabo conductas reprobables. Clásicos son ya los ejemplos de las protestas ciudadanas que acaban desembocando en saqueos y quema de mobiliario urbano, sobretodo al otro lado del charco.

Autores recientes asocian a las multitudes, malintencionadas o no, variables como la transitoriedad (ya que suelen tener una duración muy limitada), la sensación de seguridad o impunidad de sus miembros por resultar anónimos, y un comportamiento imprevisible y muy sugestionable. Aunque no suela haber roles ni normas definidas sí que suele haber un objetivo común, emocionalmente intenso, y en ocasiones, un líder o lideresa que posea gran habilidad para sugestionar a las personas que forman la masa en el sentido que crean oportuno.

Incidentes trágicos como la avalancha de la Meca de hace unos meses, que se saldó con más de 700 muertos, ilustran de forma estremecedoramente clara lo que “la masa” puede hacer a la conducta normal de las personas. Algo tan simple como andar ordenadamente se vuelve imposible cuando el terror se activa en los peregrinos y, antes de saber qué es lo que pasa y porqué, corren el resto se ve arrastrado en un maremagnum de pies, ansiedad e irracionalidad. Lo único que importa es intentar escapar de ese lugar y de ese peligro, sin importar a quien se lleven por delante en el camino.

El estudio del pánico como fenómeno está muy ligado a experiencias traumáticas como catástrofes, por lo que resulta especialmente útil en la gestión de emergencias. Identificar los patrones que caracterizan o predicen el pánico colectivo puede salvar muchas vidas. La mayoría de las nuevas investigaciones sobre comportamiento colectivo se orientan hacia el campo de las emergencias o el de movimientos sociales con una clara deriva política, no siendo este último tema una materia sobre la que nos guste pronunciarnos desde Psicomemorias.

Volviendo a las características de las masas, las concepciones clásicas solían dar por sentado que estos enormes grupos debían tener contacto presencial, pero gracias al auge de Internet también se contemplan como masas los fenómenos fan online o incluso el trolling, que para algunos autores, comparte muchas características con la peor cara del comportamiento colectivo. Puede que sea precisamente este invento, Internet, el que cambie para siempre la Psicología social, marcando el camino para las masas del futuro, ya que por su funcionamiento y anonimato posibilite las conductas que hemos descrito antes desde la soledad y comodidad del hogar.

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En este tándem de artículos hemos visto como la pasividad en la que se nos educa puede ser positiva para la especie y útil para integrarnos en sociedad, sin embargo, este fenómeno puede tener un lado oscuro bastante importante. Voluntaria o involuntariamente el grupo o la masa pueden arrancarnos una parte de nosotros mismos, cambiando nuestra personalidad y conducta hasta llegar a hacernos irreconocibles. Que nadie salga corriendo a aislarse en una cueva, ya que relacionarnos con otros es necesario, positivo y nos ayuda a desarrollarnos durante toda nuestra vida, pero hay que ser fuerte para resistir las presiones nocivas que puedan llegarnos y no ceder hasta convertirnos en alguien al que no reconozcamos en el espejo.

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

1 Interacción

  1. 11/04/2016

    […] Mareas humanas […]

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