Madre adolescente, ¿por qué no? - Psicomemorias
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Madre adolescente, ¿por qué no?

Estamos en un parque. Vemos un niño pequeño, de unos tres años, que se sube al tobogán, salta, corre a los columpios… Tras ese niño, una chica de dieciséis años le anima a saltar más alto, correr más rápido, etc. Automáticamente pensamos, ¿será su hermana, su canguro o…?

Tememos pensar que pueda ser su madre.

Cuando pensamos en la maternidad adolescente inevitablemente sospechamos que algo no marcha bien. Creemos que las niñas han echado por tierra su futuro, que seguro que ha dejado de estudiar por este motivo, que ese niño no se desarrollará igual… Llegamos hasta a cuestionarnos, desde un simple vistazo desde el otro lado del parque, si esa chica tendrá la capacidad para hacer frente a la maternidad… ¡sin conocerla!

Pero, ¿no estaremos siendo demasiado alarmistas? ¿Por qué no pensamos algo similar cuando vemos a un hombre de cincuenta años con un bebé en brazos? ¿Por qué no pensamos que el desarrollo de este niño ser verá afectado, cuando llegada la adolescencia, su padre sea un anciano (es decir, tenga 65 años o más)?

Con esta entrada, intentaremos romper una pequeña pero necesaria lanza por la maternidad adolescente. Es necesario advertir antes de empezar que en ningún momento la intención de este artículo es fomentar el embarazo adolescente, pero tampoco es nuestra intención estigmatizarlo ni promover su disminución. El objetivo de esta lectura es que reflexionemos juntos, como sociedad, sobre cómo estamos contribuyendo a este fenómeno y cómo preferimos contribuir.

Transición a la maternidad

La maternidad (y paternidad) se trata de uno de los momentos más significativos en la vida de una persona. Si todos estos procesos resultan impactantes en la adultez, más lo son en la adolescencia. De forma general, en esta etapa ocurren grandes cambios que afectan a aspectos fundamentales de una persona, por lo que, ser madre adolescente obliga a la persona a adoptar un rol típicamente adulto sin contar, en ocasiones, con la madurez psicológica necesaria.

En comparación con las madres adultas, las adolescentes experimentan cambios más profundos personal e interpersonalmente. La maternidad a esta edad supone una mayor discontinuidad en la trayectoria vital, pues cuentan generalmente con menos recursos, por ejemplo, suelen llevarse a término en solitario pues los adolescentes varones no tienden a implicarse en su paternidad.

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La maternidad adolescente supone una mayor discontinuidad en la trayectoria vital que durante la adultez (Fuente: Google Images).

El fenómeno del embarazo en adolescentes se produce a nivel mundial, aunque está fuertemente determinado por los factores culturales. Tanto el acceso a las medidas anticonceptivas como la información disponible respecto a la sexualidad y las prácticas seguras dependen de los programas puestos en prácticas en cada país por parte de los gobiernos y justifican las diferencias entre zonas geógraficas. En este enlace podéis consultar un gráfico con las cifras por países de la UE:

Visión negativa VS positiva

La visión tradicional sobre la maternidad adolescente siempre ha partido desde un punto de vista negativo. Ha sido considerada un problema social, y por tanto, como un evento a evitar, que además conlleva graves consecuencias. Desde esta perspectiva, estas madres son vistas como menos competentes y están peor preparadas para afrontar la maternidad por su edad y otros factores asociados a la adolescencia.

Pese a esta visión negativa, cada vez es más frecuente la aparición de estudios y opiniones que defienden no ver la maternidad adolescente desde la perspectiva del riesgo, sino desde la perspectiva de la oportunidad. Dichos estudios se centran en contextos de pobreza, donde este fenómeno es más frecuente, pero sus enseñanzas pueden extrapolarse a otros contextos.

La perspectiva que defiende que la maternidad adolescente no es siempre un obstáculo para el desarrollo de las jóvenes y sus criaturas sostiene que este modo negativo de verla tiene su origen en las familias convencionales de clase media. Dicho perfil no refleja las tradiciones y las situaciones que ocurren en sectores pobres, justamente donde más se produce. El embarazo adolescente es presentado como indicador de riesgo social, quedando la vivencia de las madres adolescentes relegado a un segundo plano para considerar que lo fundamental es que se está tratando con un problema social, médico o moral.

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La maternidad adolescente es más frecuente en contextos de pobreza y con pocos recursos, donde puede convertirse en una conducta resiliente (Fuente: Google Images).

En contextos de riesgo y pobreza, ante las bajas expectativas de poder acceder al mercado laboral o de obtener trabajos con prestigio, para las jóvenes de escasos recursos económicos la maternidad temprana puede ser una vía para obtener reconocimiento social. El hecho de que el contexto social influya en la visión que tengan de sí mismas las adolescentes que se encaminan hacia la maternidad pone el foco de atención en la importancia de la subjetividad en la evaluación que puedan hacer las adolescentes sobre su propia maternidad. Así, la maternidad adolescente no tiene un significado único ni definitivo, sino que depende de las concepciones que la adolescente tenga de sí misma y de su rol en la vida.

En un contexto de pobreza y tradicional, la maternidad es vista como una manera de confirmar la feminidad y la identidad, una forma de sentirse valoradas y dar sentido a la vida, permitiéndolas ser dueñas de su propio futuro. Dicho en términos más psicológicos, la maternidad se rige como un rol estructurante en la identidad de estas jóvenes, convirtiéndose así en una conducta resiliente.

La maternidad adolescente debe ser entendida desde su propia realidad: una “estrategia social” o una “estrategia de supervivencia” en contextos de extrema vulnerabilidad. Puede ser entendida como un camino a través del cuál conseguir unos objetivos, socialmente legítimos, que resultan difícilmente accesibles por otros medios en contextos adversos.

En resumen, el embarazo adolescente puede ser vivido en determinados entornos no como un problema, sino como una solución a una situación problemática en la que las expectativas de futuro brillan por su ausencia. Como hemos visto, estos estudios se centran en contextos de pobreza, siendo necesario por parte de la comunidad científica hacer un acercamiento a contextos con mayor número de oportunidades para conocer qué elementos tienen en común y qué nuevas perspectivas se abren.

Conclusión

Nuestra conclusión es clara: no es la edad la variable que marca las diferencias entre una maternidad adulta y una adolescente, sino la interacción de la edad con otras variables como serían la madurez psicológica, el apoyo familiar, el apoyo institucional, etc.

Teniendo esto en cuenta, no debe verse la maternidad en la adolescencia como una situación de riesgo, sino que cualquier maternidad en la que se cuenten con pocos apoyos pasa a ser de riesgo. Visto así, el soporte instrumental y emocional es un factor protector para las madres, en cualquier edad. Dicho soporte puede ser promovido a través de la sociedad, como sería un programa de formación para la maternidad, y a través personal con nuestras actitudes.

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Cualquier maternidad en la que se cuenten con pocos apoyos pude convertirse en una maternidad de riesgo (Fuente: Google Images).

Bajo este prisma, la maternidad adolescente será vista como un factor de riesgo siempre y cuando la cultura lo promueva, y dejará de ser vista así cuando se intente responder a sus necesidades (que toda maternidad tiene) y no añadir más dificultades a la misma. Por ejemplo, todas las futuras madres adultas acuden a cursos de premamá en un ambiente normalizado y hasta lúdico. Sin embargo, la atención a madres adolescentes en la mayoría de ocasiones se da desde Servicios Sociales o instituciones similares que, de antemano, estigmatizan a estas jóvenes.

Dicho de otro modo, la próxima vez que vean a una madre adolescente en un parque, no sientan lástima por ella, atrévanse a sentirse orgullosos de ella.

Para saber más…

  • Una película: Los chicos de mi vida.
  • Una serie: Las chicas Gilmore.

Sobre Carmen Paniagua

Psicóloga evolutiva y Máster Oficial en Intervención y Mediación Familiar. Actualmente, está realizando el doctorado con el estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) de la Organización Mundial de la Salud y con un proyecto de ruptura en adopción y acogimiento familiar.

4 Interacciones

  1. Estimada Carmen,
    Gracias por proponer una perspectiva más positiva sobre la maternidad durante la adolescencia. Comparto plenamente la idea de que cualquier tipo de maternidad es una situación llena de riesgos y oportunidades, de retos y limitaciones.
    Sin embargo, en las argumentaciones que presentas no he encontrado referencias al desarrollo de los niños y las niñas que viven en estas familias.
    Los datos que yo manejo (algo anticuados ya) parecen señalar a que hay más propensión a que nazcan con bajo peso, más problemas respiratorios y madurativos. Además, un año después de nacer, estos bebés presentaron más bajo nivel de desarrollo mental y sus mamás eran bastante menos hábiles en las interacciones que promovían desarrollo cognitivo que las mamás adultas.
    Comparto contigo que en el momento en que bajamos a una familia en concreto nos damos cuenta de que no todo es riesgo. Pero cuando se hacen políticas de prevención y promoción de la salud es necesario contar con los grandes números.
    De todos modos, los datos que yo he contado son parciales y antiguos (cuando el SPSS estaba en pañales) y tu planteamiento está muy en sintonía con esta corriente del positivismo que ahora nos invade y llena de titulares todos los «Journal of…» en los que aspiramos a publicar. Gracias!

  2. Carmen Paniagua dice:

    Gracias por tu comentario José, nos encanta recibir feedback y más si es de gente experta en el tema.
    Conozco vuestra investigación, y no creo que sea anticuada. De hecho, la utilicé para la base de la que partió este artículo.
    Sin embargo, como bien dices, he intentado dar una visión positiva con el fin de intentar no estigmatizar este tipo de familias, y eso resulta más sencillo de hacer si nos centramos en las madres que si lo hacemos en sus hijos e hijas. Como indico en la información que doy, los beneficios de la maternidad adolescente a día de hoy sólo se han encontrado en contextos de pobreza o en desarrollo. Quizás estos beneficios no existan en otros contextos… o quizás sí, quizás no hemos sabido aún medirlos desde la perspectiva de las madres.
    Desde luego, aún queda mucho por investigar (y publicar, menos mal).

  3. Bueno, quizá haya beneficios en comunidades concretas; quizá estén relacionados con el acceso de estas madres-niñas a algún tipo de reconocimiento social. Sin embargo, las políticas que se están desarrollando en escenarios más empobrecidos están más encaminadas a la promoción de la maternidad en la adultez y la prevención de embarazos durante la adolescencia. Te paso algo que leí hace unos días y que puede añadir bastante luz a este tema que nos apasiona:
    http://elpais.com/elpais/2015/08/21/planeta_futuro/1440170729_625332.html
    Un beso grande y felicitaciones a quienes gestionáis este espacio.

  1. 02/09/2015

    […] Madre adolescente, ¿por qué no? […]

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