Lágrimas en el cielo - Psicomemorias
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Lágrimas en el cielo

En 1991 Eric Clapton perdió a su hijo Connor Clapton, y en un intento de sacar de dentro aquel infinito dolor escribió la emotiva canción Tears in heaven. La pérdida de un hijo o hija es la más aberrante de las circunstancias que puede resquebrajar todos los aspectos de la vida de una persona. A medida que crecemos nos vamos preparando para la muerte de los que van envejeciendo, nuestros padres y abuelos, pero nadie nos prepara ante la remota posibilidad de que alguien más joven que nosotros muera y mucho menos si se trata de nuestros hijos.

El dolor amor más profundo

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(Fuente: Flickr).

“El sentido de la vida cambia completamente cuando tienes un hijo. El mundo se vuelve mejor y da más miedo también, porque tienes miedo de que aquello se rompa”.

Ana María Matute.

Una familia es un árbol y en el momento en que una de sus ramas se rompe, ya nunca más volverá a crecer. Crecerán otras ramas, saldrán hojas verdes y bellas flores, pero nada llenará nunca ese hueco, esa herida abierta o cerrada que es la muerte de algo tuyo, que nace de ti y por lo que vives.

Usamos las palabras para etiquetar lo que vivimos y lo que sentimos. Los eufemismos son sustitutos de situaciones que nos incomodan tanto que no podemos nombrarlas (tercera edad, fallecimiento, interrupción del embarazo…). Pero hay conceptos que duelen tanto que ni siquiera tenemos un eufemismo con que nombrarlos: la mujer que pierde a su pareja es una viuda, el hijo que pierde a su padre es huérfano, la madre que pierde a su hija es… innombrable.

La muerte de un hijo evidencia la ruptura del mundo y de su orden lógico y natural. No sólo es tremendo el dolor, sino la desorientación, la confusión y la pérdida del suelo que hasta ahora nos sustentaba. Un hijo no puede morir y es esta paradoja altamente punzante y estresante la que sirve como punto de partida para un proceso de duelo que puede ser complicado.

Es un duelo difícil de llevar por varios motivos. Por un lado la culpa. Se supone que los padres y madres deben proveer de cuidados y bienestar a sus hijos, protegerles y amarles. ¿Qué tipo de progenitor es aquel que permite que su hijo o hija muera? ¿Cómo puedo permitirme vivir plenamente mientras mi hijo, el que tenía toda una vida por delante, ya no está? Los padres y madres tienen que lidiar con la contradicción de, necesitar por un lado liberarse del dolor abrumador de la pérdida para seguir viviendo; y por otro lado necesitar de ese dolor para poder seguir recordando al hijo. Hasta que se aprende a encauzar esos sentimientos y darles una salida más edificante y constructiva, dejar de vivir es dejar de sufrir, y sufrir es recordar.

Se produce una transformación en los roles: se sigue siendo padre a pesar de que el hijo ya no esté, se sigue siendo pareja aunque la relación se haya visto deteriorada por el trauma y se sigue siendo madre de los hermanos del fallecido; pero ninguno de estos roles se va a vivir de la misma forma a partir de entonces, nada volverá a ser como lo era antes, la muerte plantea un punto de inflexión irrevocable. Aunque el río sea el mismo, ya no lleva la misma agua.

Por otro lado, es muy frustrante seguir queriendo a tu hijo, querer cuidarlo y que él ya no esté. No sólo tienen que iniciar un duelo por el hijo o hija que ya no está, sino también por unos nietos que no nacerán, por unos éxitos que no conseguirá, por los cumpleaños que no se celebrarán, etc.

Comienza lo que yo llamo “el año de las primeras veces”: primera Navidad sin él, primer verano, primer cumpleaños, primer día del padre, primer día de la madre, primer inicio de curso… Después de este año de dolor eventual, se comienza a encajar la pérdida y, muy poco a poco, a ir retomando la vida y colocando a nuestro hijo o hija y todos sus recuerdos en un lugar de nuestra memoria del que poder entrar y salir a nuestro sin que eso pare nuestro mundo, convertir el dolor en nostalgia y la necesidad en añoranza.

Características comunes e individuales

Tal y como hemos comentado en otras ocasiones en Psicomemorias, toda pérdida conlleva transitar por una serie de etapas más o menos homogéneas en todas las personas. No son ni tan lineales como se creía, ni tan estancas en un orden establecido. Pero si pueden servirnos como orientación para conocer casi todos los momentos por los que puede pasar una persona en duelo.

Para cualquier pérdida, y especialmente cuando se pierde a una hija o un hijo, es muy importante compartir las emociones y los pensamientos repetitivos. Es común sentir ira, rabia, frustración, pesimismo, tristeza y culpa. El contar con personas que permitan expresar todo ello es muy beneficioso para no estancarse en el proceso del duelo y permitir que la persona pueda encontrar sus propias respuestas a todos sus por qué y para qué.

Hay algunas circunstancias que pueden hacer más particular la pérdida de un hijo frente a otro tipo de pérdidas. Algunas de ellas pueden ser:

  • Experiencias de vida personales: relaciones previas con muertes cercanas, hijos que han sido altamente deseados debido a procesos de reproducción asistida o adopción
  • Edad a la que muere el hijo o hija: no son las mismas preguntas ni frustraciones las que se generan en la muerte de un adolescente que en la de un bebé de pocos meses.
  • Características concretas de la muerte: una muerte “anunciada” da la oportunidad a los padres de ir preparándose para lo que tarde o temprano va a ocurrir, mientras que una muerte inesperada, negligente u homicida es mucho más difícil de sobrellevar. También es importante disponer de un cuerpo al que velar y dar sepultura. Todos conocemos casos tristemente célebres donde la desaparición de un hijo o hija queda sin resolución y eso estanca más allá de lo saludable el proceso natural de duelo.
  • Personalidad: aquellas personas que tienen historia previa de trastornos psicopatológicos, menos herramientas de afrontamiento, menor resiliencia y capacidad de sobreponerse ante las pérdidas, son más proclives a pasar por un duelo más complicado.
  • Familia y antecedentes culturales: en culturas más colectivistas (como puede ser la latinoamericana o la mediterránea) donde todo se comparte y se gestiona de forma gregaria, es más fácil dar salida a las emociones y sentirse comprendido y escuchado. Las características concretas de la familia, pareja, amigos y entorno laboral también pueden facilitar o dificultar el duelo.

Situaciones especiales de crianza

Hay familias que, por sus características no normativas, viven la pérdida de un hijo con más dificultad si cabe. Podemos encontrar ejemplos como:

  • Hay que prestar especial atención al resto de hijos si es que los hay: Un hermano se puede convertir en hijo único; un hermano menor se convierte en el mayor o el hijo único; el hermano del medio pierde ese título; o los padres no pueden, o quizás no quieran, tener otro hijo. Sin embargo, el orden de nacimiento del hijo que murió queda permanentemente en la memoria histórica familiar.
  • Familias monoparentales donde el adulto que queda solo o acompañado de otros hijos puede quedar sobrepasado por el trabajo que requiere ocuparse en soledad de la familia y, además, gestionar el dolor del resto de sus hijos y el suyo propio. El resto de la sociedad no siempre entiende que el dolor psicológico sea incapacitante, y se dan muchas situaciones donde no hay facilidades laborales ni institucionales para estas personas.
  • Cuando los padres son muy jóvenes, adolescentes, se tienen menos recursos para afrontar (y entender) qué es lo que ha pasado. Incluso pueden ver invalidado su dolor por su temprana edad o situación.
  • Padres en situaciones financieras difíciles cuya lucha por satisfacer sus necesidades más básicas los hace reprimir o ignorar sus necesidades en duelo. Aunque tu vida se haya paralizado momentáneamente, el resto del mundo sigue girando. Las facturas tienen fecha de emisión y vencimiento, los clientes demandan y los cursos escolares continúan.
  • Familias reconstituidas y/o parejas divorciadas pueden necesitar recursos particulares. Hay hermanastros, padrastros y madrastras que, si bien no tienen lazos de sangre con el fallecido, si pueden sentir su pérdida y necesitar ayuda al igual que los familiares biológicos. Puede haber dolores no comprendidos o invalidados.
  • Padres adoptivos de quienes algunas personas pueden esperar que sientan menos dolor del que sentirían si fueran los padres biológicos, ya que se percibe que su “lazo” con el hijo es menos intenso que si hubiera sido un hijo biológico.
  • Padres y madres de hijos con los que no se ha llegado a tener relación por un aborto o por complicaciones en el parto. Su dolor puede ser exactamente el mismo que sentiría una madre o padre que sí hubiera tenido tiempo de conocer a su hijo o hija.

Síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL)

Aunque cada caso es diferente, queremos hacer hincapié en un tipo de muerte que implica un impacto muy grande en los padres: el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). Se trata de la muerte repentina e inesperada de un niño menor de 1 año de edad, en la cual la autopsia no revela una causa explicable de la muerte.

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Se ha reportado que de 3.5 a 5% de casos diagnosticados como SMSL correspondieron a SNM. (Fuente: Flickr).

Es importante aclarar que si bien no dudamos de la existencia del SMSL, hay que establecer de forma tajante la diferencia con el Síndrome del Niño Maltratado (SNM), que se define como una forma grave de maltrato infantil causada por una sacudida violenta de un bebé o de un niño. En este artículo nos estamos refiriendo a los casos en los que tras un análisis exhaustivo de la historia clínica, la autopsia y la escena de la muerte, se puede hablar del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL).

El impacto del SMSL presenta factores únicos de duelo y puede despertar problemas psicológicos en los padres y la familia del menor. Los padres deben lidiar con la muerte del bebé, la cual no entraba dentro de sus planes (como podría ocurrir en otro tipo de enfermedades) y además, no cuenta con una explicación satisfactoria. Actualmente no hay respuestas claras por parte de la medicina a las causas de este síndrome.

No hay tiempo de despedirse ni de allanar el terreno para el proceso de duelo, la pérdida irrumpe como un mazazo en la vida de unos padres que en muchos casos son primerizos (con el trauma que supone ser padres y, de repente, “dejar de serlo”).

El SMSL a menudo sucede en el hogar, forzando a toda la familia a presenciar la dramática escena y a tenerla para siempre en la memoria como el último recuerdo del bebé. Si cuando un hijo muere siempre quedan sentimientos de culpa y rabia por no haber hecho lo suficiente, aún son más profundos en estos casos de muertes repentinas e impredecibles. Es posible que sientan que si hubieran estado más pendientes del menor, esto no habría pasado.

Por otra parte, a nivel social, el duelo puede hacerse muy duro. A los demás les cuesta reconocer que, a pesar de la brevedad de la vida del niño, el apego de la familia con él sea fuerte y profundo y que ha estado presente de muchas formas desde el momento de la concepción. Además, hay que sumar a todo ello que para diferenciar el SMSL del SNM, las instituciones sanitarias y policiales tienen que cerciorarse de que los padres no son causantes de la muerte del menor y, como se puede imaginar, cuando se trata de un caso real de SMSL, la angustia y frustración generadas puede sumarse al ya complicado duelo.

La muerte de un lactante hace sentir muy vulnerables y confusos a los adultos, pues no solemos reparar en que estar vivos y sanos es un hecho más fortuito de lo que pensamos. Vivimos con un sentimiento de control que es más consensuado que natural y son eventos así los que tambalean los pilares de nuestro mundo. En el caso de otros hermanos, es especialmente difícil hacerles entender que su hermanito o hermanita ya no está y que no hay una causa lógica por el cual lo ha hecho. Para los niños y niñas es más fácil entender la muerte si el que muere es anciano o está enfermo, pero no es éste el caso.

Es por esto que los padres en duelo necesitan personas que ofrezcan un apoyo de forma incondicional, que les sirvan como ancla en esta etapa convulsa de su vida. Sobre todo al principio es importante que el entorno deje a los padres hablar sobre el hijo, llamarlo por su nombre y ayudarles en la labor de que ese niño, pese a su corta vida, no permanezca en el olvido y sea recordado y querido por su familia.

Conclusiones

(Fuente: Flickr).

(Fuente: Flickr).

“No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida”.

Viktor E. Frankl

Estas son algunas de las tareas que la personas llevan a cabo con el fin de seguir adelante, reinterpretar su dolor y dar un sentido nuevo a sus vidas:

  1. Admitiendo ante ellos mismos y ante otros que su sufrimiento es abrumador, impredecible, doloroso, agotador y extenuante y que no se debe reducir ni ignorar.
  2. Dándose permiso para sentir rabia y admitiendo que son vulnerables, que están indefensos y que se sienten desorientados.
  3. Entendiendo que para sanar la herida, esta tiene que escocer y que necesitan integrar el dolor en sus vidas.
  4. Reconociendo la necesidad y el deseo de hablar sobre su hijo fallecido, así como de los eventos futuros que nunca se vivirán junto al niño.
  5. Encontrando, dentro de las creencias particulares, un significado a la vida de su hijo, sin importar lo corta que haya sido.
  6. Expresando sus emociones y reflexiones de las formas en que mejor puedan hacerlo: escritura, pintura, escultura, teatro, poesía… Hay múltiples ejemplos de padres y madres que tras perder a un hijo por cáncer u otra enfermedad, se han unido con otros padres en asociaciones de ayuda para jóvenes como los que perdieron.
  7. Siendo pacientes y comprensivos consigo mismos y con los familiares que también están viviendo la pérdida.
  8. Pidiendo ayuda cuando se necesite y contando para ello con la familia, los amigos o el personal cualificado para ello.
  9. Liberándose del miedo y de la culpa cuando se sea capaz de hacerlo y cuando el dolor vaya menguando.
  10. Aceptando que se pueden sentir emociones placenteras y continuar con sus vidas, sabiendo que el amor por su hijo trasciende a la muerte y que siempre irá con ellos. Por muy traumática que sea una experiencia, siempre hay hueco para reír recordando una anécdota, para recuperar la ilusión por vivir junto a los que sí están o encontrar un propósito que haga que todo vuelva a encontrar sentido.

Puede resumirse en tres premisas básicas:

  1. Acepta lo que has perdido, lo que perderás y todas las emociones y pensamientos que ello te genera.
  2. Expresa lo que sientes, compártelo con quienes te quieran y date permiso para necesitar ayuda.
  3. Deja atrás el miedo, la tristeza y la culpa, y haz de tu vida el mayor homenaje a tu hijo o hija.

 Para saber más…

Sobre Javier Corchado

Psicólogo. Ha participado en diversas investigaciones sobre Psicooncología en la Universidad de Sevilla. Desde 2010 a 2015 colaboró con la Asociación Española Contra el Cáncer, al principio como voluntario en el Hospital Virgen de Macarena y desde 2012 como voluntario online en www.aecc.es. Actualmente estudia para pertenecer al Cuerpo Superior Técnico de Instituciones Penitenciarias en la especialidad de Psicólogo, a la vez que es editor y autor en Psicomemorias.

7 Interacciones

  1. Pedro Cabrales dice:

    Gracias… En un momento difícil de una pareja amiga… La pérdida de un hijo fallecido por cáncer en un país hoy sin ningún tipo de recursos VENEZUELA.
    He copiado el texto y se los envié.
    Me ha ayudado a mí. Que vivo lo que llamamos la diáspora venezolana y estamos todos incluso mis hijas en otro país.

  2. Dayana dice:

    Hace casi un mes perdí a mi hija, solo tenía dos años y siete meses. Un virus repentino, una neumonía… Todavía no lo acepto. No hay un día que no llore, no entiendo nada. Buscando respuestas a lo inexplicable llegué a esta página. Nada me consuela, ojalá sea cierto que algún día podré continuar con mi vida. Ya nada será igual.

    • Javier Corchado dice:

      Buenos días Dayana. Lamento muchísimo tu perdida. Debe ser un trance profundamente doloroso. Es cierto que ya nada será igual, pero encontrarás con el tiempo una vida distinta, en la que también serás capaz de vivir y disfrutar, y esa será la mejor forma de honrar a tu hija: vivir y disfrutar la vida que ella no pudo vivir. Si me permites el consejo, busca ayuda psicológica que te acompañe en este trance. Creo que va a ser un proceso largo y te puede servir tener una compañía que te permita entender y entenderte. Un abrazo.

  1. 15/04/2015

    […] donde explican el cometido de la misma y os invitamos a que leáis nuestro nuevo artículo, Lágrimas en el cielo, para saber más sobre la pérdida de un hijo o […]

  2. 11/05/2015

    […] Lágrimas en el cielo […]

  3. 29/06/2015

    […] ya hemos hablado en otra ocasión sobre duelo en Psicomemorias proponemos ahora una guía rápida para adultos (padres, profesores) sobre cómo afrontar la […]

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