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La ilusión de la postimagen negativa

Como nuestros queridos lectores ya sabréis, los psicólogos estudiamos a veces cosas que difícilmente parecerían pertenecer a nuestro campo. La estructura y función de los ojos es un buen ejemplo de ello. Sin embargo, ya que nuestra información sensorial es procesada por neuronas y transmitida a otras áreas del cerebro para analizarla (ofreciéndonos el sentido de la vista tal y como lo conocemos), los psicólogos tenemos un papel en ello.

Un efecto visual bastante conocido -seguro que muchos lo habréis experimentado-, ocurre cuando miramos atentamente a una imagen en blanco y negro durante 30 ó 40 segundos y, a continuación, dirigimos nuestros ojos hacia un fondo o una pared blanca y parpadeamos rápidamente. Si no lo has probado nunca y no te gustan los spoilers, será mejor que lo intentes ahora, antes de continuar leyendo:

Prueba de postimagen negativa

Este fenómeno es conocido como postimagen negativa. ¿Cómo puede ser que veamos algo que no está ahí realmente? ¿Se trata acaso de una alucinación? Para responder a estas preguntas tenemos que adentrarnos en la fisiología de nuestro órgano sensorial más preciado: el ojo. Como es probable que muchos de nosotros tengamos la Anatomía un poco oxidada, repasemos antes las principales estructuras que el ojo necesita para sentir, codificar y transmitir la luz que le llega del exterior:

-La córnea: es la capa externa del ojo, su función es la de proteger y enfocar la luz entrante a través de su curvatura. Para enfocar un objeto lejano se aplanará, y para objetos cercanos se curvará.

-El cristalino: se encarga, junto con la cornea, de enfocar la luz entrante en la retina.

Iris: es la parte pigmentada del ojo (de color) que controla la abertura de la pupila.

Pupila: parte centrar del ojo de color negra que se encarga de captar y regular la cantidad de luz. A mayor luz más pequeña se volverá, y al contrario cuanta menos luz mayor será mayor su apertura para una mayor captación lumínica.

Retina: capa de revestimiento de toda la cuenca ocular. En esta se encuentran los conos y bastones encargados de la recepción y tratamiento de la luz.

Ilustración de Ramón y Cajal en la que vemos, a la izquierda, células ganglionares. A la derecha, conos y bastones que forman el tapiz del ojo.

La luz que percibimos no es otra cosa que una onda electromagnética. Estas ondas entran en el ojo a través de la córnea, pasando por la pupila y el cristalino. Una vez llegan a la retina, al fondo del ojo, se encuentran con un fondo tapizado de conos y bastones. Estos últimos no procesan el color, sino que son muy sensibles a la cantidad de luz, de ahí que sean los que más nos sirven cuando es de noche. Por su parte, los conos son los responsables de que veamos los colores y los detalles más finos de nuestro entorno, pues tienen mayor agudeza.

Cuando un cono es estimulado por la luz de un color determinado comienza a sufrir una serie de cambios químicos que provoca la generación de un impulso nervioso. Sin embargo, conos y bastones no son las únicas células importantes de nuestra retina. Existen otros tantos tipos, uno de ellos las denominadas células ganglionares. Estas tienen una característica muy especial: responden de forma distinta en función de dónde incida el estímulo.

Vayamos poco a poco. Cada una de las células de la retina es capaz de ver tan sólo una pequeña porción del espacio que se encuentra frente a nuestros ojos. Es lo que llamamos campo receptivo. Además, algunas de ellas tienen campos receptivos más pequeños, con lo que son neuronas muy precisas y capaces de discriminar entre diferencias mínimas en la luz, y otras con campos receptivos más grandes, fundamentalmente para detectar rápido grandes cambios en nuestro entorno. Pues bien, este campo receptivo de cada célula de nuestra retina se puede dividir en centro y periferia. Así, como comentábamos antes, las células ganglionares responden de forma distinta cuando el estímulo cae en el centro de su campo receptivo a cuando lo hace sobre la periferia.

Durante mucho tiempo se pensó que el fenómeno de la postimagen negativa se debía a que las células se “fatigaban” después de estar activas mucho rato. No obstante, esta cuestión más que responder a la pregunta, arroja más incógnitas. ¿Qué le pasa a las neuronas cuando se fatigan? ¿Se quedan sin aliento?

Si miramos de nuevo a nuestras células ganglionares podremos dar con la clave del enigma de hoy. Cuando estas células son excitadas o inhibidas durante un tiempo prolongado, al producirse un cambio repentino presentan un efecto rebote. Es decir, si una de estas células está siendo silenciada porque el estímulo cae en la periferia de su campo receptivo, se activará justo en el momento de apartar la mirada y disparará potenciales de acción con mayor frecuencia de lo normal. Pero, ¿por qué se produce esto?

Imaginemos que queremos empujar una mesa. Nosotros no lo sabemos, pero esta mesa está atornillada al suelo, por lo que que por más que empujemos no se va a mover ni un milímetro. Y sin embargo empujamos y empujamos, cada vez con más fuerza ¿Qué ocurrirá si de repente quitamos los tornillos que anclan la mesa? En un abrir y cerrar de ojos toda la fuerza que hemos empleado avanzará de forma atropellada.

ilusión Hermann

Ilusión de Hermann

Veámoslo en la imagen, la ilusión de la cuadrícula de Hermann: en el ejemplo de los cuadros negros, uno cree ver puntos intermitentes en las intersecciones, mientras que en el otro ejemplo es al contrario y son puntos blancos los que aparecen.

Algo parecido es lo que ocurre en nuestros ojos con este fenómeno. Cuando observamos de forma prolongada una imagen como la de arriba, el color negro inhibe a algunas células ganglionares. Cuando apartamos rápidamente la mirada, la retina es estimulada por la luz blanca del espacio junto a la imagen las células ganglionares, que ya no están inhibidas, se activan más de lo normal. Por eso vemos una postimagen con los colores complementarios a los de la imagen original.

¿Nos engañan nuestros sentidos? Aunque podría parecer que lo hacen, estos curiosos efectos son un intento más de nuestro cerebro de compensar las limitaciones de nuestros órganos sensoriales, brindándonos una percepción unitaria, pulida y perfeccionada.

Sobre Antonio García Fernández

Psicólogo de emergencias. Miembro del grupo GIPED. Interesado en los ámbitos de la antropología, la sociología y la criminología. Tiene experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención con personas mayores. Actualmente está centrado en su carrera como opositor Policía Nacional.

1 Interacción

  1. 24/11/2014

    […] La ilusión de la postimagen negativa […]

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