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Guía del buen opositor: estilos de aprendizajes y otros cuentos

¿Te has decidido a opositar? Quizá te hayas cansado de no encontrar trabajo o, por el contrario, tenías claro que este era tu camino desde hace años. De cualquier manera, miles de personas van a competir contigo por una plaza. Las oposiciones son tan reñidas que, en casos extremos (pero cada vez más frecuentes), el mínimo detalle puede determinar que estés dentro o fuera. Y no, no siempre es cuestión de echar horas. A veces, quien ha sido más productivo con su tiempo, gana.

¿Quién no ha escuchado a alguien decir: “Yo estudio con música“, y seguidamente ha empezado un debate en el que, con toda seguridad, algún otro diría: “Puf, yo imposible“, y otro: “Si no entiendo la letra, a mí me ayuda“? ¿Has oído hablar de los estilos de aprendizaje? “Yo es que necesito ver las cosas, soy muy visual, se me queda todo de manera fotográfica“, “Yo aprendo mejor escuchándolo en el metro“. ¿Y qué me dices de esos truquitos que encontramos en Internet? “Cada hora, 5 minutitos de descanso“, “Yo me he instalado una aplicación que me bloquea Facebook en el móvil“, “Pues yo me pongo de un tirón, y hasta que el cuerpo aguante“. Hay quien medita y hasta quien le pone velas a la Virgen. Finalmente, unos pocos todo lo resumen, equivocadamente, en echar más horas que un reloj.

¿Quieres saber qué técnicas e ideas cree la gente que funciona pero son una farsa? Y mejor aún, ¿de cuáles tenemos evidencia de que funcione? Este artículo va dedicado a ti. Ánimo.

Realizar ejemplos uno mismo y buscar los porqués de las cosas son formas de reformular el contenido en nuestra memoria y enlazarlo al resto del material.

Realizar ejemplos uno mismo y buscar los porqués de las cosas son formas de reformular el contenido en nuestra memoria y enlazarlo al resto del material. Fuente: Flickr (rhodesj)

El efecto de trabajar el contenido

“Dímelo y lo olvido,
Enséñamelo y lo recuerdo,
Involúcrame y lo aprendo”

– Atribuida popularmente a B. Franklin

Un estudio más relacionado con todo esto data del año 2009. Sus autores se planteaban algo que todo estudiante de las últimas décadas ha podido preguntarse: ¿pueden las aburridas presentaciones de diapositivas (por lo general usando PowerPoint) hacerse mínimamente interesantes? ¿Y eficaces?

El estudio concluye (aceptando sus limitaciones y poniendo los resultados en cuarentena; si quieres puedes echarle un ojo al estudio original al final de esta entrada) que haciendo preguntas relacionadas con el contenido durante la presentación de diapositivas y permitiendo una breve discusión entre los estudiantes, las notas de los exámenes eran mejores comparadas con las de los alumnos que se sentaban y, de forma pasiva sólo atendían a la presentación.

¿A quién no le gusta hacer un Powerpoint? Los Powerpoints han venido para quedarse; mejor aprender a utilizarlos con cabeza y responsabilidad y no matemos a nadie del aburrimiento.

¿A quién no le gusta hacer un Powerpoint? Los Powerpoints han venido para quedarse; mejor aprender a utilizarlos con cabeza y responsabilidad y no matemos a nadie del aburrimiento. Fuente: Google Images

No tienes que irte muy lejos para buscar un ejemplo. Nosotros mismos a la hora de escribir sobre artículos como éste reforzamos y aprendemos sobre los temas que tratamos al tener que investigar sobre ellos, hacernos preguntas, filtrar la información (separar qué vale de qué no vale), sintetizarla y revisar todo una y otra vez antes de que vea la luz.

Control de distracciones

Primero WhatsApp, luego Facebook, ahora la foto de cortesía para Instagram desde la biblioteca… ¿Quién no ha tenido un día tonto y ha dicho: “Mañana no levanto la cabeza de los apuntes“? Pero al día siguiente, vuelta a empezar. Dependes más de si recibes mensajes o no, que de ti mismo.

Si quieres solucionarlo, estás de enhorabuena. Aquí te lo explicamos.

La idea de los registros conductuales es hacernos conscientes de nuestra situación: qué nos distrae, cuándo y dónde, y cuánto tiempo perdemos. Seguro que si estamos de fiesta o viendo una buena película, no nos llama tanto la atención el móvil como cuando estudiamos. Y si miramos el móvil en el cine, ¿lo usas tanto como cuando te distraes estudiando?

Usando como plantilla el de la imagen de arriba (aunque podemos registrar más aspectos de las distracciones), podemos rellenar nuestro propio registro conductual durante una semana para hacernos una idea de dónde nos encontramos. Lo ideal es que lo tengamos a mano y lo rellenemos cada vez que nos distraemos, así la información es más fiable que rellenándolo horas después.

Una vez sepamos qué nos distrae, podemos atajarlo. ¿El móvil suena cada dos por tres? No lo llevamos. ¿Tenemos que llevarlo porque el futuro de la humanidad depende de ello? Lo ponemos en silencio y lo guardamos en la mochila, con la cremallera cerrada y poniendo dificultades para cogerlo.

Otra idea es, si vemos que realmente nos gusta pasar tiempo en las redes sociales (o distrayéndonos de cualquier otra forma), podemos hacer un contrato con nosotros mismos (por escrito, revisada la letra pequeña y firmado): tras 3 horas de estudio, o tras cada tema que aprendas, puedes pasar un intervalo de tiempo (previamente establecido) con el teléfono.

¿Afecta el ruido al estudio?

Si hay gente que estudia con música, te habrás preguntado, ¿por qué no con ruido? Lo que parece que se ha encontrado hasta el momento es que:

1. En general, parece que escuchar música apacible podría mejorar el rendimiento durante el estudio. Al menos eso es lo que encontraron un grupo de investigadores de la Universidad de Londres cuando compararon el efecto de escuchar música o no durante el estudio en un grupo de alumnos de primaria.

2. La música instrumental a un volumen bajo y relativamente constante no perjudica el rendimiento. Nada de ponerse la Quinta Sinfonía de Beethoven con sus altibajos, Melendi, Bustamante o Linkin Park, por muy malos que seamos en inglés y no entendamos la letra.

3. El ruido constante a nivel bajo tampoco afecta al rendimiento, especialmente si es constante. Así que no te preocupes, ponerte el ventilador en verano está justificado y no afectará al estudio.

4. La música con letra o, en general, con altibajos, así como el ruido o la música a alto volumen sí afecta al rendimiento. ¿A que no podrías estudiar en una discoteca? ¿En un bar durante la feria escuchando arriquitaun todo el tiempo? ¿Y con un ventilador industrial?

La idea general a todo esto es que un sonido (o ruido) alto o distinto a lo que estamos acostumbrados (por ejemplo, el ventilador haciendo chasquidos aleatoriamente porque empieza a funcionar mal), como es esperable, capta nuestra atención y nos distrae del estudio.

La técnica Pomodoro

¿Has oído hablar de ella? No sólo mucha gente la recomienda, sino que es ir a la librería más cercana y en la sección de Psicología encontrarás una montaña de libros vendiendo esta famosa técnica. ¿Que en qué consiste? Apunta en una hoja de papel cuál es la tarea a la que te vas a dedicar (por ejemplo, “Estudiar el tema 23“) y activa el temporizador para que suene en 25 minutos. Cuando suene, descansa 3-5 minutos, vuelve a activarlo y dibuja un check al lado de la tarea. Cada cuatro checks, el descanso es de 15-30 minutos.

La técnica Pomodoro recibe su nombre del original uso de un temporizador con forma de tomate. Pomodoro significa tomate en italiano, de cuyo origen es su autor. Fuente: Flickr (mfilej)

La técnica Pomodoro recibe su nombre del original uso de un temporizador con forma de tomate. Pomodoro significa tomate en italiano, de cuyo origen es su autor. Fuente: Flickr (mfilej)

No parece ninguna tontería, ¿verdad? ¿Quién, de forma intuitiva, no toma descansos de vez en cuando? El esfuerzo cognitivo es como el físico, y necesitas reponer energías. Sin embargo, ¿cuánta evidencia encontramos cuando los autores de este artículo quisimos ver si realmente estaba probado que funcionara? Tan solo un artículo que había sido enviado para revisión pero no publicado; en otras palabras: ninguna evidencia. Ausencia total de artículos científicos publicados en revistas revisadas por pares que hayan analizado si la técnica de marras tiene algún efecto beneficioso o no sobre la productividad.

“Una magufada es algo que pretende ser científico sin serlo, pseudociencia.”

¿Y por qué es tan famosa la técnica? Podemos imaginar varias razones: intereses económicos del autor (¿a quién no le gusta el dinero?), que al oír sobre ella nos parece una técnica de “sentido común” y no vamos más allá para intentar comprobar si realmente funciona o no. También está el hecho de que es originaria del campo de la informática, donde abundan muchas magufadas relacionadas con la productividad y la distribución de los tiempos de trabajo. Dada la carencia de formación científica (sí, los informáticos son técnicos, no científicos), no es difícil colarsela.

Los estilos de aprendizaje: una farsa

Hay quien piensa que, como las personas en general muestran una gran diversidad de rasgos, comportamientos o preferencias, es lógico pensar que también existe diversidad a la hora de aprender y adquirir nueva información. Esto es lo que se dio a llamar como estilos de aprendizaje.

Sin embargo, ¿existe evidencia a favor de la existencia de tales estilos de aprendizaje? Bueno, ni mucho menos somos los primeros en hacernos esta pregunta. En su blog UniDiversidad, el catedrático de neurobiología de la Universidad de Salamanca y divulgador científico José Ramón Alonso explica que la idea de que el sistema de enseñanza debiera contemplar las preferencias individuales de cada niño a la hora de aprender para ofrecerle la información en su estilo preferido (ya sea mediante texto escrito o de forma más visual, a través de actividades, etc.) se ha hecho muy popular entre profesionales de la educación. Pero agárrense que vienen curvas: dada la evidencia científica con la que contamos a día de hoy, no podemos defender la existencia de estilos de aprendizaje. En palabras del mismo José Ramón Alonso:

“Hasta el momento, la inmensa mayoría de los estudios que han seguido este diseño y que están bien estructurados no han encontrado ninguna diferencia; es decir, no hay una relación entre el supuesto estilo de aprendizaje óptimo y los resultados del aprendizaje. Es un mito.”

Esta idea de los estilos de aprendizaje se relaciona, tanto en forma como en contenido, con otra idea muy popular en la educación: las inteligencias múltiples. De forma simplificada, esta idea defiende que la inteligencia no es una capacidad única, sino que existen distintos tipos: lingüística, espacial, musical, interpersonal…

Pero, ¿cuál es el problema de la idea de las inteligencias múltiples? Pues, fundamentalmente, que la idea salió de la cabecita pensante de Howard Gardner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, y nunca (repetimos, nunca) ha conseguido ser respaldada por estudios científicos. Y más allá, el propio Gardner admitía recientemente que la idea de las inteligencias múltiples no tiene cabida en la psicología científica actual.

La meditación y el estudio prolongado

La meditación, junto a otras prácticas (y creencias) asiáticas, está muy de moda. En los últimos años no se hace extraño ver que gurús y expertos recomiendan, basándose en sus experiencias, meditar unos minutos al día (normalmente por la mañana, después de estirar el cuerpo). Meditar, según dicen, no sólo te garantiza paz interior sino que ayudaría a mantenerse concentrado durante largos periodos de tiempo.

¿Y quién debe mantenerse concentrado durante largos periodos de tiempo? Exacto, tú. Y los otros miles de opositores. ¿Pero qué hay de cierto en todo esto? ¿Funciona?

En los últimos años meditar se ha puesto de moda, sin preguntarse la mayoría de personas si realmente trae algún beneficio o no. Meditar no solo te traería la paz interior, sino que algunos la venden como garantía de un mejor aprendizaje y hasta la cura de la gripe. Fuente: Flickr (tomthejet)

En los últimos años meditar se ha puesto de moda, sin preguntarse la mayoría de personas si realmente trae algún beneficio o no. Meditar no solo te traería la paz interior, sino que algunos la venden como garantía de un mejor aprendizaje y hasta la cura de la gripe. Fuente: Flickr (tomthejet)

La meditación que más se ha estudiado y a la que nos referimos es la meditación mediante la atención centrada. Quien la practica aprende a concentrarse en algo, normalmente su respiración. Este tipo de meditación parece ser efectiva para una mejora en la concentración durante tareas y la disminución de las distracciones visuales. Esto se traduce, como te imaginas, en una mayor habilidad para mantener la atención en una tarea. A nivel cerebral, parece que las partes encargadas de redirigir el foco de atención a la tarea están más activas.

¿Y cómo puedes meditar? Para el entrenamiento básico puedes sentarte en una posición cómoda (pero sin peligro de caer dormido, claro) y centrarte en tu respiración. Otros prefieren imaginar la llama de una vela, también sirve. La finalidad es el entrenamiento de la atención sostenida sobre algo.

Un aspecto muy relacionado con la meditación y la relajación es el sueño. ¿Sabías que una buena siesta puede ayudarte con el estudio? Te lo contamos en el artículo Siesta 101: Durmiendo también se aprende

La siguiente pregunta es… ¿cuánto tiempo meditas? No hemos encontrado estudios con conclusiones claras dado que los efectos de la meditación aún son polémicos y son objeto de intenso estudio. Parece haber un (debatible) efecto de experiencia, es decir, cuanto más has practicado a lo largo del tiempo (semanas, meses), mayores ganancias. Respecto a la cantidad de tiempo diaria, a modo de ejemplo, hemos encontrado estudios que van desde unos pocos minutos a unas cuantas horas varias veces por semana.

Estudiar unas oposiciones ya es bastante duro como para encima tener que enfrentarse a la cantidad de mitos que existen sobre técnicas y trucos para estudiar mejor. Fuente: Wikicommons

Estudiar unas oposiciones ya es bastante duro como para encima tener que enfrentarse a la cantidad de mitos que existen sobre técnicas y trucos para estudiar mejor. Fuente: Wikicommons

Es posible que te preguntes: ¿qué conclusión me llevo después de haber leído este artículo? Un aspecto fundamental que hemos querido transmitirte es: a la hora de estudiar, no existen los trucos, ni mágicos ni científicos. No busques soluciones sencillas a situaciones complejas. Estudiar unas oposiciones es una tarea difícil, y va a requerir un gran esfuerzo por tu parte. Por eso, es importante que no pierdas demasiado buscando el santo grial del opositor.

Piensa. ¿Te cuesta concentrarte y mantener la atención de forma sostenida? Entonces lo que necesitas entrenar es, precisamente, tu capacidad para prestar atención durante largos periodos de tiempo (comienza con periodos más breves hasta que te sientas cómodo fijando tu atención durante dicho periodo de tiempo, y entonces auméntalo de forma progresiva). ¿Tu problema es que te sientes adormecido y te cuesta arrancar? En ese caso debes aprender a identificar tu nivel de activación para poder así ejercer cierto control sobre él (tómate un café, escucha música que te active antes –pero no durante– de ponerte frente a los libros, etc.).

Lo que está claro es que ni Howard Gardner ni el Pomodoro te van a sacar las castañas del fuego. Piensa que las oposiciones son un reto que te hará llegar a los límites de tus capacidades, y esto siempre genera incomodidad y frustración. Pero la recompensa es clara: para llegar al final, habrás tenido que empujar la barrera de tus propios límites un poco más allá.

Sobre Jose Antonio Jiménez

Licenciado en psicología con más de dos años de experiencia en investigación básica, así como experiencia en un centro psiquiátrico. Ha colaborado anteriormente en otras revistas digitales de ámbito local escribiendo sobre psicología.

En Psicomemorias es autor y... hace cosas.

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