Feromonas: El olor del sexo - Psicomemorias
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Feromonas: El olor del sexo

A menudo contemplamos cómo la publicidad intenta hacer más atractivos sus productos recurriendo a aspectos de nuestra cultura, como la popularidad, la exclusividad o incluso la promiscuidad. En el caso de ciertas empresas, como las fabricantes de cosméticos y perfumes, este reclamo sexual ha acabado convirtiéndose prácticamente en un mantra, y en sus campañas siempre se intenta asociar estos productos a la deseabilidad por parte del sexo opuesto. Pero ello no acaba ahí, ya que ciertos perfumes y fragancias se comercializan recalcando que contienen feromonas que nos harán automáticamente más atractivos a los demás.

Si alguno de nuestros lectores recuerda este tipo de publicidad, o ha llegado a comprar alguno de estos productos, puede que haya sido protagonista de sucesos tan divertidos como extraños. Existen casos de consumidores que, si bien no resultan más atractivos a las personas del sexo deseado, de repente son totalmente irresistibles para otras especies, como perros o ratones. ¿Por qué puede darse esta peculiar reacción? Para analizarlo exploraremos antes algunos conceptos clave.

Las feromonas regulan la conducta de muchos seres vivos. ¿También la conducta humana? Fuente: Flickr

Las feromonas regulan la conducta de muchos seres vivos. ¿También la conducta humana? Fuente: Flickr

Atracción flotante

La palabra feromona es bastante reciente, fue acuñada en 1959 por Luscher y Karlson para hacer referencia a ciertas sustancias que se producen y excretan al exterior del cuerpo. Es una combinación de los términos griegos pherien (transferir) y horman (excitar), y como deja entrever esta relación, son sustancias destinadas a comunicarse con otros sujetos. La información que transmiten estas sustancias puede estar relacionada con multitud de fines, pero son mayoritariamente sexuales y reproductivos. Existen varios ejemplos curiosos documentados (normalmente en ratones) de los efectos feromonales:

  • En el caso de hembras que viven juntas durante cierto tiempo, los ciclos reproductivos pueden enlentecerse o incluso llegar a desaparecer por completo. Este fenómeno, denominado efecto Lee-Boot, se produce por feromonas presentes en la orina de las hembras.
  • Por el contrario, si estas hembras se exponen asiduamente a machos de su especie, otra feromona en la orina de éstos, hace que los ciclos menstruales de las hembras se sincronicen. A éste se le llamó efecto Whitten. A su vez, esta convivencia también puede acelerar el inicio de la pubertad (y con ella la posibilidad de reproducirse) en las hembras, un fenómeno conocido como efecto Vandenbergh.
  • Por último, el efecto Bruce, resulta algo más espectacular, ya que consiste en el aborto espontáneo de crías recién concebidas cuando la hembra huele con frecuencia feromonas emitidas por un macho distinto al que la fecundó.

La acción, a veces muy llamativa, de las feromonas afecta a gran parte del reino animal, desde mariposas a gatos y perros. Hasta hace relativamente poco tiempo, la comunidad científica sostenía que los mamíferos éramos ajenos a la influencia de estas sustancias, sin embargo en los últimos años diversos estudios  han contrastado repetidas veces que las feromonas juegan un papel relevante en la regulación de la conducta animal, incluidos los mamíferos.

El órgano vomeronasal es el responsable de percibir las feromonas. Fuente: Google Images

El órgano vomeronasal es el responsable de percibir las feromonas. Fuente: Google Images

¿Una llave sin cerradura?

Al contrario de lo que se pueda pensar, las feromonas no se detectan mediante el olfato, sino a través de una estructura llamada órgano vomeronasal (OVN). Éste no funciona como el sistema olfatorio que solemos tener en mente, sino que está diseñado para obtener estas señales preferentemente de un medio líquido, ya que en el aire las feromonas se diluyen, siendo más difíciles de detectar. Algunos científicos sostienen que se trata de un sistema muy antiguo, que durante la evolución, habría pasado a un segundo plano, en favor del olfativo, aunque con funciones aún importantes.

Mientras que la mayoría de órganos sensoriales tienen conexión con la corteza cerebral, (como el sistema olfatorio, visual, gustativo, etc.) este órgano se comunicaría directamente con zonas por debajo de esta corteza, como el hipotálamo y la amígdala. Estas zonas son partes esenciales del sistema límbico, el conjunto de estructruras cerebrales con mayor papel en las emociones. Esta curiosa configuración ha significado para algunos autores que la influencia que ejercen las feromonas es inconsciente, al no conectar con las áreas responsables de la memoria, el lenguaje y demás procesos que podemos experimentar conscientemente, sino con otros más «primitivos», como las emociones.

¿Tenemos los humanos un órgano vomeronasal? Es una cuestión muy controvertida aún a día de hoy, ya que algunas investigaciones lo han encontrado en todos los sujetos y otros sólo en unos pocos, pero parece ser que cada vez más investigaciones dan constancia de que, generalmente, lo poseemos. Su reducido tamaño y poca diferenciación con su entorno, hace que localizarlo visualmente sea muy dificil, al contrario que a otros órganos de nuestro cuerpo. A pesar de esto, la tendencia hallada en la mayoría de estudios con humanos es que el OVN crece durante la gestación y después se reduce de tamaño, lo que ha llevado a muchos estudiosos a afirmar que se trata de un órgano vestigial, como el apéndice, que no posee apenas utilidad.

Una seducción no tan espontánea

El hecho de que en la mayoría de personas que tienen este órgano se encuentren muy pocas células quimiosensibles (que responden a sustancias químicas) podría llevar a pensar que las feromonas no tienen efecto en los humanos, pero varios estudios han puesto sobre la mesa la posible influencia de estas sustancias en nosotros.

McClintock, en 1971, llevó a cabo una investigación en un colegio mayor femenino, y encontró que la gran mayoría tenían sus ciclos menstruales sincronizados con un margen de muy pocos días, y que además, las mujeres que compartían más tiempo con hombres tenían ciclos menstruales mucho más cortos que las otras. Así quedó ,en principio, demostrado que el efecto Whitten también puede darse en humanos.

Años más tarde, se descubrieron dos de las feromonas que actúan en humanos y que se encuentran en nuestro sudor: la androstadiona y la estratetraína. La primera de ambas sustancias, es producida por los hombres, mejorando el humor de las mujeres pero empeorando el de otros hombres. La segunda, segregada por las mujeres, produce el efecto contrario, atrayendo a hombres. En ambos casos estas feromonas desencadenan cambios en nuestra conducta mediados por el hipotálamo y el resto del sistema límbico, zonas del cerebro clave para las emociones.

Algunos productos afrodisíacos incorporan feromonas de otras especies. Fuente: Flickr

Algunos productos afrodisíacos incorporan feromonas de otras especies. Fuente: Flickr

En estudios independientes con algunas marcas de perfumes y lociones de afeitado que afirman contener feromonas, se confirmó que los participantes que usaron estos productos aumentaban la frecuencia de sus relaciones sexuales más que las personas a las que se les suministraban productos sin feromonas. ¿Lo hicieron por el efecto de las feromonas? ¿Por un cambio de actitud respecto a sus capacidades? Antes de que muchos canten victoria, deben saber que el efecto encontrado era sólo algo superior al del propio azar. Al tratarse de un efecto muy poco significativo parece confirmarse que, si bien influyen en la conducta sexual humana, las feromonas no actúan como un potente afrodisíaco.

En la sociedad actual, en la que la imagen, las relaciones sociales y la sexualidad tienen tanto peso, las afirmaciones sobre ciertos productos y sustancias, de efecto milagroso sobre los demás, podrían llegar a tener una peligrosa influencia. Esta publicidad podría favorecer que muchas personas con problemas sociales o de autoestima depositaran sus ahorros y esperanzas en el lugar equivocado, lo que agravaría su situación. En cualquier caso, según los datos de los que disponemos, las personas tendremos que seguir relacionándonos con el sexo deseado de formas más clásicas, enriquecedoras y realistas, dejando de lado soluciones aparentemente prodigiosas de agradar a los demás.

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

4 Interacciones

  1. Genial! Justo andaba buscando información sobre este tema. Y solo he tenido que buscar 5 minutos en google jeje. Buena entrada. Sigue así.

    • Alfonso Muñoz dice:

      ¡Gracias Remedios! Lo malo del tema de las feromonas es que la mayoría de investigaciones sobre ello las llevan a cabo empresas y cuesta evaluar bien sus metodologías, pero esperemos que el tema siga generando suficiente interés como para que muchos investiguen este campo.

  2. Jaime dice:

    De verdad que me pareció muy interesante su artículo. Muy enriquecedor por muy corto.(o eso me pareció) creo que me he quedado con ganas de más. Aunque viéndolo bien esperaba el ungüento. Un abrazo y felicidades

  1. 16/10/2014

    […] Si se os abre el apetito y os interesa conocer el efecto real de estas peculiares sustancias sobre nuestro comportamiento no os perdáis nuestro artículo al respecto. Feromonas: el olor del sexo […]

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