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Familia, escuela y WhatsApp. ¿Cómo sobrevivir?

“Ana, madre de una niña de 5 años, se despierta una mañana y observa que ha sido añadida al grupo de WhatsApp “padres y madres 3ª A”. Justo después mira con asombro cómo sin previo aviso tiene 253 mensajes, 13 fotos, 2 vídeos y 21 audios… Intenta ponerse al día con los mensajes pero hay debates sobre varios temas al mismo tiempo: el baile de fin de curso, el regalo para la profesora, quejas sobre diversos aspectos del colegio, tareas y trabajos que tienen que llevar los niños y las niñas para la semana que viene…”.

Definitivamente, Ana piensa que ha entrado en un callejón sin salida.

Actualmente, es indudable la importancia que han cobrado las nuevas tecnologías en la facilidad para conectarnos, comunicarnos entre nosotros, compartir ideas, experiencias y crear un punto de encuentro donde poder expresarnos. Sin embargo, a medida que avanza el desarrollo de los medios de comunicación, es curioso cómo en ocasiones da la impresión de que “des-aprendemos” a comunicarnos. En el caso de WhatsApp, que todos conocemos, es habitual encontrar mensajes que han podido ser malinterpretados, ideas diluidas o leídas a medias o exceso de información a la que no podemos prestar atención.

Y es que los grupos de WhatsApp han llegado a la vida educativa para quedarse.

 

Actualmente es indudable que existen vías por las que comunicarnos más. Pero ¿nos comunicamos mejor? (Fuente: Google Images)

Cuestionando a los profesores

A pesar de todos los beneficios que aparentemente pueden reportarnos un grupo de padres y madres, lo cierto es que en la actualidad algunos de éstos se han convertido en un instrumento para desprestigiar la labor de los profesores, así como cuestionarlos y criticar sus decisiones con respecto a sus alumnos. En una entrevista, el presidente de ANPE Canarias (Sindicato Independiente al Servicio de la Enseñanza Pública) declaraba que muchos padres aprovechan para propagar rumores acerca de los profesores y descalificarles en las redes sociales.

Leyendo lo anterior no es extraño que el sindicato de profesores de ANPE haya detectado un aumento de quejas de acoso por vía informática por parte de los docentes. En el año 2016 publicaron que estas quejas habían crecido entre un 1% y un 2% respecto a cursos anteriores. Incluso la Policía Nacional ha lanzado desde hace años mensajes en Twitter en los que recuerdan la importancia de mantener el respeto en los grupos.

La existencia de estos datos no apuntan únicamente en una dirección (los padres), sino que los profesores no quedan exentos de este uso polémico de las apps de mensajería.

En este sentido, el caso más sonado hasta la fecha ocurrió en 2015, en la localidad madrileña de Casarrubuelos. Unos 10 profesores utilizaron la aplicación para intercambiar comentarios ofensivos, racistas y despectivos que iban en contra de los alumnos y padres. Los identificaron claramente con nombres y apellidos, e incluso criticaron e insultaron a otras compañeras docentes del mismo centro. Un exprofesor decidió denunciar la situación y finalmente la directora fue suspendida de sus funciones y varios de los docentes detenidos por la guardia civil.

¿Estamos sobreprotegiendo a nuestros hijos?

“Mientras Ana, en plena confusión, intentaba dar sentido y coherencia a todo lo que leía, se fijó en que había varios mensajes en los que se recordaba la tarea que tenían que llevar hecha los niños al día siguiente, así como un exhaustivo y completo calendario de exámenes… pensó que su hija no le había dicho nada acerca de ningún examen y en ella empezó a crecer una inseguridad que no había tenido quince minutos atrás”.

Uno de los aspectos más controvertidos al usar WhatsApp como herramienta para “controlar” los exámenes y tareas se debe a la sobreprotección que muchos padres ejercen sobre sus hijos, puesto que habitualmente asumen como suyas responsabilidades que deberían ser de los alumnos, tales como: la preparación de un examen, recordatorios de la tarea, saber qué se ha corregido y qué debe apuntarse en la agenda… En definitiva: están dificultando que aprendan a desenvolverse solos.

Más no siempre es mejor

Actualmente no es raro encontrar en algunos grupos mensajes del tipo: “Me ha dicho mi hijo que os pida fotos de las páginas del libro de lengua porque se ha olvidado el libro en clase”, “Dice que no sabe qué hay de tarea”, o “No se acuerda de cuándo es el examen ¿me lo podéis decir?”. Estas actitudes mantenidas en el tiempo no hacen sino reforzar la creencia de que los niños y niñas no deben asumir responsabilidades académicas, puesto que siempre tendrán a mamá o papá para sacarle “las castañas del fuego” o incluso para que les hagan los deberes o les preparen los resúmenes de temas a estudiar. De esta manera, no existen consecuencias al comportamiento inadecuado.

En este sentido, una de las grandes aportaciones de la psicología conductista, de la mano de Skinner, postula que toda conducta se adquiere y se mantiene en el tiempo en base a las consecuencias que produce en el individuo. Es decir, si los niños y niñas aprenden que a pesar de no esforzarse en la escuela están al día en los exámenes y tareas, probablemente no tengan necesidad de cambiar este comportamiento.

¿Estamos educando en la responsabilidad? ¿O en la pasividad y despreocupación? (Fuente: Google Images)

Visto lo anterior, es inevitable preguntarnos qué consecuencias pueden traer en un futuro a esos niños y niñas exentos de responsabilidades académicas. Estas son algunas de ellas:

  • Falta de seguridad en sí mismos y de autonomía personal: al depender de sus padres para estar al día de las tareas escolares, los niños pueden aprender que lo que hagan por ellos mismos va a estar mal. Además, no se harán autónomos en las tareas, puesto que la inseguridad los llevará a pedir ayuda a sus padres de manera habitual.
  • Disminución en la capacidad de resolución de problemas y de afrontamiento: al evitar que sean ellos mismos los que afronten las dificultades, se produce un efecto paradójico: en lugar de ayudarles, estamos entorpeciéndoles a la hora de desarrollar habilidades y estrategias que les sirvan para afrontar otras dificultades futuras.
  • Falta de una correcta gestión y estructuración del tiempo de estudio: si los niños carecen de la autonomía de la que hablábamos anteriormente, no es de extrañar que tampoco sepan cuánto tiempo dedicar a qué tarea, o cómo llevar por sí mismos los plazos para entregar trabajos.
  • Baja tolerancia a la frustración: ¿Cómo van a estar preparados para asumir los errores si no les dejamos que cometan errores?
  • Creencia de que no son responsables de sus obligaciones: Los niños y niñas pueden desarrollar la creencia de que los estudios son responsabilidad de los padres. No sería extraño encontrarnos con frases como: “¿Por qué no me dijiste que tenía examen?”, o “La culpa es tuya, que no me recordaste que tenía tarea”.
  • Sentimiento de dependencia hacia los padres: Si habituamos a los niños a que no tengan que preocuparse por sus tareas, por llevar al día las asignaturas, a no preguntar ni interesarse… ¿qué harán en un futuro cuando entren en el mundo laboral?
  • Pobre aceptación de consecuencias: ¿Cómo van a asimilar consecuencias cuando no las tienen ni creen que dependan de su comportamiento?

Como podemos observar, los efectos a largo plazo en los pequeños trascienden del ámbito académico, pudiendo afectar a sus habilidades para desenvolverse en el día a día de forma general. Pero, ¡que no cunda el pánico! Si sabemos cómo utilizar correctamente WhatsApp, puede aportarnos información útil y beneficios para contactar con otros padres y madres.

Los padres y madres ejercen de modelos de conducta para sus hijos. Por ello es importante que sean conscientes del uso que le dan a las redes sociales y nuevas tecnologías… Tened por seguro que os imitarán. (Fuente: Google Images)

Consejos para un uso adecuado de WhatsApp:

Con el objetivo de lograr que las conversaciones y los intercambios de información sean lo más eficaces posibles, os recomiendo una serie de consideraciones básicas que pueden serviros como herramienta para crear interacciones más satisfactorias:

  • Es importante que, desde su creación, se establezca una finalidad para el grupo que todos los padres y madres deben seguir. Debe llamarse la atención ante comentarios que no cumplan con dicha finalidad, puesto que pueden perjudicar al resto de los participantes. Es decir: la foto de la tarta de chocolate o los últimos “memes” de los políticos no tienen cabida aquí. Siempre cabe la opción de crear un chat paralelo para compartir información no relativa a asuntos escolares. De esta forma la comunicación será más fluida y eficiente.
  • No difundir rumores sobre información sin veracidad, que puedan perjudicar a terceras personas como miembros del personal educativo y puedan crear confusión. Debemos evitar frases del tipo: “Pues he oído que…”, “Me he enterado de…”, “¿Habéis escuchado que…?”.
  • Recuerda que el cometido del grupo es el intercambio de información; en ningún momento los padres y madres deben convertirse en las agendas de sus hijos, organizando su tiempo, sus tareas y controlando qué actividades están hechas continuamente. La responsabilidad en los estudios siempre es cometido de los niños y niñas, no de sus padres.
  • Concienciarse y ser precavido sobre qué información o archivos compartir en el grupo. Debe primar la intimidad y el respeto hacia otras personas. Un ejemplo sería compartir fotos de otros alumnos sin el previo consentimiento de sus padres.
  • Si en algún momento tienes un problema personal con el profesorado o con un alumno de la clase, intenta no hacerlo público. La primera opción debe ser hablarlo con los afectados directamente y darles la oportunidad de defender sus argumentos. Exponer quejas en un grupo donde no está el profesorado no te ayudará a solventar la situación. Hay que intentar evitar frases del tipo: “Pues a mi hija este profesor no le hace caso”, “A mi hijo es que le tiene manía” o “Me han dicho que esa profesora suspende a todos los niños”. Debemos ser precavidos a la hora de compartir rumores y no debemos olvidar que tan sólo contamos con una parte de información, sin conocer su veracidad.
  • Referido a lo anterior, debemos recordar que la finalidad del grupo no es cuestionar la labor de los profesores o descalificarlos como profesionales. La mejor opción es hablarlo directamente con ellos. De la misma forma, es recomendable actuar cuando otra persona critique la labor de los profesores a través del grupo. Algunos ejemplos son frases del tipo: “No me gusta que mande tarea en vacaciones”, “Se ha cogido una baja porque es un vago” o “Le doy un mes en el colegio, no es buena profesora”.
  • No olvidemos que el grupo se ha creado para cuestiones que impliquen a todos los alumnos. Como hemos comentado previamente, las cuestiones particulares deben abordarse de forma particular. De la misma forma, antes de incluir en el grupo a un padre o una madre, es recomendable preguntarles primero si quieren participar.
  • Si se plantea una pregunta al grupo y la respuesta es para nosotros, sería buena idea solicitarlas respuestas a través de un mensaje privado. De esta forma podemos evitar que por cada pregunta lanzada haya una media de 30 respuestas.
  • Siempre debemos ser conscientes de que a través de la comunicación digital perdemos gran cantidad de información. Es importante evitar usar ironías, no interpretar los silencios de algunos participantes como signo de rechazo (podrían leer los mensajes tan sólo una vez al día), hacer un correcto uso de los emoticonos (pueden aportar información adicional al mensaje en su justa medida) y, sobre todo, evitar escribir bajo estados de ánimo alterados, como enfado o tristeza, si tu hijo ha discutido con un compañero o ha suspendido un examen. Recuerda que cualquier mensaje puede ser conservado o difundido con posterioridad.
  • Si todo lo anterior no funciona, quizás la mejor opción sea abandonar educadamente el grupo de WhatsApp. En este sentido debemos aprender a no juzgar a las personas que por un motivo u otro, deciden salir. El objetivo casi nunca va a ser ofender u ofender a los demás.

Lograr una educación eficaz en el uso de las nuevas tecnologías es vital, tanto para los adultos como para los niños y niñas. (Fuente: Google Images)

Resumiendo…

La sociedad y la tecnología avanzan de manera que podemos estar más conectados que nunca, compartir información al instante y enterarnos de lo que ocurre en nuestro entorno cercano (y no tan cercano). Sin embargo, debemos dar un buen uso a esta herramienta de comunicación, puesto que una mala gestión puede traer consecuencias negativas para nosotros mismos y para nuestros niños y niñas. Debemos desarrollar una actitud crítica con la forma en la que usamos los grupos de WhatsApp. No olvidemos que su función es siempre ayudar a los niños y nosotros, los adultos, debemos marcarles el camino, pero no andarlo por ellos.

Para saber más

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Sobre Alba Sotelino Couñago

Psicóloga habilitada para ejercer actividades sanitarias y especialista universitario en Fortalecimiento de la Resiliencia en Niños y Jóvenes en Riesgo de Sociofamiliar. Master en ABA España aprobado por la Behaviour Analyst Certification Board (BACB). Actualmente mantiene su labor profesional en el Centro Origami de psicología y logopedia ejerciendo como psicóloga en el ámbito infantil y juvenil. También ha impartido programas del Instituto Andaluz de la Mujer para el fomento de la participación social y asociacionismo. Actualmente estudia un curso para ejercer como agente en igualdad de género.

1 Interacción

  1. Ana Sánchez dice:

    Estupendo artículo, el exceso de información es agobiante y muy de acuerdo en la sobre protección de los/as menores.

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