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Exposición y otras armas contra el lado oscuro del miedo

Si la semana pasada vimos como el miedo puede llegar a apoderarse de nosotros y monopolizar nuestra vida, hoy hablaremos de lo que podemos hacer para librarnos de él. Aunque la Psicología del pasado lo demostró con criterios éticos bastante dudosos, el miedo, bajo las condiciones adecuadas, puede llegar a convertirse en nuestra sombra.

El estrés y la ansiedad se han convertido en el pan de cada día de este siglo XXI en pañales. La mayoría conocemos muchos casos de ansiedad por no encontrar trabajo, el miedo a perderlo o a lo que está por llegar, fobias a animales, a hablar en público… y una casi infinita lista de etcéteras. Aún así, el término clínico “fobia” es uno de los que peor se usan desde que se popularizó hace ya varias décadas. Hoy en día se han acuñado fobias para casi cualquier objeto o idea, llegando a veces a extremos esperpénticos. Es muy, pero que muy frecuente oír a alguien decir que tiene fobia a tal o cual cosa, como si de un miedo más o menos común se tratase, y sin embargo, una fobia es algo mucho más intenso.

Cuando alguien posee fobia a algo, digamos a las arañas (aracnofobia), el hecho de encontrarse una o sospechar de su presencia desencadena una respuesta simpática importante. El tronco encefálico (formado por una enorme cantidad de núcleos) y el sistema noradrenérgico decretan el estado de alarma: se empieza a sudar, el corazón se acelera, las pupilas se dilatan, náuseas, la boca se seca… Si este estado se prolonga, incluso puede llegarse a perder la consciencia o sufrir un verdadero ataque de pánico que conduzca a un fallo cardíaco.

Este sería un caso extremo, claro; ni las fobias suelen ir más allá de un miedo muy intenso que lleva a huir, ni las arañas van por ahí causando infartos en masa, por suerte para nuestro sistema sanitario. El miedo no es algo negativo. Como os comentó mi compañero Daniel, puede salvarnos la vida, pero también puede amargárnosla durante muchos años. Entonces si la respuesta no es deshacernos del miedo ¿cuál es?

Desarrollar un miedo patológico puede hacernos la vida muy difícil... ¿cómo podemos librarnos de él?

Desarrollar un miedo patológico puede hacernos la vida muy difícil… ¿cómo podemos librarnos de él? (Fuente: Pixabay)

Reconfigurar nuestros temores

Cuando un miedo intenso o una fobia dificultan nuestra vida diaria parece claro que hay que intentar superarlo, puede que incluso pidiendo ayuda profesional. Lamentablemente, los potenciales clientes que sepan algo de estos casos sabrán que para superar sus miedos sólo tienen un camino: enfrentarse a ellos.

Y es aquí cuando muchísimas personas deciden que ese miedo no les es tan incómodo y prescindible, o que tener que hacer el esfuerzo de plantarle cara es un precio más desorbitado, si cabe, que el de los servicios del psicólogo. Por ello, es enormemente importante que la primera sesión se destine a informar al cliente de los beneficios para su vida diaria que conllevará liberarse de ese hándicap, y el bajo número de sesiones que se suelen necesitar. Aunque pueda parecer pecar de optimista para el que carga con un miedo intenso, eliminarlos o encauzarlos en límites normales suele llevar mucho menos tiempo que la gran mayoría de intervenciones psicológicas.

Lógicamente, esto varía mucho en función del tipo de terapia que sigamos, si se apoya o no en medicación (aunque eso es más controvertido) y sobre todo, del nivel de compromiso del paciente con el tratamiento que ha iniciado. En Psicología hay tantas formas de abordar un problema como perspectivas teóricas, pero por tradición y por sus buenos resultados la que lleva años en el trono del tratamiento de fobias y ansiedad es el Tratamiento Conductual.

¿En qué consiste éste y qué puedo esperar de él? Esta vertiente terapéutica hunde sus raíces en el paradigma del Conductismo, uno de los más prolíficos y famosos de nuestra variopinta disciplina. El objeto de estudio para los conductistas no es otro que nuestro comportamiento observable. Según esta corriente, da igual que tu fobia al pelo blanco provenga de un sádico experimento cuando eras un bebé, si de adulto sigues sufriéndola significa que hay algo que la sostiene actualmente. Ahora el lector dirá: “¡Eureka!¡Hay que examinar la relación con la madre!”, y si lo hiciera se equivocaría de escuela. Para los conductistas, y muchos otros especialistas, el factor que mantiene ese miedo, y al cual hay que atacar para dejarlo en el pasado, no es otro que la conducta de evitación.

Cuando una persona huye de su miedo no se libra de él, como intuitivamente puede parecerle, sino que lo cronifica. Así, este adulto que cada vez que ve una barba o animal blanco empieza a sentirse muy mal y se va de la habitación entiende que está haciendo lo correcto para huir de esa molesta sensación de peligro. Pero acaba consiguiendo lo contrario: no poder evitarlo, da igual cuánto se aleje. ¿Cómo se ataja esta aparente contradicción? Su terapeuta seguramente entonará el siguiente mantra: exposición, exposición y más exposición.

Armas psicológicas contra el terror

El tratamiento conductual más famoso, usado y efectivo en estos casos se llama Exposición, y ha sido desarrollado de casi todas las formas habidas y por haber: in vivo, en grupo, en imaginación, mediante realidad virtual… ¿A qué viene tanta variedad? A la enorme cantidad de posibles estímulos de ese miedo. Aunque lo preferible suele ser la Exposición en vivo, está claro que un paciente con fobia a volar no podrá permitirse el lujo de comprar un billete de avión en cada sesión a menos que sea diputado. En este caso, en el que además una inoportuna turbulencia puede echar al traste horas de trabajo psicológico, lo mejor es usar un equipo de realidad virtual que simule algunas de las sensaciones o bien practicar mentalmente.

En este segundo tipo el especialista procurará recrear con pelos y señales una situación controlada en la que un avión despega, sin percances, en la propia imaginación del cliente. Evidentemente esta variante requiere tanto de buenas dotes de narrador del psicólogo como del compromiso del paciente en meterse lo más posible en el papel. Así, sensación a sensación y sesión a sesión, nuestro tímido viajero se acostumbrará a que el despegue de un avión no comporte peligro alguno y su mayor preocupación vuelva a ser si la dichosa maleta entra o no en las medidas de la aerolínea.

Las nuevas tecnologías, como equipos de realidad virtual, videojuegos y apps se han convertido en un gran aliado del tratamiento de las fobias. (Fuente: Flickr)

Las nuevas tecnologías, como equipos de realidad virtual, videojuegos y apps se han convertido en un gran aliado del tratamiento de las fobias. (Fuente: Flickr)

Cuando la fobia sea con objetos o experiencias más mundanas, como arañas, serpientes o demás desagradables criaturas no hay nada más terapéutico que poner alguna cerca y comprobar que no conllevan riesgo. Aunque rogamos a los lectores que no corran a besar a ninguna que no conozcan, al fin y al cabo, hay algunas venenosas. Alguna sesión previa de exposición en imaginación es recomendable para que nuestro paciente no se sienta totalmente indefenso, así como un entrenamiento en relajación para controlar los síntomas de taquicardia, sudoración o temblores que puedan enturbiar la experiencia. Compartir tratamiento con otras personas con experiencias similares puede lograr un plus de riqueza en la intervención que de ser llevada a cabo individualmente podría no conseguirse. Pero por contra, las sesiones grupales son más complejas de organizar y se requiere que el psicólogo o psiquiatra cuente con una mayor experiencia clínica.

En efecto, un entrenamiento en relajación puede ayudar a atajar los signos que indican al paciente que la situación puede irse de las manos y ofrecer mayores garantías al especialista, que debe estar atento a cualquier signo de pérdida de control de la sesión (una experiencia negativa hasta con el psicólogo presente puede limitar seriamente las posibilidades terapéuticas). Con el fin de consolidar cada logro, el profesional puede optar por exponer gradualmente a la persona a la situación ansiógena, consiguiendo incluso que sea el propio cliente quien lleve la iniciativa para afrontar su miedo y síntomas ansiosos.

¿Eso de la relajación no es algo hippie o new age? Al contrario, es una herramienta muy útil si se usa como complemento al propio tratamiento, pero no hay que caer en el habitual de ponerle a todo el sufijo “terapia” y pretender que sea el Santo Grial de las técnicas terapéuticas. En su justa medida, controlar la respiración y el nivel de excitación general, y darle las herramientas para que él mismo se lo aplique en caso de peligro de recaer, ayuda a un empoderamiento del cliente ante hipotéticas situaciones futuras.

Además de la exposición en sus distintas caras también merece ser reseñada la Inundación, un tratamiento de exposición intensiva en el que en pocas sesiones, se impide la conducta de evitación del cliente mientras se afronta activamente el estímulo que desencadena la ansiedad. Por la propia naturaleza, algo extrema, de esta técnica es frecuente que el resultado se divida entre los que pierden el miedo y síntomas ansiosos en tiempo récord y los que juran y perjuran sobre los antepasados del psicólogo. Para imaginarnos a qué nivel una persona que sufre una fobia puede pasarlo mal al someterse a este tipo de tratamiento basta con consultar alguno de los programas y concursos  que han encontrado en la tortura del prójimo un filón de audiencia y morbo. Pero tranquilos, que ello no disuada a nadie de probar suerte con este procedimiento, ya que, afortunadamente, los psicólogos de hoy en día suelen ser más considerados de lo que fueron en casos como el del nombrado Pequeño Albert.

Imagínatelos a todos desnudos…

A la mayoría le sonará este peculiar (y casi freudiano) consejo para que las personas que se ponen nerviosas o ansiosas hablando en público consigan relajarse y desenvolverse con mayor tranquilidad. Por desgracia, en casos de mayor gravedad, la fobia social llega a resultar muy incapacitante, dejando de limitarse a las temidas (por casi todos) charlas y exposiciones ante multitudes y englobando también a relaciones más íntimas.

Este tipo de trastorno ansioso es muy frecuente en niños y adolescentes, por lo que el uso de un coterapeuta familiar (que se encargue de ayudarle a realizar sus tareas y favorecer su adherencia al tratamiento) puede resultar muy positivo. El alto índice de abandono por parte de los aquejados por fobia social parece apoyar la utilidad de incorporar esto último. Otras recomendaciones en estos casos serían las sesiones grupales y añadir un entrenamiento en habilidades sociales, mediante el cual el cliente no sólo pierda el miedo a estar en público, sino que cuente con herramientas para no frustrarse en su relación con los demás.

La vergüenza y la ansiedad son los principales motores de la fobia social. (Fuente: Google Images)

La vergüenza y la ansiedad son los principales motores de la fobia social. (Fuente: Google Images)

Aunque en muchas ocasiones los médicos y psiquiatras recomienden el uso de medicación para ayudar contra fobias específicas y social lo cierto es que, de realizarse correctamente los tratamientos conductuales, estos tardan tan poco tiempo en hacer efecto que resulta un engorro introducir prescripciones, instaurar el hábito de tomar las pastillas y planear de qué forma y a qué ritmo dejarlas. Además, numerosos estudios han puesto en duda la utilidad de tratar químicamente las fobias y trastornos de ansiedad más “simples”, poniendo el foco clínico en el tratamiento psicológico.

Sin embargo, esto no quiere decir que en cuestiones más complejas como un Trastorno Obsesivo Compulsivo, un Trastorno de Estrés Postraumático o un Trastorno de Ansiedad Generalizada, por poner algunos ejemplos, no se requiera un apoyo farmacológico a la terapia tradicional. De hecho, en estos casos lo ideal es un enfoque clínico más multidisciplinar, en el que el protagonista deja de ser un tratamiento puramente conductual para convertirse en uno Cognitivo-Conductual, más complejo, extenso y apoyado por otros profesionales además del psicólogo.

Si en el artículo anterior vimos como nuestra amígdala (y el resto del circuíto del miedo/ansiedad) puede pasar de amiga a enemiga fruto de un aprendizaje desadaptativo, en éste comprobamos que volver a ponerla de nuestro lado puede ser mucho más fácil y rápido de lo que podría parecer a simple vista. Volver a tomar el control de nuestro cerebro, nuestras experiencias y, en general, nuestra vida, pasa a menudo por afrontar nuestros miedos y terrores. Como decía un personaje de pesadilla en cierta película: “Sólo hay que tener miedo al propio miedo”.

Para saber más…

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

2 Interacciones

  1. 27/01/2015

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  2. 28/01/2015

    […] os contamos en nuestro último artículo, recientemente hemos visto algunos programas y concursos que han abordado las fobias con un […]

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