Entrevista a Ramón Bayés: del origen de la Psicología a la búsqueda de la serenidad. - Psicomemorias
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Entrevista a Ramón Bayés: del origen de la Psicología a la búsqueda de la serenidad.

Hoy estrenamos sección en Psicomemorias: Entrevistas. Creemos que las entrevistas son una forma más de divulgación, como hasta ahora lo han venido siendo nuestros artículos. Pero en ellas no solo hablarán los datos, también las personas. Traeremos a profesionales de la Psicología y de otras áreas afines que nos van a enseñar mucho de nuestra disciplina a través de su experiencia en ámbitos tan dispares como la neurociencia, la Psicología de la salud, la Psicología evolutiva o la Psicología social.

Aprovechando que hoy es 10 de octubre, Día Mundial de los Cuidados Paliativos y Día Mundial de la Salud Mental, os queríamos presentar a Ramón Bayés Sopena, psicólogo especializado en Psicooncología y Cuidados Paliativos. Entre sus méritos está el haber sido introductor en España de los grandes autores de Psicología conductista y experimental. Autor de más de 15 publicaciones de divulgación e incontables publicaciones científicas y académicas. Entre sus muchos títulos y reconocimientos consta el haber sido catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1983, y nombrado profesor emérito tras su jubilación (2002). Haber sido nombrado Colegiado de Honor por los Colegios Oficiales de Psicólogos de Cataluña (2008) y de la Comunidad Valenciana (2010). En 1995 le fue concedido por la Sociedad Catalana de Investigación y Terapia Conductual el premio Pavlov por el conjunto de su obra y en 2009 fue investido doctor honoris causa en Psicología por la UNED. En 2005, la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y de Baleares instauró un premio con su nombre. Aún así los aires de grandeza no van con él. En 2010 escribió un libro titulado “El psicólogo que buscaba la serenidad” que da título a esta entrevista. En él se reconoce como un buscador de esta serenidad que otros ya dan por sabida. Es sobre la serenidad, el sufrimiento y la Psicología, de lo que vamos a hablar en esta entrevista.

Ramon Bayés Sopena. El psicólogo en busca de la serenidad

¿Cómo llegaste a ser psicólogo en una época tan dura para España como fue la postguerra?

Es cierto que la posguerra fue una época de extremada dureza para los que la vivimos pero nunca se me había ocurrido relacionarla con mi decisión de dedicarme a la Psicología. Mi padre era un modesto electricista que con su esfuerzo personal mantenía a la familia y mi madre le ayudaba en la administración de la pequeña empresa familiar. Al terminar mis estudios de bachillerato en el Instituto Menéndez y Pelayo mis padres me aconsejaron iniciar de unos estudios de Peritaje Industrial Eléctrico para dar continuidad al camino emprendido por mi padre y, a pesar de que prefería la literatura (me gustaba escribir) y la química (disfrutaba elaborando fuegos artificiales para la noche de San Juan), acepté. Una vez conseguido el título y dado que, al contrario de mi padre, mis habilidades manuales eran escasas, encontré trabajo como perito industrial en una gran empresa multinacional de fibras artificiales y tras viajar a Inglaterra y Suiza para adquirir la formación adecuada, en una época en la que era muy difícil salir de España a jóvenes en edad militar, me especialicé en instalaciones eléctricas en ambientes explosivos. Posteriormente, también trabajé en otra empresa que producía aparatos eléctricos destinados principalmente a la prevención de los efectos del grisú en las minas de carbón. Trabajaba para mantener a la familia, me había casado, teníamos dos hijos. Pero no me gustaba mi profesión. Así que cuando leí en el periódico un anuncio solicitando un director para una escuela de mandos intermedios (EMI) ubicada en un suburbio barcelonés, me presenté a la selección y conseguí la plaza y, sin darme apenas cuenta inicié el camino hacia la Psicología.

Para muchos colegas de nuestra profesión eres todo un referente. Y para ti, ¿quién marcó tu carrera?

Claramente dos personas: Josep Toro y Francesc Gomá. El primero, un joven psiquiatra, fue quien me la descubrió en la Escuela de Mandos Intermedios a través de su creciente actividad al frente de un gabinete de asesoramiento puesto a disposición de los alumnos y sus familiares en una iniciativa pionera completamente revolucionaria. Las personas que acudían a EMI eran trabajadores de mediana edad procedentes de diferentes empresas en las áreas administrativa, industrial y comercial. Finalmente, el gabinete se independizó de la Escuela para convertirse en “Galton, Centro de Investigaciones Psicológicas” y cambié mi actividad en EMI para trabajar en el nuevo centro de Psicología, uno de los primeros que se crearon en España, junto a otros compañeros psiquiatras y psicólogos.

Paralelamente, con Toro y otros compañeros, fundamos Editorial Fontanella, dentro de la que se consolidaron varias colecciones de Psicología que dieron a conocer en España las obras de Luria, Pavlov, Skinner, Eysenck, Sechenov, etc. y que constituyeron uno de los principales alimentos de los alumnos de las primeras promociones de las Facultades españolas de Psicología.La otra persona decisiva en la trayectoria de mi vida profesional fue Francesc Gomá, un catedrático de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, desconocido para mí, que estaba encargado de buscar profesorado para la Facultad de Psicología de la recién creada Universidad Autónoma de Barcelona y que en una corta entrevista de pocos minutos fue capaz de convencerme de mi vocación latente de profesor universitario. Finalmente, a los 44 años, tras cursar la licenciatura de Psicología en la Universidad de Barcelona como alumno libre, fui contratado como profesor por la Universidad Autónoma de Barcelona. Posteriormente, hice oposiciones de adjunto, agregado y catedrático que conseguí en 1982.

En tus inicios te dedicaste al análisis experimental de la conducta y, de hecho, tu tesis doctoral trata sobre ello. ¿Te adscribes a algún paradigma concreto o consideras que la clave en una disciplina con tantos modelos teóricos está en un punto medio?

En aquella época me relacioné con un profesor de la Universidad de Rochester que pasaba su año sabático en Barcelona, Stanley Sapon, de pensamiento skineriano estricto y él me enseñó a condicionar ratones y tórtolas. Y gracias a mis conocimientos técnicos me construí una caja de Skinner automatizada. El director de mi tesis doctoral “Contribución del análisis experimental de la conducta a la investigación de drogas psicotropas” fue Francisco García-Valdecasas, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Aunque los paradigmas de Pavlov y Skinner siempre me han acompañado en el camino, mis intereses y trayectoria han evolucionado; empecé a trabajar en el ámbito de psicología de la salud a principios de los años ochenta; últimamente, los autores que más han influido en mi trayectoria han sido Eric Cassell, Iona Heath y Diego Gracia.

En todos estos años, ¿qué es lo más importante que has aprendido de tus alumnos? ¿Y lo más importante que intentaste enseñarles?

De los alumnos he aprendido ilusión y curiosidad, que han alimentado continuamente la mía. He tratado de compartir con ellos la información que tenía, procurando destacar la importancia de adquirir una formación lo más completa posible que, al lado del aprendizaje del método científico-natural y su aplicación al campo de la Psicología, incluyera la bioética, la literatura, la música y el cine; así como la necesidad de explorar nuevos territorios: la psicooncología, la psiconeuroinmunología, el SIDA, el envejecimiento, el sufrimiento y, finalmente, los cuidados paliativos.

De los alumnos he aprendido ilusión y curiosidad, que han alimentado continuamente la mía

Prácticamente, se podría decir que has visto crecer la Psicología española. ¿Cómo ha cambiado desde que comenzaste a ejercerla en los años 70 hasta hoy?

El aprendizaje del inglés y las nuevas tecnologías de la comunicación han facilitado el intercambio de conocimiento. Procedemos de una época en la que ni siquiera existían fotocopiadoras; si querías un artículo reciente, tardabas mucho tiempo en conseguirlo o tenías que ir a la hemeroteca que lo había recibido provisto de un papel y un bolígrafo. Por otra parte, los ordenadores, junto a sus múltiples ventajas para la obtención e intercambio de información y datos, también han aportado problemas. Es más difícil concentrarse en un tema y, a mi juicio, contribuyen a que se esté perdiendo creatividad y espíritu crítico independiente.¿Cuál crees que es el futuro de la Psicología en España?Creo que el mismo que en el resto del mundo. El conocimiento se ha globalizado. Tal vez lo que nos diferencia en España de los países anglosajones es la calidad de los laboratorios que se precisan para avanzar en algunas áreas especializadas consideradas punteras. Los peligros, en mi opinión, también se han globalizado: lo más importante para la universidad, y también para gran parte del profesorado, no es conseguir una buena docencia personalizada sino publicar en revistas con elevado índice de impacto artículos metodológicamente impecables, bastantes de los cuales sólo sirven para que sus autores puedan ascender en la pirámide académica.

Tras haber pasado por muchas ramas de la Psicología desde tus inicios hasta hoy, ¿por qué finalmente te decantaste por la Psicooncología, los Cuidados paliativos y, en definitiva, el afrontamiento de la muerte?

A principios de la década de los ochenta, en el transcurso de una clase de metodología, me pregunté en voz alta: “¿Puede el psicólogo ayudar a los enfermos de cáncer?”. Dividí la clase (unos 30 estudiantes) en grupos de tres y asigné a cada grupo una revista desde una lista que me facilitó el jefe de servicio de Oncología de un Hospital General de Barcelona adscrito a mi Universidad, a la que añadí dos reconocidas revistas médicas de carácter general: The Lancet y The New England Journal of Medicine. El objetivo que propuse a los estudiantes era claro: empezando por el último número recibido sacar una fotocopia de todos los artículos que hablaran de aspectos psicológicos en el cáncer durante los últimos diez años. No eran muy abundantes y con estos artículos empezamos a trabajar. Más tarde me enteré que, paralelamente a nuestra labor en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el Departamento de Psicología de la Universidad de Valencia y en el de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza se estaba tratando de investigar en la misma dirección. La primera tesis doctoral sobre oncología defendida en mi universidad por un psicólogo fue la de Antoni Font, en 1988: “Valoración de la calidad de vida en enfermos de cáncer”.

En tus intervenciones para estudiantes o en artículos de divulgación es habitual que saques a relucir una de tus citas favoritas “Los que sufren no son los cuerpos, son las personas” de Eric Cassell. ¿Qué significa para ti esta cita? ¿Qué intenciones encierra?

El psicólogo forma parte de un equipo de profesionales de la salud cuyo objetivo básico común es ayudar a las personas a morir en paz

Hace años, me encontraba formando parte de una mesa redonda en el Colegio de Médicos de Barcelona y una de las ponentes, la Dra. Carmen Alonso, oncóloga especializada en cáncer de mama, centró su intervención en el artículo de Eric Cassell “El sufrimiento y los objetivos de la medicina” (N.Engl J Med 1982) que me impresionó vivamente y cambió el curso de mis intereses profesionales y científicos. El contenido de dicho artículo, que sigue siendo relevante, puede resumirse en la frase que mencionas. A partir de él empecé a profundizar en el tema del sufrimiento. Posteriormente, conocí personalmente a Eric Cassell.

¿Qué perfil debe cumplir una persona que quiera dedicarse a la psicooncología y/o a los cuidados paliativos? ¿Qué función cumple el psicólogo en este ámbito?.

La respuesta a la primera pregunta es: excelencia profesional, escucha activa y compasión. Para la segunda, el psicólogo forma parte de un equipo de profesionales de la salud cuyo objetivo básico común es ayudar a las personas a morir en paz.

La Medicina moderna lleva mucho tiempo asentada en la sociedad, y goza de más prestigio que otras profesiones sanitarias, como la Enfermería o la Psicología. Sin embargo, ¿debe la Medicina aprender ciertas cosas de otras disciplinas como la Psicooncología?

En mi opinión, existen dos métodos para adquirir conocimiento:

  • El método científico-natural, común a todas las disciplinas científicas, que nos permite avanzar y conseguir mejores instrumentos de observación y terapéutica: medicamentos y técnicas de comunicación más eficaces, entornos más adecuados, estrategias de prevención, etc. Es un método que, partiendo de una observación lo más objetiva posible de los hechos, evoluciona a través de modelos, comparaciones y simplificación. Todos los profesionales podemos y debemos aprender de los demás, sean médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, fisioterapeutas, farmacéuticos… Nuestro objetivo es común: la salud y bienestar de la persona a la que atendemos. El médico debe aprender de los psicólogos de la misma manera que los psicólogos deberíamos conocer y estudiar muchos artículos relacionados con la Psicología que aparecen en las principales revistas de Medicina. Personalmente, antes de que existiera Internet, estuve suscrito durante muchos años a The Lancet y The New England Journal of Medicine, de cuyas páginas he sacado gran parte de mis conocimientos.
  • El método poético. Ante cada caso individual, único, irrepetible, el método científico es inadecuado e insuficiente. Tenemos que actuar como afrontamos un poema de García Lorca o una sinfonía de Mahler y tratar de entenderlo, de golpe, con toda su complejidad. Lo único que puede ayudarnos es la experiencia, experiencia clínica y experiencia de la vida adquirida a través de nuestras vivencias personales, historias de personas próximas o procedentes de la literatura, el teatro o el cine.

Actuar como si afrontáramos un poema de García Lorca o una sinfonía de Mahler. Tratar de entenderlo, de golpe, con toda su complejidad

¿Cómo ayuda el psicólogo en la comunicación de malas noticias por parte del médico a su paciente?

Escuchando, compartiendo silencios, intentando que el paciente acepte su realidad, validando su vida.

Hace ya más de 30 años desde que se descubrió el virus VIH y la enfermedad del SIDA, y se ha avanzado mucho desde entonces hasta hoy, tanto en el tratamiento como en la mejora de la calidad de vida de estos pacientes. ¿Qué papel han jugado los psicólogos en la lucha contra esta enfermedad? ¿Qué retos crees que sigue teniendo la Psicología con éstos pacientes?

Creo que han participado desde el comienzo en la difusión de las técnicas de counselling y que esto ha sido muy importante, sobre todo en épocas o lugares en los que los fármacos eficaces contra la enfermedad eran inexistentes o estaban – y siguen estando -, fuera del alcance de las personas afectadas por el virus. El papel de los psicólogos en la prevención de la infección era y sigue siendo importante. Cuantitativamente, el número de los que han participando en investigaciones relacionadas con la enfermedad ha sido y sigue siendo, a mi juicio, escaso.

Cambiando de tema, de un tiempo a esta parte editas junto con Beatriz Ogando una lista de películas en base a diferentes temáticas (soledad, duelo, compasión…) ¿qué significa para ti el cine y qué relación crees que tiene con la Psicología?

El cine, el buen cine, nos comunica experiencia de la vida. Nos muestra lo que dicen y piensan los protagonistas, y cómo se originan sus decisiones en entornos culturales, sociales y afectivos concretos, así como las consecuencias de estas decisiones. Es un tipo de saber distinto al que se enseña en las facultades en las que suele mostrarse a la persona troceada en diferentes asignaturas: anatomía, neurología, genética, terapéuticas, diseños, etc.

Antes de agradecerte que nos hayas concedido esta entrevista, ¿te gustaría añadir algo más?

Quisiera terminar con una reflexión que hizo José Luis Sanpedro en 2011:

“Lo que creo que es la verdad es solo mi verdad. La verdad no es objetiva con cosas que no puedes tocar ni demostrar. Hay que pensar en la verdad de cada uno y la frontera me permite tener mi verdad, pero a la vez aprovechar y gozar de la verdad ajena”.

Si el lector ha llegado hasta aquí, creo que merece un descanso. Y si alguien desea continuar puede acceder a artículos, entrevistas y videos en Internet colocando mi nombre en el buscador del Google, o bien escribirme directamente a ramon.bayes@uab.es y, en la medida de mis posibilidades y saberes, le contestaré con gusto.

Muchas gracias Ramón por esta entrevista y dejarnos tantos temas sobre los que reflexionar e investigar.

Sobre Javier Corchado

Psicólogo. Ha participado en diversas investigaciones sobre Psicooncología en la Universidad de Sevilla. Desde 2010 a 2015 colaboró con la Asociación Española Contra el Cáncer, al principio como voluntario en el Hospital Virgen de Macarena y desde 2012 como voluntario online en www.aecc.es. Actualmente estudia para pertenecer al Cuerpo Superior Técnico de Instituciones Penitenciarias en la especialidad de Psicólogo, a la vez que es editor y autor en Psicomemorias.

8 Interacciones

  1. FRANKLIN CASTRO dice:

    Gracias por compartir la riqueza de un gran ser humano.

  2. Chavela Robledo dice:

    Gracias Ramón.

  3. Pep Bernadas dice:

    Mil gracias, Ramon, por contarnos tu trayectoria. Me recuerda el exhorto de los maestros constructores de catedrales góticas a sus aprendices: “construye tu herramienta y ella te construirá a ti” Sobre todo si te marcas el objetivo de edificar lo que sueñas.

  4. Paola dice:

    Gracias Mi querido Ramón por tu historia, tus palabras tan sencillas y tan sabías…que Llenan el alma y alimentan las ganas de seguir tu camino. Pao de Chile.

  5. La entrevista me pareció ejemplar y la puse en mi entrada de F.B.
    Cuando Ramón Bayés escribió el libro VIVIR para personas mayores y jubilados me gustó tanto su enfoque y contenido que me puse en contacto con él y desde entonces mantenemos una amistad epistolar.

  6. Un interesante articulo de un grande de la psicología, saludos desde Perú

  1. 10/10/2015

    […] Entrevista a Ramón Bayés: del origen de la Psicología a la búsqueda de la serenidad […]

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