Entrevista a Eduardo Polín: psicología y adiestramiento canino - Psicomemorias
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Entrevista a Eduardo Polín: psicología y adiestramiento canino

Eduardo Polín es licenciado en Psicología por la UNED y máster en Investigación en Psicología por la misma universidad. Está especializado en el análisis experimental y aplicado de la conducta y cuenta con más de 6 años de experiencia como investigador en el departamento de psicología básica I de la UNED. Además de haberse formado como adiestrador canino, también ha trabajado como psicólogo responsable del diseño, desarrollo y evaluación de sesiones de actividades asistidas por perros para personas con discapacidad intelectual. Es profesor en diversos centros caninos, impartiendo clases de psicología del aprendizaje, de análisis funcional del comportamiento y de técnicas aplicadas en intervenciones asistidas por perros. Actualmente, compagina el desarrollo de su tesis doctoral en psicología con su trabajo como profesor-tutor de la asignatura “Psicología del Aprendizaje”, del grado en Psicología de la UNED. Hoy Psicomemorias le entrevista para conocer más sobre el adiestramiento de perros en Psicología.

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Eduardo, me comentaste que empezaste a estudiar Ingeniería. ¿Cómo pasaste a la Psicología?

Efectivamente, fue un cambio radical. Pero, como todo, hay que contextualizarlo: yo entré en la Universidad con 17 años y, al igual que muchos jóvenes, tuve que elegir qué empezar a estudiar sin tener ni la más remota idea de cómo sería aquello una vez dentro. A pesar de que la psicología siempre me había llamado mucho la atención, mi formación durante los años de bachillerato fue en el ámbito científico-tecnológico, donde suelen prepararte para estudiar ingenierías u otras carreras pertenecientes a la rama de las que tienden a ser consideradas “ciencias duras”, como física o química, por ejemplo. Digamos que en ese momento se tienen en cuenta pocos factores a la hora de tomar ciertas decisiones y uno de los que más pesa es aquel referido a las salidas laborales. En una etapa en la que la informática se encontraba en claro auge, opté por probar para, tras dos años, cambiar y empezar a estudiar la licenciatura en psicología. Y a día de hoy no puedo estar más contento con aquella decisión. De hecho, paradójicamente, cuando estaba estudiando psicología tuve que aprender a programar para poder llevar a cabo los experimentos en los que me encontraba inmerso.

¿Llegaste al trabajo con animales en terapia por casualidad o había una pasión previa por el mundo animal que querías usar como psicólogo?

Siempre me gustaron los animales y su conducta despertaba en mí mucha curiosidad, aunque es cierto que en el momento en el que empecé a estudiar psicología no era algo en lo que yo estuviera pensando. Mis primeras intenciones iban encaminadas a acabar dedicándome a la psicología en su vertiente aplicada (principalmente en el ámbito clínico), por lo que podríamos decir que en un principio, no, no pretendía recalar en el mundo animal al menos de forma profesional.

Actualmente no podría concebir dedicarme profesionalmente a la psicología sin estar ligado de alguna manera al estudio de la conducta de los animales no-humanos

Mi trayectoria académica, sin embargo, tuvo un punto de inflexión (y de no retorno) cuando me encontraba en segundo de carrera y comencé a cursar la asignatura “Aprendizaje y condicionamiento”, que actualmente, en el nuevo grado, ha pasado a denominarse “Psicología del aprendizaje”. Empecé a asistir a las clases que impartía el Dr. Vicente Pérez (quien a día de hoy es, además de un buen amigo, mi director de tesis) y rápidamente quedé prendado de todo lo que allí se explicaba. Encontré muchas respuestas a las preguntas que todo alumno entusiasta se hace, y la inmensa mayoría tenía su origen en la investigación experimental del comportamiento en animales no humanos. Un buen día, durante el transcurso de unas prácticas de su asignatura, Vicente me propuso colaborar en investigación y yo no lo dudé ni por un segundo: Acepté y entré a formar parte de su equipo.

De forma paralela, unos meses después comencé a formarme en el mundo del adiestramiento canino, tomándolo como un hobby y por tanto sin ninguna pretensión de tipo profesional en un principio. Pero era inevitable que de alguna forma se establecieran vínculos entre una cosa y la otra, es decir, entre el estudio científico de los principios básicos del comportamiento y su aplicación en el entrenamiento de animales. Por eso decidí profundizar en esos ámbitos y ello me llevó, en poco tiempo, a impartir clases de psicología del aprendizaje para adiestradores caninos en formación. Además, una vez licenciado y al estar metido en ese mundo, surgió la posibilidad de trabajar como psicólogo coordinando sesiones de intervenciones asistidas por perros para personas con discapacidad intelectual.

Así que, respondiendo a la pregunta, sí y sí: Llegué en cierto modo por casualidad pero mi pasión previa por el mundo animal hizo que todo fuera un paso lógico más en mi carrera. Actualmente no podría concebir dedicarme profesionalmente a la psicología sin estar ligado de alguna manera al estudio de la conducta de los animales no-humanos.

Durante estos últimos 6 años en los que has estado investigando ¿has realizado algún estudio sobre el adiestramiento canino o la terapia asistida con perros?

No específicamente sobre esos temas, pero sí que hemos realizado algún estudio piloto para tratar de observar determinados fenómenos psicológicos en perros. De hecho, actualmente estamos tratando de definir un protocolo de entrenamiento para aplicar ciertos fenómenos básicos que hemos observado previamente en otras especies, lo cual probablemente formará parte de mi tesis doctoral. Siento no poder profundizar mucho más en el tema, pero el proyecto aún se encuentra en sus fases preliminares y hasta finales de año no creo que tengamos datos concretos. Pero si todo va bien, espero poder dedicarme a investigar el comportamiento de los perros de manera más continuada pronto.

¿Podrías resumirnos el tema sobre el que trata tu tesis doctoral?

Estamos estudiando el efecto que tiene la variedad de eventos antecedentes y consecuentes en la velocidad de aprendizaje. Dicho de otra forma, queremos investigar cómo afecta a la velocidad de adquisición y de extinción de ciertas respuestas el hecho de que sean reforzadas y/o controladas por varios estímulos y no siempre por el mismo. La mayoría de trabajos que componen la tesis se han llevado a cabo con palomas como sujetos experimentales, aunque también se ha hecho una pequeña parte con humanos. Podría decirse que la tesis se encuentra en una fase bastante avanzada, pero aún nos falta completar el proyecto con un par de experimentos más que, presumiblemente, se van a realizar en los próximos meses. Uno será con perros y otro con ratas, por lo que será interesante ver cómo se presenta (o no) un mismo fenómeno psicológico en cuatro especies diferentes. Se trata de una tesis que podría encuadrarse dentro de la ciencia básica psicológica en tanto que estudiamos la posibilidad de que exista un determinado fenómeno con la única pretensión de conocerlo y saber por qué sucede. Sin embargo, personalmente, también tengo mucho interés en las posibilidades de aplicación del fenómeno, ya que la velocidad de aprendizaje es una variable de especial relevancia en muchos ámbitos: Psicología clínica, educativa, social, entrenamiento de animales no humanos, etc. Me encantaría poder contribuir tanto al avance del conocimiento básico como al desarrollo de tecnología del comportamiento.

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Recientemente, han surgido programas televisivos en los que se muestra cómo entrenar a tu mascota. Pero ¿en qué consiste realmente el adiestramiento de perros?

Yo soy de la opinión de que la divulgación es mejor no hacerla antes que hacerla mal, aunque también soy partidario de encontrar siempre la manera de hacerla bien porque considero que es muy importante divulgar. Pero, por desgracia, lo que vemos en la mayoría de programas de televisión dista mucho del trabajo real de un adiestrador canino o de un especialista en modificación de conducta. El adiestramiento canino presenta una gran variedad de modalidades de trabajo, pero sea cual sea la modalidad a la que nos queramos referir, requiere de muchos conocimientos, habilidad, destreza y, sobre todo, mucha paciencia. Como cualquier trabajo profesional, es un ejercicio de responsabilidad en el que, además, se trabaja con seres vivos, sociales y sensibles. Los objetivos de cualquier trabajo de adiestramiento no se consiguen en lo que dura una pausa publicitaria. Y lo que es más importante, no sabemos si dichos objetivos se consiguen a no ser que se tomen datos que lo respalden.

Me encantaría poder contribuir tanto al avance del conocimiento básico como al desarrollo de tecnología del comportamiento

Según tu experiencia, ¿crees que es cierto todo lo que se muestra en esos programas de televisión?

No tengo datos para emitir un juicio en uno u otro sentido, entre otras cosas porque en esos programas dichos datos no se muestran. Pero sí tengo motivos para opinar que lo que allí se expone responde más al entretenimiento televisivo que al hecho de mostrar la realidad. Con esto no quiero decir que todo lo que se nos muestre sea mentira, sino que, evidentemente, no se nos muestra lo suficiente como para poder evaluarlo con rigor científico/técnico. Otra cuestión sería que las interpretaciones, explicaciones y conclusiones que nos hacen llegar sean ciertas o no. Mi opinión es que en su gran mayoría, desde luego, no lo son.

¿Cómo se relacionan el adiestramiento y de animales y la Psicología?

La psicología es la ciencia que tiene por objeto de estudio la conducta. Y en el adiestramiento de animales lo que se hace es trabajar con su conducta, con toda su conducta: trabajos de comportamiento motor, emocional, social, cognitivo, etc. Es razonable pensar que el adiestramiento de animales, por tanto, constituye un caso de aplicación de la psicología. Aunque, por supuesto, afirmar esto supone simplificar el estado de la cuestión, ya que el adiestramiento, como dije, presenta múltiples modalidades y cada una de ella cuenta con sus propias particularidades. En este sentido el trabajo de adiestramiento debe también de otras fuentes científicas, como la biología o la etología, por ejemplo.

¿Cuáles son los principios psicológicos fundamentales en los que se basa el adiestramiento de animales?

Como cualquier trabajo de intervención sobre el comportamiento, existen principios básicos que operan y se aplican en todas las especies. No obstante, es crucial conocer la especie con la que se trabaja, pues si bien se suele asumir que existen principios para todas, la implementación de técnicas debe tener en cuenta las particularidades de cada una, esto es, la interacción de variables que puede surgir fruto de las características específicas de un animal y, más aún, de un individuo concreto en un momento dado.

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¿Qué tipo de formación das en los centros caninos en los que trabajas?

Principalmente, me suelo encargar de enseñar sobre psicología del aprendizaje en sus tres vertientes: filosofía de la ciencia, análisis experimental del comportamiento y análisis conductual aplicado. La formación que imparto es fundamentalmente de tipo teórico, aunque en muchas ocasiones también se llevan a cabo ejercicios prácticos con perros para aplicar y ver in situ cómo funciona lo previamente aprendido sobre el papel. También doy clases sobre análisis funcional y las múltiples aplicaciones de esta metodología: técnicas de modificación de conducta, recogida de datos, representación gráfica de resultados, análisis de la propia conducta del adiestrador, etc. En función del nivel del curso las materias que imparto pueden alcanzar un menor o mayor grado de complejidad. En cursos básicos suelo realizar introducciones, mientras que en cursos avanzados se profundiza mucho más en todo.

¿Qué son las intervenciones asistidas por perros?

Son intervenciones encaminadas a aumentar el bienestar de personas contando para ello con la colaboración de uno o varios perros. Se pueden dividir en terapia y actividades asistidas por perros. La terapia con perros se puede entender como sesiones individuales en las que se persigue un objetivo concreto, al igual que en cualquier terapia psicológica estándar. La diferencia radica en que en este caso nos ayuda un perro para lograr los objetivos terapéuticos. Las actividades, por su parte, se suelen realizar en grupo y no son de tipo terapéutico, sino lúdico. Aquí los objetivos que se persiguen son comunes, aunque adaptados a cada usuario, pero no pretenden solucionar un problema concreto sino servir de herramienta lúdica y que además resulten óptimas desde un punto de vista psicológico.

Existen terapias con animales, especialmente para niños con algún trastorno del desarrollo o personas mayores. ¿Qué objetivos persiguen estas terapias y cuáles son sus beneficios?

Los objetivos serán unos u otros en función de cada individuo particular y no de la etiqueta que los pueda o no acompañar. Los potenciales beneficios, por tanto, deberán estudiarse en cada caso por separado. El perro de terapia puede adoptar distintos roles dependiendo de la intervención y su uso deberá justificarse caso por caso, teniendo en cuenta si puede aportar un plus terapéutico diferencial respecto a una intervención sin perro. Hay que recalcar que el perro per se no necesariamente constituye un elemento terapéutico. De hecho, no suele ser así: es el papel que pueda jugar el que determina si, integrándolo en una terapia, puede ayudar de una u otra manera.

¿Podrías describirnos cómo es una sesión de intervención asistida por perros para personas con discapacidad intelectual?

Suelen ser sesiones que, bien diseñadas, resultan muy divertidas para los usuarios. Se pueden trabajar aspectos relacionados con la concentración, con la memoria, con el razonamiento, con la interacción social, con la gestión emocional, etc. Los perros que participan en estas sesiones están entrenados para realizar determinados ejercicios, la mayoría de ellos en colaboración con los propios usuarios. Por ejemplo, se puede programar un ejercicio para fomentar el trabajo en equipo que consista en montar un puzzle, cuyo nivel de complejidad puede variar en función de las características del grupo. Para montarlo deben ayudarse unos a otros e ir pidiéndole al perro que les traiga las piezas que ellos quieran e incluso que sea el propio perro el que las coloque. No obstante, las actividades pueden ser muy variadas y debe haber una buena coordinación entre el profesional que se encargue del diseño de las sesiones y la evaluación de las personas implicadas, y el profesional que se encarga del entrenamiento del perro. De esta forma, el perro estará preparado para hacer frente a las necesidades de los usuarios y ambas partes (perros y humanos) podrán beneficiarse.

Los objetivos de las terapias con animales serán unos u otros en función de cada individuo particular y no de la etiqueta que los pueda o no acompañar

¿Es la terapia con animales útil para todos los trastornos psicológicos?

Hasta donde yo sé, no existe evidencia que apoye tal afirmación. Aunque en mi opinión la pregunta incluye una connotación que merece la pena comentar: creo que nos encontramos con un problema de base conceptual en torno al término “trastorno” que nos lleva a concebir los problemas de índole psicológica como si fueran enfermedades de tipo médico. Y, al final, parece que en psicología clínica hay que dedicarse a tratar trastornos en lugar de comportamientos. Como consecuencia de esta concepción, peligrosamente errónea a mi modo de ver, tendemos a pensar en los procesos terapéuticos como si fueran soluciones establecidas ad hoc para cada una de las distintas problemáticas. En otras palabras: para el trastorno “X”, la terapia “Y”; para el trastorno “A”, la terapia “B”.

De esta manera, parece como si las leyes que rigen el comportamiento cambiasen en función del diagnóstico. En este sentido, cabe destacar, que las terapias en las que participan animales no deberían constituir una categoría distinta de terapia, sino que deberían entenderse como la posibilidad de ayudarnos como un recurso más, en este caso un animal, para alcanzar los objetivos terapéuticos. Y dichos objetivos, como ya dije en una respuesta anterior, los determinará en gran medida el caso concreto ante el que nos encontremos y no necesariamente la etiqueta diagnóstica que haya recaído sobre la persona. Aspectos relacionados con la naturaleza de la conducta (su topografía, su función y la interacción entre ambas), el contexto, la historia de aprendizaje, variables extrañas, etc., son factores que a mi modo de ver contribuyen a entender el hecho de que en determinadas ocasiones un proceso terapéutico obtenga unos resultados y otras veces otros. Por lo tanto, serán estas variables – y no el trastorno en cuestión – las que aporten información acerca de si resulta pertinente o no incluir un animal en la terapia.

Tendemos a pensar en los procesos terapéuticos como si fueran soluciones establecidas ad hoc para cada una de las distintas problemáticas

En cualquier caso, mi opinión es que no, no siempre es útil recurrir a la ayuda de animales en terapia psicológica. Pero quiero dejar claro que no creo que sea una cuestión de “no es útil para el trastorno X”, sino más bien que no siempre la inclusión de un animal tiene por qué suponer un resultado diferencial en la modificación del comportamiento, con independencia de cuál sea el motivo de la consulta, por los motivos señalados anteriormente.

Hay algunas personas que critican el adiestramiento de animales en los casos de perros guía o su uso en contextos terapéuticos porque se realiza un entrenamiento excesivo y se busca la sumisión. Como profesional y experto en el comportamiento animal, ¿cuál es tu opinión al respecto?

Las críticas son muy variadas, no obstante, mi opinión es clara en ese sentido: creo que el uso de animales en contextos terapéuticos o de ayuda social debe otorgar a los animales (y no sólo a los humanos) la posibilidad de aumentar su bienestar. Tal y como yo lo veo, olvidarse de este aspecto supone por un lado una falta de ética profesional y, por otro lado, fracasar en la consecución de al menos uno de los objetivos que se deberían marcar. Una cosa es que las características específicas del perro, por ejemplo, puedan resultar funcionales para el ser humano y otra cosa muy distinta es reducir el papel del animal a un mero instrumento, negándole de esta forma el acceso a ser lo que en definitiva es, es decir, un perro, con todo lo que ello conlleva.

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Si una persona quiere saber más sobre qué es esto de la terapia con animales o si le puede resultar beneficioso, ¿dónde podría acudir?

Existen muchas empresas dedicadas al adiestramiento de perros que imparten charlas sobre el tema y a las que se les puede solicitar información. Eso sí, yo recomiendo que la consulta definitiva se realice a los profesionales de la salud que vayan a ser quienes dirijan la terapia. Son ellos quienes pueden utilizar el criterio profesional necesario para determinar los casos en los que pueda existir, o no, un potencial beneficio.

Creo que el uso de animales en contextos terapéuticos o de ayuda social debe otorgar a los animales (y no sólo a los humanos) la posibilidad de aumentar su bienestar

Si alguien estuviese interesado en buscar a un experto para entrenar a su mascota ¿qué criterios puede seguir para elegir a un buen adiestrador?

Es una cuestión difícil de abordar, porque a día de hoy en España sigue sin existir formación reglada oficial que acredite como adiestrador canino. Por tanto, aunque el currículum y la experiencia son importantes y son aspectos que hay que consultar siempre, así como pedir referencias o tener en cuenta opiniones, yo me fiaría más de aquel que esté dispuesto a ofrecer algún tipo de garantía de su intervención por escrito, así como dejar claras las condiciones del contrato de servicios (que el cliente puede o no aceptar). Estaría muy bien que además en esta garantía figurase el compromiso a continuar asesorando al cliente una vez finalizado el trabajo. Otro criterio relevante a tener en cuenta es que la persona a la que contratemos esté dispuesta a trabajar delante del cliente en el contexto habitual en que el perro viva y no que se lo lleve y lo “devuelva adiestrado” tras unas semanas, por muy buen adiestrador que sea. Al hilo de esto último, también debe quedar claro que el profesional tiene que enseñar al cliente a manejar por su propia cuenta aquellas situaciones que han sido objeto de la intervención. Y por supuesto, el criterio más importante: no fiarse nunca de quien nos prometa resultados o soluciones milagrosas en dos días.

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Para saber más… 

Un blog sobre adiestramiento canino: La Caja Verde 

Sobre Mercedes García Pérez-Luna

Psicóloga habilitada sanitario, máster oficial en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta, máster en Terapias Contextuales (ACT, FAP y Mindfulness) y máster sobre intervención ABA en autismo y otros trastornos del desarrollo. Trabaja como terapeuta ABA desde 2016. Investigó en Historia de la Psicología, principalmente en el abordaje de la locura en España. Además, le interesa la psicología del aprendizaje y la aplicación del análisis de conducta en contextos clínicos y educativos.

1 Interacción

  1. 09/09/2016

    […] Psicología y adiestramiento canino […]

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