El terror por bandera - Psicomemorias
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El terror por bandera

Como muchas personas, soy de intereses diversos, y he tenido la suerte de poder estudiar dos de mis preferidos: la Psicología y, más recientemente, el fenómeno del yihadismo. Con campos tan distintos pensaba que sería casi imposible encontrar un punto medio entre ambas, pero por suerte nuestros compañeros de Rasgo Latente (si no sabéis quiénes son estáis tardando) y sus artículos sobre el proceso de radicalización me han dado los ánimos que necesitaba para poder mojarme en un tema de tanta actualidad.

Aunque en principio iba a publicar sólo un artículo sobre el tema, lo cierto es que la cantidad de material que arrojan algunas investigaciones y la enorme miga de esta problemática han hecho que decida publicar varios en su lugar. Eso y que no quiero aburriros con la versión yihadista de El Quijote. Por ello, el primer artículo tiene un perfil más introductorio, y en el segundo pasaré a analizar pormenorizadamente las conclusiones de un interesante y amplísimo estudio sobre las historias de quienes se presentan voluntarios a la guerra santa.

Los atentados del World Trade Center de 2001 pusieron el terrorismo internacional en el punto de mira pero ¿y la mente del terrorista? (Fuente: Google Images)

Los atentados del World Trade Center de 2001 pusieron el terrorismo internacional en el punto de mira pero ¿y la mente del terrorista? (Fuente: Google Images)

Es de justicia decir que un factor que también me motiva a escribir sobre el tema es el aluvión de preguntas que me suele hacer cualquiera que sepa lo que he estudiado. “¿Cómo pueden cometer esos disparates?”,”¡Están todos locos!”,”¿Cómo se le puede lavar la cabeza a alguien para que haga cosas así?”… Se os ocurrirán docenas de ejemplos que habréis oído a conocidos horrorizados ante la barbarie de unos pocos, a los que por desgracia se les ve mucho últimamente. Sí, hablo del grupo insurgente (aunque la mayoría de medios lo tacha de grupo terrorista sin hacer caso al criterio académico) que casi todos los días se cuela en nuestros televisores, ordenadores y smartphones a través de nuevas noticias sobre su barbarie: el Estado Islámico. 

El también llamado Daesh se ha hecho famoso no sólo por haber arrebatado el control de amplias zonas de dos países ante las narices de la Comunidad Internacional, sino por haber hecho de la extrema crueldad su escaparate. Y aunque parezca mentira no lo hace por pura maldad, porque lo ponga en el Corán o por que sean unos salvajes medievales. Ese nivel de violencia, el hecho de grabarse y exhibirse viralmente en redes sociales persigue unos objetivos concretos y más complejos de lo que podría parecer. No actúan por azar, pero ¿qué buscan con ello y cómo pueden ser capaces de semejantes actos? ¿Cómo puede alguien unirse voluntariamente a un grupo que lleva a cabo acciones tan monstruosas? En este y otros artículos intentaremos dar respuesta a algunas de estas preguntas.

Como comentamos en nuestro artículo Las cenizas de la guerra, la motivación, las emociones, y las ideas que nos creamos también forman parte del campo de batalla. De la misma manera, el terrorismo busca influir en nuestras emociones, en concreto en el miedo, para conseguir que la población haga o deje de hacer algo, con fines políticos. Así, un acto deleznable generará una respuesta social que de otra forma tardaría mucho tiempo en conseguirse.

Pero ¿tienen alguna patología? ¿Son sus ideas llevadas al extremo motivo suficiente para que pensemos que pueden ser “tratados” terapeuticamente?

La mente del terrorista

En la primera parte del artículo de Rasgo Latente, así como en la publicación en la que se basará nuestro siguiente  artículo (Why Youth Joins Al Qaida?) se hace mucho hincapié en el mito de que son personas con trastornos de la personalidad de tipo antisocial (“similar” al arquetípico psicópata que nos venden las series policíacas) que se caracterizan por su desprecio a las normas sociales, egocentrismo extremo, ausencia de respeto y empatía con los demás. Aunque nos pueda parecer de primeras que esto encaja, lo cierto es que en la mayoría de ocasiones los sujetos terroristas sí que empatizan, y suelen hacerlo con las que consideran víctimas de los gobiernos títeres y amigos de occidente, un hecho que les motiva a actuar.

Por otro lado, las narcisistas no llegarían a valorar inmolarse o perder la vida por un ideal mayor que ellos mismos, ya que para ellos normalmente no existe nada más importante que ellos mismos (interesante en el supuesto del narcisismo sería el caso de Anders Breivik, asesino en masa de 77 ciudadanos noruegos). Estas encajan mejor con la figura del asesino en serie o en masa que quieren que su nombre perdure.

Las organiaciones terroristas no suelen admitir a personas con trastornos antisociales, narcisistas o con delirios, siendo estos demasiado incontrolables. (Fuente: Flickr)

Las organizaciones terroristas no suelen admitir a personas con trastornos antisociales, narcisistas o con delirios, siendo estos demasiado incontrolables. (Fuente: Flickr)

En cuanto a las extremadamente agresivas o las que sufran de delirios no son precisamente los sujetos más óptimos para formar parte de ninguna organización que aspire a funcionar con normalidad, y lo mismo para un grupo terrorista o insurgente. Ambos son personas difíciles de aleccionar y disciplinar por lo que hacer que sigan órdenes tanto para entrenarse o atentar conllevaría enormes esfuerzos. Además, no hay que olvidar que las ideas que gran parte de la sociedad tiene de las personas con trastornos psicológicos no se corresponden con la realidad, presentando este grupo niveles menores de violencia que la población normal. Los líderes de estas formaciones no necesitan “perturbados”, sino personas colaborativas y motivadas que sigan la senda que ellos y su jerarquía marquen para conseguir sus fines. Básicamente, lo que buscan es lo que la mayoría de empresas buscan de ti en una entrevista de trabajo. Para un examen sobre el terrorismo como “condición” más detallado no dudéis en consultar el interesantísimo artículo de Rasgo Latente.

Ya sabemos lo que buscan estas organizaciones terroristas de las personas en general, y de las que puedan pasar a engrosar sus filas, pero ¿qué buscan las personas que se unen a estos grupos?

Antropólogos, sociólogos y politólogos han intentado responder a estas preguntas, aunque de momento, la tónica general ha sido poner en duda algunos puntos de estos modelos, no ampliarlos o realizar análisis más complejos que puedan resultar sistemáticamente útiles. Pero hay honrosas excepciones. Basándose en el primer estudio multitudinario sobre qué se agrupa bajo el concepto de “fundamentalista”, The Fundamentalist project (en el que participaron más de 200 académicos), la antropóloga Valerie J.Hoffman analizó qué características reúnen los integrantes de grupos yihadistas, basándose en algunos ejemplos de los panoramas extremistas de Egipto, Líbano, etc… Prestando una atención especial a las variables socio-económicas que rodean a estos sujetos, desarrolló un perfil psicosocial que intenta señalar los factores que más predisponen a acabar uniéndose a la causa de los radicales:

  • Mayormente varones jóvenes y estudiantes graduados.
  • Provienen de ambientes rurales.
  • Desean acaparar los espacios políticos.
  • Pese a sus estudios siguen relegados a las clases bajas de la sociedad.
  • Han vivido en entornos seculares (no religiosos) y “modernos” que contrastan con los tradicionalmente religiosos de los que provienen.
  • Se han enfrentado a procesos de urbanización (integración en ciudades) atropellada.
  • Creen que el mayor problema de las sociedades modernas es su degradación moral.
  • Su sexualidad se ve trastocada por las ideas de dichas sociedades, causándoles frustración.

Obviando el último punto que la autora cita, que parece haber plagiado al mismísimo Sigmund Freud, lo cierto es que enriqueció la forma de contemplar a estas personas, incluyendo las variables del choque entre la adaptación al entorno y valores urbanitas, algo que puede resultar un estresor enormemente potente. Aunque este perfil sigue resultando reduccionista para explicar adecuadamente los pormenores histórico-políticos que tejen el mundo árabe, relega un poco más la concepción sobre individuos paranoicos y con complejo de inferioridad e introduce una idea que expandirá el coronel John Matthew Venhaus en la investigación que expandiremos en el siguiente artículo: la frustración de no alcanzar el estatus social que se cree merecer.

¿Por qué los jóvenes se unen a Al-Qaeda?

Como hemos comentado antes, los modelos actuales suelen ser demasiado simplistas y alejados del verdadero volkgeist del mundo árabe, cortados por un patrón tan occidental que no nos permite llegar hasta el fondo del análisis. Por ello, nos tememos que, hasta que el creciente interés social en el tema arrastre a más profesionales de la psicología nos tendremos que contentar con investigaciones concretas y estudios de caso que permiten una mayor exhaustividad sacrificando el tamaño de la muestra. A su vez, es importante que formen parte de estas mismas culturas o estén muy familiarizados con ellas. Pero cuentan con una gran ventaja, los que sacan las conclusiones son los mismos lugareños, por lo que recopilar sus pensamientos, razonamientos e historias tiene un valor excepcional.

El coronel Venhaus, el investigador que condujo el estudio que recopila más de 2000 testimonios, es oficial de Operaciones Psicológicas del ejército de los EEUU, y por ello, parte de sus funciones para intentar disuadir a nuevos reclutas de que entren a formar parte de las filas de la yihad, es desmontar algunos de los mitos que rodean al tema, algo de lo que somos fans en Psicomemorias. Algunos ya los hemos comentado, como los relacionados con la salud mental de los aspirantes. Puntualiza, además, que los líderes no sólo evitan integrar a las personas con personalidades conflictivas, agresivas o incontrolables en sus filas, sino que cada vez más los usan como herramienta de propaganda, alentándoles a cometer atentados por ellos mismos. Obtienen un doble beneficio: por una parte evitan al personal tóxico en su entorno y en caso de que consigan su objetivo (según las estadísticas, aún siendo sucesos muy mediáticos tienen una mortalidad muy baja) pueden apropiarse del mérito prácticamente a coste cero. De ahí la rentabilidad de los llamados “lobos solitarios”, que les hacen ganar nuevos adeptos en busca de gloria personal.

Los yihadistas suelen tener una visión muy reducida o deformada del Islam, por lo que la religión juega un papel menor que otros factores sociales durante su radicalización. (Fuente: Wikicommons)

Los yihadistas suelen tener una visión muy reducida o deformada del Islam, por lo que la religión juega un papel menor que otros factores sociales durante su radicalización. (Fuente: Wikicommons)

Tampoco están más predispuestos a la violencia o la guerra santa por ser religiosos, ya que la mayoría de estos voluntarios tienen una visión muy reducida, equivocada o manipulada de las enseñanzas del Profeta. La forma de corregir el camino de muchas de estas personas es precisamente mediante programas de reeducación religiosa, como los que llevan a cabo países como Marruecos, Singapur, Holanda o Indonesia, varios de ellos con bastante éxito, quitando el monopolio religioso a las formas más radicalizadas que se venden como “único y verdadero Islam”. En estos programas gubernamentales un grupo de autoridades religiosas ayuda a estas personas a interpretar de una forma menos literal los pasajes más beligerantes de su libro sagrado, enmarcándolas en su contexto histórico y social. Además, refuerzan las partes que hacen referencia al respeto a los demás, a la convivencia con la mujer y las personas de otros credos, así como la solidaridad.

Esperemos que os haya gustado esta introducción. El mes que viene estará disponible la segunda parte: Pupilos del terror, en el que expandiremos la investigación que ha dado voz a muchas personas que tomaron la senda de la violencia y los motivos por los que lo hicieron.

Para saber más…

–  JORDÁN, Javier (2011): “Delimitación teórica de la insurgencia: concepto, fines y medios”, en Jordán, Javier, Pozo, Pilar y Baqués, Josep (eds.), Actores no estatales y seguridad internacional, Madrid, Plaza y Valdés, pp. 113-135.

– CARABALLO-RESTO, Juan (2008): “Controversias en el tintero: la retórica del fundamentalismo religioso entre musulmanes de Barcelona y Madrid”. Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, pp 113-123.

– VENHAUS, John M. (2010): “Why Youth Join Al-Qaeda?”. United States Institute of Peace. Special Report.

Sobre Alfonso Muñoz

Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla. Es además Experto Universitario en análisis del terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales.

5 Interacciones

  1. Manuel dice:

    Pura basura para confundir y desinformar.

    • Alfonso Muñoz dice:

      Siempre estamos dispuestos a escuchar argumentos que generen debate, pero los argumentos tienen que ir reforzados por evidencias o incluso preguntas al respecto, no por descalificaciones. Si te animas a contribuir con tu algún dato que refuerce tu opinión de que el artículo es “basura para confundir y desinformar” estaré encantado de contrastarlos.

  1. 15/06/2015

    […] la primera parte de esta serie de artículos introdujimos algunos tópicos sobre la salud mental, la agresividad y […]

  2. 13/07/2015

    […] El terror por bandera […]

  3. 21/02/2016

    […] participación en Sevilla en la Onda. Si quieres saber más del terrorismo yihadista, pásate por aquí o por […]

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