El Miembro Fantasma - Psicomemorias
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El Miembro Fantasma

Tras perder una mano o una pierna, más de un 90% de personas afirman seguir sintiendo tal extremidad de manera muy vívida y real, como si todavía existiese. A menudo estos pacientes describen sensaciones de cosquilleo, movimiento, calor y, con mucha frecuencia, dolor en ellas. A este fenómeno en el que la persona afirma sentir una parte del cuerpo que ya no forma parte de su anatomía es a lo que conocemos como “síndrome del miembro fantasma”.

El síndrome del miembro fantasma es la percepción errónea de que un miembro amputado aún forma parte de nuestro cuerpo.

El síndrome del miembro fantasma es la percepción errónea de que un miembro amputado aún forma parte de nuestro cuerpo.

Tales sensaciones pueden ser aún más complejas, de forma que en algunas ocasiones las piernas y manos fantasmas pueden adoptar posturas tremendamente incómodas o rígidas, llegando a producir gran dolor. Y no sólo eso, hay veces en que estos pacientes intentan alcanzar algo con el miembro perdido y sienten como si respondiera, o al dormir evitan ponerse en una posición en la que pudieran aplastarlo contra el colchón.

No obstante, si bien es lo más frecuente, el fenómeno del miembro fantasma no se reduce exclusivamente a las extremidades. Se han descrito también casos de senos fantasma, dientes fantasma e incluso de penes fantasma que afirman tener erecciones.

Durante la Guerra Civil Norteamericana (1861-1865), miles de soldados perdieron sus extremidades, pues debido a la falta de medicamentos una simple herida acababa gangrenando e infectándose y en consecuencia el miembro era quirúrgicamente amputado. El doctor Silas Weir Mitchell observó cómo muchos de estos soldados que eran dados de alta seguían sintiendo la extremidad que había sido amputada, con lo que en 1872 realizó la primera publicación de rigor científico sobre el miembro fantasma. Lo hizo bajo seudónimo por miedo a la crítica que pudiera recibir por parte de sus colegas, algo que probablemente no nos sorprenda demasiado dada la peculiaridad del fenómeno.

¿Cómo se explica el fenómeno del miembro fantasma?

Desde entonces diversas explicaciones –o especulaciones- se han dado respecto al fenómeno del miembro fantasma. Desde el hecho de que fuera simplemente resultado de un fuerte pensamiento de deseo, de manera que una persona desearía tanto tener de nuevo su pierna que esto le llevaría a sentir la pierna fantasma. Hasta algunas explicaciones más elaboradas y populares, como la clásica teoría en la que la actividad de las terminaciones nerviosas cortadas (neuromas) cercanas a la zona de amputación serían las responsables de que el cerebro interpretara –erróneamente- dicha actividad como proveniente del miembro perdido. De acuerdo con esta última teoría, muchos médicos han operado el muñón realizando otra amputación por encima de este, o han cortado los nervios sensoriales por encima de los neuromas e incluso han llevado a cabo operaciones de la médula espinal en estos pacientes. Es cierto que en ocasiones estos procedimientos funcionaban, pero frecuentemente, con el tiempo los dolores y el miembro fantasma volvían.

Una de las teorías más populares en la actualidad deriva de la observación de que el frío, el calor, o una sensación táctil en la cara a menudo iban acompañadas de sensaciones de frío, calor, o táctiles respectivamente en la mano fantasma. De la misma manera, la estimulación táctil en los genitales era sentida también en el pie fantasma. ¿Cómo puede ocurrir esto? ¿Cómo puede ser que una estimulación aplicada sobre la cara produzca una sensación similar en la mano perdida?

La corteza somatosensorial (en rojo) está relacionada con el procesamiento de información táctil, temperatura, dolor y la posición de nuestro cuerpo.

La corteza somatosensorial (en rojo) está relacionada con el procesamiento de información táctil, temperatura, dolor y la posición de nuestro cuerpo.

La razón parece ser que está relacionada con nuestro cerebro y particularmente con un área de su capa más externa, la corteza somatosensorial. Esta área está involucrada en el procesamiento de todo tipo de señales somestésicas (táctiles, de temperatura, etc.), y curiosamente tiene una organización completa, aunque no equivalente u ordenada, de nuestro cuerpo. En esta organización, ¡la cara estaría representada justo al lado de la mano! De esta forma, en el caso de que las señales provenientes de la mano faltaran debido a su amputación, la parte de la corteza que representa la cara –y que es su “vecina”- empezaría a ampliarse e invadir aquella que representa la mano, con lo que la estimulación recibida en la cara sería sentida también en el brazo que ya no está.

Esta representación pictórica de nuestro cuerpo en el cerebro se conoce como homúnculo (“pequeño hombre”) de Penfield. A mediados del siglo pasado, el neurocirujano Wilder Penfield, aprovechó el momento de la operación de algunos de sus pacientes con epilepsia para estimular diversas zonas del cerebro con un electrodo y preguntarles qué sentían. Gracias a que esta operación se realiza bajo anestesia local ya que no hay receptores para el dolor en el cerebro, los pacientes eran capaces de responder en en el momento de la estimulación.

Es así como, entre otras cosas, descubrió una franja que descendía a ambos lados del cerebro donde la estimulación provocaba sensaciones localizadas a ambos lados del cuerpo. No obstante, este homúnculo somatosensorial ofrece una visión distorsionada y desordenada del cuerpo. Aparece distorsionada ya que las áreas representadas como más grandes son aquellas con mayor sensibilidad, como las manos, labios y cara. Lo mismo ocurre con el control motor, pues las zonas de nuestro cuerpo con habilidades motoras más refinadas, como los dedos de las manos, están más representados en el mapa del homúnculo motor. Esto es algo que varía con el tiempo y de una persona a otra. Pensemos, por ejemplo, en la representación de la mano de un pianista. Algunos autores afirman que viendo el homúnculo cabe también plantearse otras cuestiones, como la relación con el fetichismo de los pies pues el pie está representado justo debajo de los genitales.

El homúnculo de Penfield representa el mapa que el cerebro tiene de nuestro cuerpo.

El homúnculo de Penfield representa el mapa que el cerebro tiene de nuestro cuerpo.

¿Cómo tratar un miembro fantasma?

Volviendo al tema que nos ocupa, en muchas ocasiones las personas que tienen un miembro fantasma experimentan dolor. Sobre todo para dichos casos en que se experimenta dolor, y especialmente porque el miembro fantasma se encuentre en una postura muy rígida e incómoda o con los dedos muy fuertemente apretados contra la palma de la mano, Ramachandran desarrolló la terapia del espejo. Esta terapia precisa únicamente de una caja con un espejo que la divide en dos. El paciente introduce el miembro en un lado (la mano derecha en el lado derecho en este caso) y el miembro amputado en el contrario. De este modo, el paciente puede ver el reflejo de su mano normal en el espejo, justo donde su miembro fantasma debería estar, con lo que el movimiento en la mano normal lo percibe como movimiento también en la mano fantasma, proporcionándole así el feedback necesario para que vaya disminuyendo el dolor. En casi la mitad de casos en que Ramachandran probó esta terapia los efectos fueron positivos y contundentes.

A pesar de que aún no se conoce con certeza el mecanismo por el que esta técnica funciona, se trata de una terapia sencilla, de bajo coste y que en muchos casos contribuye a la recuperación del paciente. Actualmente se está empezando a usar con otros grupos de pacientes, como aquellos con parálisis de un lado del cuerpo como consecuencia de lesiones cerebrales (hemiparesia) o con casos en que el paciente es incapaz de atender a estímulos extracorporales en el lado izquierdo de su campo visual (heminegligencia).

La caja espejo crea la ilusión de que la mano fantasma se mueve a la vez que la mano real.

La caja espejo crea la ilusión de que la mano fantasma se mueve a la vez que la mano real.

La Ilusión de la Mano de Goma

Para comprender mejor cómo formamos nuestra imagen corporal veamos en qué consiste la Ilusión de la Mano de Goma, un experimento ideado por Botvinick y Cohen en 1998. Para poder llevarla a cabo, la persona se sienta en una mesa, con la mano izquierda sobre ésta y oculta a su vista por una pequeña tabla vertical. Junto a la tabla, y visible esta vez para el voluntario, se coloca la mano de goma. Con dos pequeños pinceles se acarician simultáneamente las mismas zonas de su mano izquierda oculta y de la mano de goma visible. El resultado es que la gran mayoría de personas sienten al cabo de un tiempo (breve, de unos minutos) que la mano de goma es su propia mano. Pero además, si golpeamos la mano de goma con un martillo o le clavamos un cuchillo, afirman sentir un momento de intensa angustia y dolor.

Esta ilusión ha demostrado ser efectiva con todo tipo de objetos que en nada se parecen a una mano y, curiosamente, ¡con una mano invisible también funciona! Es decir, simplemente acariciando con el pincel de manera simultánea la mano izquierda y realizando los mismos movimientos, esta vez no en la mano de goma, sino en el aire. Afirma el investigador Arvid Guterstam (del Karolinska Institute, Estocolmo) que la mayoría de pacientes sintieron tener una mano invisible en la posición del espacio vacío donde el pincel se movía, e incluso su nivel de estrés aumentó cuando hicieron que clavaban un cuchillo en esa región del aire.

Ilusiones como esta, además de ser sorprendentes, nos ayudan a conocer mejor cómo construimos nuestra imagen corporal. Como propone Guterstam, con mayor investigación en la misma línea se podría comprobar si los mecanismos cerebrales que subyacen a esta ilusión se asemejan a aquellos de los pacientes con miembro fantasma, a pesar de las diferencias físicas obvias entre ambos grupos. El avance en esta línea de conocimiento nos permitirá progresar en el tratamiento del miembro fantasma (y quizás también de otro tipo de patologías), que al fin y al cabo es uno de los objetivos principales en la investigación clínica.

Para saber más…

  • Un vídeo: Sobre el funcionamiento de la terapia del espejo.  http://www.youtube.com/watch?v=xh8Pc6v7KAg
  • Un libro: Ramachandran, V.S. and Blakeslee, S. (1998). Phantoms in the Brain. London, Fourth Estate.

Sobre Bárbara Postigo

Psicóloga actualmente formándose en Neuropsicología Clínica. Ha participado en un proyecto de investigación sobre bases neurales del dolor crónico en el Hospital Universitario Radboud de Nijmegen (Holanda) y en un proyecto de evaluación psicofisiológica de un programa de rehabilitación cognitiva en pacientes con Esclerosis Múltiple en la Unidad de Psicofisiología Humana de la Universidad de Sevilla.

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