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El amor en los tiempos del Tinder

Tinder, Meetic, Match, eDarling, Okcupid, AdoptaUnTío, Happn, Grindr, Lovoo, eHarmony, Badoo… Quien no sepa ya de qué vamos a hablar en este artículo es evidente que ha vivido los últimos años en otro planeta o que por algún motivo se niega a admitir que conoce estas redes sociales (sea o no usuario de ellas). La tecnología ha inundado todos los aspectos de nuestra vida profesional y personal (las redes sociales han cambiado incluso nuestra manera de relacionarnos con la muerte), y por supuesto la manera de conocer gente y moverse en el campo del “ligoteo” no iba a ser la excepción.

En un principio fueron los ingenieros…

Y no, no nos referimos al chiste fácil de que los ingenieros deban recurrir a este tipo de herramientas para poder ligar. Estamos hablando de los dos ingenieros estadounidenses que ya en 1959 sentaron las bases de esta industria multimillonaria que rodea al mundo del dating (porque parece que decirlo en inglés es más moderno que hablar de citas). Philip Fialer y James Harvey, estudiantes de la Universidad de Stanford, presentaron su proyecto “Happy Families Planning Service” (Servicio de Planificación de Familias Felices) y consiguieron emparejar a 49 hombres con 49 mujeres a través de las respuestas que dieron a un cuestionario, analizadas por un ordenador.

(Este ordenador es un IBM modelo 650, el que fue en su momento el "abuelo" de las citas online, con el tamaño de un armario empotrado y 900 kg de peso. Fuente: Hipertextual)

(Este ordenador es un IBM modelo 650, el que fue en su momento el “abuelo” de las citas online, con el tamaño de un armario empotrado y 900 kg de peso. Fuente: Hipertextual)

Posteriormente, en 1964, Lewis Altfest y Robert Ross, diseñaron un supuesto test de compatibilidad basado en algoritmos matemáticos, donde las respuestas se transmitían al ordenador a través de tarjetas perforadas, y que ofrecían cinco propuestas de posibles parejas a los solicitantes, en forma de sobres rosas para ellos y sobres azules para ellas. En el primer año contaron con más de cinco mil suscriptores y el precio del servicio era de tan sólo cinco dólares.

Actualmente, el precio por la contratación de estos emparejamientos varía, desde las supuestamente “gratuitas” aplicaciones como Tinder (aunque más adelante veremos dónde está el truco y además la mayoría ofrecen servicios extras de pago) hasta la contratación de un matchmaker, un servicio individualizado y por supuesto mucho más caro, algo así como un cazatalentos dirigido a la búsqueda de una pareja compatible y satisfactoria para el cliente. En España esta utilidad se ha implantado hace unos años y Verónica Alcanda, una de sus máximos referentes, cobra de media unos 3 000 euros por el servicio (mientras que en Estados Unidos la contratación de los más reputados matchmakers puede llegar a la desorbitada cifra de 250 000 dólares).

…Y después llegó la evolución

De las tarjetas perforadas a las webs de citas y posteriormente a las apps para los smartphone (sí, no sólo fueron modernizándose tecnológicamente, sino que sus nombres pasaron a ser anglicismos también). Y como en el clásico debate de “¿qué fue antes: el huevo o la gallina?”, nos planteamos ¿estas herramientas se crean para cubrir una necesidad previamente existente o es a partir de la creación de estas herramientas cuando surge el deseo de usarlas para relacionarnos? Pues seguramente la respuesta más correcta sería una mezcla de ambas. Por un lado, Internet, los móviles y todos estos inventos, sin los que hoy no podríamos vivir, se han ido amoldando a las características previas de las personas (y nada tan básico como la búsqueda de amor, o el sexo, según a quién se le pregunte). Pero por otro lado, también nuestra forma de vida actual (tan focalizada en la inmediatez y en la necesidad de tenerlo todo ya) ha creado nuevas necesidades, generando una demanda que las nuevas tecnologías han aprovechado para crecer ofreciendo soluciones. Y es que nunca antes en la historia de la Humanidad había habido tantos solteros (singles si seguimos con los anglicismos, y que en algunos casos consideran la soltería no sólo una circunstancia temporal, sino un estilo de vida). Debido a las exigencias de la vida moderna, con su ritmo frenético, a la alta proporción de divorcios y a la amplitud de ofertas (que, en contra de lo que parece, no sólo no facilita la elección de pareja, sino que puede incluso dificultarla), en España hay actualmente más de 8 millones de solteros (de entre 25 y 65 años) y más de 4,5 millones de hogares son unipersonales (casi una cuarta parte del total). Estos datos por sí solos ya parecen explicar, al menos en parte, el éxito de estas redes sociales.

Para gustos, aplicaciones

Otro de los motivos que justifica la avalancha de descargas de estas herramientas es la diversidad y comodidad de las mismas. Al igual que a la hora de buscar pareja, buscar la aplicación perfecta también es una cuestión de preferencias, y lo cierto es que existe una aplicación o web de contactos para cada circunstancia de la vida: nivel económico, estado civil, orientación sexual, etcétera. Aquí os enumeramos algunas de las más famosas y también algunas de las no tan conocidas pero sin duda curiosas:

  • Match: Merece mención especial por ser la primera en surgir de las que hoy todavía siguen en activo (desde 1995).
  • eDarling: De origen alemán y con su eslogan “para solteros exigentes” se diferencia de las demás en que está pensada únicamente para la búsqueda de relaciones serias.
  • Tinder: Que en inglés significa yesca, o lo que es lo mismo, lo que sirve para “encender la llama”. En contraposición con la anterior tiene fama de ser un lugar de encuentro para personas que sólo quieren sexo fácil, y que en lugar de basarse en supuestos algoritmos o cuestionarios de personalidad se centra únicamente en el físico como reclamo.
  • AdoptaUnTío: De origen francés (AdopteUnMec), la característica distintiva de esta app es que son las mujeres las que deben iniciar el contacto con los hombres, pensado así para evitar posibles situaciones de acoso, y que está planteada como una web de compras (cuando eliges a un individuo que te interesa, lo que has de hacer para interactuar es “meterlo en la cesta”).
  • Grindr: Otra de las más exitosas junto a Tinder, pero dirigida a hombres homosexuales.
  • Brenda: similar a Grinder pero para mujeres homosexuales.
"Al igual que a la hora de buscar pareja, buscar a aplicación perfecta también es una cuestión de preferencias." Fuente: Google.images)

(“Al igual que a la hora de buscar pareja, buscar la aplicación perfecta también es una cuestión de preferencias.” Fuente: Google.images)

Y aquí empezamos con las no tan multitudinarias pero sin duda sí merecedoras de mención:

  • Ashley Madison: Para casados infieles. Su slogan lo dice todo: “La vida es corta. Ten una aventura.”
  • Singles with Allergies: Para personas con alergias que quieren encontrar una pareja complementaria.
  • Dead-meet.com: Dirigida al sector profesional de los enterradores, taxidermistas, etc., para quienes su trabajo relacionado con la muerte puede sin duda haber supuesto una traba a la hora de causar una buena primera impresión en la era de las citas express.
  •  BlackPeopleMeet: Exclusivamente para personas de color.
  • JDate: También exclusiva, en este caso para judíos.
  • Pensioner Dating: Para personas de la tercera edad.
  • Uniformdating.com: Web americana enfocada a los miembros de seguridad del Estado.
  • MPHV: Para solteros con herpes.
  • Suggardaddie: Cuya característica es que se sobreentiende que los hombres inscritos han de ser de avanzada edad y con una sustanciosa cuenta bancaria y las mujeres se pretende que sean todas jóvenes y atractivas (no creo que haga falta entrar en valoraciones para ver por dónde van los tiros).

Pese a que varias de las mencionadas webs dicen aplicar algoritmos científicos para la selección de potenciales parejas compatibles, resulta llamativa la investigación llevada a cabo por OkCupid en la que quisieron averiguar si estos sistemas daban buenos resultados porque eran realmente efectivos o tan sólo porque se hacía creer a la gente que funcionaban. Tomaron una serie de “emparejamientos falsos” y se les hizo pensar a los integrantes que habían sido seleccionados el uno para el otro, y en efecto encontraron que se comunicaban más y mejor con la otra persona cuando se les decía esto último: “Cuando se dice a la gente que el otro puede ser una buena pareja, se comportan como si lo fuera” (el efecto placebo de toda la vida).

No es “match” todo lo que reluce

Y es que a pesar de la cantidad, variedad y facilidad de este tipo de herramientas, tampoco se trata de un sistema perfecto, y a continuación explicamos algunos de los inconvenientes más comunes.

En primer lugar, los conflictos que surgen entre las personas que buscan un tipo de relación seria al encontrarse con aquellas que sólo buscan un encuentro sexual esporádico. La mayoría de las apps (con contadas excepciones), se publicitan a sí mismas como un medio para “hacer amigos” o encontrar el amor, quizá por una cuestión de que la promesa de una relación estable es más “bonita” para hacer marketing que la de sexo fácil sin compromiso. Pero a la hora de la verdad, en todas ellas es habitual encontrar personas claramente interesadas en una relación meramente sexual. Incluso en redes como Twitter, Instagram o Linkedin, cuya finalidad original nada tiene que ver con las citas, se pueden encontrar sin dificultad multitud de usuarios que las emplean para ligar. En sí, buscar amor o buscar sexo no es mejor ni peor, pero la insatisfacción surge cuando dos personas que buscan cosas diferentes se encuentran y comprueban que no es lo que se les prometió. Tampoco ayuda que la idea del amor que suelen vender estas empresas sea la del tradicional amor romántico.

("Incluso en redes cuya finalidad original nada tiene que ver con las citas, se pueden encontrar multitud de usuarios que las emplean para ligar". Fuente: Flickr)

(“Incluso en redes cuya finalidad original nada tiene que ver con las citas, se pueden encontrar multitud de usuarios que las emplean para ligar”. Fuente: Flickr)

Otra de las quejas más frecuentes es la de las “mentiras” en la red. A través de una pantalla es muy fácil exagerar o distorsionar aspectos de nuestra personalidad (o incluso de nuestro físico) para hacernos parecer más deseables. Además, al sentir que todos los que nos rodean participan en este juego del engaño socialmente aceptable, no se tiene la misma consciencia de estar mintiendo activamente, la responsabilidad se diluye. Las mentiras van desde las más inofensivas (aumentar un par de centímetros de altura a la descripción del perfil o poner una foto con un par de años de antigüedad) hasta las más elaboradas, en las que se niega el hecho de estar casado y con hijos o se inventa todo un alter ego que se representa como si se fuese un actor de método.

En relación al tema de las parejas casadas, podemos encontrar de todo también. Individuos cuyo cónyuge conoce y tolera estos escarceos, hasta personas que negarán estar comprometidas a toda costa mientras se guardan el anillo en el bolsillo. En la mayoría de las ocasiones sin embargo, las personas casadas (y también muchas de las que no lo están), solo usan su cuenta para flirtear a través de la red sin intención siquiera de que la interacción llegue a un encuentro físico en persona (a estos usuarios se les denomina “not-irl” o “not in real life”, es decir que no pretenden que la seducción trascienda más allá de la pantalla y el teclado). Las posibles explicaciones para por qué las personas no desean llegar a un contacto cara a cara son muy variadas: el hecho de tener una relación exclusiva y considerar que por internet “no son cuernos”, el sentimiento de incapacidad para llevar a cabo la seducción en persona, el estar interpretando a alguien que no eres, por pura diversión o experimentación (y ser consciente de que este personaje se derrumbaría en el mundo real) e incluso la comodidad de estar satisfaciendo ciertas necesidades afectivas sentado en el sofá de casa con el móvil sin tener que realizar todos los esfuerzos que podrían conllevar un encuentro físico o un compromiso real. Volviendo a un ejemplo anterior, limitar la interacción al terreno virtual no es malo per se, pero las insatisfacciones surgen cuando quienes interactúan tienen objetivos diferentes, y uno de los dos busca extrapolar la relación al mundo físico mientras el otro prefiere mantener contacto exclusivamente a través de la red.

("Estas aplicaciones son una herramienta práctica, con el aliciente de ser inmediatas, sencillas y fácilmente accesibles." Fuente: Pexels)

(“Estas aplicaciones son una herramienta práctica, con el aliciente de ser inmediatas, sencillas y fácilmente accesibles.” Fuente: Pexels)

Muchas de las personas que, tras probar por un tiempo determinado en las webs gratuitas se pasan a las plataformas de pago, argumentan que es agotador el filtro que hay que establecer. Es decir, el esfuerzo consciente y constante de analizar a los posibles candidatos para detectar señales que indiquen que esa persona no se ajusta a lo que estamos buscando. Y la proporción de objetivos adecuados, frente al total de posibilidades, es ínfima (aunque también varía en función de lo estrictos que sean los criterios de cada uno). Pero en general existe mucho “ruido” que hay que separar activamente de las señales que sí pretendemos detectar. En la vida no-digital, estos filtros también se aplican, pero no cabe duda de que es mucho más necesario y continuo en Internet, tanto por la cantidad exponencialmente mayor de contactos que se mantienen, como por la característica ya mencionada de que es más fácil que te “cuelen” una mentira, con lo que el nivel de alerta es mayor en estos medios (en persona, alguien que mida metro sesenta no podría decirte tranquilamente que mide metro ochenta). Este “ruido” que comentábamos a menudo se presenta en forma de contactos desagradables, groseros y totalmente inapropiados, que siguen dándose no obstante por dos motivos: el primero, que las interacciones impertinentes o inadecuadas no tienen consecuencias normalmente en este tipo de sitios, no reciben “castigo” (en la vida real muchas de estas personas no se atreverían a manifestar esta clase de comportamientos), y el segundo, que en determinadas ocasiones serán incluso reforzados al encontrar que una pequeña proporción de la población virtual acaba respondiendo como ellos esperan.

También es llamativo cómo algunas de estas redes son de pago para los hombres mientras que son gratuitas para las mujeres. Esto, que en parte se explica por la mayor afluencia de varones en este tipo de plataformas, también implica que muchas mujeres se sientan como mercancía expuesta en un escaparate, porque huele un poco a eso de que “si no pagas por el producto, es que el producto eres tú”. De hecho, en cuanto a las actitudes frente a los sitios de citas online, se ha encontrado que es más habitual que los hombres desaprueben la presencia de mujeres en varias aplicaciones simultáneas cuando lo descubren, pese a que ellos se encuentren inscritos en el mismo número o más. O que un porcentaje de ellos (presumiblemente de los que sólo buscan sexo) afirman que no comenzarían una relación seria con una mujer que participase en estas páginas. Parece que poco a poco esta visión machista del hombre como conquistador y la mujer como objeto a conquistar se va desvaneciendo, pero aún se pueden detectar rastros de ella incluso en las más modernas redes de dating.

Por último, aunque no por ello menos importante, hay que recalcar un peligro que muchos usuarios ni se plantean al entrar en este mundillo: los datos personales. Ya lo vaticinábamos al principio del artículo. Nada es gratis. Este tipo de empresas no sólo se lucran del dinero que obtienen por la publicidad en sus servidores. La cantidad de datos que obtienen, bajo el disfraz de que los necesitan para buscar a tu pareja perfecta, es ingente. Y es necesario ser consciente de que, en el momento en que subes tus datos a Internet, dejas de tener el control sobre ellos. Independientemente del uso que estas empresas puedan hacer de la información que les cedemos (mayoritariamente destinado a estudios de marketing, o al menos eso afirman), también existe el riesgo de que sus servidores sean hackeados. Ashley Madison sufrió un ataque informático en julio de 2015 y los datos (incluidos datos bancarios) de sus más de 37 millones de usuarios quedaron expuestos (enorme cantidad de infieles que vieron descubierta su mentira, y llegaron a darse incluso casos de suicidio) . IBM realizó una prueba en la que demostró que, de las 41 apps más importantes de Android, 26 son vulnerables a ciberataques. Es relativamente sencillo acceder a las imágenes de Tinder de un usuario cuando éste se conecta desde una red WiFi abierta (las conversaciones en cambio sí están cifradas), por lo que una de las precauciones más básicas sería no conectarse desde redes públicas, ni hacerlo desde dispositivos que se usen habitualmente en el trabajo, para no comprometer por ejemplo información corporativa.

tinder privacidad términos y condiciones

(Al abrirse una cuenta en Internet se está firmando un contrato en el que cedes tu información personal, y es importante saber qué estás firmando exactamente. Fuente: Google.Images)

Mientras que para abrir las cuentas en estas webs y apps se nos ofrecen un sinfín de facilidades, a la hora de abandonarlas es recomendable seguir una serie de pasos: empezar borrando todo el historial de fotos y conversaciones, dar de baja el usuario, retirar los permisos concedidos desde Facebook y escribir personalmente a la compañía solicitando la retirada de todos tus datos. Y con eso y con todo, no hay garantía de que se borre todo rastro de tu presencia en su plataforma.

La demonización de las citas por Internet

A pesar de lo que pueda haber parecido tras la exposición anterior de todas las desventajas posibles, lo cierto es que el triunfo de estos sitios es el mejor aval para demostrar que algo bueno han de ofrecer. No se trata además de una moda pasajera, sino de una tendencia al alza. De los usuarios de Internet encuestados en 2013, el 59% afirmaban que estas redes eran un buen sitio para conocer gente, y en Estados Unidos aproximadamente un tercio de las parejas que se han casado en los últimos diez años se han conocido a través de Internet. Las citas online ya no están tan estigmatizadas como en sus inicios, cuando prácticamente se asumía que quien acudía a ellas era por la incapacidad de tener éxito en persona o que “algo raro tenía que tener”. Hoy casi todo el mundo reconoce que son una herramienta práctica, con el aliciente de ser inmediatas, sencillas y fácilmente accesibles desde cualquier móvil (y ¿quién no tiene móvil en nuestra sociedad?).

Algunas de las ventajas que ofrece son la posibilidad de llegar a gente fuera de tu círculo social, personas que de otra manera seguramente nunca habrías conocido y que contribuyen a ampliar tu visión del mundo. También favorece el entrenamiento de determinadas habilidades sociales y comunicativas y facilita la interacción a personas tímidas que encuentran mayor dificultad en iniciar el contacto directamente en persona.

Asimismo, se ha encontrado que la percepción de control y seguridad (incluida la posibilidad de bloquear a un usuario que resulte molesto) hace que algunas interacciones sean más fluidas y honestas de lo que posiblemente serían en persona. Paradójicamente, y aunque como dijimos antes, en Internet sea muy fácil mentir, algunas de las características personales que no nos atreveríamos a enseñar en nuestro círculo íntimo, somos capaces de mostrarlas ante un desconocido sin el miedo a ser juzgados y con la certeza de que, si no lo deseamos, no volveremos a saber de él.

También en muchos casos favorece a la autoestima, ya que resulta relativamente sencillo obtener la aprobación de los otros. Para aquellos con gustos o aficiones que se desvíen de lo habitual, es más fácil buscar nuevas personas con un interés común del que partir para construir una relación de amistad, de pareja o de lo que surja. Y en el caso de personas que por su estilo de vida, trabajo o lugar de residencia no tengan el tiempo necesario o la ocasión de conocer gente nueva, estas herramientas les ofrecen la solución perfecta a un solo clic de distancia.

En cuanto al dilema de si las aplicaciones de citas favorecen la promiscuidad, no parecen haberse encontrado datos a favor de esta hipótesis, sino que las personas que desean serlo pueden hallar en ellas un medio para conocer más gente con la que relacionarse, pero aquellos que no lo deseen, no se ven incitados a ello ni obligados por las redes. En última instancia, no son más que herramientas, mientras que las personas detrás de ellas son las que deciden qué hacer con ellas, para bien o para mal.

(las aplicaciones de dating no aumentan la promiscuidad de sus usuarios, sólo facilitan el contacto entre las personas. Fuente: Google)

(Las aplicaciones de dating no aumentan la promiscuidad de sus usuarios, sólo facilitan el contacto entre las personas. Fuente: Google.images)

Y para finalizar, como algo anecdótico, también puede proporcionar mejoras en la capacidad memorística, ya que el hecho de interactuar con diferentes personas de manera simultánea motiva que nos veamos obligados a desarrollar técnicas para recordar las diferencias físicas o personales de cada contacto.

¿En conclusión? Pues no hay una sola conclusión, moraleja o lección que extraer (salvo quizá la de ser precavidos con la información que facilitamos, porque no olvidemos que la información es poder). Cada uno en función de sus expectativas, experiencia personal y forma de ser, debe valorar y decidir si le compensa utilizarlas o no. Los responsables de los posibles problemas derivados del mal uso de las redes son las personas detrás de las pantallas, no las aplicaciones en sí. Un enfoque bastante enriquecedor sería intentar extraer de estas webs lo bueno que puedan aportarnos en cuanto a formas de relacionarse e incluso de querer, procurando evitar caer en los errores más comunes, y siempre desde el respeto, tanto hacia quienes las usan como a quienes prefieren no hacerlo. Sería absurdo negar la existencia o la importancia de estas aplicaciones en la sociedad de hoy en día: ellas forman parte también del amor en los tiempos del Tinder, y citando a Jean Paul Sartre: “No perdamos nada de nuestro tiempo. Quizá los hubo más bellos, pero éste es el nuestro”.

Para saber más…

Sobre Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

3 Interacciones

  1. 14/11/2016

    […] Un artículo: El amor en los tiempos del Tinder. […]

  2. 24/11/2016

    […] El amor en los tiempos del Tinder […]

  3. 26/11/2016

    […] El amor en los tiempos del Tinder: “Tinder, Meetic, Match, eDarling, Okcupid, AdoptaUnTío, Happn, Grindr, Lovoo, eHarmony, Badoo… Quien no sepa ya de qué vamos a hablar en este artículo es evidente que ha vivido los últimos años en otro planeta o que por algún motivo se niega a admitir que conoce estas redes sociales (sea o no usuario de ellas). La tecnología ha inundado todos los aspectos de nuestra vida profesional y personal (las redes sociales han cambiado incluso nuestra manera de relacionarnos con la muerte), y por supuesto la manera de conocer gente y moverse en el campo del “ligoteo” no iba a ser la excepción.” […]

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