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El otro halo del terrorismo

En estos últimos años he tenido la oportunidad de poder viajar a distintas partes del mundo. Entre ellas he tenido la suerte de conocer y convivir con dos tribus que quizá alguno de nuestros lectores conozca: los itziritas y los hindúes bosquimanos (de Etiopía e India, respectivamente). Cuando vivía con ellos comprobé para mi sorpresa que los Itziritas respetaban muchísimo la decisión de sus mujeres, de hecho era una estructura matriarcal y que toda la toma de decisiones fundamentales las hacían las mujeres de la tribu. Decidían cómo se gestionaría la aldea, elegían con quién casarse, si es que tomaban esa decisión, eran las representantes junto con los hombres de los tribunales de justicia y el reparto de tareas era bastante equitativo. Con los hindúes no pasaba precisamente lo mismo, fundamentalmente las mujeres en India, en muchos momentos, son poco más que un ornamento adosado a una familia y todas las decisiones importantes de la tribu las toman los ancianos de esta. En general, en ambos tuve la sensación de poder convivir de manera adecuada y sin demasiados problemas, pero me pareció en algunos momentos sentir cierto “rechazo hacia el hombre blanco” por la comunidad hindú. Se entiende por su contacto con los británicos durante muchísimos años y su sometimiento. Por el contrario los itziritas acogían a todos los forasteros con los brazos abiertos, debido a que su cultura premia muchísimo el ayudarse, puesto que normalmente cuando se desplazan a otros territorios esperan dicha hospitalidad.

Mujeres hindúes bosquimanas (Fuente: Flickr)

Mujer itzirita (Fuente: Pxphere)

 

 

 

Simplemente con esa información, si nos encontramos con un itzirita y un hindú y ambos nos invitan a convivir con ellos, ¿dónde os quedaríais?

 

Si os fijáis, lo que acabamos de hacer es trasladar una serie de características: respeto o no hacia las mujeres, toma de decisiones, tolerancia a una comunidad, hospitalidad, etc. a un colectivo completo. Itziritas igual a tolerantes, hospitalarios, “buenos” e Hindúes igual a  irrespetuosos, intolerantes y rechazo al extranjero. Este efecto se conoce como efecto halo, y el autor que lo acuñó es Edward H. Thorndike (pincha aquí para saber más). Dicho efecto consiste precisamente en la atribución de una o varias características de un individuo a un colectivo al que pudiera formar parte ese individuo. Es decir, ahora mismo podéis pensar que los itziritas (todos o su gran mayoría) son unas bellísimas personas, súper agradables y acogedores simplemente porque yo os he contado mis atribuciones personales de ellos.

¿Por qué es útil el efecto Halo?

Como nuestro compañero Jose escribió, nuestro funcionamiento general se basa en reglas asociadas a contextos particulares. Es decir, tenemos la necesidad de poder predecir y controlar situaciones a las que nos enfrentamos en base a la experiencia previa dentro de contextos similares. Estas reglas son muy útiles para poder identificar estímulos que pudieran ser peligrosos para nosotros, que pueden estar de acuerdo o no con nuestra forma de pensar o simplemente para conocer o identificar fácilmente las cosas que creemos que nos pueden gustar y las que no. En términos generales, nos permite adaptarnos de la mejor y más rápida manera a las características de los estímulos que tenemos en nuestro alrededor.

¿Un ejemplo? Si en mi familia todos hemos tenido un coche de la marca Seat, y nunca jamás hemos tenido ningún tipo de accidente o problema con él, es altamente probable que yo defienda esa marca puesto que mi experiencia me dice que son modelos fiables, que no dan problemas a largo plazo y que he disfrutado, y estableceré la siguiente regla: la marca Seat es buena y fomentaré su uso o recomendaré su disfrute.

¿Qué tiene que ver todo esto con el terrorismo?

Justo hoy se celebra el nefasto aniversario del atentado de las Torres Gemelas en Nueva York en 2001. Creo que todos aquellos nacidos antes de 1994 prácticamente recordarán lo que pasaba ese día en directo, y justo las consecuencias que tuvo después: la atribución de un nuevo enemigo a “Occidente”, la incorporación a una guerra, los atentados terroristas posteriores y la asociación en términos generales de la palabra musulmán a terrorista.

11S Memorial en nueva York (Fuente: Flickr)

Si lo analizamos desde un punto de vista social, ese atentado marcó el inicio de la creación de varios grupos. Si tomamos como centro nuestra sociedad, los clasificaríamos del siguiente modo:

  • Grupo 1 o Endogrupo (nosotros, “los nuestros”): Occidentales (entendidos en su mayoría como ciudadanos norteamericanos y europeos), normalmente cristianos o laicos, defensores de la democracia y de la libertad de expresión, pacifistas o pacíficos (según la acepción que deseemos utilizar) y, sobre todo, tolerantes.
  • Grupo 2 o Exogrupo (“los otros”, “el enemigo”): Fanáticos exclusivamente musulmanes, defensores de la Sharia o leyes islámicas, basados en la concepción de reconquista del siglo XV y profundamente intolerantes.

¿Qué ocurre con toda la gente que no se podría incluir de manera exacta en ninguno de los dos grupos?

Sencillamente al haber establecido unas reglas cada vez más claras y específicas de una situación, muy probablemente, y utilizando el efecto halo, como cumplen alguna de las características del grupo principal, le atribuiré todas las demás, es decir:

  • Todo ciudadano europeo será un defensor de la libertad, normalmente será cristiano o laico, demócrata, tolerante, y respetuoso con el resto.
  • Por ende, todo ciudadano musulmán o del mundo árabe deberá ser un defensor de la sharia, profundamente intolerante y lo más importante de mi regla: potencial terrorista.

Cuando generamos la posibilidad de que los grupos sean los que definen al individuo, no tenemos la necesidad de comportarnos con él como si fuera un ente distinto a su grupo de referencia, “porque ya conocemos” cómo va a comportarse. Por esa razón todos los musulmanes son terroristas, todos los vascos etarras y todos los hombres machistas, ¿no?

¿Cómo se explican entonces los fenómenos de radicalización?

  • El descontento, la frustración, los agravios, la percepción de injusticia, que motivan la crisis personal y constituyen el caldo de cultivo para la recepción de nuevas ideas.
  • Las creencias ideológicas que dan sentido a esos agravios y los canalizan hacia una dirección u otra.
  • La movilización o la pertenencia a un grupo. Como decíamos antes, necesitamos sentirnos integrados en una organización de iguales y formar parte de un proceso vertebral en torno a una familia, amigos, compañeros de trabajo o de lugares de culto.

(Fragmento extraído de: ¿Por qué matan? Sobre el proceso de #radicalización.)

Esta adhesión a una idea o nueva identidad, utilizada además con la obtención de reforzadores a largo plazo (vírgenes, paraíso, estar en presencia de Dios) permiten la estructuración del mundo en una gran simplificación: buenos y malos. La clave del terrorismo es la negación de las escalas de grises. Fomentando a su vez la aparición de neofascistas, grupos anti inmigración y nuevos comportamientos racistas apoyados en la “lucha antiterrorista”.

La radicalización no sería, finalmente, un proceso unidireccional por una única parte de la sociedad, sino que se produciría en ambos términos generando un sistema tremendamente más simple. En dicho sistema se fortalecen las creencias del exogrupo (“los otros”) y endogrupo (“los nuestros”) a niveles cada vez más globales y que permiten, además, el rechazo claro y frontal de todo aquel que no pueda entrar en mi categoría. Es decir, “occidentales” que fueran intolerantes hacia cualquier injerencia en su cultura y que no aceptasen ningún tipo de alternativa a su propio endogrupo (blancos, católicos, nacionalistas,etc).

Este artículo se empezó a escribir unas semanas antes de los atentados en Barcelona y Cambrils de agosto de 2017. Después de dichos atentados encontré multitud de análisis, referencias o interpretaciones del terrorismo y algo me quedó totalmente claro: el fenómeno al que nos enfrentamos no tiene una sencilla solución o abordaje, pero desde luego una de las claves es no comparar o igualar grupos cometiendo algunos de los errores antes comentados. Siempre estaremos del lado de las víctimas, pero siempre querremos dejar claro que lo que busca algo como el terrorismo es crear un solo endogrupo y un solo exogrupo, una confrontación definitiva que, en última instancia, obligue a tomar partido. Terroristas contra xenófobos, musulmanes contra laicos, europeos contra extranjeros… Esta, y no otra, es la única forma en que millones de personas con opiniones en una escala de grises se alineen en blanco o negro. Es su única posible victoria: la batalla por nuestra forma de percibir el mundo. Y tú, ¿eres itzirita o hindú?

Nota del autor: Ninguna de las tribus (itziritas o hindúes bosquimanos) existen, se han usado como ejemplo para demostrar la aplicación directa del efecto halo sobre un grupo que no tenemos referencia.

Sobre David Maraver

Licenciado en Psicología, especializado en Análisis de Conducta y Psicología Deportiva. Ha estado trabajando como psicólogo en Alzheimer y otras demencias, así como psicólogo deportivo en deportes tradicionales y electrónicos. Actualmente desarrolla su actividad los equipos de E-Sports de G2 Vodafone de League of Legends, Hearthstone y Counter Strike. También ha trabajado como psicólogo en discapacidad en PRODis Rinconada y comienza su doctorado en psicología del deporte.

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