No saber decir adiós - Psicomemorias
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No saber decir adiós

Despedirse no es fácil. Cuando hemos pasado un buen rato con familiares y amigos a los que no vemos con frecuencia, siempre llega el incómodo momento de despedirnos. Comenzamos a buscar en nuestra memoria un evento próximo en el que volvamos a ver a los que ahora nos acompañan, intentando sustituir el definitivo “adiós” por el tranquilizador “hasta luego”. Pero ¿qué pasa cuando sabemos que no volveremos a ver a esa persona nunca más? No existe el futuro, la pérdida es inminente y llega la hora de hacerlo: toca despedirse.

Hay despedidas que se posponen más allá de la muerte.

Hay despedidas que se posponen más allá de la muerte.


El duelo normal

El duelo se entiende como la reacción natural, matizada por el entorno sociocultural, normal y esperable, de adaptación a la pérdida de un ser querido, que sufren familiares y amigos antes, durante y después de su fallecimiento.

Una pérdida nunca es igual a otra. Personas que han pasado por varios duelos, sienten que cada uno de ellos fue diferente. Esto depende de muchos factores. Por ejemplo: no es lo mismo que fallezca alguien con quien se tiene muy buena relación, a que se muera alguien con quien habíamos tenido muchos conflictos en vida. No es lo mismo afrontar el duelo en soledad, sin familiares, a hacerlo rodeado de personas que nos apoyan y escuchan. También influye la experiencia que se tenga con duelos previos e incluso cómo vive nuestra sociedad y nuestra cultura la muerte en general.

Jorge L. Tizón elabora una lista de circunstancias con referencia al fallecimiento del ser querido, que propician que un duelo se complique. En ella se pueden encontrar muertes inesperadas, múltiples, por homicidios o desapariciones, debidas a catástrofes, guerras o accidentes, o aquellas acompañadas de un gran sentimiento de culpa.

    Salvando todas estas complicaciones, en el duelo normal es natural que se den una serie de síntomas en diferentes áreas de la persona.

  • A nivel cognitivo puede haber incredulidad, de no creer que la persona haya muerto, estar confusos, preocupados, distraídos, incluso hay quien dice sentir que la persona está presente o que los ven u oyen. Estos síntomas son especialmente frecuentes al principio de la pérdida, donde es necesario “encajar” todos los cambios que se han sucedido y aprender a vivir de nuevo. Podemos ver un ejemplo de la normalidad de estos síntomas en el breve pero duro poema de Ursula K. Le Guin:

    «I see broad shoulders,
    a silver head,
    and I think: John!
    And I think: dead.»

    (Traducción de Rosa Montero en «La ridícula idea de no volver a verte»: Veo una espalda ancha, / una cabeza plateada, / y pienso: ¡John! / Y pienso: muerto.)

  • A nivel conductual hay problemas de sueño, de apetito, aislamiento, suspiros, llanto, cargar con objetos del fallecido o visitar lugares que le recuerden a la persona. Son conocidos los casos de personas que tras perder a sus hijos o a su pareja, acuden casi a diario al cementerio o que llevan siempre encima una foto u objeto que les recuerde a ellos.
  • A nivel emocional es natural pasar por estados de tristeza, enfado, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, anhelo. Incluso culpa o alivio. En pacientes con enfermedades de larga duración es común que los familiares sientan alivio (“Por fin ha dejado de sufrir”). Con respecto a la culpa, conocí a una persona que, tras morir su pareja recientemente, se sentía culpable por pensar que al menos era joven para rehacer su vida. Es normal sentirse incluso egoístas, por vivir una vida sin esa persona.
  • A nivel orgánico es muy común somatizar la pérdida (los problemas psicológicos se transforman en síntomas físicos), y comenzar a tener problemas musculares, estomacales, respiratorios, opresión en el pecho, falta de energía, etc. Como decía C.S. Lewis: “Nunca nadie me dijo que el dolor se sentía como se siente el miedo… La misma tensión en el estómago, el mismo desasosiego.”

Si se complican todos los síntomas comentados anteriormente, no se viven con la intensidad esperada o se alargan demasiado en el tiempo, el duelo puede volverse patológico.

El duelo complicado

El duelo complicado podría definirse como una insatisfacción de la persona con la situación de duelo, sintiéndose ésta desbordada, recurriendo a conductas desadaptativas y permaneciendo en este estado sin avanzar en el proceso de duelo, lo que le lleva a repeticiones estereotipadas o a interrupciones frecuentes de la curación. Hay varios perfiles de duelo complicado:

  • Duelo exagerado: la persona experimenta los síntomas típicos del duelo normal, pero con una intensidad muy alta y que afecta de forma negativa en su vida diaria. Son los duelos en los que acaban apareciendo síntomas clínicos más frecuentemente (síntomas depresivos, ansioso, etc.). Ejemplo de esto sería el vídeo que acompaña a esta entrada. Una mujer que tras la muerte de su marido, se come las cenizas de éste. Es una conducta desadaptativa que intenta paliar el estado de ansiedad y sufrimiento que la persona está sintiendo.
  • Duelo retrasado: la reacción emocional esperable en el momento de la pérdida no ocurre o es insuficiente. Poco tiempo después surge, normalmente en algún aniversario o fecha especial, y desencadena todos los síntomas que eran naturales un tiempo antes.

    Entre un 10-20% de los dolientes tienen dificultades en su proceso de adaptación a la pérdida.

    Entre un 10-20% de los dolientes tienen dificultades en su proceso de adaptación a la pérdida.

  • Duelo enmascarado: la persona no es consciente de que los síntomas que padece están relacionados con la pérdida de un ser querido. Pueden llegar a darse somatizaciones, como dolores de cabeza, de espalda, del sistema digestivo, etc.; o incluso conductas desadaptativas (abuso de sustancias, abandono de obligaciones, etc.).
  • Duelo crónico: su duración es excesiva y la persona es consciente de que no puede pasar página. Pero cuidado, tener reacciones emocionales en fechas señaladas es normal, lo que no lo sería es durante un largo período de tiempo, reaccionar emocionalmente en días sin ninguna relación o trascendencia evidente con el fallecido.

Para saber si nos encontramos ante un duelo complicado, podremos considerar una serie de premisas básicas recopiladas por Lazare:

  • La persona no puede hablar de la pérdida sin experimentar un dolor intenso y reciente.
  • Un acontecimiento aparentemente poco importante desencadena una fuerte reacción emocional.
  • En la sesión con el terapeuta aparecen temas de pérdidas en el pasado.
  • La persona superviviente no puede no quiere desprenderse de posesiones del fallecido.
  • Hay síntomas físicos parecidos a los que experimentó el fallecido antes de morir.
  • Cambios radicales de estilo de vida, evitando al grupo de amigos/familia, y/o actividades asociadas al fallecido.
  • Experimentar lo opuesto de lo que uno suele ser o experimentar
  • Imitar a la persona muerta, identificándose de forma excesiva.
  • Impulsos destructivos.
  • Tristeza inexplicable que se produce cada año en una determinada época.
  • El desarrollo de una fobia a la enfermedad o a la muerte relacionada con la enfermedad que sufrió el fallecido.

Formas de intervenir

Dos de las herramientas que se usan en la Psicología clínica, a la hora de ayudar a una persona que está pasando por un duelo complicado son la técnica de la silla vacía y la de decir hola de nuevo. Con ambas se trata de ver la pérdida desde diferentes puntos de vista: el nuestro propio, el de la persona que hemos perdido y cualquier otro que pueda facilitar el proceso.

  • Técnica de la silla vacía: Se sitúan dos sillas, una frente a otra, y se propone a la persona que inicie un diálogo con aquella persona que ha perdido. Una vez es capaz de visualizar a la persona, se inicia la transmisión de sentimientos elaborados e inconclusos y de todos aquellos aspectos que quedan pendientes. Como conclusión se intenta otorgar significado a aquello que no queda concluido, intentando buscar una forma de compensar o entender; ponerse en el lugar de la persona que se ha perdido, y ofrecer la posibilidad de despedirse.
  • Técnica de decir de nuevo: ¡hola!: El doliente realiza el ejercicio de presentar a la persona que ha fallecido o se ha ido cómo es su vida en el presente y las esperanzas del futuro. Además, se fomenta que se extraigan aprendizajes de la pérdida.

    Con la silla vacía se trata de resolver los temas pendientes con la persona perdida.

    Con la silla vacía se trata de resolver los temas pendientes con la persona perdida.

Después de esta breve descripción de lo que nuestra sociedad considera que es normal y no normal ante la pérdida que sufre una persona, cabe hacer una reflexión. Los ritmos y la intensidad con la que se viven los acontecimientos y las emociones no dejan de ser convencionalismos sociales. En otras culturas, por ejemplo la mexicana, la muerte tiene un significado totalmente diferente al que se tiene en zonas de África o en países centroeuropeos. Con esto queremos decir, que a veces lo importante no es cumplir con un determinado parámetro o criterio, a veces lo realmente importante es que la persona disponga del tiempo y el espacio necesarios para expresarse, para curarse emocionalmente y para volver a una vida que, aunque ya no será nunca más la misma, merece seguir siendo vivida.

Como dice Marcel Proust:

“Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente”.

Para saber más…

Sobre Javier Corchado

Psicólogo. Ha participado en diversas investigaciones sobre Psicooncología en la Universidad de Sevilla. Desde 2010 a 2015 colaboró con la Asociación Española Contra el Cáncer, al principio como voluntario en el Hospital Virgen de Macarena y desde 2012 como voluntario online en www.aecc.es. Actualmente estudia para pertenecer al Cuerpo Superior Técnico de Instituciones Penitenciarias en la especialidad de Psicólogo, a la vez que es editor y autor en Psicomemorias.

4 Interacciones

  1. 18/10/2015

    […] y como hemos comentado en otras ocasiones en Psicomemorias, toda pérdida conlleva transitar por una serie de etapas más o menos homogéneas en todas las […]

  2. 09/11/2015

    […] es positivo “no dejar ir” al ser querido por mucho tiempo. Ya hablamos anteriormente de los duelos complicados y esto podría ser un ejemplo de ello. Pero no por ello debemos “obligar” a nadie a despedirse […]

  3. 17/12/2015

    […] ya hemos hablado otras veces en Psicomemorias, el duelo se entiende como un proceso natural e incluso necesario que se desarrolla para adaptarnos […]

  4. 12/12/2016

    […] las habilidades de afrontamiento de la persona. Ejemplos de esto pueden ser desastres naturales, muertes cercanas, situaciones de abuso sexual, conflictos bélicos o cualquier otro acontecimiento de similar […]

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