Duelo en niños y la muerte: el gran tabú - Psicomemorias
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Duelo en niños y la muerte: el gran tabú

Como ya hemos hablado en otra ocasión sobre duelo en Psicomemorias proponemos ahora una guía adaptada y rápida para adultos basada en la propuesta por la Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC) sobre cómo afrontar la situación del duelo en niños. Siendo un momento crítico oportuno para la educación emocional ante la muerte.

Duelo en niños 1

Los niños son una fábrica de preguntas: quieren, necesitan y buscan saber. Nuestra responsabilidad como adultos reside en acompañarles tanto en emociones como en conocimientos. (Fuente: Google Images)

Al hablar de la muerte no cabe aquello de “escurrir el bulto”. Los niños nos perciben como fuentes del saber para resolver sus curiosidades a lo largo de su desarrollo, y en los momentos de muerte su curiosidad se dispara. Es por ello que tenemos la responsabilidad añadida de saber cuál es la mejor forma de acompañar a nuestros alumnos y niños en este tipo de situaciones. A veces de forma inconsciente y otras no tanto, los adultos tratamos de evitar hablar del tema, de lidiar con aspectos de la muerte o incluso distraemos a los pequeños para que no piensen en ello. Puede resultar cómodo alejar la muerte de los más pequeños, evitando los adultos pasar por el dolor y sufrimiento del niño.

Al tratar con niños muy pequeños, desde bebés de 0 a 2 años, no podemos hacerles comprender conceptos abstractos pero sí perciben la ausencia. Es por ello que nuestro trabajo consiste en continuar con las rutinas, horarios y costumbres que se tuvieran hasta entonces, para trastornar lo menos posible su día a día.

En niños de preescolar, de 2 a 6 años, hay que tener en cuenta que interpretan lo que les contamos de una forma muy literal, por lo que debemos evitar el uso de metáforas (está en el cielo) o eufemismos (está dormido/a). Además predomina la subjetividad, fantasías y pensamiento mágico.

El uso múltiple del termino “muy” nos puede servir para dar información veraz sin generar más incertidumbre por sus fantasías (“¿Mi mamá va a morir también?”, “Sí, pero cuando sea muy, muy, muy mayor”). Con este ejemplo se entiende que la madre ya es mayor y no por ello tiene que morir, transmitiendo esa percepción de longevidad a la par que vida finita.

En niños más mayores, de 6 a 10 años, ya encontramos una comprensión del carácter definitivo e irreversible de la muerte y diferenciado de la muerte temporal que utilizan en el juego. Comprender el concepto de irreversibilidad puede tardar, o aparecer también sentimientos de culpa (como restos de pensamiento egocéntrico, es decir, la visión de que el mundo gira en torno a ellos) por algo que hayan hecho, dicho o podido hacer. Por ello es vital solventar cualquier indicio de culpa.

Introducir la muerte en edad temprana de forma natural, ¿Cómo hacerlo? ¿qué estamos fomentando en salud mental para su futuro?

Quizás sea el temor a pensamientos desagradables, que sufra pesadillas, o que la tristeza le invada lo que nos lleva a escurrir el bulto o aislarles de esa realidad. Pero afortunadamente, en cuanto a salud mental en la infancia, eso no tiene porqué ocurrir si les damos una buena guía. Los niños poseen ideas acerca de la ausencia o la muerte desde edades muy tempranas pero si no lo explicamos, van a desarrollar sus propias teorías las cuales están influenciadas por su sabiduría emocional, su perspectiva limitada y egocéntrica. Todo ello provocará un aumento de angustia y malestar.

“El duelo es un proceso doloroso, pero es peor si dejamos que las fantasías aterroricen” FMLC

No confundamos al niño con cuentos fáciles o falsos pensamientos

Suelen asumir bastante bien la pérdida, la muerte de una persona, un ser querido o un animal de compañía. En este último caso, las mascotas pueden ser oportunas para mostrarles el proceso con nuestra seguridad.

 

 

El llanto y las emociones explícitas ¿por qué no?

Es muy típico también pensar “que no me vea llorar”. Pero ¿nos hemos parado a pensar qué hay de malo en ello? Si los pequeños nos ven llorar por algo que nos afecta no implica que estemos sometiendolos a una situación desagradable, o los estemos convirtiendo en vulnerables. Todo lo contrario: estamos enseñándole mediante aprendizaje vicario a canalizar sus sentimientos, estamos educando emociones. De esta forma ayudamos a nuestros niños y alumnos a que compartan sus emociones y recuerdos siendo los adultos quienes, mediante nuestro ejemplo, le demos pie a ello. Es decir, si lloramos aprenden que llorar no es malo, sin embargo al negarlo u ocultarlo la idea que estamos transmitiendo es: “Así es como hay que actuar, no hay permiso para estar triste”.

Entendamos entonces que el llanto es una emoción liberadora que puede expresarse de una forma sana y reparadora por ambas partes.

Al hablar de ello con niños, hay que transmitirlo con sinceridad, con tranquilidad, respondiendo a las preguntas que nos hagan y adaptando la descripción a las circunstancias y a la edad de los niños. Esto quiere decir: ni contar detalles escabrosos ni contar realidades falsas: “la abuela ha ido a un sitio“, seguramente el niño quiera ir a ese sitio y/o pregunte cómo puede ir a ese sitio). Aunque no pasa nada si nos preguntan algo que no sabemos responder. No buscan sólo una fuente de sabiduría, sino una fuente de tranquilidad y serenidad, que les vaya explicando qué ocurre y qué va a ocurrir a partir de entonces.

Iniciar el tema de la muerte implica introducir conceptos de la transformación de la materia que son básicos en su desarrollo intelectual. Es, por así decirlo, facilitarle entender cómo funciona el mundo de la vida sin que tenga que aprenderlo de forma repentina y sin nuestra ayuda.

Debemos entender que puede no ser tan divertido como enseñar a jugar al fútbol, pero estamos proporcionándole recursos y avanzando en su crecimiento.

Iniciación en ritos

En torno a los 8 años surge el interés por los rituales funerarios como pueden ser el entierro, el tanatorio, el velatorio, el funeral, la misa, la incineración… ¿Pero cómo hacerlo? ¿Debemos mantenerlos al margen o deben asistir a estos eventos? La actitud nunca debe ser impositiva. Si el niño muestra interés podemos llevarle y responder a las preguntas que nos haga, transmitiendo cercanía y afecto si vemos que le aturde. Nos convertimos en soporte de seguridad y conocimiento para saciar su curiosidad, por lo que debemos de ir modulando a qué tipo de actividades se enfrenta: no es lo mismo asistir a un crematorio que a una misa. Hay grados de intrusividad y dependerá de la edad del niño, del interés que este demuestre y de su madurez psicológica.

Pero si no muestra interés, tampoco es necesario que acuda y quizás indique que aún no está preparado o esté pasando el duelo de otra forma o a otro ritmo. Quizás antes de los 8 años no tenga mucho sentido y puede jugar en contra que el niño o niña asista, ya que son situaciones donde las personas dan rienda suelta a sus emociones y esto puede generarles un gran impacto.

Es aconsejable en fallecimientos muy próximos a él o ella, si quiere, que llame a un amigo/a para que le acompañe en esos momentos. Puede que ni siquiera hablen del tema, pero la simple presencia de una persona significativa y con la que identificarse, puede hacer más llevadero el trance.

Duelo en niños 2

“El duelo es un proceso doloroso, pero es peor si dejamos que las fantasías aterroricen” (Fuente: Flickr)

En resumen

 1) Aceptar la realidad de la pérdida: mostrarles a los niños la realidad, la verdad, pero esta puede decirse de forma gradual, dosificada según lo que creamos lo que puedan asimilar o no en ese momento evolutivo siempre en dosis asumibles de información veraz.

2) Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

3) Adaptarse a un medio donde el difunto ya no está: este punto quizás sea el único aplicable unicamente en bebés sobre la continuidad de las rutinas.

4) Recolocar emocionalmente al difunto y continuar viviendo

Los niños son una fábrica de preguntas: quieren, necesitan y buscan saber. Nuestra responsabilidad como adultos reside en acompañarles tanto en emociones como en conocimientos.

Para saber más…

Dos libros: El duelo y los niños, de Consuelo Santamaría, y aprendiendo a vivir sin ti…, de Amelia Rodríguez Gutiérrez.

Sobre Antonio García Fernández

Psicólogo de emergencias. Miembro del grupo GIPED. Interesado en los ámbitos de la antropología, la sociología y la criminología. Tiene experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención con personas mayores. Actualmente está centrado en su carrera como opositor Policía Nacional.

4 Interacciones

  1. Muy buen artículo. Felicidades por la página. Seria,amena e interesante. Un saludo a todos los colaboradores y colaboradoras.

  2. Joan dice:

    Leyendo tu artículo y como policía nacional, deseo que consigas tu objetivo, hace falta personas asi con tu perspectiva en esta empresa. Animo y gracias por el artículo.

  1. 11/08/2015

    […] Duelo en niños y la muerte: el gran tabú […]

  2. 09/11/2015

    […] antes de que, de forma natural, sienta que deba hacerlo. Esto puede verse muy claro en el duelo que niños y adolescentes pueden hacer de compañeros de clase o amigos. Para este colectivo las redes sociales son una […]

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