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De cena para dos al potito: la llegada del bebé

Miras el palito, lo vuelves a mirar… pasan unos minutos y… ¡Sorpresa! Vas a ser madre. Puede que se trate de algo que llevabas mucho tiempo esperando y planificando, o que te pille sin saber cómo tomártelo. Puede que este sentimiento no llegue a través de un predictor, sino que sea a través de una llamada desde una entidad que gestiona tu adopción o una enfermera que te confirme que, por fin, después del tratamiento de fertilidad, vas a ser madre (o padre).

Sea como sea, a partir de ese momento, se inicia una de las experiencias más impactantes en la vida: la transición a la maternidad y paternidad. Pese a ser vivida por la mayoría de las personas, no por ello se trata de una experiencia mundana. La transición a la maternidad/paternidad se considera una de las transiciones evolutivas más significativas, es decir, un momento en el que el desarrollo humano recibe influencias decisivas que pueden provocar cambios en la trayectoria vital.

A partir del momento en el que sabemos que vamos a ser madre/padre se inicia un periodo de duración variable que va a suponer cambios importantes, tanto en nosotros mismos y en la pareja, como en el resto del sistema familiar (hermanos que se convierten en tíos, padres que se convierten en abuelos…) y el contexto social (decisiones laborales, cambio en las amistades…). Se considera que este periodo termina cuando los cambios se estabilizan y se alcanza el equilibrio tanto familiar como personal, que normalmente se produce en torno a los dos años tras el nacimiento del bebé.

Modigliani

La transición a la maternidad/paternidad se considera una de las transiciones evolutivas más significativas en la vida de las personas (Imagen: Cuadro de Modigliani)

La sociedad suele tener una visión romántica de este periodo, viendo en él la estabilidad y la culminación de la pareja y del individuo adulto. Pese a ello, en realidad suele ser una etapa de cambio, tensiones y redefiniciones.

Cuando hablamos de cambios, ¿a qué nos referimos?

Cambios en uno mismo

Al hacernos padres o madres, nuestros hábitos cotidianos se ven rápidamente afectados. Nuestro sueño se altera y disminuye, tenemos menos tiempo libre, el dinero se gasta en otras cosas… y más rápido. En la mayoría de los casos, estos cambios en nuestra vida cotidiana son sentidos de forma negativa, especialmente la falta de tiempo libre para uno mismo y las alteraciones en el ocio.

También se producen cambios en la propia identidad: la vida se ve con mayor sentido, nos sentimos más enriquecidos. Aparece un nuevo rol en nuestra vida: ser padre o madre. Aunque pueden aparecer cambios negativos en la autoestima, se trata de cambios temporales que pronto desaparecerán.

Cambios en la pareja (si la hay)

Si afrontamos esta nueva transición en pareja, esta también experimenta cambios. Los primeros que nos vienen a la cabeza son los cambios en las relaciones sexuales y en el tiempo de ocio compartido.

En cuanto al primero, durante el embarazo las relaciones suelen disminuir en los primeros meses, aumentar en el segundo trimestre y disminuir de nuevo cuando el embarazo va llegando a término. Tras el nacimiento del hijo, es normal que se produzca un decremento tanto en la frecuencia como en la satisfacción de las relaciones. En cuanto a la relación sentimental (más allá del sexo) se suele producir una disminución significativa de la satisfacción conyugal. Pero no hay que alarmarse, normalmente se trata de un cambio ligero y transitorio, que acabará pasando.

Dicho transformación en la pareja está vinculada a la relación previa que existía en ella. Aquellas parejas que funcionaban bien antes de la maternidad/paternidad, seguirán manteniendo buenas relaciones pese a que en un principio puedan verse afectadas. En aquellos casos en los que existían problemas previos, estos se acentuarán, de ahí que sea falso el mito de que tener un hijo mejora un mal matrimonio.

Matisse

La satisfacción sexual y sentimental de la pareja durante la maternidad/paternidad dependerá de la calidad de la relación que existiera previa a la formación de la familia (Imagen: Cuadro de Matisse)

Una atención especial reciben los cambios en los roles de género. Durante el inicio de la maternidad/paternidad el carácter estereotipado de los roles de género se acentúan, incluso en las parejas que anteriormente tenían una relación y distribución de las tareas igualitaria. Desgraciadamente, la responsabilidad de este cambio suele venir de mano de las mujeres, que son quienes más acentúan su rol tradicional femenino sintiéndose totalmente responsables del cuidado y crianza del bebé y, en ocasiones, alejando de estas tareas a sus parejas masculinas.

El mundo laboral y las relaciones sociales

Como hemos anunciado al principio, la nueva etapa que trae a un nuevo hijo o hija afecta también a la actividad laboral y al contexto social.

Respecto al trabajo, las decisiones sobre la conciliación laboral o seguir o no trabajando es un fenómeno que se produce más en las mujeres que en los hombres. La maternidad supone en muchos casos una causa para abandonar la actividad laboral, ya sea temporalmente o de forma definitiva, aspecto que los padres que afrontan la paternidad no suelen ni plantearse.

Respecto al contexto social, las relaciones con la familia se intensifican, pasando más tiempo con la familia extensa (abuelos, tíos, primos…) . Sin embargo, el tiempo compartido con los amigos suele disminuir, sobre todo si estos amigos no tienen hijos. Por otro lado, aparecen nuevas amistades fruto de las relaciones que establecen nuestros hijos con sus iguales, formándose grupos de amigos con hijos de edades similares que acaban convirtiéndose en grupos de apoyo improvisados.

Mirando el lado positivo

Pese a los aspectos negativos anteriormente descritos, y sin excluir los positivos que hemos indicado, no hay que olvidar que la maternidad y la paternidad conlleva grandes satisfacciones y efectos positivos: se crean nuevos y potentes lazos emocionales que durarán toda la vida, aumentan los sentimientos de realización personal y se produce un mayor sentido de cohesión familiar. Además del valor social que supone en sí mismo traer una nueva vida a este mundo.

Picasso

lL maternidad y la paternidad conllevan grandes satisfacciones y efectos positivos (Imagen: Cuadro de Picasso)

Hay que tener en cuenta que no todas las transiciones a la maternidad/paternidad son iguales. Existen diferencias que se deben tanto a los propios padres (la edad que se tiene llegado este momento, las ideas evolutivo-educativas, la propia personalidad…) como diferencias derivadas del bebé (temperamento, necesidades especiales…) y del entorno social y apoyo con el que se cuenta.

En cuanto a la llegada de los siguientes hijos, estos ya no implicarán tantos cambios e incertidumbres, pero sí planteará nuevos retos como la gestión de los celos entre hermanos. El nacimiento de nuevos hijos siempre implicará nuevas transiciones, pero no será un proceso tan impactante como la primera vez que se vive.

Un libro: Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo. Novela con tintes autobiográficos sobre cómo afrontar la maternidad, en este caso, sin pareja.

Una película: ¿Qué esperar cuando estás esperando? Sencilla comedia sobre cinco familias muy distintas que afrontan este momento.

Una canción: Alba, de Antonio Flores

Sobre Carmen Paniagua

Psicóloga evolutiva y Máster Oficial en Intervención y Mediación Familiar. Actualmente, está realizando el doctorado con el estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) de la Organización Mundial de la Salud y con un proyecto de ruptura en adopción y acogimiento familiar.

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