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La importancia de no cruzar en rojo

Nuestro papel como padres y madres, a parte de crear vida, es principalmente saber mantenerla y formar unos buenos cimientos tanto en lo emocional como en lo intelectual.

Siempre ha existido una falsa creencia popular de que la inteligencia se basa únicamente en lo académico, la lógica y lo racional. Pero gracias a la Psicología, actualmente con respecto el último siglo ha cambiado la concepción de la inteligencia, ganando peso el componente emocional. Dirán algunos, que desde un punto de vista sociológico, una persona cultivada emocionalmente resulta más adaptativa que una cultivada intelectualmente (sobre todo en los tiempos que corren en los  que poseer una carrera no es nada). Más allá de este debate, lo interesante es cambiar nuestra concepción de «inteligencia» para hablar de «inteligencias», como ya propuso el psicólogo Howard Garner en 1983 su libro Inteligencias Múltiples.

Los niños observan a los adultos y tienden a imitar lo que ven, como resultado del éxito que ha tenido.

Los niños observan a los adultos y tienden a imitar lo que ven, como resultado del éxito que ha tenido.

Hay una palabreja, procrastinación, que viene bastante al caso y que lo asemejaría a esta tendencia parental. Procrastinar significa aplazar una decisión en el tiempo. ¿Acaso no lo hacemos todos? Pero es importante saber reconocerlo. Con la paternidad parece que ocurre algo parecido: …dejamos pasar determinadas decisiones parentales con la esperanza de que «algo» sucederá, ya sea en el colegio, en el instituto o la universidad. Pero, ¿qué es ese «algo»? No podemos dejar la responsabilidad de educar en detalles a los profesionales educativos (maestros, profesores,…) puesto que nosotros como padres y madres somos los primeros responsables.

Como hemos empezado diciendo, formar unos buenos cimientos recae en gran medida en nosotros como padres. Hay quienes pensarán erróneamente que “para eso está la escuela”. Y no es así. La escuela es importante, por supuesto, pero el ambiente familiar es igualmente determinante.

Es fácil reñir o corregir por unas malas notas, por un mal comportamiento, pero hay otros aspectos que no suponen una actuación inmediata pero que, a largo plazo, tienen grandes repercusiones. Hablo de la formación de ideas y pensamientos irracionales, los esquemas previos que van conformando la concepción del mundo en el que vivimos. Nuestro papel como educadores y modelos no es solo supervisar un comportamiento correcto y educado en casa, ni supervisar un boletín de notas (un hogar no es una academia militar) sino otros aspectos más pasivos, latentes y difíciles de ver. Un ejemplo de esto puede ser la educación física: podemos esperar a que en la escuela cumpla con los objetivos de la la asignatura, o podemos fomentar en el niño una buena costumbre de hacer deporte porque vea a sus padres hacerlo con frecuencia, incluso hacerlo en familia, llevando así a hacer del deporte algo más atractivo y cercano.

Otro ejemplo de ello es el famoso semáforo para peatones: todos alguna vez en nuestra vida lo hemos cruzado en rojo, pero quizás nunca hayamos caído en la repercusión no inmediata de nuestras acciones ¿quién nos observa? ¿qué produce nuestro comportamiento incorrecto sobre adultos y niños?

Modelado, efecto mimético y aprendizaje vicario

La técnica de modelado proviene de la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, y es muy utilizada en casi todas disciplinas educativas y sociales. Implica el aprendizaje de nuevas conductas mediante la observación de un modelo. En este sentido, nuestro deber como padres es también convertirnos en modelos, en ejemplos a seguir. Y no solo para nuestros propios hijos, también para sobrinos, y otros familiares, y no familiares. Los niños observan a los adultos y tienden a imitar lo que ven, como resultado del éxito que ha tenido. Pero ¿de qué forma? A diferencia de otras formas de aprendizaje, el observacional se produce inmediatamente: si un niño nos ve golpear un balón con el pié, tenderá a actuar igual con el balón (con las limitaciones que su cuerpo y su psicomotricidad le permitan). Bandura propuso cuatro elementos para que el proceso se llevara a cabo: el niño debe prestar atención a las conductas del modelo, tras eso se produce la retención de lo observado bien en imágenes o representaciones verbales. Es entonces cuando el niño procede a imitar lo recordado, comparando su propio desempeño con lo que vio.

El aprendizaje observacional puede tener consecuencias positivas como negativas. Arrojar basuras o colillas, fumar, consumo de alcohol, comportamientos violentos o maltrato familiar son algunos de los ejemplos bastante cotidianos que el aprendizaje mediante observación explica en sus bases. De una forma más concreta, un niño que está acostumbrado a ver en casa un reparto equitativo de tareas del hogar facilitará que le resulte más atractivo a la hora de realizarlas como también interiorizarlas; o en cuanto a la lectura, si el niño ve que en casa hay costumbre de leer libros, la lectura supondrá una actividad que se haga incluso en conjunto, por lo que no le resultará tediosa.

Es importante que destaquemos que los procesos de aprendizaje por observación se mantienen durante toda la vida, no vayamos a pensar que se limita solo a los niños. Y tampoco se limita al comportamiento motor, sino también al afectivo-emocional: si un niño ve como un perro muerde a su hermano, es posible que no solo también llore sino que le coja miedo por lo observado.

Aprender violencia observando

Hoy por hoy, una de las formas más efectivas para evitar que se aprendan patrones de comportamientos agresivos como respuestas a frustraciones es evitar que se aprenda de otros, es decir, romper el canal. Los medios de comunicación escritos o audiovisuales facilitan este canal de, a veces, violencia gratuita. Es difícil impedir a los medios la difusión de contenidos agresivos específicos y detallados, pero podemos impedir este «aprendizaje oculto» regulando lo que se emite por la televisión (eligiendo uno u otro informativo), o  supervisando los videojuegos a los que nuestros hijos tienen acceso.

El aprendizaje observacional puede tener consecuencias negativas o positivas.

El aprendizaje observacional puede tener consecuencias negativas o positivas.

El aprendizaje por observación de modelos sigue siendo un medio por el cual personas aprenden conductas de maltrato. Como de este tipo de aprendizaje nadie está excluido, todos aquellos que se impregnen de esas circunstancias (hijos de maltratadores o criados en ese ambiente) suelen repetir esas conductas al convertirse en adultos.

Hemos de distinguir los que perpetran un asesinato de los que no: el Ministerio de Igualdad cita a fecha de 19/01/2009 «es llamativo que en un 31’4% de los casos de homicidio, el agresor tenía antecedentes”. Sin embargo, en un 68’6% los agresores no tenían antecedentes. Teniendo en cuenta que el 31’4% tenía antecedentes, el 21’4% lo tenían sobre la víctima, se concluye que el 90% son hombres que solo han mostrado conductas agresivas ante sus parejas.

Llegar a sentir en sí mismo la sensación antes de llevarlo a la práctica es propio de sujetos que conocen cómo un modelo ha matado a su pareja. Este aprendizaje debilita inhibiciones que en otras circunstancias habrían impedido su realización, como el miedo a las consecuencias (Alonso Cabrera, 2010).

Por último destacar que cuanto mayor es la influencia del «modelo» que realiza actos violentos (que aparezca en la televisión como un personaje famoso o de una película), propicia un mayor número de seguidores al tener un «canal» de difusión amplio, así como mayor probabilidad de «aprendices» debido a su repercusión de refuerzo (por ejemplo la violencia en algunas películas o saltarse las normas lo pintan de forma muy atractiva). Lo importante no es la censura ni represión, sino saber administrar los contenidos en función de la edad y repercusión de la persona que lo percibe. No es lo mismo una película de acción explícita donde el protagonista realza su atractivo por saltarse todas las normas en un niño pequeño que en un adolescente ni en un adulto.

Cruzar en rojo, la gran metáfora

Cruzar en rojo para los peatones es algo que no está casi sancionado, a diferencia de lo que ocurre con los vehículos. Sin embargo la repercusión que tiene que se infrinja constantemente esa norma vial provoca un efecto pasivo del que no nos damos cuenta. Los niños, como hemos dicho antes, son esponjas en cuanto a comportamientos de los adultos. Y el hecho de pasar cuando el semáforo está en rojo no es más que una metáfora que representa otras conductas mucho más importantes: insultos, comportamientos racistas,…

Queramos o no, somos modelos de otros, niños o adultos, y tenemos una cierta responsabilidad en cuanto a nuestras acciones, pues pueden suponer el aprendizaje correcto o equivocado de otros. Pongamos la situación:

Nos disponemos a cruzar una carretera que ni siquiera tiene paso para los peatones. Vemos que no viene ningún vehículo y podemos pasar. A nuestro lado hay un niño que va al colegio con una pesada mochila (algo nervioso, parece que llega tarde). Mientras emprendemos la marcha el niño parece que nos sigue a pocos pasos. De repente un coche a bastante velocidad aparece obligándonos a correr hacia el otro lado. Desafortunadamente para el chico que llevaba la pesada mochila, no tenía la misma destreza para llegar al otro lado, sufriendo un accidente de tráfico mortal.

Quizás el ejemplo sea un poco extremo, pero ocurre. La responsabilidad penal es del conductor, no cabe duda, pero nosotros tenemos cierta responsabilidad como adultos ya que el niño nos ha imitado. Una de cada cuatro víctimas de accidente de tráfico como peatón son menores de 14 años. Unos 1.500 niños entre 7 y 13 años son víctimas del tráfico.

Todos hemos pasado en rojo alguna vez, pero ¿quién nos observa? ¿cómo repercute?

Todos hemos pasado en rojo alguna vez, pero ¿quién nos observa? ¿cómo repercute?

En resumen, queramos o no somos modelos a seguir de personas que quizás ni conozcamos. No tener hijos propios no nos exime de la responsabilidad de respetar normas viales, cuidar el medio ambiente, animales… Deberíamos tener un comportamiento ejemplar no por miedo a las multas, sino por miedo a estar dando un mal ejemplo a los demás. Debemos inculcar el valor de la educación en estas direcciones que quizás nunca hayamos pensando en su importancia.

Para saber más…

  • Un libro: «En busca de la felicidad»
  • Una película: «El olvido que seremos» de Héctor Abad Faciolince, y «Matar a un ruiseñor» de Harper Lee.

Sobre Antonio García Fernández

Psicólogo de emergencias. Miembro del grupo GIPED. Interesado en los ámbitos de la antropología, la sociología y la criminología. Tiene experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención con personas mayores. Actualmente está centrado en su carrera como opositor Policía Nacional.

3 Interacciones

  1. 18/02/2015

    […] accidente y sus horrores, por ejemplo, pueden desarrollar síntomas de estrés postraumático por aprendizaje vicario a […]

  2. 29/06/2015

    […] o los estemos convirtiendo en vulnerables. Todo lo contrario: estamos enseñándole mediante aprendizaje vicario a canalizar sus sentimientos, estamos educando emociones. De esta forma ayudamos a nuestros niños […]

  3. 18/01/2016

    […] resulta esencial para la comprensión y aceptación por parte de los hijos e hijas. Es necesario no involucrar a los menores en los conflictos y decisiones adultas, pero por otro lado, se le debe tener informado de la situación, conociendo su visión de los […]

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