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Consejos: ocio y discapacidad intelectual

“Hoy lunes tengo por la mañana colegio, luego vuelvo para comer a casa y, después de comer, me pongo a hacer la tarea que me han mandado en el cole. A las seis tengo clases de matemáticas, luego a las siete y media academia de inglés y como salgo muy tarde mamá me recoge para ir a casa a ducharme, cenar y acostarme pronto para no estar cansado mañana”.

¿Os suena esta frase? ¿Os resulta familiar? Seguro que sí. Pero, ¿es bueno que un niño se encuentre con esta situación prácticamente todos los días escolares?

Cuando una persona echa la vista atrás y recuerda su infancia y su juventud es indudable que aparezcan imágenes de uno mismo jugando con los amigos, saliendo a dar paseos, yendo de excursión con el colegio, los campamentos, los parques, las tardes pintando, los videojuegos… y ¿qué es eso? Eso es ocio. Esta palabra puede pasar desapercibida en el ámbito educativo, pero no debemos olvidar que es una vivencia rica en estimulación. Por eso mismo, dado que cada persona la vive de forma diferente, analizaremos su influencia en uno de los colectivos que pueden beneficiarse más que cualquiera de este aprendizaje: las personas discapacitadas.

Según la Real Academia Española, ocio se puede definir como “tiempo libre de una persona”, “diversión u ocupación reposada porque estas se toman regularmente por el descanso de otras tareas” o incluso “cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”. Pero, independientemente de la definición, la palabra ocio atiende a cuatro claves:

Tiempo libre, autotelismo, como actividad con carácter final y deseable por sí misma, libre elección, percibiendo la persona un sentimiento de autonomía (“yo lo elijo, no lo eligen por mí”) y placer, sin importar el esfuerzo que suponga.

ocio creativo

Dentro del ocio, una de las expresiones más comunes es la artística.

En consonancia a estas claves, la Carta sobre la Educación del ocio, Asociación Internacional WLRA (World Leisure And Recreation Association) 1994, define el concepto actual de ocio como un área específica de la experiencia humana con beneficios propios, que es importante para el desarrollo personal, social y económico y que fomenta un bienestar y una buena salud general. Considerándose un derecho humano básico, su desarrollo se facilita garantizando las condiciones básicas de la vida, sin poder desligarse de otros objetivos vitales, que alivia sentimientos como el estrés, la insatisfacción o el aburrimiento y cuyo tiempo de dedicación se ve influenciado por los cambios económicos y sociales que experimentan las sociedades.

Atendiendo a esto, podemos creer que es algo que está al alcance de todos y que cualquiera tiene derecho a disfrutarlo, y que además, es una condición indispensable para el desarrollo satisfactorio de la propia persona. Sin embargo, el día a día nos demuestra que personas con discapacidad, de cualquier índole, sí que se enfrentan a dificultades al participar en actividades de ocio. Ejemplo de esto puede ser la realización de un ejercicio que implique el recorrido de un determinado lugar y, si este sitio no está preparado correctamente para los minusválidos, cualquier persona que tenga esta discapacidad no podrá participar, o una madre que no deje participar a su hijo/a en una actividad grupal por miedo a que le rechacen o no pueda hacerlo.

¡Pero esta situación se puede cambiar! ¿Cómo? Pues eliminando las barreras sociales, familiares, personales, arquitectónicas, etc., que se vayan encontrando por el camino.

Paradigma de la diversidad

Aunque el término diversidad haya llegado tarde al ámbito educativo, en los últimos años ha cobrado gran importancia, ya que debido al desarrollo tecnológico, económico, familiar y social que estamos teniendo, no tener presente constantemente esta palabra es complicado.

El paradigma de la diversidad se basa en la conjunción de dos principios: todas las medidas deben basarse en el reconocimiento explícito de los derechos de las personas con discapacidad y todas las personas deben ser consideradas del mismo valor en y para la sociedad. Así que, pese a ver la palabra diversidad todos los días, hace falta profundizar más en ella para crear intervenciones que de manera global y particular, además, lo hagan a través de todas las etapas por las que pasa una persona en su vida, ya que cada uno vive en un contexto determinado, con unas necesidades específicas y con unos apoyos concretos, y el ocio es el ámbito ideal para llevarlas a cabo.

Todas las personas deben considerarse del mismo valor para la sociedad. Fuente: Flickr. untitlism

Actualmente existe la oferta de ocio comunitario como una intervención preferible, frente a otra más inicial como la oferta específica, para la integración de las personas con discapacidad. Consiste en diseñar programas específicos pero sin estar segregados ni diferenciados por grupos o discapacidades, lo cual, aunque presente dificultades en ciertos momentos, es una bonita manera de igualar a los participantes para así no partir de las limitaciones que tenga una persona sino de las acciones que sí pueda hacer. Aquí, se entiende el ocio como medio y como fin. Un ejemplo de cada una de estas ofertas son:

Oferta específica: Segregamos un grupo inicial en otros más pequeños en función de su discapacidad (de un grupo de veinte personas extraemos un grupo de diez con discapacidades sensoriales) y a raíz de ahí se trabaja con actividades específicas para ellos. Sería un punto de vista más terapéutico.

Oferta comunitaria: cogemos un grupo, independientemente de las discapacidades que puedan tener ciertos miembros, y se realizan actividades que los engloben a todos (jugar al escondite con niños con discapacidad intelectual). Seguramente en algunos puntos de la actividad haya dificultades, como que el niño no se haya escondido, que se ría cuando un compañero pasa por el escondite de otro o que no quiera esconderse, pero se solucionan con la participación de todos.

Trabajar desde la inclusión y la integración es la mejor opción para la intervención en el ocio con los discapacitados. Fuente: tomatesfelices

No obstante, para la mejora de la integración de las personas con discapacidad en las actividades de ocio no sólo es imprescindible ayudarse de éste como una intervención, sino también trabajar las actitudes sociales que los discapacitados se encuentran por el camino, ya que muchas veces son estas barreras, y no las arquitectónicas, las que hacen más daño. Estas actitudes, como por ejemplo los estereotipos, se observan en el colegio, en la propia familia, en la comunidad, están demasiado presentes en sus vidas como para impregnar también su tiempo libre, así que las personas que trabajen con ellos lo primero que tienen que hacer es un autoanálisis para identificar esas actitudes y solucionarlas.

El ocio y la discapacidad intelectual

Según la Asociación Americana de discapacidades intelectuales y del desarrollo (AAIDD) la discapacidad intelectual se define como “la discapacidad que se caracteriza por limitaciones significativas tanto en funcionamiento intelectual, como en conducta adaptativa, tal y como se ha manifestado en habilidades adaptativas, conceptuales y prácticas. Esta discapacidad se origina antes de los 18 años”

Es importante atender a los criterios para clasificar la discapacidad y, a raíz de ellos, ayudarse para conocer las características e implicaciones que se necesitan para crear actividades de ocio con este colectivo. Algunas de las más importantes:

Necesitan supervisión y apoyo. Hay que valorar la dependencia del niño hacia el monitor o la persona encargada y su nivel de iniciativa y autocontrol (este último importante en relación a las características de los juegos que tenga que acatar)

Desarrollo irregular. Que tengan ciertas limitaciones en un tipo de juego no significa que tengan que tener las mismas para otros. Hay que conocerlos y analizar cuáles son las actividades que más le gustan, donde se siente mejor etc…

Se ciñen a lo concreto, es decir, la abstracción es dificultosa. Es recomendable la demostración real de las normas, en vez de únicamente la verbalización, para que les cueste menos entenderlo.

Suelen ser bastante rígidos, por lo que es normal que den la misma respuesta a diferentes preguntas o realicen siempre los mismos movimientos.

Les cuesta mantener la atención por mucho tiempo. Hay que intentar dinamizar y concretar las normas.

Esforzarse por mantener las rutinas y no generarles contratiempos.

Suelen tener dificultad con el lenguaje. Cerciorarse de que comprenden todo y hablar claro y despacio.

Mostrarles apoyo. Las personas desarrollan parte de su autoimagen por la imagen que tengan los demás de él, así que es importante hacerles ver que tienen vuestro apoyo y vuestro cariño.

A veces es más importante cómo se dice a qué se dice. Fuente: flickr/mario_carvajal “gran abrazo”

Jugar nunca está de más

Es muy fácil explicar teóricamente lo que hay que hacer, pero a la hora de ponerlo en práctica es más complicado. Por eso mismo, para servir de empujón a todo aquel que quiera ayudar en el ocio a las personas discapacitadas, os pondremos unos ejemplos de juegos:

Baile

Puede parecer muy estereotípico, pero es una actividad que engloba la estimulación de muchas funciones: coordinación, memoria, atención, expresión corporal… Hay que intentar que sean coreografías en principio fáciles para, según la mejora que se observe, ir aumentando la dificultad. Cada vez que se haga, intentar que sean como unas clases, el mismo día, a la misma hora, los mismos ejercicios…

El Juego de la silla

El clásico juego en que suena una música y mientras tienen que dar vueltas alrededor de unas sillas para que cuando se pare la música intenten sentarse. Quien se quede sin silla queda eliminado. Al principio dejad una segunda oportunidad para que intente no quedarse sin silla de nuevo. Se puede hacer también cambiando el sentido de los giros.

Dibujos en el cielo

Aquí a cada uno se les entrega una cinta, como son las cintas de gimnasia rítmica (son muy fáciles de hacer comprando en una mercería tela de lazo y pegándolo a un palo) y tienen que intentar dibujar la forma que tú les digas en el cielo con las cintas. Pueden estar quietos o en movimiento.

La patata bailarina

En este juego se pondrán por parejas y tendrán que bailar al ritmo de la música mientras aguantan con sus cabezas una patata, la cual no puede caerse. Variación con otras partes del cuerpo e incluso sin patata, para fomentar la actividad conjunta.

La banda de música

Juego típicamente utilizado en educación física. Consiste en hacer un círculo y en el medio se coloca una persona. Consiste en que una persona del círculo hace de director y todos los movimientos que realice tendrán que imitarlos el resto, y la persona de en medio deberá adivinar quién es el director.

Como estos juegos, hay muchísimos más y adaptados a cualquier contexto. Lo importante es tener imaginación y sensibilizarse con ellos para que así nos demos cuenta de que la discapacidad, al final se queda sólo en una palabra.

Para saber más:

Sobre Nazareth Serrano

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, tiene experiencia laboral en la Diputación de Cadiz como técnico superior de orientación e inserción sociolaboral especializada en colectivos con dificultades de inserción. Además, ha tenido contacto con la psicología clínica a través de un voluntariado en un centro de Alzhéimer y de unas prácticas en una consulta infantil. Con un perfil profesional transversal, también cuenta con formación en líneas tan diversas como Criminología o Neuropsicología.

2 Interacciones

  1. 04/04/2016

    […] Consejos: ocio y discapacidad intelectual […]

  2. 27/06/2016

    […] ejemplo de esto podemos encontrarlo en la forma de dar instrucciones para personas discapacitadas en actividades de ocio, ofreciéndoles herramientas y apoyo para su […]

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