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Coaching: guía hacia tus objetivos

Si eres una persona de acción, te sugiero que pruebes a nombrar el término “coaching” en alto y ver qué pasa. Como mínimo, es probable que rápidamente te conviertas en un modernito sin criterio profesional, y si no, en cosas bastante parecidas. Si no conoces muy bien el concepto de coaching quizás te preguntes por qué, y si has tenido alguna experiencia profesional en España ligada al coaching puede que ya lo sepas.

Aunque por fortuna esta práctica profesional puede aportar numerosos beneficios tanto para el desarrollo personal como profesional si se realiza correctamente, en nuestro país no siempre se ejerce así, existiendo graves problemas de base que mejorar. Por ello, con esta entrada vamos a intentar aclarar un poco qué es eso del coaching, cómo se hace, si hay una metodología detrás, y la situación general del coaching en España.

Empezamos… ¿qué es el coaching?

– International Coach Federation (ICF): “el coaching profesional es un proceso de acompañamiento reflexivo y creativo con clientes que les inspira a maximizar su potencial personal y profesional”;

– Asociación Española de Coaching (ASESCO): “el coaching profesional es un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío entre donde una persona está ahora y donde se desea estar”;

– Wikipedia: “el coaching es un método que consiste en acompañar, instruir o entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir cumplir metas o desarrollar habilidades específicas”.

Es decir, a grandes rasgos el coaching es un proceso de acompañamiento o entrenamiento personal que ayuda a las personas a conseguir metas, desarrollar habilidades o maximizar su potencial. Por lo tanto, es muy importante enfatizar que el coaching no es un proceso terapéutico. Las personas que realizan coaching no lo hacen porque quieran solucionar algún tipo de problema psicológico o porque necesiten terapia, sino porque quieren lograr alguna meta y no saben cómo hacerlo, o porque quieren entrenar habilidades como medio de desarrollo personal o profesional.

Un caso típico de coaching sería el del empleado que realiza un proceso para mejorar la eficiencia en su trabajo: se redefinen sus objetivos de trabajo, cómo medirlos y hacer seguimiento, y dónde focalizar el esfuerzo en las tareas clave.

El coaching se puede aplicar a cualquier ámbito profesional o personal, siendo de entre los más habituales el del trabajo, el deporte y la nutrición. Los procesos pueden ser tanto individuales como grupales, ya que también existe el coaching para mejorar el rendimiento de equipos. De hecho, el término coaching viene del inglés “to coach”, que significa entrenar, y que se desarrolló a partir de su aplicación en el deporte.

El coaching es útil cuando no sabemos cómo hacer algo, o cómo ir del "punto A" donde estamos al "punto B" donde queremos estar.

El coaching es útil cuando no sabemos cómo hacer algo, o cómo ir del “punto A” donde estamos al “punto B” donde queremos estar.


 

Vale, es un acompañamiento personal… y eso, ¿cómo se hace?

La función principal del coaching es que el coachee (la persona que recibe los servicios) consiga un objetivo final que él mismo establece para lograr a medio o largo plazo. Una vez marcado, en las sesiones se trabajan objetivos a corto plazo para cada semana estar un poco más cerca del objetivo final. Para hacernos una idea, imaginemos el caso de una persona que quiere lograr como objetivo a medio plazo ser puntual, porque no serlo le causa graves consecuencias en su día a día (llegar tarde al trabajo, discusiones familiares, malestar personal, etc.). Esta persona podría ir trabajando cada semana diferentes acciones, como no utilizar el móvil por las noches para dormir más, medir cuánto tiempo invierte en sus actividades matutinas (ducha, desayuno, camino al trabajo), avisar siempre con una hora de antelación si es consciente de que se retrasará, etc.

Además, antes de comenzar con un proceso de coaching, es imprescindible la firma de un contrato en el que quedan reflejados los compromisos que acuerden tanto el coach como el coachee, tal y como indican tanto ICF como ASESCO. En dicho contrato se especifica qué tipo de coaching se va a realizar (ejecutivo, personal, etc.), la información que se reflejará en los informes que se emitan, la cláusula de confidencialidad, el lugar, formato (presencial, online, etc.), número de sesiones contratadas, duración, pago y forma de pago.

También es muy común enfatizar en el contrato la responsabilidad del coachee a la hora de que es él(la) quien tiene que poner en práctica su plan de acción para que el trabajo de las sesiones y los resultados tengan sentido.

Por otro lado, con respecto a la estructura de las sesiones en los procesos de coaching, éstas siempre siguen las siguientes 4 fases:

  • Fijar un objetivo. Dicho objetivo tiene que cumplir una serie de características para que se pueda hacer un correcto seguimiento acerca de si la meta se logra o no. De este modo, el objetivo tiene que ser específico, medible, alcanzable, realista y realizable en etapas. Pensemos en el siguiente objetivo:

    Específico – quiero dejar de fumar;

    Medible – podemos contabilizar el número de cigarros que consume;

    Alcanzable – hay personas que ya lo lograron;

    Realista – se puede dejar mañana mismo pero hay que valorar las posibilidades de recaída;

    Etapas – cómo proceder en los primeros días de motivación, en los siguientes días durante el deseo de consumir, etc.

  • Evaluar la realidad. Esta parte del proceso es de crucial importancia ya que es aquí donde el cliente se da cuenta de cuál es su situación real y con qué recursos cuenta. Si tomamos como ejemplo una persona que quiere ser jefe de departamento, es muy importante que haga una valoración real de su posición en la empresa. Por ejemplo, puede ser que tenga muchos años de experiencia y conozca muy bien el funcionamiento del departamento, pero a lo mejor su competencia en inglés es baja y su disponibilidad por las tardes no es completa, lo que podría dificultar su ascenso. En este caso, examinar los recursos con los que cuenta le puede ayudar a valorar de qué se puede beneficiar para conseguir dicho ascenso (posibilidad de practicar intensivamente inglés, de llegar a acuerdos con su pareja para el cuidado de los hijos, etc.). En esta fase el coaching recibe numerosas críticas, y por diferentes razones. Una de ellas es porque simplemente el coach no realiza esta fase junto al coachee, sino que pasa directamente a proponer un plan de acción. Otra crítica es que no se hacen evaluaciones realistas, sino que se anima al coachee a creer ciegamente en su objetivo y a no tener en cuenta las posibles consecuencias adversas. Este comportamiento por parte del coach es sumamente irresponsable, ya que puede llevar a otra persona a tomar decisiones que pueden perjudicar gravemente su futuro tanto personal como profesional.

  • Barajar opciones. Aquí se hace una lluvia de ideas en las que se ayuda al cliente a poner sobre la mesa un amplio abanico de alternativas que se podrían realizar para satisfacer sus objetivos. Esta variedad le ayudará a crear opciones que antes no hubiera pensado y a valorar cuáles son las más pertinentes para llevarlas a cabo. Si continuamos con el caso anterior, diversas opciones serían mudarse a Reino Unido, contratar a un profesor, hacer un intercambio de idiomas, etc.

  • Plan de acción. Una vez se han barajado y evaluado diferentes opciones, el cliente elige cuáles son las que desea llevar a cabo desde ese mismo momento hasta la siguiente sesión. Tienen que ser opciones susceptibles de medición, como por ejemplo fumar sólo un cigarro por la noche o ir a clases de inglés dos veces por semana. Una vez se ha acordado el plan de acción, se le pregunta al cliente su grado de compromiso con dicho plan de acción, para poder trabajar la semana siguiente en el hipotético caso de que su compromiso sea alto pero haya realizado las acciones con las que se comprometió.

Hacer una evaluación de la realidad y elaborar un plan de actuación para empezar a tomar decisiones y acción es uno de los beneficios del coaching.

Hacer una evaluación de la realidad y elaborar un plan de actuación para empezar a tomar decisiones y acción es uno de los beneficios del coaching.

Estos pasos se llevan a cabo a través de diálogos entre el coach y el coachee, en el que el primero hace preguntas y el segundo las contesta. El coach en ningún momento valora o juzga las decisiones del cliente, aunque sí puede prevenir en caso de que el coachee decida alocadamente realizar una acción sin valorar las posibles consecuencias o los recursos con los que cuenta. La misión de esta dinámica de preguntas y respuestas sin juicios de valor es crear un contexto en el que la persona sea capaz de tomar conciencia de cuáles son sus verdaderos objetivos, su situación y recursos reales, y qué puede hacer para lograr lo que se propone.

Es muy habitual que las personas acudan a un coach porque “quieren ser más felices” o porque “quieren llevar a cabo un cambio en su vida”, pero estos deseos no son en sí específicos. Por ello, es aquí donde la labor del coach cobra sentido, así como su formación en psicología. Los profesionales deben estar formados adecuadamente para poder ayudar a la persona a transformar este deseo abstracto en indicadores específicos y medibles que le ayuden a avanzar en su proceso. Y por supuesto, el coach debe tener claro qué procesos son apropiados para coaching y qué personas deberían derivarse a un profesional de la salud mental para comenzar un tratamiento psicológico.

El coaching no es un proceso terapéutico

Al hilo de ser capaz de conocer estas diferencias, también es importante distinguir la figura del coach de otras diferentes como la del supervisor o la del mentor. Un supervisor es una persona que revisa el trabajo, acciones o entrenamiento que realizas y hace correcciones al respecto. La diferencia con el coaching es que el coach nunca hace revisiones ni emite juicios de valor. El mentor es aquella persona que se dedica a lo mismo que tú (generalmente en el ámbito laboral), y que cuenta con mayor experiencia en el campo. El mentor asesora para que puedas aumentar tu rendimiento profesional, ya que es una guía muy fiable acerca de los fallos que se pueden cometer y un gran conocedor del ámbito que se esté tratando. De nuevo, la diferencia con el coach es que éste último no te asesora ni da pautas específicas en cómo mejorar directamente en el ámbito que se esté tratando.

 

Entonces, ¿qué es lo que falla del coaching?

Pues varias cosas fallan en el nada reglado mundo del coaching en España. Y el principal problema es este mismo. El coaching no es una profesión reglada en la que haya que tener una formación concreta para ejercer. Así, cualquier persona que realice un curso de 10 horas puede autoproclamarse coach del mundo y dios solucionador de todos tus problemas. Por esta razón, cualquier persona interesada en contratar un coach debe cerciorarse de que éste, al menos, cumple la certificación de ICF y ASESCO, que requieren un número de horas mínimas (existen diferentes niveles de certificación, cada cual con mayor número de horas) supervisadas y mentorizadas por coaches certificados, en las que se trabaja con personas diferentes, se firma un código ético y se presentan cartas de referencia de los clientes.

El coach debe tener claro qué procesos son apropiados para coaching y qué personas deberían derivarse a un profesional de la salud mental

Como cualquier profesión no reglada, existe un alto riesgo de que cualquier persona que no cumpla con la formación adecuada pueda llegar a ejercer la profesión. Esto da pie al intrusismo laboral, si puede llamarse así, ya que no hay un perfil laboral explícito. Sin embargo, sí que podemos hacernos una idea de cuál sería la formación más adecuada para trabajar con personas que buscan potenciar sus habilidades, orientación laboral y motivación para el cambio. Está claro que los psicólogos reunimos un perfil profesional acorde a las necesidades de las personas que contratan los servicios de coaching, ya que podemos llevar a cabo estas funciones y además distinguir qué personas deberían comenzar un tratamiento psicológico en lugar de un proceso de coaching.

Otro grave problema acerca de esta disciplina es que no todo el mundo que dice ser coach tiene la misma formación en coaching. De hecho, es bastante probable que muchos de los coaches en España que dicen serlo ni siquiera conozcan las cuatro fases que hemos mencionado con anterioridad. Hacer coaching no es motivar a diestro y siniestro a cualquiera que venga dispuesto a saltar al vacío sin paracaídas, sino ayudar a las personas a evaluar su situación real y a partir de ahí motivarlas a realizar un plan de acción realista y alcanzable. De hecho, generar un plan de acción es uno de los mayores beneficios de esta disciplina, ya que promueve y motiva a la persona a cambiar de actitud y empezar a hacer cosas diferentes. Sin embargo, es muy peligroso motivar a una persona a pasar a la acción cuando se pone en riesgo su empleo o su familia sin haber valorado antes los posibles escenarios que pueden acontecer. Es por ello y por crear una sociedad más sana, que todos deberíamos poner nuestro granito de arena a la hora de contratar, ejercer y denunciar las prácticas profesionales que no nos corresponden.

Sobre Ángela Rojo

Consultora Junior de SuccessFactors en IBM en Lituania. Gestiona dicho software de Recursos Humanos en Cloud en los módulos de aprendizaje, formación, reclutamiento e información del empleado. Psicóloga y Master en Psicología del Trabajo y las Organizaciones por la Universidad de Maastricht. Comenzó en retención de talento en Nuffic (La Haya), y más tarde en Recursos Humanos en IBM (Bruselas).

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