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¿Cerrar sesión o vivir para siempre?

Es muy probable que todos hayamos pasado por la pérdida de un allegado en los últimos tiempos. Y también es bastante probable que ese allegado tuviera una vida activa en Twitter, Facebook, Instagram… ¿Sabemos realmente cómo dar una buena solución, desde el punto de vista psicológico, a este aspecto? ¿Es preferible eliminar todo rastro de la persona por las redes sociales, o, por el contrario, es mejor aprovechar estas plataformas para rendirle un homenaje virtual?

Modernización de los ritos

El ser humano (y quizás otras especies) se caracteriza por darle un significado a la muerte y honrar a sus muertos con determinados comportamientos. Poseemos una capacidad para trascender a nosotros mismos. Independientemente de cuestiones ideológicas o religiosas, seguimos percibiendo como “entes” a nuestros seres queridos a pesar de que ya no estén vivos. Muy probablemente otras especies animales no sean capaces de ello y cuando un congénere muere, continúan con su existencia sin darle mayor o menor importancia. Para ellos la muerte es tan natural como la vida, sin más.

Los ritos funerarios son consecuencia del pensamiento trascendente del ser humano. Y ambos vienen de muy lejos en la historia de nuestra especie. Es tarea de la Historia elucubrar cómo y cuándo se originaron, pero sería papel de la Psicología y la Sociología analizar cómo estos ritos han ido cambiando a medida que nuestra vida y nuestra sociedad han ido evolucionando.

Es evidente que de unos siglos atrás hasta hoy en día, las cosas han cambiado y más aún desde la existencia de Internet. Algo tan ligado a nosotros y a nuestra forma de relacionarnos con la muerte, los cementerios, también se están actualizando a raíz de los cambios tecnológicos y sociales. Ya existen funerales retransmitidos en streaming para que los allegados que no puedan asistir sean partícipes de la ceremonia. Las empresas dedicadas a lo fúnebre están disponiendo cámaras fijas en los funerales y velatorios, de modo que a través de una página web se retransmita en directo todo lo que ocurre allí dentro.

Los románticos epitafios, en el sentido cultural del término, son difíciles de mantener en nuestros días. Prima ahorrar espacio y dinero. Es por ello que una tecnología como los Códigos QR (parecidos a los códigos de barras de los artículos de supermercado) están siendo insertados en el lugar en el que debería ir el epitafio, de forma que cuando la cámara de nuestro móvil lo lea, acceda a un vídeo conmemorativo en YouTube, una entrada en Wikipedia sobre la persona (de ser célebre) o una web dedicada a su memoria.

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Ya existen funerales en las cuales el epitafio está disponible en formato digital a través de Códigos QR (Fuente: Desert News).

Qué hacer con los restos de los fallecidos también es un terreno donde la tecnología (casi la artesanía) ha encontrado su nicho (nunca mejor dicho). La tradicional y cristiana tumba que habría las puertas del cielo ha dado lugar a las cada vez más mayoritarias cenizas. Pero ante las voces ecologistas que denuncian la contaminación de la naturaleza con su esparcimiento, se están dando alternativas muy originales para permanecer en el recuerdo de una forma elegante y no demasiado tétrica: hacer diamantes con las cenizas, plantar árboles, crear esculturas de cristal, mezclarlas con óleo para pintar un cuadro o con barro para hacer una pieza de cerámica.

Para solucionar el problema de las cenizas también se están generan modernos cementerios con múltiples zonas verdes y lagos en los cuales verterlas de forma sostenible para el medio ambiente y a su vez gratificante para los familiares.

Hasta ahora hemos hablado de la revolución que está viviendo la industria fúnebre en el campo de lo físico (cementerio, cenizas, etc.), pero ¿qué ocurre con el mundo digital que hemos creado en apenas una década? ¿qué se hace con toda la estela de acciones que hemos desarrollado en Internet y que, por definición, no perecerá nunca?

Nuestra vida digital

Todos tenemos una doble, triple o cuádruple vida ¿o es que acaso somos los mismos en la vida real que en Twitter, Facebook o Instagram? En cada una de las redes sociales de las que somos usuarios generamos un patrón de comportamiento, interaccionamos con otros usuarios y exponemos al mundo lo que nos gusta, lo que sentimos e incluso lo que nos va pasando en nuestro día a día. Por lo tanto, eliminar estas cuentas una vez la persona ha fallecido ¿no es como eliminar parte de los recuerdos de esa persona e incluso parte de su identidad?

Pero no solo el fallecido tiene una historia en las redes sociales, sus allegados también. Al igual que podemos leer en voz alta un texto en homenaje a nuestro familiar en el funeral, son muchas (cada vez más) las personas que convierten los perfiles de Facebook o Instagram del que fallece en un “altar” en el que expresar lo que sienten por su pérdida. Ven sus fotos, las cosas que dijo días, semanas o meses atrás y, en definitiva, viven la pérdida no solo con sus recuerdos sino también con la huella digital que esta persona dejó en vida.

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Nuestro comportamiento en las redes sociales forma parte de nuestra vida en una intensidad que no estamos dispuestos a admitir (Fuente: picsvip.com).

La existencia de todas estas redes sociales genera nuevas formas de desarrollar un duelo. ¿O acaso no es una forma de “luto” poner un crespón negro en nuestras redes sociales cuando ocurre un hecho trágico que nos afecta? Cuando una persona célebre fallece, lo hacemos trending topic en una forma indirecta de homenaje ¿no es eso una forma moderna de desarrollar una capilla ardiente? Esta capacidad de honrar a personas fallecidas también da lugar a situaciones esperpénticas: las de personas famosas que mueren o vuelven a morir por un bulo que corre por las redes sociales sin contrastar.

Dejando a un lado la verosimilitud de lo que se vuelca en Internet, es importante reconocer cómo las redes sociales no solo se usan para recibir información de forma unidireccional sino que se establece un canal de comunicación bidireccional que nos permite expresarnos y llorar al que muere.

Hoy día la mayoría disponemos de cuentas de usuario en la mayoría de las redes sociales que existen (o al menos las más pobladas). Pero ¿cómo solucionan las diferentes empresas la muerte de sus usuarios? Aquí haremos un repaso de las más conocidas:

Twitter

Twitter, al igual que la mayoría de redes sociales que veremos a continuación, pide la existencia de una persona autorizada que representa al fallecido o de un familiar directo, para proceder a desactivar la cuenta del usuario. En la solicitud hay que aportar información sobre el fallecido, copia de su DNI o un certificado de defunción.

Es interesante como para registrarse en una red social apenas hacen falta una dirección de correo electrónico, un nombre y una contraseña; sin embargo, para desvincularse por fallecimiento de ella es necesario aportar una documentación que verifique que estás muerto.

También hay un protocolo para eliminar imágenes comprometidas de los fallecidos. No es la primera vez (y cada vez ocurrirá con más frecuencia) que la persona publica selfies poco antes de fallecer o que retransmite, sin saberlo, su muerte en un vídeo. También, como no, nos encontramos con personas que integran la muerte en su día a día de tal forma que les parece una buena idea hacerse un selfie en el funeral. Si haces una foto a tu plato de comida varias veces al día, ¿por qué no hacerlo con tu abuela fallecida?

Twitter eliminará este contenido siempre que los familiares directos u otras personas autorizadas lo soliciten, pero especifica que “tiene en cuenta factores de interés público, como el valor informativo, y es posible que no pueda satisfacer todas las solicitudes”. Puede que, a ojos de Twitter, los familiares de personas relevantes tengan menos derecho a eliminar tal contenido que los familiares de personas anónimas.

Facebook

Facebook es quizás la más personal de todas las redes sociales. Es un reflejo fiel, o al menos más fiel que otras redes sociales, de cómo es nuestra vida social real. Es habitual que los amigos de Facebook sean amigos o conocidos en la vida real (y no seguidores desconocidos como en Twitter o Instagram). Entre el contenido que se publica es habitual que la persona no se ciña tanto a opinar sobre ciertos temas (como en Twitter) o a hacer un reportaje fotográfico de momentos puntuales de su vida (como en Instagram). Facebook suele contener todas aquellas cosas que gustan a una persona e imágenes de muchas etapas de su vida.

Esta empresa da dos opciones a los familiares o autorizados del usuario fallecido: eliminar la cuenta o convertirla en una cuenta conmemorativa.

En palabras de Facebook, “las cuentas conmemorativas proporcionan un lugar para que amigos y familiares se reúnan y compartan recuerdos de un ser querido que haya fallecido. Las cuentas conmemorativas tienen las siguientes características claves:

  • Aparecerá la palabra En memoria junto al nombre de la persona en su perfil.
  • En función de la configuración de la privacidad de la cuenta, los amigos pueden compartir recuerdos en la biografía conmemorativa.
  • El contenido que haya compartido el usuario (por ejemplo, fotos, publicaciones, etc.) permanece en Facebook y está visible para el público con el que se compartió.
  • Los perfiles conmemorativos no aparecen en espacios públicos como las sugerencias de “Personas que quizá conozcas”, los recordatorios de cumpleaños o los anuncios.
  • Nadie puede iniciar sesión en una cuenta conmemorativa.
  • Las cuentas que no tengan un contacto de legado no se pueden cambiar.
  • Los grupos con un administrador cuya cuenta se haya convertido en conmemorativa podrán elegir a un nuevo administrador.
  • Las páginas con un único administrador cuya cuenta se haya convertido en conmemorativa se eliminarán de Facebook si recibimos una solicitud válida.”

Además hay que destacar que en Facebook es “recomendable” (si es que se quiere disponer de una cuenta conmemorativa una vez muramos), que designemos en vida a un contacto de legado. Esta figura es la que se encargará, como si de un testamento se tratase, de escribir en tu nombre a modo de despedida, aceptar solicitudes de amistad para que viejos amigos o familiares puedan acceder a la cuenta conmemorativa y actualizar la foto de perfil y de portada para adecuarla a la situación. Es posible que ese contacto de Facebook que acaba de fallecer te acepte como amigo o cambie su foto de perfil “después de muerto”.

Otra opción es algo que pocas personas hacen pero que cada vez tendremos más en cuenta: dejar a modo de “testamento” las contraseñas de las múltiples webs y dispositivos en los que estamos registrados. Nuestros abuelos o padres tenían poco que legarnos aparte de una herencia económica u objetos de valor sentimental, pero hoy día para acceder al ordenador suele hacer falta una contraseña, para acceder al correo electrónico, etc. Es posible que en un futuro cercano, si es que no se está dando ya, guardemos las contraseñas de nuestra vida ante notario y este posteriormente las adjudique a la persona correspondiente.

Instagram

Hace un tratamiento similar al de Twitter y Facebook, pero añade un aspecto curioso en cuanto al uso de cuentas conmemorativas. Literalmente dicen que intentarán evitar que “aparezcan en Instagram referencias a las cuentas conmemorativas que puedan entristecer a amigos y familiares de esa persona”. Sin duda, cuando nació Internet, ninguna de las empresas vinculadas a este medio podría imaginar las implicaciones que tendría el que los datos volcados por los usuarios nunca perecieran. La personalización del mundo en el que vivimos llega a tal nivel que una red social promete que tendrá delicadeza contigo para que no encuentres notificaciones que te hagan entristecer.

Conclusiones

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En las diferentes redes sociales mostramos parte de nosotros, pero la información ahí volcada nunca podrá sustituir lo que somos… ¿o sí? (Fuente: Flickr).

Tras esta compleja fotografía de la situación que estamos viviendo (y que no hará sino crecer en los próximos años), solo nos queda esperar a que nada de lo aquí mencionado sea anecdótico y que poco a poco vaya cristalizando en nuestras vidas como algo normal e incluso saludable desde el punto de vista psicológico.

Al principio la tecnología solo entraba en espacios mundanos como era facilitarnos la redacción de textos o encontrar información sobre un tema concreto, pero cada día forma más parte de nuestra identidad, nos estamos convirtiendo en una especie de cyborg que no se reconoce a sí mismo si no es acompañado de su identidad digital. La tecnología aún no es imprescindible para desenvolvernos en nuestro mundo, pero no se puede asegurar que algún día no llegue a serlo.

De cara a la elaboración del duelo por personas que han perdido a un ser querido ¿cómo puede afectar lo que se haga con su vida digital una vez fallecen?

Aún hay poca información al respecto. La tendencia a usar las redes sociales como obituarios aún no está muy extendida pero quizás sea una línea interesante sobre la que la Psicología debería profundizar en los próximos años.

Partiendo de esta base, sí podemos extrapolar lo que ocurre en otras circunstancias más comunes. Por ejemplo, ¿obligaríamos a una madre que ha perdido a su hijo adolescente recientemente a desmantelar su habitación y dejarla aséptica e impersonal? Evidentemente, no. Nunca es positivo “no dejar ir” al ser querido por mucho tiempo. Ya hablamos anteriormente de los duelos complicados y esto podría ser un ejemplo de ello. Pero no por ello debemos “obligar” a nadie a despedirse antes de que, de forma natural, sienta que deba hacerlo. Esto puede verse muy claro en el duelo que niños y adolescentes pueden hacer de compañeros de clase o amigos. Para este colectivo las redes sociales son una extensión más del mundo real. Los adultos solemos usar lo virtual como un complemento de la vida real, pero los más jóvenes usan en muchos casos Internet para relacionarse con su entorno de la misma forma que en nuestra juventud nosotros lo hacíamos de formas más “analógicas”.

Esto no significa que debamos privar a nuestros hijos e hijas del contacto real con el mundo, pero tenemos que entender que ellos pueden haber creado unos lazos con esa persona fallecida que, en el terreno en el que más se evidencia, es Internet.

También podemos verle una utilidad a las redes sociales en enfermos terminales. Puede ser una buena herramienta para dejar dicho, de forma personalizada y multimedia, muchas de las cosas que queremos que ocurran cuando fallezcamos. Esto mismo le ocurría a Ann la protagonista de Mi vida sin mí.

Sin embargo no debemos entrar en el error de “engancharnos” a las redes sociales de nuestro ser querido fallecido como si fueran lo mismo que él. Hay un capítulo muy conocido de la serie Black Mirror, en el cual, en un futuro aún lejano para nosotros, una persona que pierde a su marido “vuelca” toda la información de este en un robot idéntico a su marido y continúa su vida con él como si nada hubiera ocurrido. Es difícil que algo remotamente parecido se de en el mundo real, pero tengamos cautela y tomémonos la información que volcamos en las redes sociales como una “representación” de nosotros mismos que nunca sustituirá lo que en realidad somos.

En definitiva, lo que hacemos tras una pantalla no es tan diferente a lo que hacemos frente a esta. Con mesura y naturalidad, las redes sociales pueden ser un aliado en el trance que supone despedirnos de alguien a quién queremos.

Para saber más…

Sobre Javier Corchado

Psicólogo. Ha participado en diversas investigaciones sobre Psicooncología en la Universidad de Sevilla. Desde 2010 a 2015 colaboró con la Asociación Española Contra el Cáncer, al principio como voluntario en el Hospital Virgen de Macarena y desde 2012 como voluntario online en www.aecc.es. Actualmente estudia para pertenecer al Cuerpo Superior Técnico de Instituciones Penitenciarias en la especialidad de Psicólogo, a la vez que es editor y autor en Psicomemorias.

5 Interacciones

  1. Begoña dice:

    Enhorabuena por tu artículo, muy interesante y completo. Desde Artmemori nos hemos sentido también muy interesadas por cómo las redes sociales y las nuevas tecnologías influyen en el duelo, en las muestras de luto y condolencias, en la gestión póstuma de la identidad virtual. Por si os apetece leer un poco más sobre el tema, os enlazo un artículo sobre esquelas virtuales: http://artmemori.com/blog/blog/3/la-esquela-se-reinventa-la-nueva-era-de-los-homenajes-virtuales.html

  1. 11/11/2015

    […] Si queréis saber más sobre duelo, redes sociales y ritos funerarios… clickad aquí. […]

  2. 20/11/2015

    […] ¿Cerrar sesión o vivir para siempre? […]

  3. 14/11/2016

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