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Artes marciales, para batallas externas e internas

Con una gran diversidad de estilos existentes, la mayoría de las artes marciales son prácticas muy antiguas en la historia del ser humano. En cada escuela y región tienen su propia identidad, bien sea lucha, técnica o derribe. Pero todas ellas comparten un fondo de armonía de la salud física y mental.
La mayoría de las artes marciales modernas japonesas que se han extendido por occidente están influenciadas por el bushido. El bushido es un código de conducta o filosofía de vida al que muchos samuráis entregaban su vida. Este espíritu sigue impregnando muchas salas de entrenamiento (dojo), y sus valores (las siete virtudes del bushido: justicia, coraje, benevolencia, respeto, honestidad, honor y lealtad); moldeando el carácter a través de la práctica marcial.

La práctica hace al maestro

Las artes marciales mejoran y desarrollan habilidades específicas en sus practicantes. Los investigadores japoneses Heihachiro Arito y Mitsugu Ogure comprobaron en un estudio en el año 1990 que la velocidad de reacción de jóvenes atletas de varias disciplinas deportivas era significativamente mayor que la de otros jóvenes de su misma edad. Lo que los investigadores midieron fue más precisamente el tiempo que tardaban los atletas en pulsar un botón cuando aparecía un estímulo a modo de señal en una pantalla. Vieron es que los jóvenes atletas tardaban menos tiempo en reaccionar ante estos estímulos que otros jóvenes que no practicaban deporte. Esto implica que ciertas capacidades psicológicas, así como pasan con las físicas, pueden ser mejoradas con la práctica.

Es lógico que no todas las artes marciales desarrollan las mismas habilidades ya que, entre otras cosas, tienen objetivos y enfoques diferentes. El tiempo o velocidad de reacción es vital en ellas, sobre todo en las de competición y combate.

Pero parece que el requisito fundamental que determina esta mejora es el entrenamiento: la práctica ha de hacerse con estímulos similares. Por ejemplo, un luchador de lucha libre que va a competir, tendrá que entrenar más lento para aprender ciertas técnicas; pero también rápido para adquirir un ritmo mayor de cara a una situación real. En este contexto, un estímulo puede referirse a una patada, un puñetazo, una esquiva… Por ello, en la medida en que entrenemos con movimientos y desplazamientos parecidos a una situación real, nos enfrentaremos mejor a una competición.

Estoy practicando un deporte de lucha, ¿por qué hablamos de estímulos? // Fuente: Flickr

El tiempo de reacción, a veces llamado timing (tiempo o momento exacto donde hacer algo), puede ser uno de los factores más importantes. Veámoslo en dos prácticas: una basada en ataque y otra en defensa.
En MMA (artes marciales mixtas) combinan técnicas de artes marciales tradicionales con modernas y son los combates donde mayor contacto se produce. Por ello, esquivar un golpe en esta disciplina es fundamental, pues son muy numerosos los KOs que se producen por un solo ataque.

En aikido, el tiempo de reacción está también está relacionado pero más directamente con la defensa. El aikidoka no absorbe el impacto de un ataque, sino que sus técnicas están diseñadas para evitar el impacto y aprovechar los puntos débiles de este ataque (posición corporal, inercia,…) para desequilibrar al atacante y finalmente reducirle.
Son estas habilidades y reacciones las que con entrenamiento se pueden mejorar y acortar el tiempo de respuesta, mejorando la rapidez y la eficacia de defensas, ataques y contra-ataques.

Como hemos visto, ciertas capacidades cognitivas como la velocidad de reacción ante determinadas señales visuales o auditivas, se pueden entrenar. Pero además, estudios como el del investigador turco Feza Korkusuz y su equipo de la Universidad Hacettepe en Ankara han mostrado que esta mejoría se ve en 6 meses. Es decir, desde el momento en el que se empieza a practicar (aikido), los propios requerimientos del entrenamiento nos hacen poner en juego nuestras habilidades para detectar rápidamente los estímulos necesarios y reaccionar a ellos cuanto antes.

En una serie de experimentos sobre la ansiedad, estrés percibido, síntomas somáticos y la espiritualidad en practicantes del arte marcial aikido, el fisioterapeuta e investigador Howell Tapley encontró que los practicantes de este arte marcial mostraban menos estrés percibido en comparación con datos de la población general.

Además, el entrenamiento en artes marciales permite desarrollar capacidades extraordinarias de atención y percepción; ya que requieren la realización coordinada de conductas que deben estar sincronizadas entre sí y con las del atacante. Un ejemplo de esto sería cuando estamos aprendiendo a conducir: tenemos que estar muy atentos a los movimientos de los otros conductores y no somos capaces de saber qué van a hacer los demás, sin embargo, los conductores habituales saben qué va a hacer el otro con tan siquiera un ligero movimiento. Del mismo modo, el artista marcial predice el movimiento del contrincante, intuyendo de forma automática sus intenciones con sólo los movimientos corporales de este.

¿Todos los deportes de combate son agresivos?

La agresividad es, por desgracia, una faceta del comportamiento bastante relacionada con el deporte. Recientemente, las redes sociales se incendiaban tras difundirse un vídeo que mostraba una pelea entre padres en un partido de fútbol de niños de 12 años. En el caso de los llamados deportes de contacto, resulta aún más difícil desligar el concepto de la agresividad, debido a la presencia de situaciones de combate. Sin embargo, se han llevado a cabo estudios que muestran que relacionar artes marciales con agresividad podría no ser correcto.

Existen diversos estudios que promueven la práctica de estas disciplinas como buenos hábitos para fomentar la deportividad frente a la violencia. En esta línea, los investigadores Daniels y Thornton ya en 1992, estudiaron dos factores predictores (estadísticamente): agresión y hostilidad verbal; dependiendo de si el deporte que practicaban era un arte marcial o no y cuánto tiempo llevaban practicándolo. Esta relación explicaba que practicar artes marciales durante mucho tiempo está asociado con niveles menores de hostilidad verbal y física.

Lamarre y Nosanchuk (1999) y posteriormente los de Steyn y Roux (2009) consideraron las artes marciales como una buena práctica para reducir la agresividad. Según sus resultados los taekwondokas eran menos hostiles y agresivos verbalmente que los patinadores de hockey y la población normal. También en relación con lo anterior, Zivin y su equipo de la Universidad Thomas Jefferson en Filadelfia, en 2001 realizaron un curso de artes marciales para niños y adolescentes en situación de riesgo. Tras este, midieron sus niveles de agresividad y los resultados mostraron una disminución.

Curiosamente, la motivación también puede influir en desarrollar cierta agresividad. En un reciente estudio, las investigadoras italianas Lucia Monacis, Valeria de Palo y Maria Sinatra encontraron que la motivación del artista marcial influye su agresividad. Basaron su estudio en una motivación orientada a la tarea (el desarrollo de una habilidad y el dominio la tarea) y otra orientada hacia uno mismo (comparar su rendimiento con el de otros compañeros o personas de referencia). Lo que estas investigadoras encontraron es que los artistas marciales con una motivación orientada a la tarea mostraban mayor deportividad; lo cual se asocia a menores índices de agresividad en el deporte.

¿Qué se busca en un arte marcial?

Las artes marciales orientales están basadas en su mayoría en un código ético o filosófico, hay muchas que fomentan el respeto a los maestros (sensei) y la defensa del honor, así como otros valores que muchas culturas comparten.

“Yo no sé cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a mí mismo” (Yagiu) // Fuente: Google Images

Como dijimos al principio no todas son iguales. Mientras que unas pueden enseñar a defenderte y a lo difícil que puede suponer repeler un ataque real, otras sin embargo podrían incitar a practicarlo en la calle sin un motivo deportivo. En boxeo o lucha libre Endresen y Olweus (2005) confirmaron cómo aumentan estos comportamientos violentos fuera de una situación deportiva.

Muy relacionado con la agresividad, y posiblemente con su origen, están los factores motivacionales. Cuando hablamos de un combate, vencer a toda costa (en competición o entrenamiento, claro) no se corresponde con el concepto de “deportividad”. Si tu motivación para entrenar está orientada a intentar realizar correctamente los ejercicios (orientación a la tarea), entonces estás más comprometido con ese deporte, y ese compromiso implícito te va a ayudar a adquirir esa deportividad. ¿Por qué es importante la deportividad aquí? Según los resultados encontrados por Chantal (2005) mostraban mayores comportamientos deportivos violentos y antisociales aquellos que se alejan de las reglas y del correcto desempeño de las técnicas, el vencer a toda costa.

Practicar un arte marcial implica entrenar situaciones de combate de forma controlada. También supone una cierta desensibilización y habituación a las agresiones físicas. En adolescentes por ejemplo, la habitualidad del entrenamiento sin un maestro que pueda fomentar su uso deportivo podría provocar un uso incorrecto e indiscriminado. Un estudio de Noruega detectó un aumento del comportamiento antisocial de estos al participar en “deportes de poder”, como levantamiento de pesas, lucha libre y artes marciales (Endresen y Olweus, 2005).

Por el contrario en un estudio del psicólogo deportivo J. González (2011), este señala los efectos positivos e indica que fomentar las artes marciales y la actividad deportiva organizada aumenta el bienestar psicológico y ayuda al desarrollo cognitivo y del autoconcepto. En relación a esto, cuando nos percibimos emocionalmente más competentes tendemos a realizar mejor el rendimiento deportivo. Es decir, si yo noto que controlo la situación y mis emociones, lo hago mejor.

Lo que podemos extraer nosotros es que estas prácticas pueden dar unas poderosas herramientas que, en un adolescente, pueden converger en aspectos muy positivos, como el aprendizaje y fomento de la deportividad, aumento de la tolerancia a la frustración; o muy negativos como reforzar comportamientos violentos y generalizarlos fuera de un contexto deportivo.

El Tai-Chi, ¿solo para la tercera edad?

Seguramente tú también tengas asociado esta práctica con un grupo de mayores en un parque moviéndose sincronizadamente al son de uno. El tai-chi, arte marcial originaria de China, está basado en el confucionismo y el budismo. Incluye además en su filosofía el tan famoso ying y yang. No necesita un contacto directo con otra persona. Es de bajo impacto y requiere de movimientos corporales precisos y suaves. Como otras disciplinas, requiere mucha concentración por lo que suelen hacerlo adultos mayores debido a sus beneficios. A continuación los explicamos.

Pedro Jesús Jiménez de la Universidad Politécnica de Madrid, estudió en 2012 la implicación de la práctica del tai-chi sobre la calidad del sueño y los resultados mostraron una mejora en la estabilidad y en la calidad. Se producen menos o ninguna interrupción durante la noche y en la duración del mismo y su eficacia (un sueño reparador, es decir, levantarse descansado).

Beneficia la prevención de caídas en la vejez, mejoras de salud psicológica, calidad de vida, aspectos atencionales somatosensoriales y cognitivos. La agudeza táctil, por ejemplo, disminuye drásticamente con la edad, y el riesgo de caídas puede estar muy relacionado directamente con esto. Desde la Universidad de Otawa, la investigación encabezada por Francois Tremblay (2004) encontraron que había una relación entre dicha agudeza y la estabilidad postural. La investigadora Catherine Kerr y otros (2008) en otro estudio lo relaciona con la práctica del tai-chi. Indica que estos poseen una mayor agudeza táctil en la punta de los dedos pudiendo beneficiarse de ese tacto ligero para estabilizarse. Teniendo así, por tanto, una menor probabilidad de sufrir caídas.

El tai-chi es de bajo impacto y requiere de movimientos corporales precisos y suaves. // Fuente: Flickr

Como sabemos en la tercera edad hay más probabilidades de que aparezcan demencias y declive cognitivo, por lo que el tai-chi se propone como una estrategia de prevención, ya que su práctica lo favorece. Los estudios de Beck, Hagen, Huff y colaboradores (2011) muestran indicios de frenar dicho deterioro, y otros estudios incluso una mejora en el funcionamiento ejecutivo (Taylor-Piliae, Newell, Cherin, Lee, King & Haskell, 2010) y en tareas de memoria y atención (Man, Tsang & Hiu-Chan, 2010).

Otros estudios sobre la actividad metabólica del cerebro, mediante resonancia magnética funcional, encontraron mejoras en la ejecución cognitiva relacionado con la oxigenación cerebral en áreas asociadas a dichas tareas (Zheng, Zhu, Yin, Wang, Niu, 2015).

Conclusión

Según las investigaciones encontradas, para practicar un arte marcial de forma psicológicamente saludable recomendamos centrar nuestro aprendizaje en desarrollar lo mejor posible las tareas sencillas: un ataque, una esquiva, un movimiento; y a medida que vayamos puliendo errores y consiguiendo una mayor destreza, los vamos uniendo en un ejercicio global fijándonos en el resultado. Que nuestra motivación diaria para ir a entrenar esté en conseguir un desempeño muy bueno de los ejercicios simples. Con ello evitaremos caer en la frustración de un mal resultado en la elaboración completa. O de percibirnos torpes o poco marciales.

No pongamos un límite de tiempo, tener una actitud humilde nos va a facilitar mucho el aprendizaje y nos va a alejar de sufrir frustraciones y conflictos emocionales. Seamos también pacientes en nuestras expectativas de aprendizaje, la ficción de las películas sólo nos muestran unos escasos 5 minutos de entrenamiento donde resumen toda una vida de aprendizaje, pero el camino marcial te enseña a aprender cada día habilidades y valores.

Para saber mas…

Una película: El último samurai (2003)

Un libro: “Budo: Las enseñanzas del fundador del Aikido”

Un documental: Artes marciales (Capítulo REDES 220)

Sobre Antonio García Fernández

Psicólogo de emergencias. Miembro del grupo GIPED. Interesado en los ámbitos de la antropología, la sociología y la criminología. Tiene experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención con personas mayores. Actualmente está centrado en su carrera como opositor Policía Nacional.

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