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Andropausia. ¿Todos los hombres se vuelven gruñones al envejecer?

Seguramente casi todos tengamos una ligera idea de qué es la menopausia. Pero es posible que si nos disponemos a hablar de andropausia mucha gente piense “andro… ¿qué?”. Pues sí, andropausia, un proceso similar a la menopausia (aunque con diferencias) por el que pasan los hombres durante la adultez tardía, y que es precisamente de lo que vamos a tratar en este artículo.

Primeras pinceladas sobre la andropausia

Si ya sobre la menopausia encontramos pocas investigaciones actualizadas, fiables y no centradas solo en los factores biológicos, ni qué decir tiene que la andropausia es un fenómeno en el que existen aún muchos más vacíos de conocimiento. Hasta hace poco, había incluso autores que negaban su existencia.

Pero existir, existe. El término más común es andropausia, que procede del griego: andras (hombre) y pausa (cesación). Según el origen de la palabra, parece que viene a ser algo así como “dejar de ser hombre”. No es que la realidad se corresponda con ese significado (ni mucho menos) y por eso otros autores prefieren términos distintos: climaterio masculino, climaterio viril, menopausia masculina, viropausia o incluso (respirad hondo antes de leer) síndrome de declinación de andrógenos en el envejecimiento masculino. Como véis, hay muchísimos nombres para la andropausia, pero no, pitopausia no cuenta como oficial.

(La andropausia suele comenzar a manifestarse en torno a los 50 años / Fuente: Google Images)

Pero, ¿en qué consiste realmente?

Al envejecer, los hombres experimentan un descenso en la producción de andrógenos (hormonas masculinas) y a este hecho vienen asociados síntomas como astenia, bajo deseo sexual, disminución de la masa muscular, disfunciones eréctiles, apatía y en algunas ocasiones incluso cuadros depresivos. Este proceso suele darse en torno a los 50 años.

Grosso modo, los síntomas parecen bastante similares a los de la menopausia en las mujeres. No obstante, existen dos diferencias fundamentales:

  1. En el caso del climaterio femenino, se considera que se puede diagnosticar la menopausia cuando han transcurrido doce meses desde la última menstruación (según la Organización Mundial de la Salud). Sin embargo, para los hombres no existe ningún marcador específico que indique cuándo se está atravesando ya este periodo y cuándo no.
  2. Los hombres, a pesar de la edad y de la menor producción de hormonas, siguen conservando su fertilidad.

Algunos autores han encontrado que no es raro que los hombres experimenten síntomas típicos de la depresión al atravesar esta etapa. De hecho existe una correlación entre la puntuación que obtengan los individuos en la escala AMS (Síntomas de Envejecimiento Masculino) y la gravedad de dichos cuadros depresivos.

(Recientemente se ha descrito un síndrome característico de esta etapa que parece retratar al típico hombre mayor cascarrabias. / Fuente: Gran Torino.)

Otros, en cambio, consideran que esta supuesta depresión no es sino una manifestación de un síndrome recientemente descrito: el Síndrome de Irritabilidad Masculina. La traducción literal del inglés sería “hombre gruñón” (Grumpy Man), lo cual parece corresponderse con ese estereotipo bastante extendido en la sociedad de que los hombres se vuelven más cascarrabias al envejecer.

Hay quienes consideran que los cuatro elementos fundamentales de este síndrome, los cuatro “jinetes del apocalipsis” tal y como los denomina Diamond, serían la hipersensibilidad, la ansiedad, la frustración y la cólera.

A la hora de diagnosticar la andropausia en algún individuo, existen diferentes cuestionarios. Por ejemplo, el cuestionario de la Universidad de San Luis, según el cual, cualquier hombre que responda afirmativamente a tres de las preguntas podrá ser considerado andropáusico. De todas formas y al igual que con cualquier otro diagnóstico, las respuestas a un cuestionario no son suficientes, y a menudo hace falta realizar una entrevista para abordar el tema con mayor profundidad. Tampoco tendría sentido deducir que estos síntomas se deban a la andropausia si se explican mejor por otros factores (como podrían ser el estrés laboral o grandes cambios en la vida como el divorcio o la viudedad), ya que como podéis observar, muchos de nosotros puntuaríamos afirmativamente en algunas de estas cuestiones incluso en la juventud.

cuestionario andropausia San Luis

¿Es inevitable todo esto?

El envejecimiento, nos guste o no, es inevitable. Al ir sumando años, ciertas funciones de nuestro organismo se van a ir deteriorando a mayor o menor velocidad, al igual que en el resto de nuestro ciclo vital. Quizá un estilo de vida sano pueda ralentizar este proceso en cierta medida, pero por el momento, no se ha encontrado la manera de frenarlo del todo.

Lo que sí parece que puede prevenirse hasta cierto punto son algunos de los síntomas desagradables asociados a ello. No es extraño que la función sexual y el deseo se resientan como consecuencia de la menor producción de testosterona. También es normal que la musculatura, los huesos y el cuerpo en general muestre síntomas de fatiga con mayor facilidad. No obstante, sentimientos más complejos como la ira, la ansiedad o la frustración, más que consecuencia directa de este envejecimiento, parecen producirse porque la persona no se esté adaptando correctamente a estos cambios y las respuestas emocionales son por tanto negativas.

En otras palabras, no todos los hombres se vuelven irascibles y gruñones en la vejez, y cuando estos cambios del estado de ánimo se producen no es a causa de la edad en sí, sino por los problemas que se experimentan al intentar acostumbrarse a esta nueva etapa.

(No tiene sentido diagnosticar andropausia cuando los síntomas se expliquen mejor por otros factores, como por ejemplo, la viudedad. / Fuente: DisneyScreenCaps)

Uno de los factores que ha demostrado ser un gran protector contra los síntomas de la andropausia es la satisfacción sexual, que además correlaciona positivamente con la calidad de vida. Esto ocurre igual en la menopausia. Y es curioso que, siendo las disfunciones eréctiles y el bajo deseo sexual algunos de los problemas que más preocupan a los hombres mayores, sea precisamente la existencia de una sexualidad positiva la que ayude a prevenir estos inconvenientes. Es decir, que cuanto mejor sea la calidad del sexo antes de llegar a esta etapa, menos se resentirá el ámbito sexual al envejecer.

En este aspecto, por desgracia, influyen mucho los aspectos psicosociales. Por ejemplo, los mitos sexuales sobre la tercera edad, que incluyen las ideas de que las personas mayores no son deseables, no son atractivas, no tienen deseo sexual y además, aunque lo tuvieran, no tienen potencia sexual para desempeñarse correctamente en la cama. No debería ser necesario decir que estas ideas son falsas. Que la sexualidad madura no es ni mejor ni peor que la sexualidad de los jóvenes. Es simplemente diferente.

En palabras de Sapetti: “Ser sexualmente maduro es algo sumamente complejo y nada tiene que ver con la posibilidad de demostrar, como un Don Juan, la capacidad erótica que se posee pretendiendo emular -ya entrado en años- las hazañas sexuales de un Casanova adolescente; muy por el contrario, estos serían signos de no tener aún una postura adulta frente al sexo. Conocer las limitaciones que traen aparejados los años: disminución de la respuesta eréctil, un período refractario más largo -mayor tiempo de recuperación entre coito y coito-, necesidad de mayor y más vigorosa estimulación genital y extragenital, menor cantidad de eyaculaciones en cada encuentro, menor volumen eyaculado, etc. y valerse de este conocimiento para seguir disfrutando del sexo, serían las características propias de un individuo sexualmente adulto.”

(La satisfacción sexual es un factor protector contra los síntomas de la andropausia. / Fuente: Google Images)

Además de estos mitos, también influye mucho, sobre todo en los hombres, el modelo sexual que impera en la sociedad: parece que se mide la calidad en función de la cantidad de sexo (por si fuera poco, sexo entendido como sinónimo de penetración), de la potencia de las erecciones, y en definitiva, del rendimiento del hombre y de sus genitales. Tristemente, estas ideas preconcebidas sobre lo que es “buen sexo” no hacen sino restar calidad y satisfacción a los encuentros sexuales, relegando la intimidad, el placer y la emocionalidad a un segundo plano. Basándonos en el primer modelo, las personas mayores tienden a sentirse incapaces e impotentes. Pero desde una perspectiva más amplia, menos centrada en el coito y en los genitales, y en definitiva, más sana, las personas mayores no tienen por qué ver resentido su disfrute al envejecer.

De hecho, en contra de la idea general, muchos individuos de la tercera edad obtienen puntuaciones más altas en los índices de satisfacción sexual, porque a pesar de los deterioros inevitables, también cuentan con ciertas ventajas, como la mayor disponibilidad de tiempo libre, el mayor conocimiento de uno mismo y de la pareja, y una mayor madurez emocional.

Testosterona por aquí, testosterona por allá.

También, para lidiar con los obligados síntomas por culpa del descenso de andrógenos, existen terapias sustitutivas de testosterona. Al igual que las terapias de estrógeno para las mujeres menopáusicas, este tipo de tratamiento pretende suplir parte de las hormonas que el cuerpo ha dejado de producir. Estas terapias parecen haber mostrado muy buenos efectos en la mayoría de los factores que se ven afectados por el envejecimiento masculino: aumento del interés sexual y de las erecciones, aumento de la densidad ósea y de la masa muscular, mejora del estado de ánimo, crecimiento de la barba, mejora de la memoria, y reducción de la ira y el cansancio.

(Los estereotipos sociales son los culpables de que algunos hombres se sientan «menos masculinos» al necesitar terapia de testosterona. / Fuente: Pixabay)

Así, a bote pronto, podría interpretarse que esta solución es la panacea. Pero no. En primer lugar, encontramos hombres a los que les cuesta seguir el tratamiento, entre otras cosas, por la creencia errónea de que la masculinidad va ligada a la testosterona. Parece que hay quienes se sienten “menos hombres” al necesitar que le proporcionen testosterona. Este es un indicador más de cuánto daño pueden hacer las creencias erróneas y los mitos.

En segundo lugar, y más importante, hay que ser muy cuidadosos y elegir con prudencia a qué pacientes se les recomienda este tipo de tratamientos, pues la lista de efectos secundarios es larga: retención de líquidos, problemas de sueño, problemas sanguíneos, problemas con la fertilidad, aumento del tamaño de los senos y crecimiento de la próstata. Este último es el más preocupante de todos los efectos adversos, ya que puede relacionarse con el cáncer de próstata.

En general, y salvo que el profesional médico lo considere recomendable, lo ideal es tratar esta etapa de la vida con otros enfoques, ya que tanto la andropausia como la menopausia son un cambio normativo, un proceso al que vamos a tener que enfrentarnos todas las personas cuando lleguemos a esa edad, y muchas veces las actitudes positivas y poseer un buen repertorio de estrategias de afrontamiento son la mejor solución posible.

En conclusión, envejecer no es necesariamente tan desagradable como nos lo pintan. No todos los hombres se vuelven gruñones en la tercera edad. La sexualidad, la alegría y la belleza no son patrimonio único de la juventud, porque de hecho son elementos que dependen de nosotros mismos más que del número de años que refleje nuestro carnet de identidad.

Para saber más…

Sobre Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

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