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Adolescentes nadando hacia la salud: salutogénesis y sentido de coherencia

La adolescencia es una etapa evolutiva clave en la que el estudio de la salud y el bienestar ha recibido una gran atención. Sin embargo, el enfoque predominante en el estudio del desarrollo adolescente ha estado durante mucho tiempo centrado en el riesgo. Ésa precisamente era la conclusión de una revisión de referencia para el estudio de la adolescencia publicada por Laurence Steinberg y Amanda S. Morris en el año 2001.

Hoy tenemos claro que reducir la salud y el bienestar en la adolescencia a la ausencia de conductas de riesgo es un planteamiento erróneo. La salutogénesis, palabra que nos remite a los orígenes de la salud, es una teoría que está cobrando fuerza en el estudio de la salud y el bienestar en las últimas décadas, ayudándonos a mirar este campo de estudio desde una nueva perspectiva. Veamos en qué consiste.

Aaron Antonovsky y la pregunta salutogénica

Retroceder al surgimiento de la salutogénesis nos lleva al ámbito de la Salud Pública y a la figura del médico-sociólogo estadounidense Aaron Antonovsky.

Allá por la década de los 70, Antonovsky investigaba sobre el estrés y sus efectos en la salud y se embarcó en un estudio sobre el efecto de la menopausia en mujeres israelíes, un grupo de las cuales eran supervivientes de los campos de concentración nazi. Antonovsky quería saber si haber experimentado mayor estrés se traduciría en mayor presencia de síntomas asociados a la menopausia y, efectivamente, observó que, en general, era eso lo que ocurría. Sin embargo, algo le distrajo del que era inicialmente el objetivo de investigación: había un pequeño grupo de esas mujeres que habían pasado por la terrible experiencia de los campos de concentración y que, sin embargo, no tenían peor salud. Mirado desde un punto de vista puramente estadístico la proporción era tan pequeña que no se consideraba relevante, pero Antonovsky decidió realizar una serie de entrevistas con aquellas mujeres para entender qué razones podrían explicar esos pocos, pero extraordinarios, casos. El transcurso de esa nueva investigación le llevó a una firme convicción: que en lugar de tratar de identificar factores que conducen a la enfermedad como se había hecho hasta entonces, la ciencia debería ocuparse de responder a la pregunta contraria: ¿cómo se origina la salud?

Salutogénesis: una nueva visión de la salud y el bienestar

La salutogénesis se centra en el estudio de los factores que pueden generar salud, entendida en un sentido amplio (no sólo médico) y considera que no tiene sentido hacer una distinción entre personas sanas y enfermas. Más bien, desde el modelo salutogénico se propone que la salud debe ser vista como una dimensión continua entre el extremo saludable y el de la enfermedad, de manera que cada persona se sitúa, en un determinado momento, en algún punto de ese continuo.

En su libro Unravelling the mystery of health, Antonovsky empleó la metáfora del río de la vida para explicar mejor su modelo. Según esta metáfora, no hay personas sanas a salvo en la orilla y otras enfermas luchando con las aguas, sino que todos nos encontramos en el río, expuestos a potenciales dificultades y estresores que son parte de la naturaleza misma de la vida.

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No hay personas sanas a salvo en la orilla y otras enfermas luchando con las aguas, sino que todos nos encontramos en el río. (Fuente: Google)

Como seguramente estés pensando, ese río de la vida representa el continuo de la salud. Nuestra posición en el mismo irá cambiando y las características del río variarán según el punto donde nos encontremos. Cerca del extremo saludable las aguas son tranquilas y podremos flotar cómodamente, casi sin esfuerzo, mientras que en las proximidades del extremo de la enfermedad las aguas son más bravas, las corrientes más peligrosas y mantenerse a flote resultará más difícil. Ahora bien, con independencia del punto del río en que nos encontremos, siempre podremos avanzar en la dirección del bienestar. La clave no es otra que nadar.

Pensemos en un adolescente con un problema que le preocupa y le hace sentirse mal. Imagina por un momento que vive con su familia, con la que tiene buenas relaciones, cuenta con su apoyo y el de sus amistades que siempre están ahí ante cualquier problema y, por lo demás, lleva una vida agradable y sin grandes dificultades. Y ahora imaginemos un escenario distinto: que este adolescente se encuentra en una situación familiar complicada, con sus padres pasándolo mal por la difícil situación económica y a ello se suma que a nuestro protagonista no le va bien en el instituto y no se siente a gusto con sus compañeros de clase. Volviendo a la metáfora, sus posiciones en el río son claramente distintas pero la salutogénesis nos dice que ambos podrán resolver ese problema y sentirse mejor… si han aprendido a nadar.

Aprendiendo a nadar: el sentido de coherencia.

La salutogénesis señala que la clave para aprender a nadar es lograr ver el mundo como un entorno comprensible, manejable y significativo. Esa manera de mirar el mundo recibe el nombre de sentido de coherencia.

Si, como han hecho algunos autores, entendemos el sentido de coherencia como unas gafas con las que mirar el mundo, podemos decir que el color único del cristal de esas gafas lo da la combinación de tres elementos: comprensibilidad (lo entiendo), manejabilidad (puedo) y significatividad (merece la pena).

Por tanto, las personas con un alto sentido de coherencia experimentan el mundo como un lugar predecible y con sentido (comprensibilidad), afrontan la vida con confianza en que encontrarán los recursos para salir airosos de cualquier dificultad que se les presente (manejabilidad) y suelen interpretar esas dificultades como desafíos que les ayudarán a crecer como personas (significatividad).

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La salutogénesis señala que la clave para aprender a nadar es lograr ver el mundo como un entorno comprensible, manejable y significativo (Fuente: Google)

¿Y cómo nos ayuda el sentido de coherencia a alcanzar el bienestar? Pues bien, lo haría a través de los siguientes tres mecanismos:

1) Si tenemos un alto sentido de coherencia es menos probable que percibamos las situaciones como amenazantes.

2) En situaciones estresantes, la mayor confianza en los recursos disponibles y habilidad para emplearlos de la persona con alto sentido de coherencia aumentan la probabilidad de afrontar adaptativamente la situación.

3) Incluso en aquellos casos en que la situación no se resolviera satisfactoriamente, el alto sentido de coherencia amortiguaría los efectos negativos sobre la salud.

Pongámonos por un momento en la piel de un adolescente que ha cambiado de ciudad y se enfrenta el lunes a su primer día en un nuevo instituto. Por una parte, su nivel de sentido de coherencia influirá en la medida en que vivirá esta situación con ansiedad y preocupación o la verá en términos más positivos, por ejemplo como una oportunidad de hacer nuevas amistades (mecanismo 1). No obstante, es posible que la situación le preocupe y le ponga nervioso, ya que encajar en el nuevo instituto es algo importante, aunque un mayor sentido de coherencia le ayudaría a gestionar ese nerviosismo de una mejor manera, aumentando las probabilidades de que a nuestro protagonista le vaya bien en su primer día (mecanismo 2). Finalmente, aun en el caso de que el primer día en el nuevo instituto no vaya bien, un alto sentido de coherencia amortiguaría el impacto negativo de esa experiencia (mecanismo 3).

Qué sabemos del sentido de coherencia en la adolescencia y hacia dónde caminamos

Empezábamos este artículo hablando de la adolescencia, por lo que una pregunta fundamental es: ¿qué sabemos del sentido de coherencia en la adolescencia y de su relación con la salud?

La investigación hasta la fecha nos ha mostrado que el sentido de coherencia contribuye significativamente a una mejor salud entendida en un sentido amplio, es decir, englobando una valoración positiva de la propia salud, menos malestares físicos y psicológicos, mayor bienestar emocional y más alta satisfacción vital.

Lejos de llegar con ello al punto final, esa certeza no hace sino abrir la puerta a nuevas e interesantes preguntas de investigación: ¿qué experiencias familiares, escolares, etc. contribuyen al desarrollo del sentido de coherencia?, ¿en qué se parece y en qué se diferencia el sentido de coherencia de otros aspectos relacionados con el bienestar: autoeficacia, resiliencia, optimismo…? o ¿qué podemos hacer para promover el desarrollo de un fuerte sentido de coherencia en nuestros adolescentes?

Aunque la investigación sobre salutogénesis y sentido de coherencia ha estado liderada tradicionalmente por investigadores de los países nórdicos (Finlandia, Noruega y Suecia) e Israel, a partir de su edición 2010, dentro del estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) en España, un estudio coordinado por la profesora Carmen Moreno y financiado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, se crea una nueva línea de investigación que viene trabajando activamente en este ámbito desde entonces, con el objetivo de conocer más sobre el sentido de coherencia de los adolescentes españoles.

HBSC

El equipo español del Estudio HBSC

El trabajo del equipo HBSC en esta línea de investigación ha permitido estudiar el sentido de coherencia de 7.580 adolescentes españoles de entre 13 y 18 años. Los resultados obtenidos han permitido confirmar, por ejemplo, la existencia de una relación significativa entre el sentido de coherencia y aspectos de la salud como el bienestar emocional y la satisfacción vital.

También se ha encontrado que la familia es uno de los pilares básicos del sentido de coherencia y en algunos trabajos recientes hemos comenzado a estudiar la interacción entre la familia, la escuela, el grupo de iguales y el vecindario. En este sentido, nuestros resultados indican que mientras que casi un 80% de los adolescentes que tienen buenas relaciones con su familia alcanza un alto sentido de coherencia, el promedio es aproximadamente del 25% en los que tienen las relaciones familiares menos favorables. Sin embargo, para estos últimos otros contextos pueden marcar importantes diferencias, pues en aquellos que contaban con modelos positivos en su grupo de amigos, un vecindario favorable y niveles altos de apoyo del profesorado ese promedio llegaba a elevarse por encima del 40%. Por tanto, aunque la familia tiene un papel destacado, es fundamental tener también presente la importancia de otros contextos de desarrollo claves en la adolescencia: el contexto escolar, el grupo de iguales y el vecindario.

Para saber más:

Sobre Irene García-Moya

Doctora en Psicología y Personal Docente e Investigador del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. Es miembro del equipo investigador del estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) en España desde el año 2010. Sus intereses de investigación giran en torno al estudio del bienestar en la adolescencia e incluyen el análisis del sentido de coherencia y sus antecedentes, así como el estudio de la contribución de los principales contextos de desarrollo, especialmente familia y escuela, al bienestar en esta etapa.

1 Interacción

  1. 18/03/2016

    […] Adolescentes nadando hacia la salud: salutogénesis y sentido de coherencia […]

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