Abuso sexual infantil: mitos y realidad
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Abuso sexual infantil: mitos y realidad

Desconocidos, locos, parques, callejones, palizas… Son muchos los mitos que rodean los abusos sexuales infantiles, ¿pero cuál es la verdad?

El abuso sexual infantil se trata de un tipo de maltrato con características propias. Su frecuencia es mayor de la que se cree: distintas investigaciones coinciden en señalar que en torno del 20% de las mujeres y el 15% de los hombres adultos han sufrido abusos sexuales de algún tipo durante su infancia. Sin embargo, se trata del tipo de maltrato que más se silencia, pues el agresor consigue que la víctima se sienta culpable de lo que le ha ocurrido.

A continuación se exponen los factores de riesgo descubiertos en este tema, con la finalidad de desmitificar ideas erróneas que la población tiene comúnmente.

Víctima

El principal factor de riesgo para sufrir abusos es ser niña: el 60% de las víctimas son niñas. Concretamente, ser una niña en el inicio de la pubertad, pues es en torno a los 6-13 años cuando ocurren más abusos, posiblemente por ser una etapa en la que se comienzan a dar muestras de desarrollo sexual, pero aún se trata de niños y niñas fácilmente dominables.

La falta de salud también es un factor de riesgo: cualquier minusvalía física o psíquica aumenta la probabilidad de sufrir abusos sexuales debido a que disminuye la capacidad para resistirse o informar de los hechos.

Abusador

La mayoría de los agresores son hombres (en torno al 89%) con una orientación sexual heterosexual, lo que encaja con que la mayoría de las víctimas sean niñas. En las pocas ocasiones en las que la agresora es una mujer, suelen actuar como cómplices de hombres.

La edad en la que aparece con mayor frecuencia es en la etapa media de la vida, entre los 30 y los 50 años. Sin embargo, el 20% de los abusos son realizados por adolescentes y el 50% de los adultos reconocen haber realizados sus primeras agresiones cuando tenían menos de 16 años.

En la mayoría de los casos, los agresores se tratan de familiares de la víctima o conocidos muy cercanos, como amigos íntimos de los padres. Los agresores desconocidos son minoría, no llegando en muchas ocasiones al 20%. En cuanto a la relación concreta con la víctima, destacan los agresores que cumplen el rol de figura parental, seguidos de hermanos, tíos, abuelos, etc.

Al contrario de lo que muchos piensan, los agresores no presentan generalmente ninguna psicopatología. Es decir, no están “locos”. Sin embargo, sí suelen predominar en el momento de la agresión el consumo de sustancias, siendo el alcohol la droga más consumida. Pese a no tener un perfil psicopatológico, sí se han detectado algunos rasgos de personalidad comunes, como introversión, baja autoestima o personalidad dependiente.

Tampoco se corresponden totalmente con la realidad las ideas generalizadas de que los abusadores fueron víctimas en su infancia o de que los niños y niñas que padecen abusos serán abusadores en el futuro. Es decir, no suele darse lo que los psicólogos llamamos “el ciclo intergeneracional del maltrato”.

Otra idea falsa es que la mayoría de los abusos sexuales se basan en la penetración. Al contrario de lo que se cree, la penetración y el sexo oral es el tipo de conducta sexual que se da con menos frecuencia en los abusos sexuales infantiles. Destacan por encima de los dos anteriores las caricias tanto por encima de la cintura como por debajo, la masturbación, la obligación a observar conductas sexuales, etc.

Abuso infantil

Familias

En las familias también existen factores de riesgo. Al contrario que en los otros tipos de maltrato, el nivel socioeconómico no se erige como un factor determinante. Es decir, el abuso sexual se constata como el tipo de maltrato “más democrático”, ocurriendo de igual manera en familias ricas y pobres. Sin embargo, sí es cierto que se detectan más en el nivel bajo debido a que estas familias mantienen más contacto con los servicios comunitarios.

Familias con una estructura y dinámica familiar caótica suelen “atraer” este tipo de maltrato. Existen diversos estudios que relacionan la presencia de abusos sexuales infantiles con el predominio de valores conservadores, estructura patriarcal, represión sexual, autoritarismo y fomento de la obediencia.

Respecto a la relación de pareja, son muchos los estudios que encuentran que una mala relación aumenta la probabilidad de que se dé abuso sexual infantil. En concreto, el hecho de que sean frecuentes las peleas, los malos tratos, la separación o divorcio, sobre todo cuando viene acompañado de interrupción o alejamiento sexual de la pareja.

Por otro lado, respecto a la relación padres-hijos, la mayoría de los padres abusadores han mostrado ser dominantes y violentos dentro del contexto familiar. El estilo atribucional paterno de escaso control personal también es un factor de riesgo, pues tiende a encontrar difícil la conducta del hijo y la interpreta como amenazante. Los padres abusadores presentan más tendencia a atribuir una intencionalidad negativa a la conducta de sus hijos que los que no abusan. Además, es frecuente el incumplimiento de las funciones parentales, la falta de supervisión, ausencia de comunicación, expectativas inapropiadas, el abandono emocional y físico de los cuidadores principales y el uso de estilos educativos autoritarios, dominantes y violentos, que descargan su tensión en las figuras más débiles de la familia.

Es clásico el estudio de las características de las madres de las víctimas, detectándose como factores de riesgo  que la madre esté frecuentemente enferma, ausente o discapacitada, que sean emocionalmente poco accesibles, que expresen poco sus emociones y tengan dificultad para reconocer el estado emocional de sus hijos.

Es frecuente encontrar en estas familias que las relaciones de amistad, laborales, escolares y comunitarias son escasas. Las familias se muestran cerradas, aisladas, con poco contacto social y sin red de apoyo. Este hecho influye en que haya pocas personas ajenas a la familia en contacto con ésta que puedan detectar y denunciar los abusos.

En resumen…

Si juntamos las características más frecuentes de cada categoría, podemos concluir que este maltrato puede darse en cualquier clase social, siendo con mayor frecuencia las víctimas niñas y los agresores hombres adultos heterosexuales conocidos por el entorno familiar o perteneciente a él.

Sobre Carmen Paniagua

Psicóloga evolutiva y Máster Oficial en Intervención y Mediación Familiar. Actualmente, está realizando el doctorado con el estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) de la Organización Mundial de la Salud y con un proyecto de ruptura en adopción y acogimiento familiar.

2 Interacciones

  1. 18/10/2015

    […] de la persona. Ejemplos de esto pueden ser desastres naturales, muertes cercanas, situaciones de abuso sexual, conflictos bélicos o cualquier otro acontecimiento de similar […]

  2. 19/10/2015

    […] un menor sufre grave negligencia, maltrato y/o abuso sexual en su familia biológica. Este menor tras un proceso de valoración más o menos largo es retirado […]

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