¿Por qué a veces los monstruos no nos dan miedo?: Analizando el libro “Un monstruo viene a verme" - Psicomemorias
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¿Por qué a veces los monstruos no nos dan miedo?: Analizando el libro “Un monstruo viene a verme”

¡OJO! Este artículo contiene SPOILERS sobre la trama. Si no quieres descubrir antes de tiempo algún dato importante, vuelve después de leer el libro.

portada

Al igual que hemos hecho con el cine, la literatura también es una disciplina que puede ser analizada desde el punto de vista psicológico. Gran parte de lo que sentimos o experimentamos, queda reflejado en la ficción y sirve como ejemplo para que otros se entiendan a sí mismos. Es por ello por lo que nos ha parecido interesante analizar el libro Un monstruo viene a verme escrito por Patrick Ness y recientemente adaptado al cine por parte de Juan Antonio Bayona.

Un monstruo viene a verme cuenta la historia de Connor, un niño de 13 años cuya madre cae enferma de cáncer. Esta novela nos relata cómo la enfermedad cambia sus relaciones, tanto familiares como con sus compañeros y sus profesores.

En este caso, voy a pararme a analizar el proceso de duelo que sigue el personaje principal, Connor, ante todos los acontecimientos que le rodean en la novela. El duelo es un proceso natural por el que todos pasamos al sufrir una pérdida (que no tiene porqué ser necesariamente una muerte). En el caso de Connor, la pérdida es la enfermedad de su madre, que le impide ser para él la figura de apoyo que todo chico de su edad necesita en su vida. Dicha pérdida provoca sentimientos de tristeza, rabia, impotencia, desesperación… En ocasiones los sentimientos son similares a lo que popularmente se conoce como “depresión”, pero no debemos considerarlo un trastorno mental como haríamos con la depresión si nos ciñésemos a un manual de diagnóstico psicológico. Podemos decir que el duelo se podría considerar, en realidad, una “depresión” natural.

Primera aparición del monstruo en el cuarto de Coonor. (Fuente: Jim Kay)

Primera aparición del monstruo en el cuarto de Coonor. (Fuente: Jim Kay)

La historia comienza cuando una noche un extraño monstruo con forma de árbol se dirige a Connor, nuestro protagonista, después de haber tenido una pesadilla. El niño en un principio parece inquieto, al menos hasta que descubre al monstruo. Una vez lo ve, sin embargo en lugar de asustarse como sería lo esperable. Como se ve en la imagen el “monstruo” se nos describe parece un árbol aterrador, pero a Connor no parece importarle:

«Un monstruo», pensó Connor. Un monstruo tan real como la vida misma. En la vida real, despierto. No en un sueño, sino allí, en su ventana.
Que venía a por él.
Pero no salió corriendo.
De hecho, ni siquiera estaba asustado.
Lo que sentía, lo que había sentido desde que apareció el monstruo, era una desilusión cada vez mayor. No era el monstruo que él esperaba.
—Pues vale, ven a por mí.

¿Por qué el monstruo no le da miedo? La indefensión aprendida como explicación del duelo.

Podemos pensar que esto sucede porque Connor ya es demasiado mayor para asustarse de “monstruos”, después de todo ya tiene 13 años. Pero si seguimos conociéndole vemos que esta aparente falta de miedo parece ser su actitud general ante la vida. El libro refleja muy bien lo acostumbrado que está a la enfermedad de su madre, sobre todo a las consecuencias que esta tiene en ella (como si las viese normales y se resignase). Sucede algo similar con todo lo que le pasa en el colegio tanto si es positivo (comentarios compasivos de sus profesores) o negativo (burlas de sus compañeros), e incluso se enfada cuando una amiga trata de defenderle.

Podriamos entender este comportamiento, según la Teoría de la desesperanza de Abramson, Metlasky y Alloy (que se basa en el modelo de indefensión aprendida de Seligman). Dicha teoría establece que hay personas más vulnerables a tener pensamientos negativos o a ser pesimistas. Esto sucede en ocasiones cuando se acumulan una serie de sucesos negativos en la vida de la persona (en el caso de Connor estos sucesos son: la separación de sus padres siendo pequeño, el traslado de él a miles de kilómetros de su ciudad natal o la enfermedad de su madre y todo lo que supone para la vida de Connor, como la estigmatización en el colegio cuando todo el mundo se entera y, por último, las burlas y la violencia que sufre por ella). Si esto nos sucediese a nosotros, es probable que nos desesperamos pensando que todo lo malo nos pasa a nosotros o incluso sentir impotencia al darnos cuenta de que no podemos hacer nada para cambiarlo.

Precisamente, esa falta de control sobre lo que sucede, es la clave de la desesperanza, la falta de percepción de control sobre la propia conducta es uno de los factores que más afectan en el bienestar emocional de una persona. Las personas necesitamos sentir que tenemos cierto control sobre nuestra propia vida o el mundo se nos hace un lugar muy confuso.

Un ejemplo muy claro de esa sensación de indefensión es el comportamiento del niño en el colegio (no hace los deberes ni atiende en clase) y efectivamente esto no tiene consecuencias porque los profesores justifican siempre su comportamiento asumiendo que se debe a la situación que vive en casa. Más adelante, su comportamiento es aún más inadecuado (se pelea con sus compañeros o destroza la casa de su abuela) y, sin embargo, sigue sin percibir consecuencia alguna por esta mala conducta. Puede parecer contradictorio, pero una forma de aliviar esta sensación de indefensión es sentirse culpable (si nos atribuimos la responsabilidad de lo que nos pasa, al menos ya tenemos una causa identificable, aunque sea perjudicial para nosotros). Por eso se comporta de forma tan negativa en clase, en un intento de provocar un castigo que de alguna forma alivie toda esa culpa que siente, aunque no esté justificado.

En este aspecto, es curioso ver cómo reaccionan ante este comportamiento diferentes personajes. Uno de los abusones que ataca a Connor percibe claramente que su compañero “quiere que lo castiguen”, mientras que cuando Connor pregunta a su padre o a la directora si le van a castigar ambos se encogen de hombros y responden “¿De qué serviría?”, sin percatarse de lo mucho que Connor necesita una respuesta más firme y correctiva ante su comportamiento. Sin embargo, como comentaba más arriba, el sentimiento de culpa que siente el chico probablemente no se debe a ese mal comportamiento sino a que considera que no está actuando como debería ante la enfermedad de su madre. Es por ello por lo que un castigo severo no sería el método más adecuado para solucionar el problema. Aún así esta falta de consecuencias que vemos provoca en él un sentimiento de apatía que agrava el problema hasta el punto de que ni siquiera el monstruo más terrible le da miedo.

Otro de los aspectos que influyen en el mantenimiento del problema es la falta de apoyo. Por lo que se puede inferir del libro, la madre de Connor es su principal apoyo, y su pérdida es la más significativa de todo el proceso al que se enfrenta Connor. Posiblemente no se sentiría igual de dolido si la que enfermase fuese su abuela (con la que tiene menos relación) que ante la enfermedad de su madre.

El monstruo: su simbolismo en las fases del duelo

Muchos autores han tratado de definir y poner nombre a las fases del duelo, pero no se ha logrado una lista única y compartida. Sí parece haber un acuerdo en cómo se desarrolla el proceso, aunque cada autor denomine las fases de forma diferente. Para ir analizando cómo se refleja esto en el libro tomaré la clasificación de Montoya (una de las más aceptadas en el ámbito de la Psicología). Según este autor las fases del duelo son:

Aflicción aguda

Es lo que otros autores conocen como Negación. Esta fase se refleja muy bien en las primeras apariciones del monstruo, cuando Connor está convencido de que es un sueño y lo que pretende contarle es una tontería:

—¿Qué sabrás tú? —le espetó Connor—. ¿Qué sabrás tú de nada?
—Sé de ti, Connor O’Malley —dijo el monstruo.
—No —repuso Connor—. Si supieras de mí, sabrías que no tengo tiempo para escuchar historias estúpidas aburridas de un árbol estúpido y aburrido que ni siquiera es real…
—Vaya —dijo el monstruo—.¿Acaso soñaste las bayas que había en el suelo de tu habitación?
—¿Y a quién le importa si las soñé o no? —gritó Connor—. Son solo unas bayas estúpidas. Uhhh, ¡qué miedo! Oh, por favor, por favor, ¡sálvame de las bayas!
(…)
—Tienes cosas peores que temer —dijo el monstruo, pero no como una pregunta.
Connor miró al suelo, luego a la luna, a cualquier parte menos a los ojos del monstruo. La sensación de la pesadilla crecía dentro de él, lo volvía todo oscuridad, hacía que todo pareciera pesado e imposible, como si le hubieran pedido que levantara una montaña con las manos o no lo dejarían marcharse.

Conciencia de la pérdida

En este momento la pérdida empieza a asumirse poco a poco, pero aún hay momentos de negación intermitente porque esa aceptación supone un desgaste emocional muy grande. Es entre estos episodios de negación-aceptación cuando surgen sentimientos negativos como la rabia. Este sentimiento podría estar simbolizado precisamente por el monstruo que acompaña a Connor en la historia, (se ve un ejemplo muy claro cuando le anima a destrozar el salón de su abuela en un momento de la historia). También pueden aparecer impotencia, desesperación (en Connor se refleja bien cuando se aferra a la idea de que el tejo o el monstruo están ahí para curar a su madre, y cuando no sucede siente que nada tiene sentido).

El tejo antes de convertirse en el monstruo que acompaña a Connor. (Fuente: Jim Kay).

El tejo antes de convertirse en el monstruo que acompaña a Connor. (Fuente: Jim Kay).

El sentimiento de culpa también es muy habitual sobre todo en los casos de duelo prolongado como el que se trata en esta historia. El papel de la culpa se ve muy bien en el siguiente fragmento:

—Solo querías que acabara el dolor—dijo el monstruo.—Tu propio dolor. Acabar con tu aislamiento. Es el anhelo más humano que hay.
—Yo no quería hacerlo—dijo Connor.
—Querías—dijo el monstruo—, pero no querías.

Por otra parte, la irritabilidad o la rabia es una de las características más predominantes en la depresión infantil (recordemos que más arriba comentaba que la depresión y el duelo comparten comportamientos). Podría decirse que los niños en lugar de expresar la tristeza a través del llanto, como harían los adultos, lo hacen con la irritabilidad. A lo largo de la historia apenas se menciona que Connor llore, pero sí hay muchos pasajes en los que se percibe claramente la irritabilidad como puede ser en conversaciones con su padre, su abuela o su madre.

Conservación – Aislamiento

Se percibe muy bien en esa sensación que tiene Connor de “ser invisible para los demás” y de que “por increíble que parezca la vida de los demás sigue avanzando” por ejemplo cuando está sólo en el comedor, cuando no le prestan atención en clase o cuando su amiga Lily parece ignorarle en el patio. Pero el ejemplo más claro se aprecia en el siguiente fragmento:

—No es que fuera de verdad invisible —dijo el monstruo siguiendo a Connor; el comedor parecía pequeño allí por donde pasaban—. Sino que la gente se había acostumbrado a no verlo.
—¡Oye! —dijo Connor.
Harry no se dio la vuelta. Tampoco Sully ni Anton, aunque seguían con sus risitas mientras Connor apretaba el paso.
—Y si nadie te ve —dijo el monstruo apretando también el paso—,¿se puede decir que estés ahí?

Como hemos comentado antes, esta división en fases sólo se produce a nivel teórico en un intento de comprender mejor el proceso, pero no quiere decir que se trate de un proceso lineal o estándar. Cada persona vive la pérdida a su manera y el caso que nos ocupa no es una excepción. En su caso se alternan episodios de apatía o aislamiento y episodios de rabia como se ve claramente en su “estallido por ser invisible” cuando se pelea con sus compañeros de clase en un intento de llamar su atención. Antes señalé que la irritabilidad es propia de una primera fase, pero en la historia vemos que este episodio se da después de haber experimentado síntomas de depresivos e incluso esa sensación de aislamiento que refiero arriba.

Cicatrización

Es lo que popularmente conocemos como “aceptación”. En el libro podemos ver cómo Connor inicia este proceso, al final de la novela. En ese punto de la historia vemos cómo consigue enfrentarse a la pesadilla y “contar su verdad” como diría el monstruo. Esa verdad es precisamente que tiene miedo de que se vaya y que se siente culpable por no haber hecho lo posible por ella. Finalmente asume (o acepta) que no es culpa suya y deja que se vaya.

Pesadilla de Connor cuando finalmente debe soltar a su madre y dejarla caer por el precipicio. (Fuente: Jim Kay).

Pesadilla de Connor cuando finalmente debe soltar a su madre y dejarla caer por el precipicio. (Fuente: Jim Kay).

Renovación

Esta última no se refleja en la novela, pero intuimos que Connor la alcanzará con el tiempo. Se puede considerar la aceptación definitiva en la que prevalecen los recuerdos positivos sobre el ser querido (nos quedamos con lo que nos enseñó o los buenos momentos con él) y el estado de ánimo mejora. Se sigue recordando al fallecido (nunca se le olvidara), pero ya no duele tanto y se viven de forma menos intensa fechas señaladas (como Navidades, cumpleaños…), que en los primeros años si suelen traer recuerdos negativos. En este momento puede que incluso seamos capaces de dar un sentido positivo a la pérdida.

Después de analizar todo el proceso, podemos concluir que el monstruo simboliza varias cosas en el duelo infantil. Por un lado, representa la rabia, que bien gestionada favorece una descarga emocional que ayuda a ir avanzando hacia la aceptación de la muerte de su madre.
De esta forma, podemos considerar al monstruo un agente que da sentido a la rabia con las historias que cuenta y los mensajes que manda a Connor a lo largo de la historia.

¿Por qué podríamos considerar que el duelo de Connor no será complicado de superar? ¿Qué cosas tiene a favor?

Ante la pérdida hay una serie de circunstancias en base a las cuales se puede asumir que a una persona le costará más o menos superar el duelo. Es lo que en Psicología se denomina factores de protección y factores de riesgo, que tratan de predecir si una persona sufrirá un problema concreto y con qué intensidad. En este caso, analizaremos la posibilidad de que Connor sufra un duelo complicado.

Así, en su caso existen factores de riesgo como pueden ser:

1.- Su edad: en la infancia y adolescencia las pérdidas siempre son más difíciles de entender.

2.- La enferma es su madre: quien es su principal figura de apoyo.

3.- La enfermedad se ha prolongado bastante en el tiempo: Esto afecta negativamente sobre todo a personas que durante la enfermedad han dedicado gran parte de su tiempo a cuidar de la persona fallecida, porque cuando esta se va, también lo hace gran parte de su actividad diaria, y en ocasiones no saben qué hacer con ese tiempo libre. En este caso, Connor no ha cumplido ese papel, pero sí puede decirse que ha invertido mucho tiempo en preocupase por ella, por lo que podría notar ese vacío.

Pero al mismo tiempo se dan factores de protección como son:

1.- La posibilidad de despedirse de su madre: No tener “asuntos pendientes” con el fallecido (o cosas que decirle) ayuda a reducir el sentimiento de culpa. En este caso, vemos cómo Connor tiene una charla con su madre en la que ella le aclara que la enfermedad no es culpa de nadie y que ella también siente irse. Él tiene la posibilidad de decirle que la quiere y que no quiere que se vaya (algo muy significativo ya que como hemos visto más arriba este es un aspecto que le cuesta mucho aceptar).

2.- Ha tenido tiempo de aceptar la pérdida: La pérdida final (muerte de su madre) se produce después de que Connor se enfrente a sus pesadillas y avance de forma natural en el proceso de duelo de la mano del monstruo, lo que nos lleva a pensar, que esta parte del proceso le será más fácil

3.- Tiene red de apoyo: Cuenta con personas en su entorno que pueden ayudarle a superarlo (su abuela y su amiga).

¿Cuál es la mejor forma de tratarlo día a día?

Puedes consultar nuestra entrada anterior con algunos consejos para niños que estén atravesando un proceso de duelo.

En general, desde un punto de vista psicológico, se puede considerar que Un monstruo viene a verme refleja de forma cercana y rigurosa cómo puede ser un proceso de duelo infantil. De hecho, el mensaje que transmite puede tener sentido también para los adultos. Ante una pérdida todos tenemos monstruos acechando, y demasiado miedo incluso para temerlos, pero si algo nos enseña esta historia es que la solución es enfrentar esos miedos, apoyándonos en la gente que nos quiere.

Para saber más…

Sobre Cristina Martín

Psicóloga especializada en atención a víctimas. Con dos años de experiencia en intervención en este ámbito gracias a las prácticas en la Unidad Clínica del Máster de Victimología de la Universidad Complutense de Madrid.
Especialmente interesada en trabajar con mujeres víctimas de violencia de género, ha colaborado en investigaciones sobre el tema, así como en otra relacionada con victimas del terrorismo. Aunque antes de llegar a Psicomemorias ya publicó un pequeño artículo en la Revista de Victimiología. Sin embargo, es aquí dónde espera poder unir sus dos grandes pasiones: psicología y literatura.

5 Interacciones

  1. marigel dice:

    Fantástico análisis de esta novela . Todos tenemos monstruos en nuestra vida

  2. Mabel dice:

    Me ha parecido muy interesante el artículo. Refleja de forma muy bien argumentada lo que significa el duelo relacionándolo con un libro tan especial como ” Un monstruo viene a verme”.
    Además me ha ayudado personalmente a comprender las fases por las que se pasa en el duelo.

  3. Pablo Martin de la Hoz dice:

    Se trata de un análisis muy bien construido que ayuda a entender este proceso tan complejo y difícil como es el duelo.Gracias por este gran trabajo.

  4. Isabel dice:

    Muy buen artículo!! Enhorabuena!

  1. 09/02/2017

    […] ¿Por qué a veces los monstruos no nos dan miedo?: Analizando el libro “Un monstruo viene a verme… […]

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