¿Qué ocurre si le digo que no a mi hijo? - Psicomemorias
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¿Qué ocurre si le digo que no a mi hijo?

– Si nos vamos sin un juguete nuevo, se pone triste y me da pena  no comprárselo.
– En casa no obedece y si le prohíbo algo, empieza a llorar.
– No sé decirle a mi hijo que no.
¿Alguna vez habéis escuchado alguna de estas frases? ¿Podríais pensar en otras similares?

Un problema que se da con frecuencia en las familias es la incapacidad de los padres para dar una negativa a sus hijos, o la sensación de remordimiento y sentimiento de culpabilidad al haber castigado un comportamiento. Este hecho marcará el desarrollo de los pequeños, ya que podrían aprender que nadie debe negarles nada  o llegar a convertir las peticiones en exigencias… Es por ello que el uso de las normas y los límites se hace realmente necesario.

¿Qué ocurre si cedemos ante las demandas de nuestros hijos?

Bien, comencemos por el principio…

¿Qué son las normas?

Las normas marcan la organización necesaria para que una familia, y por extensión cualquier otra forma de convivencia, funcione. A través de las normas los niños y niñas aprenden qué está permitido y qué está prohibido. Para eso es necesario decirles no” y mantenerlo siempre que sea necesario.

Visto lo anterior, podemos afirmar que las normas son el comportamiento mediante el cual mostramos los límites.

¿Qué son los límites?

Un límite le dice al niño/a: “Hasta aquí puedes llegar. Más allá, no.” De esta manera, proporciona seguridad para enfrentarse al mundo y fomenta la exploración del entorno, además de un marco de referencia en el cual los niños y niñas pueden saber qué esperar de cada situación. Por ejemplo, ante la frase “no cruces la carretera sin mirar antes” los pequeños interpretan que puede ser peligroso, por lo tanto, ese comportamiento será menos probable de realizar.

Los niños necesitan sentirse protegidos por sus padres y/o educadores… El sentimiento de protección aparece si en casa existen límites y si los padres los mantienen de forma firme y constante. Por lo tanto, los padres y madres tienen que aprender a fijar límites justos. Cada familia puede poner límites diferentes, ya que lo importante es que éstos lleguen a cumplirse.

A medida que los niños crecen necesitan aprender cómo actuar en cada situación. Los límites desempeñan un papel importantísimo en el proceso de adaptación y descubrimiento del entorno. Por ejemplo, podemos esperar que un niño pequeño desobedezca a los padres cuando éstos le dicen “tienes que comértelo todo” o “no corras” y es por ello que se hace tan necesario el enseñarles hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no.

Aunque pueda resultar paradójico, el uso del No trae consigo un mayor número de consecuencias positivas que negativas:

Una de las quejas más habituales de los padres se refiere a la obediencia: “Nunca hace caso a la primera”,“Tenemos que repetirle las cosas como cinco veces” y es que para aprender a comportarse de forma adecuada, los niños/as necesitan mensajes claros sobre las normas, sobre lo que se espera de ellos.

Los límites aportan:
– Seguridad
– Enseñan cuales son los comportamientos adecuados
– Un aprendizaje fundamental para la vida adulta
– Al establecimiento de relaciones

Los límites no funcionan cuando:
– No se transmiten de forma clara (si las normas son largas y poco concretas)
– Son contradictorios (el padre dice una cosa y la madre otra)
– No hay consecuencias, ya sean positivas o negativas
– Se le pide al niño/a que haga algo que los padres no hacen
– Son demasiado estrictos
– Son muy permisivos

En muchas ocasiones

En muchas ocasiones podemos pensar que poner normas y límites al comportamiento de nuestros hijos o dar una negativa a sus peticiones, hará que piensen que somos malos padres o que nos quieran menos.

Bien, ya hemos dado una orden… pero…

¿Qué ocurre con las consecuencias?

Con referencia a las consecuencias, estas deben ser inmediatas al comportamiento del niño o la niña. Es, decir, si dicho comportamiento ha sido bueno, una manera de incentivarlo es usando el refuerzo positivo (alabanzas, dar cariño, decir lo bien que lo ha hecho) sin embargo, cuando el comportamiento no ha sido bueno (por ejemplo, la desobediencia) debemos pensar en un castigo acorde a su edad. La psicología se inclina por dotar de mayor efectividad al refuerzo positivo frente al castigo (que no quiere decir castigo físico) ya que, si castigamos de manera sistemática, probablemente con el tiempo el castigo pierda su valor inicial. Por ejemplo, si castigamos a un niño todos los días por no comerse el plato de comida, se acabará acostumbrando y el castigo no tendrá efecto. Sin embargo, durante la comida podemos animarle y decirle que nos encanta cuando se come todo el plato, lo cual puede hacer que el comportamiento se repita más veces.

Según las circunstancias, otra forma de afrontar este tipo de situaciones de desobediencia  es no prestando ningún tipo de atención hasta que el niño o la niña no haga lo que tiene que hacer y reforzar los comportamientos que son más adecuados.

En el siguiente vídeo podemos observar como un bebé intenta llamar la atención de sus padres fingiendo que se ha caído al suelo y éstos no hacen caso de su comportamiento:

Aquí tenéis algunos ejemplos de cómo transmitir las consecuencias:

– Si vienes a comer cuando te llame podrás elegir yogur después.
– Si recoges tus juguetes papá te leerá un cuento.
– Si estás sentado este rato después serás el primero en escoger juguete.
(Como podéis observar, las órdenes son cortas, concisas, en positivo y haciendo referencia a una consecuencia a corto plazo)

Queremos compartir también con vosotros algunas pautas para facilitar la escucha de los más pequeños, la cual en ocasiones se puede hacer complicada:

– A la hora de transmitir una orden, el volumen de voz sube un poco más del que utilizamos con normalidad, lo que no significa que gritemos.
– Expresamos la orden hablando un poco más despacio de lo normal.
– Somos claros, nos referimos sólo a la orden, olvidando los rodeos o las justificaciones.
– No titubeamos.
– Nos referimos a un comportamiento en concreto; por ejemplo “pórtate bien” es algo muy general, pero si decimos “siéntate” sabrá exactamente a qué nos referimos.

En muchas ocasiones, ante la frustración que nos produce que nuestros niños no obedezcan, podemos recurrir a soluciones que a corto plazo pueden parecer eficaces, pero que no podrán mantenerse en el tiempo ni ser efectivas, destacamos algunas de éstas:

Chantaje emocional: Al castigar un comportamiento, no deben usarse frases del tipo “Eres malo y no te quiero” o “Cómo me puedes hacer sufrir tanto”, o “Si no te portas bien me voy a ir y te voy a dejar aquí solo” 
Amenazas: No recurramos a la amenaza para que el/la niño/a obedezca. Puede resultar eficaz en el momento, pero podría desarrollar miedos posteriores.
Negociación de las normas o justificación de nuestra actitud: Cuando los niños son muy pequeños, las explicaciones largas pueden confundirles, e incluso no saber qué han hecho mal exactamente. A edades tempranas no es recomendable negociar.
Reír mientras damos una orden.
Forcejeos o descalificaciones. No debemos recurrir a ningún tipo de forcejeo o descalificación para obligar al cumplimiento de la norma.

Como habéis podido comprobar y muchos de vosotros sabéis, ser padres no es fácil. Las normas y los límites son un eje fundamental en torno al cual funciona un gran número de relaciones familiares. Por lo cual, si pensáis que dar una negativa a vuestro hijo es de malos padres ¡Es justo al contrario!

Nos despedimos con un toque de humor que no puede faltar… ¡Ánimo a los superpadres!

Para saber más…

– Libros: Niños desobedientes y otros problemas de conducta (Jesús Jarque García)
Niños desobedientes, padres desesperados (Rocío Ramos- Paúl)
– Un programa de televisión: Supernanny
– Una entrevista: Castigos o límites para los niños

Alba Sotelino Couñago

Psicóloga habilitada para ejercer actividades sanitarias y especialista universitario en Fortalecimiento de la Resiliencia en Niños y Jóvenes en Riesgo de Sociofamiliar. Formada como técnico en metodología ABA por la Behaviour Analyst Certification Board (BACB) Ha colaborado en Cruz Roja con programas de escuela de familias en riesgo de exclusión y trabaja con diversas asociaciones como AROFI, tratando personas con fibromialgia. Actualmente mantiene su labor profesional en el Centro Integral Infantil y Juvenil ABAkadabra, ejerciendo como psicóloga en este ámbito. En su tiempo libre colabora en doblaje y creación de historias para la empresa de animación Animo Producciones.

5 Interacciones

  1. Muy acertado el artículo. Enhorabuena. Es curioso ver como entre la generación de nuestros padres, los cuales vivieron un estilo educativo muy autoritario que retrataría la frase “esto es así porque lo digo yo”, muchos rechazan cualquier tipo de autoridad, incluso una autoridad que se podría considerar sana, hasta el punto de no querer ni saber poner límites, muy necesarios en la educación de los hijos.

    En cualquier caso, os dejo un artículo que quizá os pueda interesar y pueda completar este:

    http://www.bienestarypsicologia.com/publicacion-poner-limites-en-la-educacion-de-los-hijos/

  1. 05/09/2015

    […] ¿Qué ocurre si le digo que no a mi hijo? […]

  2. 05/11/2015

    […] quieres conocer más sobre este tema, visita este artículo de nuestra […]

  3. 27/07/2016

    […] procesos se basan, en primer lugar, en mitigar el riesgo, enriqueciendo los vínculos sociales, dejando límites claros y firmes, así como enseñando habilidades para la vida. En base a esto, la intervención se centra en […]

  4. 11/01/2017

    […] ¿Qué ocurre si le digo que no a mi hijo? […]

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