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Psicopatología y violencia

La violencia, hoy en día, es un término que utilizamos casi cotidianamente y a veces hacemos un mal uso de ella. Hablamos de fanatismo, daño, abuso, agresión, delito, violencia, crimen, victimización… No sólo es un problema ético o moral, sino que trasciende a la salud pública, llegando incluso a concatenar e incrementar problemas asociados como delincuencia, estigma social, discriminación, xenofobia, etc. Como sociedad nos preocupan la violencia y la agresividad, pero… ¿nos preocupa más mediáticamente la agresividad a terceros, o las agresiones a sí mismos?

En lo que respecta a lo psico-sociológico, las personas con un Trastorno Mental (TM) no sólo tienen que lidiar contra su propia lucha interna, sino que además el estigma social que produce el desconocimiento hace que la sociedad se convierta en otra carga negativa en lugar de ser un apoyo.

¿Como sociedad solo nos preocupa la violencia en sí o solo hacia terceros?

¿Como sociedad solo nos preocupa la violencia en sí o solo hacia terceros?

Cuando hablamos de delito es importante tener en cuenta la intencionalidad del mismo, ya que hoy en día se busca tanto en el aspecto social como jurídico que el delito no quede sin castigo. Es ahí donde la actuación de los profesionales en salud mental tienen su mayor competencia. Hablamos de victimización cuando nos referimos al acto de victimizar, donde la persona objeto ve afectados sus derechos por actos deliberados o maliciosos de otros. Es decir, aquella persona sobre la cual recae la acción criminal.

Respecto a los medios de comunicación y su repercusión, al oír titulares como: “Muere a manos de su hijo esquizofrénico” o noticias como la de la masacre sucedida en la Universidad de Virginia el 16 de Abril del 2007, donde se produjo un asesinato masivo a manos de un estudiante esquizofrénico con el resultado de 33 fallecidos y 29 heridos, incrementan el estigma social y fomentan el miedo hacia personas con TM. A pesar de recibir una gran difusión en los medios, no representa la realidad de enfermos mentales.

En el caso de la esquizofrenia, por ejemplo, sólo el 50% cometen actos violentos. Estos actos son autolíticos en mayoría, es decir, dirigidos a sí mismos. En algunos casos pueden llevar al suicidio. Pero, ¿qué probabilidad hay de que una persona con trastorno mental grave lleve a cabo un acto violento? La tasa es menor que la correspondiente al resto de población, lo que quiere decir que es más probable que una persona sin un trastorno grave cometa un acto violento que otra con trastorno. Los trastornos con mayor riesgo de violencia son el abuso de sustancias, los trastornos de personalidad, disociativos, depresión, trastorno bipolar y, por último, la esquizofrenia.

Nos preguntaremos, ¿sobre quién recae esta violencia? Suele estar dirigida hacia personas cercanas a su situación, como familiares, cuidadores, clínicos, … Hay muchos posibles factores explicativos del porqué de las agresiones: la proximidad física, una mala gestión y comprobación del seguimiento farmacológico, o la frustración de deseos e impulsos suelen ser los principales. Otras explicaciones, como la propuesta de Silver, hacen referencia la aparición de una variedad de estímulos negativos en su relación con los demás y, la producción en consecuencia de emociones negativas y reacciones violentas.

En contra de lo que se podría pensar

El 80% de mujeres con un trastorno mental grave habían sido maltratadas por parte de sus cónyuges (triplica la estadística con respecto a la población general). El tipo de maltrato sufrido es psicológico, seguido por el físico y el sexual. Este sector de mujeres maltratadas con TMG que se consideraban víctimas de maltrato, habían comentado esta situación con más frecuencia que aquellas que no se consideraban como tal. ¿Denota esta estadística una mayor conciencia del problema?

La mayoría de mujeres con Trastorno Mental Grave han sufrido maltrato físico o psicológico.

La mayoría de mujeres con Trastorno Mental Grave han sufrido maltrato físico o psicológico.

Con respecto a los actos violentos, ¿cómo se determina su carga legal? ¿Y su responsabilidad? Ésta es la gran tarea que psicólogos y psiquiatras han de delimitar con criterios de rigor que determinen dicha carga legal. Hablamos de un sistema de peritaje clínico.

La teoría de las actividades rutinarias (Cohen y Felson, 1979) propone que para que exista victimización debe concurrir un agresor motivado, una víctima adecuada y la ausencia de protección. Sobre este último aspecto, situaciones como estar en paro, o sin hogar, y sin pareja, ocasiona una menor protección y una mayor probabilidad de ser victimizada.

Nos preguntaremos: si la violencia es una conducta, ¿cómo se controla? ¿Cómo se prevé o puede predecirse? Existen escalas y guías de evaluación que permiten prever, predecir y valorar riesgos de las conductas violentas. Los más conocidos son: HCR-20, VPS y VRAG.

Imputabilidad y Responsabilidad. ¿Qué es delito y qué no?

Primero debemos tener claro aspectos que abarcan a toda la población. ¿Cuándo existe responsabilidad y/o imputabilidad? Cuando se establece la acción o conducta como de acto libre. Se consideran atenuantes cuando la persona no es completamente dueña de sus acciones, y es entonces cuando se habla de semi-imputabilidad.

    Se exime por ley (Art. 20.1, 20.2 ,20.3 del Código Penal):
  • Cuando la persona se encuentre con algún tipo de alteración psicológica (excluyendo la transitoria) y se ha referido a ella para cometerlo.
  • Debido a una intoxicación de sustancias de forma involuntaria.
  • Guiada por un miedo incontrolado e insuperable.

 

Como conclusión

Actualmente los pacientes con trastorno mental corren mayor riesgo de implicarse en situaciones violentas en las que no ejercen un papel activo como agresores, sino como víctimas.

La responsabilidad legal que implica una agresión es casi igual de importante que la atención y seguimiento del clínico en el papel de profesional con el TM. Es por ello importante que el sistema de citas no sean demasiado dispersas en el tiempo, y que la labor farmacológica del psiquiatra se coordine con el seguimiento del psicólogo.

El seguimiento por parte del terapeuta que prescribe el tratamiento es indispensable para evitar posibles conductas agresivas.

El seguimiento por parte del terapeuta que prescribe el tratamiento es indispensable para evitar posibles conductas agresivas.

El desconocimiento, desinterés y economía mental nos lleva al miedo, rechazo y estigma social además de hacia un descontrol legal y político, como sucede en otras partes del mundo. Es por ello que debe ser un tema conocido, fomentado y divulgado por todos y para todos. No solo es responsabilidad de los clínicos, sino también de padres, madres y profesionales de la educación el conocer e integrar cada vez más a las personas con trastorno mental en nuestra sociedad.

Sobre Antonio García Fernández

Psicólogo de emergencias. Miembro del grupo GIPED. Interesado en los ámbitos de la antropología, la sociología y la criminología. Tiene experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención con personas mayores. Actualmente está centrado en su carrera como opositor Policía Nacional.

1 Interacción

  1. 18/10/2015

    […] personas con trastornos psicológicos no se corresponden con la realidad, presentando este grupo niveles menores de violencia que la población normal. Los líderes de estas formaciones no necesitan “perturbados”, sino personas […]

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