¿Por qué mienten los niños? - Psicomemorias
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¿Por qué mienten los niños?

Comenzaremos el artículo con la siguiente reflexión: Si siempre dijéramos la verdad, nuestro entorno social se haría añicos.

A pesar de lo inesperada o chocante que pudiera resultar esta frase, lo cierto es que en muchas ocasiones las mentiras contribuyen a fomentar un mejor clima de convivencia. Pongamos el siguiente ejemplo:

La madre de Ana ha recibido por su cumpleaños un regalo no muy esperado. En concreto, una muñeca de porcelana que más bien podría salir en una película de terror. A pesar de ello, la madre de Ana sonríe ampliamente, da las gracias y dice que le gusta. Ante esta situación, Ana dice que eso no es verdad, que su madre odia las muñecas de porcelana y que seguro que la guarda en un cajón como ha pasado otras veces.

Pongamos otro ejemplo: Es jueves por la noche y estamos sentados descansando tras un largo día, de repente nuestros vecinos llaman a la puerta con una bandeja de comida y una botella de vino (lo cual no nos apetece en absoluto) ¿Qué diríamos ante esa situación?

La capacidad  de mentir no es innata, sino que se va aprendiendo poco a poco. Ya desde muy temprana edad podemos observar a bebés llorando para llamar la atención de sus padres, y a niños y niñas de tres años afirmando que han visto monstruos en su habitación, confundiendo la realidad con la imaginación.

A medida que los niños crecen, van desarrollando la capacidad de averiguar lo que alguien piensa y sabe (lo que conocemos como Teoría de la Mente). Este hecho va a marcar un antes y un después en el uso de mentiras, puesto que serán capaces de crear una realidad convincente y adaptarla a cada situación con un discurso aparentemente coherente y creíble.

Visto lo anterior, la primera pregunta que nos haremos es …

¿Por qué mienten los niños?

Como hemos podido leer cuando un niño o una niña miente, puede ser por diversas razones:

– Como imitación al padre o a la madre que miente: Los niños son como esponjas que absorben todo. Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenderán a hacerlo como algo normal y cotidiano. Es el caso del niño que escucha a su madre negarse al teléfono ante llamadas poco esperadas, “dile que no estoy…“

– Por miedo: Suele ser la causa más común de la mentira en los niños, quienes por temor a la desaprobación o al castigo por parte de la madre o del padre, finalmente se ven llevados a falsear la verdad. Si el niño sabe que, por ejemplo, al llevar una nota mala del colegio, sus padres se van a enfadar mucho con él o le van a prohibir ver televisión, seguramente dirá que no le han entregado sus calificaciones aún.

– Ante la exigencia: Cuando le exigimos mucho a un niño, esperando grandes resultados por su parte, el pequeño podrá intentar hacernos creer que está al nivel de nuestras expectativas, y mentirá para no defraudarnos. Por ejemplo, una niña puede mentir diciendo que ha leído muchos libros únicamente esperando la aprobación de sus padres ante este comportamiento, creyendo que así estarán más orgullosos de ella y no les defraudará.

 – Sentimiento de frustración: en ocasiones el niño miente como resultado de un sentimiento de frustración, como el niño que cuenta que tiene muchos juguetes porque en realidad tiene muy pocos.

 – Llamar la atención: inventar una dolencia, falsear sobre un posible problema o conflicto son, en muchos casos, reacciones provocadas por el niño para captar la atención del adulto, que en ocasiones  se siente desatendido.

¿Quién pensaría que nuestro hijo, tan pequeño e inocente, podría decir una mentira?

¿Quién pensaría que nuestro hijo, tan pequeño e inocente, podría decir una mentira? (Fuente: Google Images)

¿Cómo podemos detectar la mentira en los niños?

Aunque cada niño y niña desarrolle sus propios comportamientos, de forma general

podremos identificar que están diciendo mentiras gracias a los siguientes indicadores:

En el aspecto físico:

  • Se les acelera el ritmo cardíaco y la respiración.
  • Se les enrojece el rostro.
  •  Empiezan a sudar, frecuentemente en la palma de las manos.
  • Se ponen temblorosos, en especial las manos y la mandíbula.

En el lenguaje no verbal:

  • Gesticulan poco.
  • Esconden las manos o las retuercen. Este hecho puede interpretarse como un gesto de ansiedad, tensión o activación.
  • No nos miran a los ojos, o mantienen poco la mirada.
  • Se tapan la cara con las manos. Así delatan la incomodidad que sienten al mentir. Otros gestos pueden ser rascarse el cachete, la nariz o la barbilla, comerse las uñas, etc…
  • Movimientos de fuga abortados. Por ejemplo, cuando alguien que está sentado posa las manos sobre sus rodillas como para levantarse y luego las quita, o cuando se apunta con el pie hacia la salida. Posiciones como estas denotan que la persona se siente incómoda mintiendo y se quiere ir.
  • Conducta global de incomodidad. Comprende todo lo ya dicho más cualquier otro indicador que haga pensar que, sin fundamentos aparentes, la persona está nerviosa o intranquila mientras habla.

En el lenguaje verbal:

  • Dan pocos detalles y hablan con vaguedades.
  • Hablando sobre conversaciones, evitan hacer citas textuales. Nos cuentan su versión de las cosas.
  • No hacen referencias temporales, espaciales ni sensoriales. Les cuesta imaginar horarios, lugares, olores, colores, etc. de los “mundos” que inventan.
  • Incluyen en la historia la mayor cantidad de verdades posibles, y entre ellas intercalan las mentiras.
  • Se contradicen.
  • Tienen lapsus verbales.

 

Un clásico de entre los clásicos... llorar para que mamá te lea un cuento (Fuente: Google Images)

Un clásico de entre los clásicos… llorar para que mamá te lea un cuento (Fuente: Google Images)

Bien, ya hemos comprobado que las mentiras son reacciones evolutivas esperables en los niños y en las niñas. Sabemos cuáles son los motivos más frecuentes ante su aparición, cómo detectarlas, su finalidad y lo que generalmente esperan de ellas. Pero, si esto es así, entonces…

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Generalmente, las mentiras en los niños no suelen ser tan graves como para preocuparse (salvando algunos casos). Cuando la mentira surge de la fantasía, normalmente acorde con el nivel de madurez del niño, ésta suele desaparecer con el tiempo (por ejemplo, asegurar fehacientemente haber visto a los tres Reyes Magos de madrugada poniendo los regalos bajo el árbol y bebiéndose la leche que han dejado los padres para los camellos).

Sin embargo, podemos encontrarnos casos en los que las mentiras están más elaboradas y

tienen una clara intencionalidad. En estos casos deberíamos fijarnos en si éstas son recurrentes o si se presentan como:

Mentiras patológicas: La famosa “mitomanía” que surge del niño que intenta persuadir y convencer a los demás de la realidad de sus relatos. Recordemos que el término “mitomanía” se define como “ la tendencia o inclinación patológica a fabular o transformar la realidad al explicar o narrar un hecho”. Esta es la mentira que se vuelve habitual, una forma normal de reaccionar en el niño.

Mentira neurótica: Surge como producto de un nivel elevado de ansiedad en el niño o del temor en general. Por ejemplo el caso del niño que habitualmente miente acusando a sus profesores de maltrato para ocultar su rechazo escolar. En este caso la mentira vendría motivada por una conducta de escape ante una situación considerada como amenazante por parte del niño.

Ahora que ya conocemos de forma aproximada el sustrato teórico sobre el cual se fundamentan las mentiras, es hora de plantearnos la gran pregunta…

¿Qué debemos hacer cuando nuestro hijo nos miente?

Lo primero que tenemos que hacer como padres es determinar qué tipo de mentira es  y, sobre todo, qué la está motivando. La actitud que tengamos va a ser determinante a la hora de gestionar la situación de la manera más adecuada y, conocer la finalidad de la mentira, va a ser fundamental para ello.

  • Reaccionar con calma aunque con severidad. No es necesario gritar o actuar de una forma agresiva, pero los niños y las niñas deben entender que ese comportamiento no es el más apropiado para conseguir sus fines. Hablaremos con ellos apoyándonos en la amabilidad y la firmeza.
  • Felicitar o premiar al niño que confiesa la verdad. Si lo castigamos a pesar de que ha confesado, estaremos reforzando su hábito de mentir (la próxima vez lo hará con más cuidado para que no lo descubran…). Sólo en última instancia habrá que acudir al castigo.
  • Favorecer un ambiente de confianza, en la que el niño se anime a contar sus travesuras y sus errores. Que no sienta que cada vez que habla hay consecuencias drásticas.
  • Estar alerta. Por mucho que queramos a nuestros hijos, tenemos que aceptar que a veces fallan, que no son perfectos.

Por supuesto estos consejos deberán ser adaptados a la situación, la edad del niño y la mentira en sí.

La gran clave: Educar en la sinceridad

En la mayoría de estudios realizados sobre la mentira infantil podemos observar que uno de los factores de prevención principales a cortas edades es la actitud que muestren los padres. En el libro ‘La mentira infantil’ escrita por la catedrática Ángeles Gervilla, se afirma que la contribución más importante que pueden hacer los padres para educar en la sinceridad es “desarrollar una relación fundada de manera sólida en la confianza”. Para lo cual es importante “demostrarle con regularidad que confiamos en él”.

Una buena comunicación es un pilar base para evitar el uso de la mentira en los niños.

Una buena comunicación es un pilar base para evitar el uso de la mentira en los niños (Fuente: Google Images)

 

Por su parte, Paul Ekman, autor de la obra ‘Por qué mienten los niños’, afirma que el pilar fundamental para evitar la mentira en los niños es la sinceridad. Ekman apunta que el niño se tiene que desarrollar en un ambiente en el que se sienta libre, tranquilo y relajado, en el que se dé una verdadera comunicación entre sus miembros.

Así pues, vamos a mostrar una serie de pautas que ayudarán a crear y fortalecer un clima de confianza en el hogar.

Siete pautas para los padres

  1. Debemos reforzar la confianza que los niños y las niñas tienen en sí mismos para evitar que mientan con el fin de buscar la aprobación de sus compañeros o de otros adultos.
  2. Cuando el niño miente no hay que señalar sólo la conducta inadecuada que supone la mentira, sino enfatizar la importancia del efecto que esa mentira puede tener sobre los demás.
  3. No debemos reírnos ante las mentiras, aunque a priori parezcan graciosas.
  4. Los castigos deben ser medidos y adecuados. Si siempre son demasiado severos, la tentación de mentir para evitarlos será mayor.
  5. Ante preguntas “difíciles” en las que los padres pueden tender a mentir, es mejor evitar la falsedad y responder siempre con un “no lo sé” o “déjame que lo piense”.
  6. No debemos mentirles ni pronunciar falsas promesas que sabemos que no se pueden cumplir. De esta forma evitaremos dar un ejemplo erróneo sobre la mentira.
  7. Debemos darles la oportunidad de ser sinceros, aunque esto implique un castigo y mostrarle orgullo por la valentía que muestra al decir la verdad.

Como anteriormente hemos mencionado en otros artículos: Nadie dijo que ser padre y madre fuera fácil… Pero por suerte para nosotros, sabremos asumir las culpas cuando rompamos el jarrón ¿No es cierto?

Para saber más…

Alba Sotelino Couñago

Psicóloga habilitada para ejercer actividades sanitarias y especialista universitario en Fortalecimiento de la Resiliencia en Niños y Jóvenes en Riesgo de Sociofamiliar. Formada como técnico en metodología ABA por la Behaviour Analyst Certification Board (BACB) Ha colaborado en Cruz Roja con programas de escuela de familias en riesgo de exclusión y trabaja con diversas asociaciones como AROFI, tratando personas con fibromialgia. Actualmente mantiene su labor profesional en el Centro Integral Infantil y Juvenil ABAkadabra, ejerciendo como psicóloga en este ámbito. En su tiempo libre colabora en doblaje y creación de historias para la empresa de animación Animo Producciones.

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  1. 29/09/2016

    […] ¿Por qué mienten los niños? […]

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