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Manicomios de España: las cárceles de la locura

Al pasar por la galería de celdas, el loquero que nos acompañaba nos mostró un demente que estaba encerrado. Aproximándonos al ventanillo y, pegados a él, vimos a un hombre ya anciano, que en cuanto nos distinguió, comenzó con gritos desgarradores a pedirnos que les diésemos libertad: un cinturón fortísimo que le ceñía el cuerpo y dos argollas que le oprimían los antebrazos y le tenían sujeto las espaldas a la pared; el desgraciado nos enseñaba sus antebrazos para que en ellos contempláramos cruentas úlceras sobre un cuerpo erisipelatoso, y al gritarnos con pasión abundantes lágrimas caían por sus ojos.

Ángel Pulido, citado por González Duro, Historia de la Locura en España.

Lugares sucios y decadentes, llenos de personas idas y drogadas, donde se recluía y estigmatizaba a los locos. Esa es la espeluznante imagen que nos ha quedado de los manicomios después de 30 años del cierre general de estos establecimientos. ¿Cuál es la historia de los hospitales para dementes? Anteriormente en Psicomemorias, os hemos hablado sobre cómo se entendía la locura, cuáles eran los trastornos más comunes y qué tratamientos se emplearon. En este último artículo de la serie de Historia de la locura en España veremos cómo funcionaban los principales manicomios españoles y la problemática que surgió en torno a ellos.

Ocho mujeres con trastorno mental en el siglo XIX en la Salpêtrière, Armand Gautier (Fuente: Wikpedia)

Origen de los hospitales para dementes

Durante el siglo XV comenzaron a aparecer en las principales capitales de la península ibérica establecimientos para acoger a los locos, tullidos y personas con enfermedades incurables. Hasta ese momento, la asistencia al enfermo mental o al terminal no se hallaba organizada y se consideraba un deber de cualquier cristiano.

Normalmente, el cuidado de los locos se realizaba en el seno familiar, puesto que no eran aceptados en los hospitales normales y estaba prohibido “dejarlos sueltos” pues podrían dañar a los demás. La fundación de estos hospitales respondía a los valores cristianos de la caridad y la misericordia. Principalmente, eran monasterios medievales dirigidos por clérigos, aunque su origen se encuentra en el mundo árabe, donde se fundaron los primeros centros para cuidar a los enajenados mentales en ciudades como Bagdad, Damasco o El Cairo.

Más tarde, a partir del siglo XVI se procede en varios países europeos al encierro general de los locos junto con otras personas marginadas. El número de vagabundos y locos en la calle aumentaba, por lo que se hicieron más duras las medidas de control y las condenas para los más desgraciados. A partir del siglo XIX, la creación de nuevos manicomios se realizó bajo nuevas leyes de lo que se denominó la Beneficencia, un cuerpo institucional estatal que tenía como objetivo sustituir a la Caridad en el control de las enfermedades infecciosas y el asilo de los pobres. Esta ley permitía, al mismo tiempo, la creación de manicomios provinciales y el establecimiento de centros privados para las clases más pudientes, en los cuales se desarrolló una gran actividad científica como, por ejemplo, los trabajos realizados por Luis Simarro en el Manicomio de Leganés. Durante su estancia, realizó estudios necrópsicos y autopsias, y desarrolló su obra Teorías Modernas sobre la Fisiología del Sistema Nervioso.

Retrato del Dr. Simarro en el microscopio, 1897 (Fuente: Wikipedia)

¿Sabes lo que es ‘locura’? Locura son las reglas de la mayoría, si… Los microbios, por ejemplo.

12 Monos

Principales hospitales en España

Una característica propia del abordaje de la locura en el territorio español que ha sido reconocida internacionalmente fue proporcionar un trato moral y humanitario a los dementes, así como la creación de establecimientos específicos para su tratamiento. La fundación y formación de estos hospitales fue propiciada por la convicción social de mejorar la situación de los dementes, la moral cristiana, y el dominio y la tutela del clero. Los primeros manicomios se formaron en grandes ciudades como Valencia (1409), Barcelona (1412), Zaragoza (1425), Sevilla (1436), Palma de Mallorca (1456), Toledo (1486) y Valladolid (1489). Entre todas las ciudades españolas destacó Valencia y la creación en 1409 del Espital de santa Maria de Ignoscents, folls e orats (Hospital de santa María de Inocentes, locos y orates) cuando el padre Juan Gilaberto Jofré (1350-1417) tuvo que intervenir para defender a un pobre loco al que intentaban lapidar. El demente estaba siendo maltratado, pegado y ridiculizado sin que él pudiese defenderse. Sorprendido por el suceso, Jofré consiguió concienciar al pueblo de la necesidad de construir un hospital para dementes y faltos de juicio con el objetivo de acoger a todos aquellos perturbados que vagasen por las calles valencianas.

El padre Jofré defendiendo a un loco, Joaquín Sorolla (Fuente: Wikipedia)

La ciudad de Sevilla fue de gran importancia en el tratamiento de la locura en España, puesto que han existido tres establecimientos para dementes a lo largo de su historia: el Hospital de San Cosme y San Damián (1436), el asilo de dementes del Hospital de las Cinco Llagas u Hospital de la Sangre (1841), y el Manicomio de Miraflores. El primero de ellos también era conocido como Hospital de los Inocentes y fue de los primeros centros en España y Europa encargado de atender únicamente a los dementes, convirtiéndose así en uno de los manicomios más célebres de todo el territorio español. Su origen, desarrollo y funciones lo caracterizan como un establecimiento especializado que cumplía una doble tarea: dar asilo y asistir a los enfermos mentales para propiciar su curación.

A mediados del siglo XIX, se creó en Leganés (Madrid) la Casa de Dementes de Santa Isabel (1851) debido al deterioro de los frenocomios (manicomios) de la época y sus problemas de hacinamiento. Este establecimiento surge con el fin de que sirviera de “manicomio modelo” para el resto del país, proporcionando servicios asistenciales y terapéuticos. Existieron diferentes proyectos de construcción siguiendo los consejos arquitectónicos de los alienistas franceses y hubo mucha publicidad sobre esta primera institución psiquiátrica en el centro de España. Sin embargo, lejos de cumplir dichas pretensiones, sus deficiencias arquitectónicas, las dudosas condiciones higiénicas, la escasa medicalización y las continuadas masificaciones, provocaron que la meta de ser el manicomio estatal de referencia quedase en un proyecto frustrado, foco de críticas en el ámbito médico, la prensa y la literatura de la época.

Motivos de ingreso

Las personas que ingresaban en estos establecimientos tenían que contar con el diagnóstico de demencia, el cual se hacía principalmente basándose en comportamientos observables que eran considerados como propios de los locos (por ejemplo: agitación y gritos, dejar de comer y desgana, intentos de suicidio, agresividad, desnudez, enfermedades incurables y algunas creencias religiosas). No obstante, con el paso de los siglos, aumentó considerablemente la precisión del diagnóstico, tanto en sus causas como en sus manifestaciones.

Los enfermos podían ingresar bajo la solicitud de familiares, ser recogidos de la calle o incluso ser presos que habían enloquecido durante su estancia en la cárcel. Durante la Inquisición Española surgió la gran dificultad de averiguar si la locura de los reos era auténtica o simulada. El Derecho Romano civil y penal indica que la falta de cordura de un acusado es una circunstancia atenuante cuando no exime de culpa, de modo que cuando los inquisidores sospechaban, los presos eran enviados a los hospitales para dementes más próximos, donde se confirmaba el diagnóstico, y, si no eran demasiado violentos, se mandaban a casa de un particular.

Organización de los hospitales

Los trabajadores de estos establecimientos tenían funciones que no estaban bien delimitadas e incluso había cargos que realizaban tareas que no les correspondían. El personal que formaba parte de las primeras casas de locos constaba de la madre o padre de los locos (que se encargaba del aseo y de la ropa de los internos); el administrador (realizaba las tareas de dirección y organización del establecimiento, así como decidía la admisión del paciente); el médico (realizaba el diagnóstico antes de los ingresos y atendía las afecciones durante las estancias de los usuarios); enfermeros (ayudaban al médico); un sacerdote o clérigo y el personal para el servicio y cuidado diario de los locos. Otro trabajador característico de los hospitales para dementes era el cirujano-barbero, el cual se podía encargar desde cortar el pelo y la barba hasta realizar trepanaciones y sangrías. No es hasta finales del siglo XIX cuando esta profesión se divide en dos: el cirujano, con más formación, y el barbero. En el Hospital de los Inocentes de Sevilla parece ser que existía la figura del hermano ermitaño, que eran personas encargadas de acompañar a los dementes a pedir limosnas por las calles de la ciudad.

La mayoría de los manicomios españoles se encontraban alejados del centro urbano, en zonas periféricas a la ciudad. Solían organizar a los dementes en función de su grado de peligrosidad y atendiendo a una estricta separación por sexos. En algunos de estos primeros hospitales de locos se han encontrado celdas de aislamiento e incluso materiales como grilletes, cepos, collares de hierro o camisas de fuerza para la contención de los usuarios más agitados y violentos.

Terapia ocupacional aplicada en un hospital psiquiátrico en el siglo XX (Fuente: Wikipedia)

Conclusiones

A partir del siglo XV, comenzó a organizarse la asistencia de la locura, la cual se limitaba al aislamiento y al encierro de los dementes. Sin embargo, comenzaba a existir una preocupación por desarrollar tratamientos más específicos. La creación de manicomios y casas de locos tenía un doble objetivo, el de mantener el orden público y el de alejar a los dementes del contexto que les hacía daño. El resultado fue una situación de discriminación que desencadenó una “caza de brujas”, tanto por el propio pueblo, como por los psiquiatras que trataban de buscar medios más eficaces de separar a los locos de los cuerdos.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los establecimientos para atender a los dementes fueron de dos tipos: benéficos públicos o benéficos particulares. Los primeros (generales y provinciales) eran sostenidos por fondos públicos y subvenciones, y se clasificaban según la índole de los pacientes a los que atendía (por ejemplo: casas de locos y hospitales para ciegos y sordos), mientras que los últimos eran creados y dotados con fondos privados, por lo que no aceptaban subvenciones ni ayudas públicas. A lo largo del siglo XIX y principios del XX, se trataron de realizar una serie de reformas psiquiátricas que, sin embargo, no mejoraron sustancialmente la asistencia al enfermo mental.

Hacia los años 60 se llegó a un consenso de alcance internacional sobre la necesidad de un cambio en la asistencia psiquiátrica, por lo que se optó por un sistema de atención en la comunidad para poner fin a la segregación. Actualmente, la OMS recomienda la sustitución de los hospitales psiquiátricos por centros de atención comunitaria (por ejemplo, casas hogar, atención en el domicilio y comunidades terapéuticas de salud mental) con el apoyo de camas psiquiátricas en los hospitales generales a fin de “limitar la estigmatización aparejada al hecho de recibir un tratamiento”. Pero, ¿realmente ha cambiado tanto la situación?

Empecé a ser tema de intrigante controversia: ¿está loco?, ¿no está loco?, ¿está medio loco?, ¿muestra síntomas de personalidad extraordinaria, pero anormal? La última opinión era compartida por varios profesores – Los de dibujo, caligrafía y psicología-. El profesor de matemáticas, en cambio, sostenía que mi inteligencia era muy inferior al promedio. Una cosa, por lo menos, era cada vez más cierta: todo lo anormal o fenomenal que ocurriese me era atribuido automáticamente; y a medida que me hacía más solo y más único, hacíame por este hecho más visible – cuanto más me ocultaba, tanto más notado era-. Por lo demás empecé a exhibir mi soledad, a enorgullecerme de ello.

Salvador Dalí.

Para saber más…

Una película: Douglas, M., Zaentz, S. (productores) y Forman, M (director) Alguien voló sobre el nido del cuco (2016) [cinta cinematográfica].E.E.U.U.

Una novela: Los renglones torcidos de Dios, Torcuato Luca de Tena

Libros de historia: González Duro, E. (1994). Historia de la locura en España (3. Vol.) Madrid: Temas de hoy.

Sobre Sara Molina Romero

Psicóloga habilitada para realizar actividades sanitarias y Máster Oficial en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta. Actualmente colabora con el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla y con el grupo de investigación del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, investigando en historia de la psicología y psicología básica.

3 Interacciones

  1. Pablo Castizo dice:

    Una entrada genial, Sara. De lectura amena y muy bien documentada. Un gustazo haber caído por aquí 🙂

  1. 03/03/2016

    […] Manicomios de España: las cárceles de la locura […]

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