La supervivencia del altruismo
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La supervivencia del altruismo

Antonio acaba de donar sangre. Está contento porque sabe que su acción, pese a suponer un pequeño “sacrificio” por su parte, ayudará a una persona que lo necesita. Al llegar a casa su madre, orgullosa, le saluda y recibe con un:

 “Ay, qué altruista es mi hijo, siempre dando sin pedir nada a cambio”.

Si atendemos a este caso, podríamos plantearnos si realmente la conducta llevada a cabo por Antonio se realizó de forma totalmente desinteresada (sin esperar nada a cambio) o si, de otro modo, anticipaba algún tipo de recompensa. En este artículo haremos un breve recorrido por lo que conocemos como altruismo, mencionando los diferentes puntos de vista desde los que se ha tratado de dar explicación. A su vez, intentaremos entender por qué este comportamiento se ha transmitido y mantenido generación tras generación.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define el altruismo como “la diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio”. Dicho con otras palabras, un individuo realiza una acción que beneficia a otro, y esto supone o puede suponer un coste para sí mismo. Otros acercamientos más científicos defienden que para que una conducta se considere altruista han de darse una serie de condiciones, entre las que destacan:

  • Que la conducta se realice voluntariamente.
  • Que se haga con la intención de ayudar a otro.
  • Que el receptor de dicha conducta se beneficie de ella.
  • Que la acción suponga algún coste para el emisor o se realice sin anticipar recompensas posteriores.

Si atendemos a dichos criterios, que nos darían una definición global y completa del comportamiento altruista, podemos apreciar que ninguno de ellos habla de recompensas o beneficios para el individuo que ejecuta la acción, por lo que podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿realmente aquel que realiza una acción altruista no recibe nada a cambio? ¿Por qué entonces llevamos a cabo este tipo de acciones? ¿Tiene el ser humano una necesidad primaria de ayudar a los demás, una bondad inherente y desinteresada?

La conducta altruista busca beneficiar a otra persona y supone o puede suponer un coste para quien la realiza (Fuente: Flickr, Ben Grey)

Por qué somos altruistas

En esta ocasión, intentamos analizar los fenómenos que facilitan la aparición y reiteración de conductas altruistas incidiendo en un punto de vista evolucionista y funcional del comportamiento. No obstante, para el abordaje de esta temática, podemos encontrar numerosas y distintas teorías que hacen hincapié en diferentes aspectos, desde factores cognitivos, biológicos o evolutivos, hasta factores sociales o culturales. Cabría destacar en este campo la aportación del biólogo Juan Ignacio Pérez, catedrático de Fisiología Animal y responsable de la Cátedra de Cultura Científica  en la Universidad del País Vasco (UPV). Éste hace un repaso sobre los principales argumentos relativos a los orígenes de la prosocialidad y el altruismo humano, recogidos en una serie de capítulos que conforman un trabajo titulado como La unidad de selección en la evolución y el origen del altruismo.

Llegados a este punto, nos podríamos plantear que si la conducta altruista no supone más que costes para quien la ejecuta, sin ningún tipo de recompensa, probablemente no habría sido mantenida generación tras generación a lo largo de nuestra historia evolutiva y, por consiguiente, habría terminado desapareciendo de nuestro comportamiento como especie. De este modo surgiría la llamada “paradoja” del comportamiento altruista, ya que si pensamos en la selección natural, ¿no desaparecerían aquellos individuos que disminuyan sus posibilidades de sobrevivir en favor de otros?

Paradoja del altruismo

La existencia de la conducta altruista podría de algún modo contradecir (o al menos cuestionar) la propia teoría de la evolución, puesto que, según esta, aquellos individuos que se preocupan por otros en lugar de por sí mismos se encontrarían en situación de “desventaja evolutiva”, tal y como dice el científico y profesor en psicología David P. Barash. No obstante, de ser así, si la selección natural ayuda a quien se ayuda a sí mismo y penaliza a los que ayudan a otros, el altruismo habría desaparecido. Pero no sólo existe, sino que abunda. ¿Cómo explicar la supervivencia de un rasgo que parece ser desadaptativo según esta lógica?

Muchos científicos, siguiendo este razonamiento, han tratado de explicar el fenómeno del altruismo mediante una visión egocéntrica de los individuos, considerando que éstos sólo miran por su propia supervivencia. Pero si cambiamos la perspectiva y entendemos que en realidad se busca el bien y la supervivencia del grupo (o de la especie), el comportamiento altruista no sólo no debería sorprendernos sino que sería lo esperado, de modo que la paradoja del altruismo dejaría de ser eso, una paradoja.

En este sentido, sería importante resaltar el hecho de que la naturaleza humana va más allá de propósitos individuales, puesto que las conductas de ayuda y colaboración han sido necesarias y vitales para el grupo al que se pertenece. Ya lo apuntaba Charles Darwin (1981) en su obra The Descent of Man: “Una tribu que incluye muchos miembros (…) dispuestos a ayudarse unos a otros, a sacrificarse a sí mismos por el bien común, resultaría victoriosa sobre la mayoría de las demás tribus, y esto sería selección natural”. No podríamos, pues, entender el comportamiento humano sin considerar que el grupo, la sociedad y la cultura en la que vivimos nos condicionan como especie.

Lo que recibimos a cambio de comportarnos de un modo altruista

Contribuir a la supervivencia, al mantenimiento de la especie y del grupo, ya nos da pistas de que el propio emisor de la conducta altruista también se va a beneficiar de ella, pero, ¿podría verse recompensado el individuo de algún otro modo?

La propia satisfacción experimentada tras haber realizado una “buena acción” ya podría considerarse en sí misma como una recompensa, y además, podría verse acentuada por reforzadores sociales tales como la aprobación, la atención o el afecto que otros miembros del grupo probablemente muestren tras realizar una acción de este tipo (aspectos que, además, son claves para el éxito en la vida social de cualquier persona). Y es que, como afirma el psicólogo Burrhus F. Skinner en su libro Ciencia y conducta humana, “…ciertas formas de conducta se clasifican como buenas o correctas y otras como malas o incorrectas, y son reforzadas de acuerdo con estos criterios”. Cabría resaltar que cuando hablamos de que una conducta “es reforzada”, nos referimos a que es más probable que vuelva a realizarse, ya que aquel que la lleva a cabo recibe algún tipo de recompensa o beneficio (las recompensas recibidas son llamadas “reforzadores positivos”). Por ejemplo, si Antonio ayuda a una persona mayor a cruzar la calle, y recibe por ello unas palabras de agradecimiento, diríamos que su conducta ha sido reforzada, ya que es muy probable que vuelva a comportarse de tal forma. De este modo, conductas consideradas positivas, como en el caso del comportamiento altruista, recibirían el correspondiente refuerzo. Así, la existencia del altruismo en nuestra especie no se explicaría solamente porque beneficia a la propia especie en su conjunto, sino también por las recompensas y beneficios que conlleva comportarse de esta forma.

Comportarse de forma altruista es una conducta reforzada socialmente (Fuente: Flickr, Hoffnungsschimmer)

Skinner también afirma que “… ciertos estímulos químicos en contacto con la lengua provocan salivación porque su efecto ha contribuido a la supervivencia de la especie”. Del mismo modo, una persona podría actuar de manera altruista porque en el curso de la evolución esta conducta se ha seleccionado como un mecanismo adaptativo y apropiado para la supervivencia de la especie.

Volvamos al caso de Antonio. La información expuesta nos ayuda a entender un poco más por qué acaba de donar sangre y, además, nos da una pista de cómo podría volver a comportarse en el futuro:

  • Donar sangre tiene un valor adaptativo, ya que beneficia la supervivencia de la especie. Por ejemplo, algún paciente podrá usar la sangre de Antonio cuando la necesite.
  • Donar sangre implica una satisfacción personal y la posibilidad de obtener diferentes recompensas o reforzadores positivos. Ejemplos de estos podrían ser el típico aperitivo tras la donación, la sonrisa cómplice del resto de donantes o la alegría de su madre al escuchar lo que hizo.

Consecuentemente, la probabilidad de que el comportamiento altruista de Antonio se repita más adelante aumenta.

El reforzamiento positivo y la supervivencia de la especie podrían explicar por qué Antonio donó sangre (Fuente: Flickr, Banc de Sang i Teixits)

De cualquier modo, siendo las conductas prosociales y altruistas entendidas desde un enfoque u otro, sean motivadas o no por recompensas observables, no cabe duda de que una sociedad conformada por individuos que cooperan, que se ayudan mutuamente buscando un mundo de acciones y valores solidarios, dispuestos a invertir su tiempo y sus comodidades por ofrecer un presente y un futuro mejor, se nos antoja como más deseable, beneficiosa y necesaria  en los tiempos que corren.

Para saber más…

Un documental: Redes – Nuestro cerebro altruista.

Unos capítulos de divulgación científica por Juan Ignacio Pérez: La unidad de la selección en la evolución y el origen del altruismo.

Un libro de L. Burgues: Bioética, neuroética, libertad y justicia 

Referencias

Barash, David, P. (1981). El Comportamiento Animal del Hombre

Barash, David, P. (2001). Revolutionary Biology: The New, Gene-Centered View of Life 

Brown, R. (1986). Social Psychotogy

Burgues, L. (2013). Bioética, neuroética, libertad y justicia

Moñivas, A. (1996). La conducta prosocial. Cuadernos de Trabajo Social, 9, 125-142

Skinner, B.F. (1974). Sobre el conductismo

Skinner, B.F. (1969). Ciencia y conducta humana

Sobre Rubén Salcedo Vázquez

Psicólogo por la Universidad de Sevilla. Actualmente formándose en el Máster en profesorado de Educación Secundaria para ser orientador educativo. También participando en intervenciones psicoeducativas en comunidades de aprendizaje. Ha colaborado con el equipo de psicólogos de la cantera del Sevilla F.C. Interesado en la Psicología del aprendizaje y en el Análisis funcional de la conducta.

2 Interacciones

  1. Daniel dice:

    Efectivamente, es egoísmo sofisticado, y NO HAY NADA DE MALO EN ELLO. El resto son moralinas.

    Egoísmo, inteligencia, interacción continua y estable = cooperación (que puede adoptar formas más o menos explícitas: altruismo, solidaridad…)

    Lectura recomendada: La evolución de la cooperación, R. Axelrod

  1. 05/11/2015

    […] La supervivencia del altruismo […]

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