Inventos que nacieron de la Psicología (1): La frenología y los Vibradores - Psicomemorias
¿Quieres estar al tanto de las novedades de nuestro concurso de artículos?
Estaría bien

Inventos que nacieron de la Psicología (1): La frenología y los Vibradores

Inventos hay de muchos tipos y para todos los gustos. Muchos los hemos integrado en nuestra vida diaria, pero también una gran mayoría cae en el olvido, y algunos que en su momento prometían ser revolucionarios, hoy nos podrían resultar absurdos. Pues bien, como ha ocurrido con otras disciplinas, la Psicología también ha dado lugar a diferentes ideas que se han materializado en variados inventos. En esta primera entrega, analizaremos la Psicología que hay tras la frenología y tras los vibradores.

Nos remontamos casi 200 años atrás…

A principios del siglo XIX, el anatomista y fisiólogo Franz Joseph Gall populariza una supuesta “ciencia” conocida como frenología.

Esta nueva disciplina se basaba en dos creencias relacionadas entre sí:

  • Que el cerebro es el sustrato físico de la mente (de hecho frenología significa “conocimiento sobre la mente”).
  • Que este órgano se encuentra dividido en distintos subórganos, siendo cada cual responsable de una función o facultad psicológica concreta.

De acuerdo con las teorías de este autor, el tamaño de las diferentes zonas del cerebro estaría relacionado con la capacidad de dicha zona. Es decir, aquellas personas que tuvieran un tamaño mayor en el área del cerebro que, según la frenología, estaba dedicada a la memoria, tendría mejor memoria, y así sucesivamente.

Mientras se dieron por ciertas esas afirmaciones (cosa que la ciencia actual no hace), se pensó que se podía estudiar científicamente la personalidad de los individuos a través de la forma de su cráneo. Por este motivo, en un primer momento esta pseudociencia iba a ser llamada craneología.

Allá por la década de 1830, la finalmente llamada frenología, alcanza su punto de máxima fama. Para que todos los entusiastas de la misma pudieran estudiar el cráneo de sus pacientes, el autor crea los llamados mapas frenológicos (originalmente llamados craneoscopios). Estas guías consistían en reproducciones de un cráneo humano, en el que aparecen dibujadas las distintas regiones que Gall consideraba relevantes con la función escrita de cada una de ellas, ya que asumía que las funciones más desarrolladas provocarían abultamientos en la zona correspondiente del cerebro, y podrían ser palpados a través del cráneo (y lo mismo con las funciones infradesarrolladas, que se mostrarían como ahondamientos en el cráneo debido a la falta de masa cerebral dedicada a ellas).

Inventos que nacieron de la Psicología - Mapas frenológicos

Los mapas frenológicos consistían en reproducciones de cráneos humanos en los que se escribía la función supuestamente asociada a cada zona. (Fuente: Mark Strozier / Thinksotck)

De esta manera, como si se tratase de un globo terráqueo, cualquier persona podía con unas sencillas instrucciones palpar el cráneo que deseaba estudiar y guiarse por estos mapas para averiguar qué aptitudes y defectos poseía cada persona.

Esta primera tentativa de clasificar el cerebro en distintas regiones especializadas acabó por suerte invalidándose. No obstante, hoy en día, contamos con técnicas de neuroimagen que nos permiten entender mejor la anatomía del cerebro e incluso comparar en vivo el nivel de activación de ciertas zonas al realizar diversas actividades. De hecho, algunos investigadores siguen tratando de averiguar cosas como “qué zona (o conjunto de zonas) se encarga de qué”, pero de una manera mucho más compleja y por supuesto (y esto es lo más importante) científica.

Sin embargo, volviendo a la época en que vivió Gall, los conceptos que pretendían medirse con los mapas frenológicos eran acientíficos y abstractos, rozando casi lo absurdo. Cosas como “el amor a la vida”, “los instintos hogareños” o incluso “la capacidad para el matrimonio” eran teóricamente inferibles en los individuos a través de la forma de su cabeza.

Para más inri, como gran parte de los sujetos que se usaron en los estudios eran presos y criminales, se empezó incluso a extrapolar equívocamente la información y a deducir que ciertas formas craneales se asociaban con mayor predisposición a la delincuencia. Esto, junto con el hecho de que la forma del cráneo puede variar entre personas con diferentes orígenes étnicos, sentó las bases para actitudes discriminatorias, xenófobas y racistas que no sólo eran, por supuesto, erróneas e inadecuadas sino que, por si fuera poco, encontraban un terrible apoyo al afirmar estar basadas en la ciencia.

Años después, Paul Broca, famoso neurocientífico francés empeñado en dar validez a la frenología, hizo importantes descubrimientos por los que todavía a día de hoy una parte del cerebro lleva su nombre: el área de Broca. No obstante, para cuando consiguió demostrar que ésta zona del lóbulo frontal izquierdo se encontraba intrínsecamente relacionada con el habla (y por lo tanto cuando se producía una lesión en ella, aparecían afasias en el paciente), la frenología ya había perdido gran parte de su anterior esplendor.

Aún así, es importante señalar que Broca pretendía haber encontrado la zona que permitía la capacidad de hablar, y aunque la importancia del correcto funcionamiento de este área es indudable para el lenguaje, la afirmación anterior sería un reduccionismo absurdo, ya que como le indicó su rival de la época, Louis Pierre Gratiolet, “si así fuera los monos hablarían porque tienen lóbulo frontal, como todo el mundo (incluido usted)”.

Muchos de los pensamientos que Broca defendía se han mostrado incorrectos con el tiempo, como por ejemplo que la inteligencia esté relacionada con el peso del cerebro y que los hombres siempre posean un cerebro más pesado y por ende sean intelectualmente superiores a las mujeres.

Calvin Candie

Calvin Candie (Leonardo DiCaprio) explica los argumentos que la frenología esgrimía para justificar la esclavitud. (Fuente: Django desencadenado)

Asimismo, las teorías de Gall cayeron por suerte en el desuso. No obstante, es importante reconocer el peso que tuvieron en la historia y la función que cumplieron despertando el interés por el estudio científico del cerebro, que finalmente pudo allanar el camino a los descubrimientos posteriores.

Vibradores para curar el cerebro

Sí, de cerebros va la cosa. Y aunque suene incomprensible, este segundo invento (cuyo lugar de aplicación dista bastante del cráneo) también tuvo relación en sus inicios con una “enfermedad mental”. Volvamos a retroceder hasta la segunda mitad del siglo XIX, en la época victoriana.

Históricamente se trata de un período de gran hipocresía sexual. Se abogaba por la abstinencia sexual para frenar el veloz aumento de la población, y fue además una época con gran carga religiosa, por lo que la sexualidad se suponía que debía limitarse al objeto de tener hijos.

Sin embargo, y a pesar de ello, se produjo en Europa en este mismo período de tiempo, un enorme incremento en el número de burdeles y prostíbulos, que eran frecuentados por los hombres, mientras que las mujeres debían permanecer, como se esperaba de ellas, alejadas de esas prácticas pecaminosas (de placer femenino en el sexo, por supuesto, ni hablar).

Debido a esta represión de la actividad sexual en las mujeres, se llegó a pensar que sufrían una insatisfacción provocada por la falta de procreación. No olvidemos que en aquel entonces, se daba por hecho que el fin último de las mujeres era traer hijos al mundo y que en ello encontraban su máxima autorrealización. Dicha insatisfacción, pues, se consideraba desencadenante de una enfermedad que se diagnosticaba con una frecuencia pasmosa a las mujeres de la época: la histeria (todavía hoy en día el concepto sigue arraigado cuando se dice que una mujer es una histérica).

En la práctica, no obstante, la histeria se convirtió en el cajón de sastre de la medicina, donde cabía cualquier “síntoma” y se consideraba como tal cualquier comportamiento femenino que desagradase a los hombres, como alegría excesiva, llantos, melancolía, dolores de cabeza, verborrea, etc. Absolutamente todo podía ser tildado de ser causado por esta enfermedad. Se diagnosticaba únicamente a las mujeres porque según los médicos de la época (¡atención al razonamiento!), el “hístero” (pronunciación aproximada de la palabra griega ὑστέρα, que significa útero) a causa de la abstinencia sexual, se encontraba insatisfecho y enviaba sus pulsiones a través de la columna vertebral hasta el cerebro, donde inflamaba las neuronas, provocando una neurosis y todos los síntomas de una mujer histérica. Los hombres, al no tener útero, obviamente no podían padecer esta enfermedad.

¿Y cuál era la cura que ofrecían? Nada más y nada menos que someter a la paciente a un llamado “masaje pélvico” hasta que alcanzase la catarsis (lo que hoy llamaríamos orgasmo) y así aliviarle el sufrimiento. Si la imagen de por sí ya resulta grotesca, empeora al ser conscientes de la siguiente situación: en la sociedad de entonces estaba mal visto que las mujeres fuesen solas al médico, con lo cual solían ir acompañadas de algún familiar o de su marido, que permanecía con ellas mientras recibían esta terapia manual.

Inventos que nacieron de la Psicología - Histeria

Imagen con la que se anunciaba, en el siglo XIX, el masaje pélvico como cura al denominado paroxismo histérico. (Fuente: JotDown magazine)

Pasado un tiempo desde que se popularizó este tratamiento, en la década de 1880, Joseph Granville, médico cansado de realizar este “masaje” manualmente a una multitud de mujeres, inventó el primer dispositivo eléctrico que sirviera para lo mismo, el cual prometía aliviar la tensión en aproximadamente diez minutos y rápidamente empezó a comercializarse.

Este invento fue de los primeros aparatos eléctricos en llegar a los hogares, solo precedido por la nevera eléctrica y el ventilador, y mucho antes que otros como la plancha eléctrica, por ejemplo. Se anunciaba su venta en revistas de decoración y bordado, y en 1920 en los hogares norteamericanos había más vibradores que tostadoras, aunque por supuesto se seguía considerando un aparato clínico. Con el paso de los años, cuando empezaron a aparecer en películas para adultos y la Asociación Americana de Psiquiatría admitió (al fin) que la histeria no era una enfermedad, la buena imagen de este invento desapareció y pasó a considerarse algo íntimo o incluso tabú.

Debido a este origen, uno de los vocablos con los que se denomina en ocasiones a los vibradores es la palabra “consolador”. No obstante, a los sexólogos y demás expertos en la materia, no nos agrada este término, porque aún tiene trazas del origen del mismo, que sirve para “consolar” a las mujeres, como si éstas necesitasen un sustituto de un falo para no volverse locas de insatisfacción. Reivindicando la independencia sexual de la mujer, y que ésta opta por el placer y no está guiada por las pulsiones de su útero, se prefiere la palabra “vibrador”, “dildo” o incluso algunos nombres con connotaciones más positivas como “alegrador”, término usado por la sexóloga Pilar Cuéllar en sus clases de Educación Sexual.

Pero continuando con el papel de los vibradores en la ciencia, cabe mencionar la importante función que le dieron los padres de la sexología moderna, los investigadores William Masters y Virginia Johnson.

Estos autores, acoplando una cámara y una lucecita en el interior de un vibrador, pudieron, por primera vez en la historia de la ciencia, observar el interior de una vagina en directo mientras experimentaba un orgasmo. En la década de 1950 estos hallazgos fueron tremendamente escandalosos y maravillosamente novedosos. Gracias a este aparatito desarrollado por la pareja (y que recibió el nombre de Ulysses), se sentaron las bases de grandes descubrimientos en la sexología en torno al orgasmo femenino y el placer sexual de la mujer, y se rompieron mitos sexuales que hasta entonces habían imperado en la sociedad (como la afirmación freudiana de que el orgasmo clitoridiano era un orgasmo infantil y que las mujeres “maduras” alcanzan el clímax a través de la estimulación vaginal).

Mujer participante en las investigaciones de Masters y Johnson con "Ulysses"

Mujer participante en las investigaciones de Masters y Johnson con “Ulysses” (Fuente: Masters of Sex)

Los descubrimientos de este matrimonio formaron parte de un movimiento tal que llegó a conocerse como una auténtica Revolución Sexual (y hoy por hoy protagonizan una exitosa serie de televisión: Masters of Sex).

Actualmente, los avances en la investigación científica de la sexología están a la orden del día, y se trata de una disciplina cuya especialidad ya puede estudiarse en numerosas Universidades de España y de todo el mundo. Resulta irónico que todo esto empezase con una noción tan machista como es la histeria. Ojalá todo el machismo que aún existe en nuestra sociedad sea capaz también de reinventarse y en el futuro sólo forme parte de la historia o dé lugar a inventos tan maravillosos como los “alegradores”.

Como decíamos al principio, hay inventos que acabaron en el desuso y otros que acabaron teniendo una función diferente a aquella por la que habían sido ideados. Independientemente de eso, es relevante conocer la historia de la ciencia, no sólo para no repetir los errores del pasado, sino para engrandecer y reconocer la labor de muchos científicos e inventores que procuraron una mejora en la calidad de vida de sus coetáneos.

En la segunda parte de este artículo podrás ver otros dos inventos muy interesantes que no esperabas que tuviesen su origen en la Psicología.

Para saber más…

  • Un podcast de nuestra intervención en Onda Cero.
  • Un artículo sobre F. J. Gall y la frenología.
  • Un artículo sobre el descubrimiento del área de Broca.
  • Un artículo sobre los vibradores victorianos.
  • Un libro: La histeria, de Sigmund Freud.
  • Una serie de televisión: Masters of Sex.
  • Una película: Histeria.

 

Laura Marcilla

Psicóloga por la Universidad de Sevilla, ha desarrollado conocimientos en el ámbito de la sexología gracias a su trabajo en una empresa de tapersex y en distintas ONGS, además de su formación como mediadora en educación afectivo-sexual. Actualmente, forma parte de Gambling Therapy, una organización de Reino Unido donde trabaja aportando consejo terapéutico para el tratamiento de la ludopatía, a la vez que cursa el Máster Oficial en Ciencias de la Sexología por la Universidad de Almería.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Quizás también te guste...