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Hablemos de la depresión: qué es y qué no es

“El sol está dándome en la cara… serán las 12:30… si no me levanto ya no voy a ser capaz de hacerlo en todo el día. Tendría que llamar a Sofía, creo que voy a cancelar lo de esta noche, no me apetece nada tener que arreglarme, salir a cenar y ponerle buena cara a sus amigos… Soy un idiota, ella es la única que sigue ahí, que me sigue proponiendo planes a pesar de mis negativas y no paro de alejarla de mi… como a todos. ¿Pero qué me pasa? Se suponía que lo del trabajo era algo temporal y ya va un año y medio desde que me fui… pero no tiene sentido volver, allí tampoco me necesitan. Parece que este vacío ha venido para quedarse siempre conmigo, ya no sé cómo era antes de todo esto, ¿cómo he dejado que esto pasase? No voy a poder seguir así siempre…. Voy a tomarme algo y volverme a la cama, necesito descansar, luego le escribiré a Sofía.”

Este 2017 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elegido dar visibilidad a la depresión durante el Día Mundial de la Salud. Desde Psicomemorias queremos poner nuestro granito de arena a la necesidad de concienciación y conocimientos sobre este trastorno que según datos de la OMS se calcula que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. La depresión no es simplemente estar triste y tener una mala semana en la que sentirte abatido porque te ha ido mal en el trabajo, te han dado una mala noticia familiar, no consigues un propósito en el que habías depositado muchos esfuerzos o estás perdido con las metas del futuro. La depresión es un estado de malestar que acaba afectando a casi todas las áreas de la vida de forma muy significativa, llegando a romper esa vida que teníamos o que aspirábamos a tener. Es un proceso complejo, difícil de comprender para quien no lo sufre y, desde fuera, es fácil caer en la creencia de que es sencillamente cuestión de fuerza de voluntad y que con un “anímate, alegra esa cara” es suficiente. Con ello, es importante empezar por comprender para empezar a actuar, tanto si somos nosotros mismos los que estamos empezando a preocuparnos por cómo estamos, o bien es un familiar o un amigo al que no sabemos muy bien cómo ayudar.

El protagonista de “El Club de la Lucha” (1999) también se mostraba apático, vacío, con insomnio. Vivía desesperanzado. Aunque la película y el libro son obras de ficción y dan una versión fantasiosa de la enfermedad mental, uno podría pensar que, realmente, estaba depresivo. (Fuente: 20th Century Fox)

Qué es la depresión: un poco de historia

La depresión no es algo nuevo, siempre ha estado con nosotros y es inherente al ser humano. Ya los griegos hablaban de un estado de melancolía. Hipócrates, considerado el padre de la Medicina, teorizaba que dicho estado se debía a un desorden de la bilis negra, uno de los humores que, decía, podían encontrarse en el ser humano. Hoy en día ya sabemos que no acertó una con su teoría, pero sí en lo siguiente (traducción libre):

Es el cerebro el que nos hace delirar o estar locos, el que nos inspira con miedos y angustias, ya sea de noche o de día; el que nos trae insomnio, inoportunos errores, ansiedades injustificadas, nos hace estar idos o actuar como, realmente, no queremos. Todas estas cosas que padecemos vienen del cerebro cuando no está sano.

Durante la época de la Antigua Roma no se acertó mucho más con la melancolía que los griegos. O bien se casaron con la teoría de los humores de Hipócrates, o atribuían la melancolía a un castigo de los dioses o, simplemente, a la naturaleza de la persona en sí. Estabas melancólico porque eras dado a estar melancólico, y no había más.

Y como aquí hablamos de ciencia, durante los siguientes siglos sabes ya que no cambió mucho la cosa, ni en Física, ni en Medicina, Biología o Psicología. En occidente, la Edad Media trajo las mismas historias que algunos romanos, pero cambiando a los protagonistas: Dios te castiga con melancolía porque eres un pecador. Es más, estar melancólico, de por sí, era un pecado. Eso quizás –solo quizás– explique por qué a veces está mal visto aún admitir que estás deprimido.

Más adelante, durante el Renacimiento, la Ilustración y otros movimientos culturales, la idea de depresión (o melancolía, como aún se le llamaba) cambió y dio tumbos de un lado para otro. A veces era considerada como algo digno de intelectuales, genios o artistas, y otras una condición más del ser humano que tenía que ser aceptada y vivida con dignidad.

“All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere
Their tears are filling up their glasses
No expression, no expression
Hide my head I want to drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow”

La letra de la canción Mad World (Gary Jules, 2001), inspirada en el libro del psicoterapeuta Arthur Janov, es un buen ejemplo de cómo una persona con depresión experimenta el día a día.

A un paso del nacimiento de la Psicología como ciencia, Freud y su gang de psicoanalistas teorizaron que la melancolía se atribuía a conflictos internos, inconscientes, y debía de ser tratada en terapia. Pero dejémonos de cuentos e historias: llegamos a nuestro punto de interés hoy, la mitad del siglo XX en adelante, cuando se empezaba a hablar de la Psicología científica.

1952: de la melancolía a la reacción depresiva

Para que nos entendamos, durante el siglo XX se produce una maduración de la empresa científica global, cada vez está más presente en la cultura y la sociedad, pero en la que aún se producen algunas salvajadas. Es, por así decirlo, el siglo de la adolescencia humana, algo así como darle a un adolescente libertad absoluta. El gran desarrollo que se estaba produciendo en muchos campos hizo que pensáramos saberlo todo y aún no sabíamos que, en realidad, no habíamos explorado ni la punta del iceberg.

Durante este siglo intentamos, en Medicina pero también en Psicología, empezar a hacer cosas. Lamentablemente, las herramientas eran aún muy toscas, como lobotomías, terapias basadas en electroshocks, pruebas con drogas, experimentos con niños (y no tan niños) sin ética alguna, etc. Y esto son solo algunos ejemplos.

Primera edición del Manual de Diagnóstico y Estadística de Trastornos Mentales. Se esté de acuerdo o no con él, marcó un hito en la historia de la Salud Mental.

No es hasta 1952 que se produce un gran salto en nuestra forma de abordar la salud mental. En este año se publica la primera versión del DSM, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales que usan psiquiatras y psicólogos, un compendio que recoge el consenso de la comunidad de profesionales en Salud Mental y define qué es trastorno y qué no lo es. Aquí, por primera vez, se deja a un lado la melancolía y empieza a hablarse de reacción depresiva. Desde este primer manual a la actualidad se han publicado diferentes versiones, que han ido modificando la descripción clínica a lo largo de las décadas, hasta la última que fue publicada en 2015 (DSM-V). No obstante, no es el único manual clínico que hace referencia a los trastornos mentales y del comportamiento, los cuales fueron incluídos por primera vez en 1949 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) que lleva a cabo la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las siguientes décadas están marcadas por un enfoque más centrado en la biología del cerebro y el olvido de las ideas psicoanalíticas. La depresión no será entendida como un trastorno que se origina por un conflicto inconsciente, sino por un desajuste en los niveles de ciertos componentes químicos en el cerebro. Sin embargo, que se produzcan desequilibrios en la química del cerebro durante la depresión no significa que esa sea la causa de la depresión. Tampoco implica necesariamente que reajustar dichos niveles químicos vaya a solucionar el problema. Aunque nuestro cerebro y nuestro comportamiento están estrechamente relacionados, aún a día de hoy no conocemos bien hasta qué punto modificar el tejido nervioso provoca cambios duraderos en nuestro comportamiento.

Como reacción desde la Psicología científica, una Psicología basada en la evidencia y no en la creencia, a mediados del siglo XX aparecen las primeras terapias para tratar la depresión centradas en analizar y modificar el comportamiento, las ideas, las emociones y el contexto actual de la persona. De estas terapias hablaremos más adelante, no te preocupes.

Qué entendemos hoy por depresión

En la actualidad, existe cierto consenso a la hora de describir la sintomatología de las personas que tienen depresión. Sin embargo, la mayoría de los síntomas no son fáciles de detectar, por lo que hace falta que un profesional de la Psicología o la Psiquiatría evalúe su gravedad y el efecto que tienen en la vida de la persona para poder establecer un tratamiento eficaz y adecuado.

La característica clínica que todos conocemos de este trastorno es un estado de ánimo depresivo. Es decir, sentimientos de tristeza y vacío muy intensos, pensamientos de inutilidad y culpa o comportamientos relacionados como el llanto. En la depresión esto suele ser una constante, algo que marca el día a día de las personas que tienen este trastorno, una carga con la que levantarse cada mañana. Imagina lo difícil que debe ser vivir llegando a “no sentir nada”, solo con el pensamiento constante de que, encima, es culpa tuya estar así por lo que debes de ser “idiota” o cosas mucho más agresivas hacia ti mismo.

Otro elemento principal es la llamada anhedonia, que significa una pérdida del interés y el disfrute de actividades que antes eran placenteras y ya no. Al igual que en el estado de ánimo, hay un gradiente que puede dar pistas de la gravedad del estado en el que se encuentra esa persona que tiene depresión. Luis, por ejemplo, ha dejado de ir a correr al parque, ya no se nota con energías y no lo disfruta. No obstante, sigue saboreando la paz y la calma que le transmite el sacar a su perro Freddy cada noche por el barrio y, aunque ya no es igual que siempre, cuando se esfuerza por salir con los chicos de rugby al menos a tomar una cerveza los domingos a mediodía, siguen pudiendo sacarle alguna carcajada. Aunque algunas cosas aun le resulten placenteras, es una situación difícil de manejar y que puede generar mucha frustración e impotencia. Esta falta de placer es fácil que acabe llevando a dejar de hacer cosas o a no hacer nada. ¿Saldrías con tus amigos si ya no te divirtieras? ¿Seguirías yendo a bailar si no disfrutaras de ello? Y así, la apatía se acaba adueñando de la parte más ociosa y social de nuestra vida, sin motivación para llevarnos a la acción.

Otros aspectos de la vida que pueden verse alterados son el sueño y el apetito, ya sea para un aumento o disminución de los mismos. Así, hay personas que cuando están en un estado depresivo suelen tener interrupciones de su ciclo del sueño o despertares precoces sin haber tenido un descanso reparador, lo que provoca, junto al malestar ya descrito, complicaciones para levantarse de la cama. Por el contrario, también puede ser que presenten hipersonmnia, es decir, que tengan demasiado sueño. Del mismo modo ocurre con el apetito, que puede verse aumentado o disminuido con la sensación de que se tiene el “estómago cerrado” y no apetezca ingerir alimentos con la consecuente pérdida de peso. En el plano sexual y motor también se dan alteraciones, disminuyendo tanto el deseo sexual como el movimiento, debido esto a una falta de energía o fatiga constantes.

La depresión afecta a todas las esferas de la persona, incluyendo aspectos afectivos, físicos y cognitivos. Todos estos síntomas pueden generar un gran sufrimiento para quien los padece y en su entorno más cercano.

Con la depresión también se ven afectados aspectos cognitivos como la atención, así como la toma de decisiones. Imagina que, además de estar con el estado de ánimo por los suelos y no disfrutar de lo que antes te resultaba placentero, estás cansado y te es muy complicado estar con la atención fija, concentrado en lo que estás realizando. Seguramente ante esta situación no seas muy productivo en tu trabajo, lo que puede llevarte a tener problemas para mantener tu empleo. Lo que faltaba, ¡encima problemas económicos! Esto no ayudará mucho a mejorar tu situación ni tu bienestar.

Es importante hablar de un aspecto de la depresión que vuelve todo esto aún más serio y peligroso de lo ya mencionado. Las personas que se encuentran en este estado de vacío, tristeza profunda y dolor pueden llegar a plantearse ideas de autolesión y de suicidio. Los pensamientos sobre la muerte son recurrentes, no por un deseo de morir en sí, sino como una salida –equivocada– a su sufrimiento. No son llamadas de atención, ni están locos, sino que el dolor es abrumador y no saben cómo escapar de él y de la situación en la que se hayan inmersos, de su visión desalentadora del futuro.

Existen caminos diferentes al suicidio, pide ayuda. Pincha en la imagen para verla en grande (Fuente: Organización Mundial de la Salud)

La depresión es complicada de entender desde fuera, por lo que es importante conocerla para comprender esta problemática y encontrar una solución realmente válida. Estas soluciones existen, y pueden devolver a las personas que tienen depresión una visión de su vida mucho más placentera y constructiva de la que actualmente tienen.

Como hemos visto, la depresión no es algo tan sencillo de manejar o de entender como parece. Hay registros de su existencia, con un nombre u otro, desde hace cientos de años, y probablemente estuviera presente mucho antes de estos escritos, ya que es algo natural al ser humano. No obstante, no todo está perdido. Nadie aprende a manejar situaciones en la vida que pueden ser desbordantes como quien aprende a sumar y restar.

La Psicología ha ido perfeccionando sus técnicas para ponerlas al servicio de la población. Existen muchas técnicas y tratamientos que han demostrado ser eficaces para que las personas que se encuentran sumidas, en mayor o menor medida, en un estado depresivo puedan tomar de nuevo las riendas de sus vidas y alcanzar un bienestar físico, psicológico y social. En la segunda parte de este artículo se encuentran descritas dichas intervenciones, las cuales son importantes conocer para poder acogernos a aquellas que se han demostrado más eficaces y no caer en intentos frustrados de mejoría que no hacen más que cavar más hondo.

Sobre Marga García Fernández

Psicóloga Sanitaria con experiencia en evaluación e intervención psicológica en la Unidad de Psicología Clínica del Hospital Virgen Macarena y la unidad de Salud Mental Comunitaria del Hospital Virgen de Valme (ambos en Sevilla). Ha colaborado en la Asociación de Padres y Familiares de Personas con Trastornos Mentales Graves (ASAENES) y en la actualidad colabora como Psicóloga de emergencia con el grupo de trabajo del GIPED además de ejercer la Psicología sanitaria como profesional independiente en Sevilla.

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