Enfermedad de Alzheimer. ¿Qué queda cuando apenas queda nada? - Psicomemorias
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Enfermedad de Alzheimer. ¿Qué queda cuando apenas queda nada?

De repente despiertas. Estás montado en tu coche y empiezas a oír cómo los demás conductores pitan con impaciencia. ¿Por qué? Debe ser por ti, pues delante no hay más coches. Te dispones a seguir adelante, pero ¿adónde? Por más que miras a tu alrededor, no consigues orientarte. Temblando, avanzas con cuidado, pensando irremediablemente: ‘Me he perdido’. ‘Bueno’ -intentas decirte a ti mismo para tranquilizarte- ‘Pensemos: ¿a dónde quería ir?’. Por más que te esfuerzas… nada. No hay nada. ‘Me voy a casa ahora mismo, hasta que esto se me pase’. Es en ese momento cuando el pánico se apodera de ti. Como si de un golpe se tratase, te das cuenta de que no recuerdas el nombre de la calle donde vives, y sin remedio te inunda la sensación de que no hay vuelta atrás, de que no hay nada que puedas hacer.

La pérdida de memoria es el síntoma que todos conocemos del Alzheimer, pero ¿es el único?

La pérdida de memoria es el síntoma que todos conocemos del Alzheimer, pero ¿es el único?

En el mundo, 36’5 millones de personas padecen una demencia. La mayoría de los casos, en torno al 60-70% según la OMS, se trata de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Ésta se caracteriza por un deterioro cognitivo mucho más allá de lo que podría considerarse consecuencia del envejecimiento normal.

Es frecuente encontrar en las noticias, u oír a través de conocidos, historias sobre cómo un familiar empieza olvidando pequeñas cosas y acaba, con el paso de los años, fuertemente incapacitado en su vida diaria. Esto genera un gran impacto en la sociedad, que generalmente no se acompaña de la adecuada concienciación y comprensión de lo que realmente es la enfermedad. ¿Acaso es equivalente toda pérdida de memoria a la Enfermedad de Alzheimer? E incluso, ¿podemos reducir la enfermedad a dicha pérdida de la memoria?

Olvido y poco más

¿Cómo puede perderse aquello que ha dado coherencia a toda una vida de experiencias?

Pocas situaciones nos aterran de la forma en la que lo hace el olvido. La posibilidad de levantarnos mañana y no ser capaces de reconocer a nuestros seres queridos puede tan sólo ser superada por el hecho de ser fugazmente consciente, tan sólo unos instantes, del propio deterioro mental. El director de cine aragonés Luis Buñuel escribía lo siguiente en su libro “Mi último suspiro” (Mon dernier soupir. París, 1982):

«Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida, como una inteligencia sin posibilidad de expresarse no sería inteligencia. Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada».

Es quizá por este miedo al olvido, a perder la identidad, que la mayoría de nosotros piensa que lo característico de las demencias, y de la Enfermedad de Alzheimer en particular, es la pérdida progresiva de la memoria. No obstante, el olvido es tan sólo uno de los síntomas.

En las primeras fases de la enfermedad, las personas con EA no presentan alteraciones en la memoria procedimental por lo que son capaces de seguir con sus rutinas diarias. Sin embargo, este tipo de memoria también se va deteriorando con el progreso de la enfermedad, al igual que la memoria episódica, la de los hechos y acontecimientos que han ocurrido a lo largo de la vida del paciente.

Por otra parte, el lenguaje es la función más afectada tras la memoria. Al principio, es común notar ciertas dificultades para nombrar algunos objetos, lo que suele provocar que el paciente acabe “dando mil y una vueltas” para hacerse entender (por ejemplo: “La cosa esa donde guardo los calcetines y la ropa interior que está al lado de eso“, para referirse a la mesita de noche). Más tarde, estas personas pueden tener problemas de comprensión, sobre todo con el lenguaje más abstracto que requiera un esfuerzo extra como el uso de las metáforas.

En etapas más avanzadas de la enfermedad, otras funciones como la orientación espacial pueden verse también afectadas, llegando el paciente incluso a perderse en sitios de sobra conocidos como la casa en la que ha vivido toda la vida. De la misma forma, resulta común que estas personas no sean capaces de orientarse en el tiempo, siendo incapaces de saber, ya no en qué día, sino en qué año están.

Progresivamente, van apareciendo problemas motores, que empiezan afectando a acciones complejas que requieren mucha coordinación, pero acaban perjudicando a movimientos más simples como peinarse o lavarse la cara.

Es habitual que las personas con Enfermedad de Alzheimer guarden cosas en sitios extraños y después no recuerden donde las pusieron.

Es habitual que las personas con Enfermedad de Alzheimer guarden cosas en sitios extraños y después no recuerden donde las pusieron.

Quizá el aspecto menos conocido por la mayoría de la sociedad es que desde las etapas más tempranas de la EA, una de las funciones que más se afecta es la función ejecutiva. Con esto nos referimos a la capacidad del paciente de hacer planes, de establecer un orden entre las distintas tareas que hay que hacer para cumplir un objetivo. Esto se debe a que el pensamiento y el razonamiento de las personas con Enfermedad de Alzheimer se encuentran deteriorados. Es por esto que no hay que atropellar a estas personas con muchas explicaciones cuando no entienden algunas cosas, pues tampoco ayuda hacerlos sentir mareados por tanta información que no comprenden.

Es habitual encontrar una disminución de la flexibilidad cognitiva, que suele ser visto como una muestra de mal carácter, cuando realmente significa que el paciente es incapaz de adaptarse a una situación que ha cambiado respecto a cómo era antes. Los familiares y amigos han de entender que estas personas no quieren llevar la contraria, sino que no pueden cambiar la estructura de las cosas, su forma de dar sentido a lo que les rodea, con la misma facilidad que los demás.

Como vemos, el Alzheimer es mucho más que una pérdida severa pero progresiva de la memoria. Afecta a gran parte de las funciones que nos hacen ser capaces de desenvolvernos con soltura en nuestro entorno. A veces, la forma en que la propia enfermedad afecta a los pacientes nos hace plantearnos hasta qué punto es perjudicial para el propio paciente que sea consciente de sus deficiencias. Tal y como señalaba recientemente Oriol Turró, de la Unidad de Investigación del Instituto de Asistencia Sanitaria de Girona, una de cada tres personas diagnosticadas con Enfermedad de Alzheimer no es consciente de que sufre una enfermedad. Al inicio de la enfermedad, esto puede hacer que el paciente se niegue a aceptarlo, incluso rechace ser medicado. No obstante, a medida que el deterioro avanza, hemos de ser sensibles al sufrimiento que provoca en él tomar consciencia de lo que supone su enfermedad para sí mismo y para su entorno familiar.

Pero, ¿cómo puede se producen todos estos síntomas?

El Alzheimer en sus primeros momentos

¿Qué es lo que ocurre a las personas que desarrollan una demencia como le Enfermedad de Alzheimer?

Ya el propio Alois Alzheimer, quien describió por primera vez la enfermedad en 1901, intentó examinar el cerebro de su paciente en busca de algo que pudiera explicar la causa de tal deterioro cognitivo. Durante la autopsia, descubrió que efectivamente el cerebro de su paciente estaba dañado, sobre todo en su capa más externa, la corteza cerebral.

El deterioro en la Enfermedad de Alzheimer progresa desde las zonas del cerebro implicadas en el lenguaje y la memoria hasta llegar a afectar casi todas las funciones.

El deterioro en la Enfermedad de Alzheimer progresa desde las zonas del cerebro implicadas en el lenguaje y la memoria hasta llegar a afectar casi todas las funciones.

Hoy en día, la investigación de las causas del Alzheimer y otras formas de deterioro cognitivo se basa fundamentalmente en tres factores que afectan al cerebro de las personas con Enfermedad de Alzheimer. En primer lugar, la atrofia. Cuando examinamos el cerebro de un paciente por resonancia magnética podemos ver cómo ha perdido bastante volumen debido a una extensa muerte neuronal, mucho mayor que la que se produce durante el envejecimiento normal. Pero el hecho de que haya menos neuronas en el cerebro de un paciente con EA sólo traslada la pregunta. ¿Qué es entonces lo que causa la muerte de esas neuronas?

Al realizar un examen postmortem, se revela la presencia de densas placas de proteínas que impiden que las neuronas conecten unas con otras con normalidad. Son las denominadas placas amiloides. Actualmente se ha encontrado evidencia de que los mecanismos de estas proteínas β-amiloide (βA) parecen ser los responsables de desencadenar toda una larga y compleja serie de acontecimientos que acaba provocando la extensa muerte neuronal característica de la EA. Estas evidencias vienen de múltiples estudios genéticos en los que mutaciones de los genes que se encargan de producir dichas proteínas provocan daños muy severos en el cerebro, equivalentes a las demencias más graves.

Las placas de proteína beta-amiloide y los ovillos neurofibrilares de proteína Tau son las huellas características de la Enfermedad de Alzheimer

Las placas de proteína beta-amiloide y los ovillos neurofibrilares de proteína Tau son las huellas características de la Enfermedad de Alzheimer

No obstante, esto no es lo único que ocurre en el cerebro de las personas con EA. Como hemos visto, cuando neuronas, células de la glía (otro tipo de células de nuestro sistema nervioso que, entre otras funciones, actúan como sistema inmunitario del cerebro y la médula) y proteínas βA se empaquetan formando placas, se impide la comunicación entre neuronas y se crea un medio hostil para la supervivencia de las células. Pues bien, se ha descubierto que además se produce daño dentro de las células. Concretamente en el llamado esqueleto celular (o citoesqueleto), que da soporte a la célula para que ésta pueda realizar sus funciones. De esta forma, se ha visto que en el cerebro de pacientes con Enfermedad de Alzheimer las células de algunas regiones están llenas de unos filamentos enredados que llamamos ovillos neurofibrilares de proteína Tau.

Ayudando a recordar

¿Hacia dónde se dirige la investigación actualmente?

Las placas de proteína βA y los ovillos neurofibrilares de proteína Tau han centrado la atención de la investigación biomédica en las últimas décadas. Recientemente se ha descubierto que, curiosamente, la forma en que se acumulan las placas βA y los ovillos neurofibrilares sigue el mismo orden que la aparición de los síntomas de la EA. En primer lugar, se concentran en las regiones límbicas, coincidiendo con la aparición temprana de los síntomas de memoria. En una fase posterior, empiezan a aparecer en zonas más profundas del cerebro, como los ganglios de la base, y en otras zonas de la corteza, lo cual se relaciona con la aparición de síntomas motores y del lenguaje. En los últimos estadios, se pueden encontrar por todo el cerebro, incluyendo el cerebelo y el tronco del encéfalo. Esta última estructura es la que se encarga de mantener las constantes vitales (frecuencia cardiaca, ritmo respiratorio, etc.), por lo que cuando se ve afectada, ocasiona fallos vitales que pueden acabar con la vida del paciente.

Es por esto que los científicos se están esmerando en terminar de entender estos mecanismos para así poder frenarlos, detenerlos o, incluso, prevenirlos. Actualmente, el grupo de investigación en Envejecimiento y Neurodegeneración de la Universidad de Sevilla y del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) trabaja en una novedosa forma de evitar que las placas βA se acumulen entre las neuronas gracias a los efectos neuroprotectores del litio.

Por otro lado, investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina de Washington en San Louis y de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) han mostrado que el citalopram, un antidepresivo común, es capaz de detener el crecimiento de las placas βA en un modelo de ratón de la enfermedad de Alzheimer.

Pero, ¿qué pasa cuando la enfermedad ya ha empezado a afectar a la memoria? Pues en el Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en colaboración con el CIBERNED, han conseguido por primera vez revertir la pérdida de memoria en estadios iniciales en ratones modelos de la enfermedad de Alzheimer. Estos prometedores resultados han abierto nuevas vías de investigación para desarrollar fármacos que ayuden a recuperar en lo posible la memoria de los pacientes de EA.

No podríamos acabar sin hablar de los nuevos tratamientos en humanos, más allá de la investigación con animales. Una de las técnicas más recientes y prometedoras en el tratamiento de un amplio rango de enfermedades que afectan al Sistema Nervioso es la Estimulación Cerebral Profunda. Desde hace poco más de una década, se ha utilizado este tratamiento para la Enfermedad de Parkinson, el dolor crónico y algunos trastornos como la depresión mayor. A pesar de que se había intentado usar esta técnica con personas con EA, los resultados no habían sido buenos. Sin embargo, un estudio publicado hace apenas un mes parece haber dado en la diana, y algunos de los pacientes que han recibido este tratamiento experimental han visto como mejoraban ligeramente algunos de sus síntomas. No obstante, aún queda mucho que explorar por esta vía.

En nuestro día a día está la clave para envejecer bien. Dieta sana, deporte y actividad intelectual son las claves para evitar la neurodegeneración.

En nuestro día a día está la clave para envejecer bien. Dieta sana, deporte y actividad intelectual son las claves para evitar la neurodegeneración.

Muchos se preguntarán: ¿Podemos retrasar el envejecimiento? Sin embargo, una pregunta más adecuada sería ¿Debemos temer al envejecimiento? La respuesta es clara: ¡NO! Se puede envejecer sin sufrir neurodegeneración. ¿Cómo? Aprendiendo a envejecer de forma activa y saludable. Cada vez más y más investigaciones demuestran que una dieta sana, mantener cierto nivel de actividad intelectual, la interacción social y, sobre todo, el ejercicio, nos ayudan a envejecer de forma saludable. Esto se debe a que este estilo de vida disminuye los efectos tóxicos que el estrés, la hipertensión o el exceso de colesterol en sangre provocan en nuestro cerebro, al mismo tiempo que fomenta la supervivencia y crecimiento de las neuronas. Ya lo decían los griegos… Mens sana in corpore sano.

Sobre Daniel Alcalá López

Psicólogo, Máster Oficial en Fisiología y Neurociencia y estudiante de doctorado por la Universidad Técnica de Aquisgrán (RWTH Aachen, Alemania). Anteriormente en París (Francia), colaborando con el grupo PARIETAL en el NeuroSpin, un centro de investigación en neuroimagen centrado en el modelado de la estructura, función y conectividad cerebral. Su investigación se centra en el uso de herramientas de aprendizaje automático (machine learning) para explorar la conectividad cerebral asociada al procesamiento de la información social y afectiva.

1 Interacción

  1. 29/01/2017

    […] Enfermedad de Alzheimer es la demencia neurodegenerativa más frecuente en los países desarrollados, y su prevalencia […]

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