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Duelo complicado: riesgo, protección e identificación

Por Jorge Garrido Ramos

A lo largo de nuestra vida, existe una gran cantidad de pérdidas de personas importantes para nosotros: padres, abuelos… Es un hecho que, tras una pérdida, aparecerá un proceso de duelo. El proceso de duelo es definido por Barreto y Soler (2007) como un proceso psicológico normal que se produce a raíz de la pérdida por muerte de una persona querida, explicada como una experiencia emocional universal, única y dolorosa, cuyo objetivo último es la adaptación a la nueva situación. Se entiende el duelo como un proceso cambiante y que afecta a distintas áreas, y que incluye manifestaciones y conductas a nivel físico, mental y emocional, tal y como afirma Payás (2007).

Se estima que la duración de este proceso de duelo es diferente dependiendo de las distintas personas, pero que, según Worden (1997), en su mayoría oscila entre un periodo de dos a tres años.

Toda pérdida conlleva un duelo, pero no todos son sencillos (Fuente: Google / elpsicoasesor).

Así, antes de entrar a valorar las posibles complicaciones en el duelo, es importante tener en cuenta que la experiencia de duelo es única e individual, y no todas las personas lo vivencian de la misma manera.

Es importante por tanto diferenciar entre un duelo normativo o normal, y un duelo complicado. El duelo complicado, en definición de Maddocks (2003), ocurre cuando el duelo no sigue el curso esperado, llegando a durar más años de lo normal e incluso pudiendo volverse crónico (durar para siempre). De esta manera, se vuelve interesante valorar posibles predictores de un duelo complicado.

De esta misma manera, según Worden (1997), existen distintas pistas que nos ayudarían a encontrar la existencia de un duelo complicado:

  1. No puede hablar del fallecido sin sufrir.
  2. Reacciones intensas por cosas pequeñas y poco importantes.
  3. Hablar de pérdidas repetidamente en terapia.
  4. No quiere desprenderse de posesiones materiales del fallecido.
  5. Tiene síntomas similares a los que tenía el fallecido.
  6. Cambios radicales en su día a día relacionado con cosas que hacía con el fallecido.
  7. Estado de ánimo deprimido durante un tiempo muy prolongado, con sentimientos de culpa.
  8. Intenta imitar a la persona ya fallecida (intenta hacer las cosas que él hacía).
  9. Ira, acompañada de ganas de romper cosas en muchas situaciones.
  10. Tristeza inexplicable en momentos puntuales de cada año.
  11. Miedo constante a la enfermedad que sufrió el fallecido y a la muerte.
  12. Conoce las circunstancias que rodean a la muerte.

Estos predictores del duelo complicado están basados en las aportaciones de Arranz, Barbero, Barreto y Bayés (2003), los cuales realizan una revisión bibliográfica a partir de diversas bases de datos especializados, y a raíz de su propia experiencia. Así, basándonos en la clasificación de estos autores, catalogaremos los distintos predictores en distintos grupos que se podrán observar en la siguiente tabla.

Características personales

  • Juventud o vejez.
  • Estrategias de afrontamiento pasivas / depresivas (forma poco adecuada de afrontar la situación).
  • Enfermedades anteriores.

Características del fallecido y su proceso de enfermedad y muerte

  • Juventud del fallecido.
  • Grado de dependencia y cercanía con el fallecido.
  • Culpa por no haber dedicado tiempo al cuidado del fallecido.
  • Muerte imprevista.
  • Larga duración de la enfermedad.
  • Alto sufrimiento del ya fallecido.

Aspectos sociales personales

  • Falta de apoyo social (amigos, familia…).
  • Dificultades para expresar emociones y sentimientos.
  • Pérdida inaceptable socialmente.

Otros aspectos

  • Duelos previos sin resolver.
  • Pérdida múltiple (varios fallecidos).
  • Tener muchas obligaciones.

De esta forma, partiendo del conocimiento de estos predictores de riesgo, se pueden valorar diversos factores protectores que conseguirían evitar el duelo complicado.

– En lo que respecta a las características personales, se comprende que la madurez de la persona, la ausencia de enfermedades y la presencia de habilidades de afrontamiento adecuadas pueden proteger de un posible duelo complicado.

– Respecto a las características del fallecido y su proceso de enfermedad y muerte, el hecho de que el fallecido fuese ya mayor, que el apego que se mantenía con él fuese seguro, el sentimiento de haber participado en el cuidado del paciente, que la muerte fuese prevista, con una duración corta de enfermedad y que los síntomas y el sufrimiento del ya fallecido estuviesen controlados, son protectores.

– Según los aspectos sociales, la presencia de un alto apoyo social (tener buenas amigos, buena relación con la familia…) o la presencia de habilidades suficientes para expresar sus sentimientos adecuadamente protegerán de un posible duelo complicado.

Valorando los otros aspectos, la presencia de anteriores duelos resueltos pueden ser un factor protector.

Así, según Worden (1997), es importante conocer que existen cuatro tareas en el duelo: aceptar la realidad de la pérdida, trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, adaptarse a un medio en el que el fallecido ya no está y recolocar emocionalmente al fallecido para continuar viviendo.

A su vez, una forma más o menos estandarizada de llevar a cabo el procedimiento terapéutico en el duelo pasa por los siguientes pasos, siempre teniendo en cuenta el marco teórico y nivel de competencias del profesional:

–    Descartar enfermedades físicas.

–    Establecer el contrato y la alianza terapéutica.

–    Revivir recuerdos del fallecido.

–    Evaluar cuáles de las cuatro tareas está pendiente.

–    Afrontar el afecto que provoca los recuerdos.

–    Explorar y desactivar objetos de vinculación (joyas, pertenencias…).

–    Reconocer la finalidad de la pérdida.

–    Tratar la fantasía de acabar el duelo.

–    Ayudar al paciente a decir un adiós final.

Para saber más…

Arranz, P., Barbero, J., Barreto, P. y  Bayés, R. (2003). Intervención emocional en cuidados paliativos. Modelo y protocolos. Barcelona: Ariel.

Barreto, M.P. y Soler, C. (2007). Muerte y duelo. Madrid: Síntesis.

Barreto, M.P. y Soler, C (2008). Predictores de duelo complicado. Psicooncología (2-3):383-400.

Maddocks, I. (2003). Grief and bereavement. Med J Aust; 179(6):s6-s7.

Payás A. (2007). Intervención grupal en duelo. En: Camps C, Sánchez PT, editores. Duelo en Oncología. Madrid: Sociedad Española de Oncología Médica. p. 169-82.

Worden, J.W. (1997). El Tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

 

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